Sipnosis
Adriana, con apenas tres años de edad, no era capaz de comprender el profundo desprecio que sentía hacia ella su propia familia. Las miradas de odio que le dirigían eran incomprensibles para su pequeña mente; ella solo se cuestionaba una y otra vez: ¿Qué he hecho de mal para merecer esto?.
La situación se volvió aún más complicada cuando su padre decidió remarcar su vida al volver a casarse. La mujer que entró en su hogar, su nueva madrastra, se comportaba como un verdadero monstruo con ella, y ese desprecio entre ambas era mutuo. Adriana sentía que en cada gesto y en cada palabra se reflejaba el desdén que la madrastra tenía por ella.
Un año después de su matrimonio, la madrastra tuvo una niña a quien llamaron Rachel. Desde el momento de su llegada al mundo, Rachel se convirtió en el centro de atención y en la alegría de su padre y de sus hermanos mayores. Todo lo que Rachel deseaba o necesitaba se le concedía sin esfuerzo, mientras que Adriana observaba desde las sombras, sintiendo cómo la indiferencia y el desamor la rodeaban.
Los logros de Adriana nunca fueron motivo de celebración. A pesar de que siempre se esforzaba y conseguía el primer lugar en la escuela, sus éxitos pasaban desapercibidos. En cambio, si Rachel, su hermana, lograba obtener un premio, por pequeño que fuera, la situación era completamente diferente. Rachel era aclamada y celebrada con grandes festejos, rodeada de regalos y atención.
A medida que Adriana crecía, lo hacía bajo la constante sombra de Rachel. Todo su esfuerzo y dedicación quedaban eclipsados por los triunfos de su hermana menor. Incluso el chico del que Adriana estaba enamorada terminó confesando su amor a Rachel, lo que aumentó aún más el sentido de frustración y desánimo que sentía. Este sentimiento de inferioridad, combinado con un profundo enojo, se fue arraigando en lo más profundo de su corazón, dando lugar a un intenso resentimiento hacia su hermana, quien parecía acaparar toda la admiración y el cariño de los demás.