Capítulo 1
En la universidad de Seúl dos estudiantes se entrelazaron sin querer Jimin ha logrado esconder su condición de omega durante años, controlando sus feromonas con supresores. Pero cuando su cuerpo empieza a rechazarlos cada vez más, y eso lo hace convertirse en una presa irresistible para los alfas a su alrededor uno de ellos era el alfa Jeon Jungkook, el alfa más dominante del campus…
Un viernes por la mañana Jimin sintió una oleada de calor recorriendo su cuerpo, su piel erizándose, su corazón acelerándose. El efecto del supresor se estaba desvaneciendo, y lo peor era que no estaba solo.
Estaba en la biblioteca. Rodeado y en peligro.
—Jimin… —la voz grave detrás de él lo congeló.
Jeon Jungkook. Alfa. Capitán del equipo universitario de taekwondo. Un animal con ropa de civil.
Jimin giró lentamente, sabiendo que su aroma ya debía estar inundando el lugar. Jungkook estaba de pie frente a él, con la mandíbula apretada, los ojos enrojecidos por el deseo.
—¿Dejaste de tomarlos?
Jimin tragó saliva.
—No es asunto tuyo.
—¿Ah, no? —El alfa dio un paso al frente, inclinándose sobre él, sus labios peligrosamente cerca de su oído—. Todos aquí pueden olerte. ¿Vas a dejar que cualquiera se acerque a ti así de vulnerable?
—No soy vulnerable —respondió con voz temblorosa.
Pero su cuerpo lo traicionaba. La fragancia dulce de su celo salía de su piel en oleadas. Y Jungkook estaba al límite.
—Mírame a los ojos y dime que no me deseas. —El alfa lo sostuvo por la barbilla, haciendo que lo viera de frente—. Que no sientes lo que yo siento ahora.
El calor se arremolinó entre las piernas de Jimin, su cuerpo cediendo a la llamada instintiva. Su respiración se volvió irregular. Los pantalones ajustados no ayudaban.
—Jungkook…
—Dilo —gruñó—. O juro que te voy a follar aquí mismo y haré que todos sepan que tú ya tienes dueño.
Jimin cerró los ojos, estremeciéndose por el calor que sentía.
Jungkook tomó a Jimin del brazo y lo llevó aún salón abandonado.
La puerta del salon se cerró de golpe. Jungkook lo empujó contra la pared, sus labios se devorában con fuerza. Las manos de Jungkook bajaron por su cintura, apretándolo y dejándole marcas. Jimin gimió, aferrándose a su camiseta.
—Te ves tan jodidamente lindo así… rogando por mí —murmuró el alfa, bajando la cabeza hasta su cuello, lamiendo justo donde iría una marca—. Te voy a hacer mío.
Jimin arqueó la espalda al sentir los dedos de Jk desabrochando su pantalón. La lengua caliente de Jungkook recorría su clavícula mientras sus manos bajaban por su trasero, apretándolo contra su entrepierna dura.
—Eres tan pequeño —jadeó Jungkook, deslizando un dedo entre sus nalgas, acariciando la entrada húmeda—. Tan listo para mí…
El omega lloró de placer cuando el primer dedo entró, preparando, estirando, acariciando su punto más sensible. Jungkook estaba desesperado, gruñendo con cada gemido que arrancaba de su boca.
—¿Sabes cuánto tiempo llevo deseándote? —susurró con furia—. Viendo cómo otros te miran como si pudieran tocarte. Pero no. Solo yo puedo. Solo yo voy a llenarte.
Jimin no respondió. Solo se aferró a él, temblando, mientras el alfa lo levantaba en brazos, rodeándolo con las piernas. Jungkook lo sostuvo con fuerza y lo embistió con un solo movimiento, profundo, posesivo, brutal.
Ambos gritaron.
—Eres Mío —gruñó Jungkook contra su cuello, empujando una y otra vez, más rápido, más fuerte—. Vas a llevar mi olor. Mi marca. Nadie más va a poder tocarte.
