El trono de cenizas

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Summary

El Trono de Cenizas Un imperio desmoronado. Un reino en decadencia. Un huérfano con la mente de un rey. En el continente de Teralis, la paz es una cáscara vacía. El Reino de Eldrion, otrora una potencia naval imparable, se pudre bajo el mando de gobernantes incompetentes y corruptos. En el pequeño pueblo fronterizo de Theryn, la miseria dicta la ley, pero entre las sombras de los callejones, un joven de dieciséis años llamado Kael ha aprendido a usar su única arma: la observación. Lo que comenzó como un acto de desesperación por aprender los secretos del poder, termina convirtiendo a Kael en el discípulo del influyente Sir Malrik. Sin embargo, en un mundo de nobles orgullosos, un plebeyo con intelecto es una amenaza. Tras un enfrentamiento directo con el tiránico Barón de su pueblo, Kael es condenado a un destino que muchos consideran una sentencia de muerte: el exilio a las legendarias y olvidadas Islas de Varyon. Pero lo que sus enemigos ignoran es que el exilio es solo el comienzo. En las islas donde alguna vez reinaron bestias de fuego, Kael deberá pasar de ser un “cadáver parlante” a un verdadero señor. Con un caballero leal a su espalda y una antigua profecía despertando, Kael Theryn se prepara para reclamar un destino escrito en sangre y fuego. ¿Podrá un joven sin linaje reconstruir lo que los reyes destruyeron?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1 - El Despertar del Heredero de Cenizas

Hace 400 años, en el continente de Teralis, se alzaba el mayor imperio conocido por el mundo, uno que dominaba de norte a sur a todas aquellas naciones que antes se erigían como gloriosas potencias guerreras, hasta que un día la tragedia llegó El Imperio de Telvar se desmoronó en nueve reinos distintos, que hoy dominan en paz los territorios del continente. Pero esa paz está por llegar a su fin.

Año 400 después de la Caída Reino de Eldrion

Tras ser fundado en el año 359 antes de la caída del Imperio de Telvar, se consolidó como una de las naciones más poderosas, tanto en el ámbito militar como en el naval. Tanto fue así que, tras una guerra de diez años contra el reino de Skalos, logró arrebatarle las Islas de Varyon, tomándolas bajo su dominio.

Hoy en día, el reino de Eldrion no es ni la sombra de lo que fue. Tras una línea de gobernantes incompetentes, la decadencia del territorio no ha hecho más que aumentar.

¿Será posible que un reino tan poderoso caiga de manera tan vergonzosa? ¿O el destino le tiene algo preparado al reino y a su gente?

En la frontera sur, cerca del dominio de la Casa Vulkar, uno de los nueve reinos independientes, existe un pueblo llamado Theryn, el cual era controlado por el barón Vorin Darsel. Su corrupción ha llevado al pueblo a una crisis económica y alimentaria; la falta de alimentos y la alta carga de los impuestos han provocado que la población sufra las consecuencias de un mal gobernante.

Tras días sin probar bocado, un joven de 16 años de baja cuna llamado Kael Theryn empezaba a cuestionar la autoridad del barón y la forma en que gobernaba el poblado.

Con el paso del tiempo, la mente del joven comenzó a interesarse cada vez más por temas de política y por cómo se debía gobernar.

Empezó a asistir a reuniones privadas, escuchándolas a escondidas a través de pequeñas ventanas en los edificios a los que lograba acercarse.

Hasta que, un día, uno de los miembros del consejo del barón lo descubrió mientras espiaba una de aquellas reuniones.

Sir. Malrik Dethar observaba con ojos curiosos a aquel chico que miraba a escondidas, con una expresión curiosa y profundamente perdida en lo que se decía dentro de aquella sala. Lentamente, se fue acercando a aquel muchacho, preguntándose quién era y por qué prestaba tanta atención a temas que no eran del interés público.

—¿Qué te tiene tan atento? —preguntó Sir Malrik Dethar, sin mucho disimulo, al joven Kael Theryn.

—Disculpe, Sir. No era mi intención espiar —respondió, con la mirada puesta en el suelo por temor a las consecuencias de escuchar temas del consejo.

—Chico, conoces las consecuencias de lo que haces, ¿no es así? Espiar reuniones del consejo sin aprobación del barón o de uno de sus miembros es un acto de traición —mencionó con voz seria y robusta.

—Disculpe, mi señor, no era mi intención escuchar a escondidas, pero para alguien como yo, esta es la única forma de aprender lo necesario para alcanzar mis metas —dijo con voz serena y respetuosa.

—Dime, niño, ¿cuál es tu nombre y dónde están tus padres? ¿No eres muy joven como para interesarte en cosas de adultos? —dijo Sir Malrik Dethar.

—Soy huérfano, oh gran señor, las calles de este pueblo son mi hogar—dijo el joven con confianza, pero con la vista perdida, mirando a las personas pasar.

—¿Huérfano? ¿Y hablas con tanta decencia? Como si de un noble se tratara —preguntó sin mucho recelo.—He pasado mi vida escuchando a los demás hablar entre ellos, nobles, comerciantes y caballeros; es normal que aprenda algo de ellos, ¿no lo cree? —respondió con amabilidad y una cálida sonrisa.—Con que de eso se trata. No eres un niño cualquiera, aprendes con solo ver y escuchar. Dime, ¿qué has aprendido de estas reuniones, muchacho? —dijo con voz robusta y serena mientras veía las aves volar.—Permítame responderle con total franqueza, he aprendido mucho sobre la situación del pueblo, la opinión de los señores y sobre temas políticos derivados —contestó con voz calmada.

—Interesante, dijiste que te llamas Kael, ¿no es así? —preguntó.—Así es, señor, mi nombre es Kael Theryn —respondió.

