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Kiss me [ Chanlix - 3 shots ]

Summary

Felix tiene una cita con el chico que le gusta... y, por miedo a arruinarlo todo, termina pidiéndole a Bangchan que le enseñe a besar. ❛ Bangchan top ; Felix bottom ❛ Contenido homosexual ❛ Contenido explícito, erótica ❛ Extensión: Tres partes

Genre
Lgbtq
Author
rosie
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

uno

Felix ajustó su gorro, equilibrando cuidadosamente la caja de galletas recién horneadas en su otra mano mientras subía los escalones del edificio de apartamentos. El aroma dulce se mezclaba con la brisa nocturna, creando un rastro olfativo que anunciaba su llegada antes de que siquiera tocara el timbre.

Al llegar al apartamento de Bangchan, tocó suavemente la puerta con el pie. El australiano abrió la puerta con una sonrisa amplia, sus ojos se iluminaron al ver el postre.

—Me sorprende lo eficiente que eres, Lixie —dijo Bangchan, haciéndose a un lado para dejarlo pasar y expulsando el humo del cigarro por su boca.

—Por supuesto, de no serlo mi negocio habría quebrado hace mucho —respondió Felix, dejando la caja sobre la mesita de centro en la sala.

—Tienes razón. ¿Cuánto te debo? —preguntó, llevándose el cigarro de nuevo a la boca para poder sacar su billetera del bolsillo.

El rubio arqueó una ceja—. No es nada, te lo digo cientos de veces.

—Me siento culpable al comer gratis, déjame estar tranquilo con mi consciencia y pagarte de vez en cuando.

—Chris, no tienes por qué hacerlo…

Antes de que pudiera negarse, el pelinegro ponía un billete de veinte en su mano y la cerraba, sonriéndole agradecido.

—¿Tienes más entregas pendientes? —preguntó Bangchan.

—La tuya era la última del día —respondió Felix.

—Genial, entonces podemos disfrutar de estas delicias mientras charlamos.

—Te acepto la invitación porque merezco descansar. Estoy cansado de pedalear todo el día.

Se acomodaron en el sofá, las galletas entre ellos y el humo del cigarro que acababa de prender Bangchan llenaba la habitación. El rubio estaba acostumbrado al olor, solo le preocupaba que su amigo se enfermara por fumar tanto.

El mayor lo interrogó sobre cómo le estaba yendo con su pequeño negocio de repostería y si era verdad que abriría una cafetería, como se rumoreaba en los pasillos de la universidad. Felix se sentía orgulloso de que las personas disfrutarán sus postres, así que le confirmó al pelinegro sus planes para el próximo año.

En cuestión de minutos, las galletas se acabaron al igual que el cigarro del pelinegro, la conversación entre los australianos fluía fácilmente que ninguno se percataba de la hora. Cuando el silencio se instaló en la habitación, Felix parecía tener algo más en mente, pero no estaba seguro si era correcto mencionarlo.

—Chris, ¿puedo preguntarte algo? —preguntó el rubio, observando a Bangchan jugar con su encendedor.

—Claro —respondió Chris, juntando con su dedo los pequeños restos de galletas sobre el plato.

Felix jugueteó con la manga de su suéter, una señal clara de su nerviosismo.

—Es un poco embarazoso, pero... —guardó silencio, replanteándose una vez más si era adecuado decir lo que ha pasado por su mente hace algunos días.

—¿Pero? —Chris arqueo una ceja— Después de conocernos de toda la vida, ¿todavía te avergüenzas al hablar conmigo? Vamos hombre, prometo no burlarme al respecto —animó al pecoso, abriendo su cajetilla de cigarros para llevarse uno a la boca.

—¿Podrías enseñarme a besar? —preguntó el rubio, jugueteando con su labio inferior. Chris soltó una risa incrédula luego de procesar la información.

—¿Por qué quieres que haga eso?

Felix recordó su cita de hace un par de semanas. El chico era muy amable y atento, se encargó de hacer que pasara un buen rato y al finalizar la velada, lo acompañó hasta su apartamento.

Estando frente a su puerta, el chico quiso despedirse con un beso, pero Felix entró en pánico porque no sabía cómo hacerlo. Se sintió avergonzado al ser un adulto y no ser capaz de besar a una persona, porque sus relaciones pasadas ciertamente no fueron de ayuda.

Se disculpó con aquel chico, despidiéndose con un beso en la mejilla y corrió tras la puerta.