Los movimientos se volvieron frenéticos, el sonido de sus cuerpos chocando llenando el depósito. El clímax llegó como una explosión: Jimin gimiendo su nombre, mientras Jungkook se corría profundo dentro de él, marcándolo con su nudo.
Y cuando todo terminó, aún abrazado a él, el alfa murmuró contra su oído:
—Ahora sí. Eres mío. Para siempre.
El depósito aún olía a sexo, sudor y feromonas. La esencia de Jungkook impregnaba cada rincón, envolviendo a Jimin como una jaula invisible.
Ambos estaban en el suelo ahora. Jimin sobre el regazo del alfa, temblando mientras los restos del nudo aún los mantenían unidos. La respiración de Jungkook era pesada, pero su mirada no había perdido intensidad.
—Te ves precioso con mi semen chorreando por tus muslos —murmuró Jungkook, lamiendo su cuello con una lentitud lasciva—. Pero no he terminado contigo, omega.
Jimin dejó escapar un gemido ahogado, sintiendo cómo el alfa volvía a endurecerse dentro de él, el nudo comenzando a desinflarse, liberándolo solo un poco.
—Jung… Jungkook…
—Shhh —susurró el alfa, bajando la cabeza hasta su pecho desnudo, donde atrapó un pezón entre sus labios y lo chupó con fuerza—. Vas a dejarme saborearte. Esta vez más lento. Esta vez vas a rogarme que te deje correrte.
Las manos grandes de Jungkook lo bajaron con cuidado al suelo, y Jimin se estremeció al sentir la lengua del alfa entre sus piernas. Sin perder el contacto visual, Jungkook separó sus nalgas con ambas manos y hundió la boca en su entrada aún sensible, lamiendo sin piedad.
—Joder… ¡Ah! —gritó Jimin, arqueando la espalda—. Estás… estás lamiendo mi…
—Tu agujerito sigue goteando por mí —gruñó Jungkook contra él—. Necesito saborear cada gota.
El omega se retorcía, jadeando, mientras el alfa lo devoraba como un animal hambriento. Su lengua entraba y salía de su cuerpo, caliente y húmeda, y los sonidos obscenos llenaban el pequeño espacio.
Jungkook subió de nuevo, acariciando su pecho, besando su abdomen, hasta que sus labios encontraron los de Jimin otra vez. Lo besó lento, sucio, sin disimular el sabor de su propia esencia.
—Ponte en cuatro —ordenó con voz ronca, su aliento golpeando su oído—. Necesito verte abrirte para mí.
Jimin obedeció, tembloroso, con las mejillas encendidas de vergüenza y excitación. Jungkook se arrodilló detrás, admirando la vista.
—Así te ves perfecto —dijo con una sonrisa oscura—. Todo tu cuerpo diciendo que me pertenece.
Sin aviso, lo penetró de nuevo, esta vez más lento, más profundo. Jimin gritó, su voz ahogada por su propio brazo al que se aferraba para no perder el control.
Jungkook se movía con fuerza, pero sin apresurarse. Sus caderas chocaban contra el trasero de Jimin, mientras una de sus manos lo sujetaba por el cuello, dominando, controlando.
—¿Sabes lo que haré la próxima vez? —murmuró con la voz cargada de deseo—. Voy a marcarte. Te voy a dejar mi mordida aquí —acarició con los dedos el costado de su cuello— y todos van a saber que eres mío.
—Jung… kook… —Jimin jadeaba, el cuerpo sacudiéndose con cada embestida—. No puedo… voy a…
—No te corras —gruñó el alfa, apretando su cadera—. Aún no. Quiero sentirte temblar mientras te lleno otra vez. Quiero que aprendas a correrte solo con mi voz.
El omega gritó de placer, sus manos arañando el suelo, las lágrimas comenzando a salir por la intensidad del momento. Jungkook bajó una mano y empezó a acariciar su miembro con fuerza rítmica, sincronizada con sus embestidas.
—Vamos, cariño. Hazlo. Córrete para mí.
