Capítulo 1
La tensión en la sala de juntas se podía cortar con un cuchillo.
Jeon Jungkook, el CEO más joven de la industria, estaba sentado al frente de la mesa de cristal, impecable, serio, poderoso… pero había algo que todos notaban hoy: estaba inquieto. Jugaba con su anillo de casado, miraba su teléfono cada cinco minutos.
Y no era por trabajo.
Era porque Park Jimin su esposo acababa de enviarle un mensaje que decía:
“Más te vale salir a tiempo, bebé… o te voy a castigar como solo yo sé hacerlo.”
Y todos sabían que cuando Jimin amenazaba… cumplía.
De pronto, las puertas de cristal se abrieron con fuerza.
Ahí estaba él.
Park Jimin.
Vestido con un traje rojo ajustado, mirada fría, labios rojos —un peligro andante. Los empleados se quedaron de piedra.
—Disculpen la interrupción —dijo con tono dulce pero venenoso—. Vine a buscar a mi esposo. Porque parece que hay quienes olvidan que Jungkook no solo es CEO de esta empresa si no también es mío.
La sala quedó muda.
Jungkook se levantó de inmediato, tragando saliva. Sabía lo que venía. Sabía que esa mirada significaba guerra… y placer.
—Jimin, amor, estoy terminando de…..
—No —interrumpió Jimin, firme, acercándose hasta quedar frente a él, acorralándolo contra la mesa. Lo tomó de la corbata y murmuró solo para que él escuchara— Me importa una mierda esta empresa, Jungkook. Tú te vas ya. O te juro que esta noche no vas a tocarme un solo pelo.
Jungkook cerró los ojos un segundo, estremecido. Sabía que todos los empleados los miraban. Sabía que eso podía terminar en rumores.
En los cuales dirían que su pequeño esposo era quien mandaba en la relación.
Pero también sabía que Jimin era un incendio del que no quería escapar.
El menor se giró hacia todos, sin soltar a su esposo.
—Quiero que les quede algo claro —dijo con una sonrisa peligrosa—. En esta empresa, Jungkook puede ser su jefe. Pero en su cama, en su vida… el que manda soy yo.
Y sin decir más, lo jaló hacia la salida.
Esa noche, Jungkook entendería —lo haría suplicar, con la voz rota de placer— por qué Park Jimin no toleraba que nadie se interpusiera entre ellos.
Ni siquiera su trabajo.
Ni siquiera él mismo.
El trayecto en el auto fue un infierno para Jungkook.
Jimin no le dirigió palabra. Solo lo miraba de reojo, con esa sonrisa torcida, como quien sabe que tiene todo el poder y solo está esperando el momento perfecto para castigarlo.
Apenas llegaron al penthouse, Jungkook quiso disculparse —pero no le dieron oportunidad.
Jimin lo empujó contra la puerta apenas cerrarla, tomándolo del rostro con una fuerza que le hizo jadear.
—¿Creíste que podía desobedecerme cariño? —susurró Jimin, rozando sus labios pero sin besarlo aún—. ¿Creíste que podías hacerme esperar cuando te quiero en mi cama, desnudo y follandome?
—Jimin… —la voz de Jungkook salió rota, vulnerable, excitada.
—Cállate estas castigado.
En eso Jungkook lo besó con violencia, devorándolo, mordiéndole el labio hasta hacerlo gemir. Sus manos ya estaban dentro de su camisa, rasgando botones, marcando con las uñas.
Lo arrastró por el pasillo hasta la habitación, empujándolo sobre la cama.
Jungkook se quitó la chaqueta lentamente, sin dejar de mirarlo.
—Quítate todo —ordenó—. Y no te atrevas a tocarte.
Jimin obedeció temblando, su cuerpo ardiendo, su erección marcándose dolorosamente.
Jungkook lo observó como un depredador hambriento sabía que lo que su esposo hizo en la empresa solo fue un berrinche. Le encantaba verlo así: tan poderoso en el mundo exterior… y tan sumiso solo para él.
—Mírate… tan necesitado que te vez, hace un rato eras un león furioso y ahora eres solo un gatito, rogando por mí —Jungkook recorrió su espalda con los dedos, bajando hasta apretarle las caderas—. Vas a aprender quien manda.
Sin previo aviso, la primera nalgada cayó con fuerza, haciendo que Jimin soltara un gemido ronco.
—¿De quién eres? —preguntó Jungkook, golpeando de nuevo.
—¡Tuyo! —gimió Jimin—. Solo tuyo, hyung…
—Así me gusta —susurró Jungkook, besando sus marcas—. Y ahora, prepárate… porque no pienso dejarte dormir esta noche.
Jimin empezó a estimularse frente a su esposo, el cual no le quitaba la vista de enzima mientras se tocaba su pene, Jungkook solo miraba con devoción a su esposo cada que salía un gemido de su garganta Jungkook se excitaba más.
Jungkook se acercó lentamente a su esposo que estaba en la cama con las piernas abiertas y tocándose, Jungkook se acercó a besarlo sus cuerpos se rozaron y salió un gemido a la par.
Jungkook penetró a Jimin y sus movimientos aumentan cada vez más, lo puso en cuatro,y con sus manos le agarraba las caderas con mucha fuerza mientras golpeaba duro con cada penetración
—Eres mío Jimin que te quede claro que podrás mandar en todos lados pero en la cama mando yo.
—Lo… Lo que digas amor, pero dale mas ahí…… ahí más.
— Gime bebe, gime más fuerte….
Mientras el primer orgasmo de la noche los golpeaba, Jungkook observaba la belleza de Jimin sin lugar a duda era una obra de arte con su cabello revuelto pegado a su frente todo sudado y temblando después del bello orgasmo que tuvieron juntos
Siguieron en acción, Jungkook salió de su esposo que estaba ido por el orgasmo y empezó a acariciar su cuerpo poco a poco, Jimin se recompuso y empezó a besar el pecho de su esposo.
Jimin se puso de rodillas metiendo el pene de su esposo en su boca para darle la mejor mamada de su vida, lo miraba con fascinación su pene creció mostrando que le gustaba lo que le hacía y se excitaba con los gemidos de su esposo que eran provocados por él.
Antes de correrse en su linda boca lo levantó y lo sentó a horcajadas sobre él y lo penetró, Jimin gimió tan fuerte por la intromisión que sus ojitos sacaron lágrimas, había dado en su punto dulce y al verlo empezó a embestirlo con fuerza sin detenerse.
Cuando el segundo orgasmo de la noche llegó Jimin temblaba de tanto placer pero eso no importaba Jungkook no iba a detenerse ahí, y lo volteó para con el culo hacia el cielo.
Al tener a su esposo en cuatro le azotó una fuerte nalgada que hizo a Jimin gritar
— Oye casi me arrancas la nalga dolió.
— Silencio cariño…. —Y azotó otra nalgada en su esposo.
— Aaaaa Jung….Jungkook basta.
Jimin gritó más fuerte por la intromisión ya que Jungkook lo embistió sin avisar, mientras lo tomaba por la cadera y asomaba su cuerpo sin parar.
Esa noche lo tomó sin piedad, marcándolo con cada embestida, con cada mordida en su cuello, con cada palabra sucia que le susurraba al oído.
—Vas a gritar mi nombre hasta que entiendas que Jeon Jungkook es tu dueño.
Y Jimin lo hizo.
Lo gritó.
Lo imploró.
Porque en ese cuarto, en esa cama… Jeon Jungkook demostró que su esposo mandaba en su cama y en su vida.
Y no había nada en el mundo que pudiera cambiar eso.