Creyó que después de ese vergonzoso momento él ya no querría volverlo a ver, pero grande fue su sorpresa cuando tres días después le llegó un mensaje del susodicho preguntándole si quería tener otra cita. Al rubio le emociono la idea, pero no quería volver a verse atrapado en una situación así.

Mientras los días para su próxima cita avanzaban, la idea de practicar pasó por su cabeza. Trato de buscar ayuda o consejos en internet, pero le daba vergüenza el resultado de sus búsquedas. Se sentía estúpido porque estaba seguro que ni siquiera un preadolescente buscaría tutoriales para besar a otra persona.

Fue entonces que la única persona a la cual le tenía la confianza suficiente y la que creyó que lo entendería se cruzó por su mente. Había alcanzado a escuchar reiteradas veces los testimonios de personas que tuvieron la oportunidad de besar a su mejor amigo y todos decían que era una experiencia inolvidable.

Felix conocía al mejor besador, ¿qué tan difícil podría ser pedirle ayuda? De igual forma, no tenía nada que perder.

Felix suspiró, su mirada se desvió hacia las manos entrelazadas en su regazo. La burla en el rostro del pelinegro se suavizó, reemplazada por una expresión de comprensión.

—Joder, eres un niño.

—Me llevas pocos años de diferencia, Chris.

—No me refiero a eso —dijo sacándose el cigarro de los labios—. ¿Nunca has besado a nadie en tu vida? —el pecoso negó— ¿Jamás?

—Nunca jamás... ¿sabes qué? esto es ridículo, olvídalo.

Intentó levantarse y huir, pero el mayor fue más rápido en tomarlo del brazo y sentarlo de nuevo en el sillón. Se acercó más al pecoso, sentándose en posición india mientras el contrario le evitaba la mirada.

—No tienes de qué avergonzarte, Felix —dijo finalmente—. Todos hemos tenido malas experiencias que en el futuro nos causan inseguridad. Y si realmente quieres aprender, no me molesta ayudarte.

Los ojos del pecoso se abrieron con sorpresa.

—¿Hablas en serio, Chris?

—Sí, pero solo si estás seguro de que eso es lo que quieres —Felix asintió, aliviado por la respuesta, pero el miedo y la vergüenza lo hacían sentir como si su rostro estuviera ardiendo.

El pecoso respiraba agitadamente, sintiendo como la ansiedad le apretaba el pecho mientras vió a Bangchan encender el cigarro que momentos antes había tomado. Sus manos se movían inquietas, buscando algo en qué aferrarse y sintiendo nuevamente la necesidad de huir cuando el pelinegro se acercó más a él, dejando un mínimo espacio entre ambos.

—Mira, Felix —comenzó Bangchan—, besar a alguien... es como una danza. No solo se trata de los labios.

El mayor acercó su rostro, dio una calada a su cigarro y mantuvo su mirada fija en los ojos de Felix.

—Primero, tienes que sintonizar con la persona. Leer su lenguaje corporal —continuó, mientras su mano se elevaba lentamente hacia la cara de Felix—. Mira sus ojos, pero no te pierdas en ellos. Presta atención a cada detalle de su rostro.

Felix asintió, su respiración se hacía más profunda a medida que Bangchan se acercaba y expulsaba el humo cerca de su rostro.

—Después, presta atención a su respiración —dijo el mayor, su aliento mezclándose con el de Felix—. Si se mezcla con la tuya hasta volverse una sola, es una buena señal.

El pelinegro dio una última calada al cigarro antes de dejarlo en el cenicero, su mano rozó la mejilla de Felix, un contacto ligero pero cargado de electricidad. El pecoso cerró los ojos por un instante, dejándose llevar por la sensación.

—Y cuando finalmente llegue el momento... —susurró Bangchan, sus labios a solo centímetros de los del contrario— no lo fuerces. Deja que ocurra naturalmente, como si fuera el paso más sencillo de la danza.

Felix abrió los ojos, encontrándose con la mirada intensa de Bangchan. Hubo una pausa, un momento eterno en el que todo lo demás desapareció.

Entonces, con la suavidad de las caricias en los brazos ajenos, Bangchan cerró la distancia y sus labios se encontraron con los de Felix. Fue un beso tierno, exploratorio, un preludio de lo que podría ser.

El pecoso respondió con igual medida, sus manos encontrando el camino hacia la nuca del mayor, profundizando el beso y disfrutando la mezcla del sabor dulce de las galletas con el tabaco de los labios del pelinegro.

Se separó un momento para regularizar su respiración y seguido, sentía la lengua del contrario delinear sus belfos antes de introducirla en su boca, explorando la cavidad bucal ajena y Felix no podía evitar disfrutar del raro cosquilleo en su estómago.