—Muy bien, mocoso, a partir de hoy te tomaré como mi discípulo; podrás entrar a las reuniones del consejo conmigo y te daré acceso a los libros de la biblioteca —respondió, dándole la espalda para irse.

—Muchas gracias, señor, prometo que devolveré su amabilidad en el futuro —contestó, inclinando su cabeza en señal de respeto.

Días pasaron, luego semanas y así, en un abrir y cerrar de ojos, un mes pasó. Kael asistió a cada una de las reuniones del consejo al lado del señor Malrik; se grabó cada uno de los libros de la biblioteca. Cada día su mentalidad cambiaba, se preguntaba cosas nuevas e incluso empezó a hablar en el consejo, brindando su opinión. Era querido por unos y denigrado por otros, más sin embargo eso no detenía su deseo de aprender y ser mejor.

—Kael —exclamó el señor con voz serena.—Dígame, señor Malrik —contestó con voz perdida.—Mañana, durante la reunión del consejo, deseo que hables en mi nombre. Tengo asuntos que atender y no podré asistir —dijo mientras buscaba algunos textos en su escritorio.—Disculpe, mi señor, pero ¿realmente cree usted que yo estoy preparado para algo así? —replicó con voz dudosa de sí mismo.—¿Acaso no te has estado preparando todo este mes? Estoy seguro de que tienes más conocimientos de temas políticos que otros miembros del consejo, por más viejos que sean —contestó con voz calmada.—Muy bien, maestro, no lo defraudaré —aunque en el fondo dudaba de si podría cumplir las expectativas de su maestro.

Al día siguiente, antes de la reunión del consejo, Kael revisaba cada uno de los documentos con los casos que serían atendidos cuando uno en particular le llamó la atención: uno que venía directamente desde la capital y pedía al consejo que se llevará a cabo una investigación exhaustiva sobre el barón, para una posible destitución, quedando perplejo tras leerlo.

Pasado el tiempo, todos los señores miembros del consejo se reunieron en lo más profundo de la ciudad, en un castillo construido desde antes de la existencia del mismo reino de Eldrion, del cual se mencionaba que era uno de los lugares más importantes en el pasado, conocido como el castillo Narval.

Tras la llegada inesperada de Kael como representante del señor Malrik, los señores hicieron notar el descontento en sus rostros, mientras que entre ellos murmuraban cómo era posible que un simple plebeyo estuviera en el lugar de un señor de familia noble.

Hasta que uno de ellos alzó la voz para empezar la reunión.

—Daremos inicio a la primera reunión del consejo que se llevará a cabo durante este mes —dijo Sir Darian Holt, Magistrado del Pueblo y encargado de juicios y disputas, con voz firme y profunda.

Antes de que todos pudieran empezar a hablar, una decena de soldados irrumpieron en la sala, rodeando a todos los miembros dentro del salón, hasta que un soldado anunció:

—Atención, con ustedes, el barón Vorin Darsel —gritó con voz fuerte y penetrante.

Todos dentro de la sala empezaron a mirarse, preguntándose qué hacía el barón en una de las reuniones cuando nunca solía asistir a ellas y las llamaba pérdidas de tiempo.

Nada más hacer acto de presencia, toda la sala quedó en pleno silencio; la atmósfera empezó a sentirse asfixiante, como si el aire faltara o el tiempo empezará a correr más despacio.

Kael se puso de pie e, inclinándose en señal de reverencia, exclamó:

—Sea bienvenido, Barón Vorin Darsel. Mi nombre es Kael Theryn, estoy aquí en lugar de Sir Malrik Dethar —con voz serena y calmada lo invitó a tomar asiento.

—¿Quién eres tú, muchacho? ¿No eres muy joven como para estar en el consejo? Retírate y deja a los adultos hablar —replicó con voz grotesca y desafiante.

—Disculpe, mi señor, no puedo retirarme, no estoy aquí para observar, sino que, al igual que estos nobles señores, para juzgar y dictar sentencia en nombre de mi señor —algo dentro de él estaba empezando a atormentarlo, era como si se quedara sin aire.

—Muchacho insolente, ¿acaso crees que puedes hablarme de tú a tú sin tanto decoro? —declaró de manera arrogante y autoritaria.

Hasta que uno de los señores del consejo interfirió para calmar al barón.

—Mi señor, disculpe al muchacho, es muy joven como para saber lo que dice —indicó con voz respetuosa, aunque algo nerviosa e intranquila.

—Sir Eldrin Faros, si no me equivoco, usted no es más que un simple escriba dentro de mi consejo. Mejor guarde silencio si quiere mantener su puesto.

—Sí, mi señor, discúlpeme —respondió con la vista baja y con el rostro palidecido a causa del miedo.

—Mi señor, por favor, calme su ira. Por favor, díganos qué necesita para poder ayudarlo —mencionó Kael con voz quebrada.—Estoy aquí para que preparen todo lo necesario para la construcción de una mansión a las orillas del mar —exclamó con voz imponente y una mirada fría.

—Disculpe, señor, pero las reservas del pueblo están casi agotadas; no podemos aceptar su solicitud —el mejor que nadie debería saber eso, pensó Kael para sí mismo.

Todos en la sala mantuvieron la respiración cuando el gobernador, rebosante de furia, tomó una de las espadas de sus soldados y la colocó en el cuello de Kael.

—¿Quién crees que eres? —exclamó con voz resonante.

—No soy nadie, señor, pero mi deber y el de todo el consejo es velar por el bienestar de su gente —señaló Kael con voz calmada, pero que empezaba a sonar desafiante.

—Yo te diré quién eres: eres un cadáver parlante —respondió con furia mientras empuñaba su espada con más fuerza.