Se sentía extraño para él, sin embargo, Bangchan creía que podría desarrollar una adicción más fuerte a los dulces labios de Felix que a la nicotina.

Al separarse, una sonrisa se formó en los labios del pelinegro, acompañada de una suave risa que puso nervioso al pecoso.

—Para ser principiante, no lo haces tan mal —dijo Bangchan. Felix recostó su frente en el hombro contrario y soltó un par de quejidos.

—Por Dios, cállate.

—¿Por qué te avergüenzas? —el pelinegro tomó a Felix de la cintura y lo cargó como pudo para que se sentara en su regazo. El pecoso enredó sus piernas en su cadera y la distancia entre ambos, de nuevo, era casi inexistente.

Felix sintió cómo su corazón latía con fuerza, casi como si quisiera escapar de su pecho. Con cada caricia que el mayor le proporcionaba, una corriente eléctrica recorría su espina dorsal, enviando escalofríos por todo su cuerpo.

—Chris... —susurró Felix, su voz temblorosa traicionó la calma que intentaba proyectar.

—¿Quieres que te enseñe algo más?

—Todo lo que sea necesario, no quiero arruinar mi cita y que Han se lleve una mala impresión de mí.

—Vaya, ese chico debe gustarte mucho —dijo Bangchan, metiendo sus manos debajo de la camisa del pecoso. Sintió como su piel se erizaba al tocar su cuerpo—. De acuerdo, te enseñaré todo lo que sé, hasta que puedas superarme.

»Iremos de a poco, te daré la teoría junto a la práctica, además de que podrás sacar tus dudas conmigo, así no sientes inseguridad al hacerlas con el chico que te gusta. ¿Qué te parece?

—Me parece que suenas como todo un profesor, pero debo preguntarte antes: ¿Estás realmente bien con esto? —preguntó el rubio, aún sobre el regazo contrario. Podía sentir las manos del mayor trazar círculos a los lados de su cadera—. Puedo pagarte para que no sea raro, no tengo problema con ello.

La risa del pelinegro inundó la sala de forma que la incomodidad qué se estaba formando se logrará disipar por completo.

—Felix, sería más raro que me pagaras por enseñarte estas cosas. Estoy bien con ello y si lo hace mejor para ti, puedes pagarme con algunos de tus postres, el que desees preparar antes de venir a verme. Te doy la lección y luego comemos juntos, así no se pierde nuestra amistad en el camino.

—Bien, suena mejor eso. ¿Podemos continuar o así de simple son los besos? —observó al mayor meditando unos segundos, mirando fijo a sus ojos, hasta que pareció terminar de armar un plan de estudio perfecto para el pecoso.

—Mira, creo que lo esencial son los besos, que explores tus áreas erogenas y también las de la otra persona; masturbación y mamadas, no creo que quieras llegar directamente conmigo al climax del sexo, ¿o sí?

—En realidad… —murmuro tímidamente el pecoso, acomodándose más sobre él— Sí quería hacerlo. Quiero saber como moverme, pero si para ti es demasiado, con el resto estoy genial.

—Hey, tranquilo, yo no tengo problema con llegar a eso, aquí quien debe darme el “sí” para todo, eres tú. No cruzaré ningún límite sin tu permiso.

—Oh, suenas como esos dominantes de las series tailandesas —comentó Felix, divertido—. ¿También vas a atarme con sogas a la pared y nalgearme?

—Más adelante lo averiguarás, cariño —dijo Bangchan, para luego sonreír de lado y mirar a sus labios de nuevo—. ¿Quieres continuar?

El rubio asintió levemente antes de sentir los suaves labios del pelinegro, acompañados de su lengua, algunas mordidas y lamidas extra sobre sus labios. Estuvieron un buen rato practicando besos, hasta que el más joven tuvo la confianza de iniciarlos él, dejando su lengua conocer la boca del otro, haciéndolo sentir fascinado, llegando al punto así de morderlo y sacar un poco de sangre de sus labios, esa fue su señal para detenerse.

Se despidieron una hora más tarde, ambos debían calmar sus cuerpos, además de que los labios de los dos eran un gran desastre, dejando en evidencia lo sucedido. Acordaron verse de nuevo el siguiente fin de semana, ambos tenían libre sus agendas para poder practicar sin interrupción de por medio.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Great Character

Strong Dialog

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author

Recién empecé y me encanta, qué atractiva tu narrativa.

3 days

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