Y Jimin lo hizo. Con un gemido ahogado, se corrió violentamente sobre su propio abdomen, sus paredes internas apretando con fuerza el miembro del alfa. Jungkook soltó un gruñido grave y se vació dentro de él por segunda vez, temblando, aferrándose a su cintura como si fuera lo único que importara en el mundo.
Ambos cayeron juntos al suelo. Pegados, sudorosos, entrelazados.
—¿Estás bien? —preguntó Jungkook, ahora con voz más suave, besando su nuca.
Jimin asintió débilmente, apoyando su cabeza contra su pecho.
—Me siento… lleno.
—Así quiero que te sientas siempre —susurró el alfa, acariciando su espalda—. Lleno. Marcado. Poseído. Porque no pienso dejar que nadie más te toque.
Silencio.
Y luego, con una sonrisa apenas audible:
—Eres jodidamente mío, Park Jimin.
Jimin no supo en qué momento Jungkook lo llevó a su dormitorio. Lo único que recordaba era el calor de sus brazos, su aroma envolvente, y el latido feroz de su corazón contra su espalda.
Ahora estaba desnudo sobre las sábanas, jadeando bajo la mirada intensa del alfa que se mantenía de pie frente a él, desnudándose lentamente.
—¿Estás seguro? —preguntó Jungkook, con la voz grave, cargada de deseo, pero con un leve temblor de contención—. Si te marco, no hay vuelta atrás, Jimin.
El omega se incorporó sobre los codos, los labios hinchados, los ojos brillando con lujuria y algo más profundo.
—Hazlo —susurró—. No quiero que nadie más me toque. Nunca.
Eso fue todo lo que Jungkook necesitó.
El alfa se lanzó sobre él como un depredador, besándolo con desesperación, las manos recorriendo su cuerpo como si necesitara memorizar cada rincón. Lo besó hasta robarle el aliento, hasta que Jimin se retorció debajo de él, gimiendo, rogando sin palabras.
—Te ves tan jodidamente perfecto debajo de mí —murmuró contra su cuello—. Y ahora vas a ser mío. Totalmente mío.
Jungkook bajó entre sus piernas, besando su abdomen, lamiendo sus caderas, hasta que lo tuvo otra vez en su boca. Jimin gritó, arqueando la espalda, mientras la lengua del alfa lo lamía, lo chupaba, lo adoraba como si fuera su religión.
—Eres dulce, omega. Tan dulce que me vuelves loco —jadeó, subiendo de nuevo, alineándose contra su entrada húmeda y preparada—. Te voy a hacer mío de verdad esta vez.
Entró de una sola embestida, profundo, dejando a Jimin sin aire.
El omega rodeó su espalda con las piernas, clavando las uñas en sus hombros.
—¡Ahh… Jungkook! Mmm… muévete, por favor…
—Shhh… —murmuró el alfa, embistiéndolo lento, profundo, casi con devoción—. Siente cómo te lleno. Cómo te moldeo. Cómo solo yo puedo hacerte sentir así.
Los cuerpos se movían sincronizados, las caderas chocando con fuerza húmeda, cada empuje arrancando gemidos cada vez más altos de los labios de Jimin. Sus feromonas se mezclaban, el aire cargado de deseo, de necesidad.
Y cuando Jungkook sintió que su nudo comenzaba a hincharse, bajó la cabeza al cuello de Jimin.
—Voy a hacerlo ahora —dijo, ronco—. Te voy a marcar. Me vas a sentir dentro de ti y en tu maldito cuello al mismo tiempo.
Jimin no respondió. Solo ladeó la cabeza, ofreciéndose. Totalmente entregado.
Entonces Jungkook lo mordió.
La piel cedió bajo sus colmillos, justo sobre la glándula, sellando el lazo entre alfa y omega. Jimin gritó, un sonido de dolor y éxtasis mezclado, mientras su cuerpo convulsionaba alrededor del miembro de Jungkook.
El alfa gruñó como una bestia, aferrándose a él, y empujó con fuerza justo cuando su nudo se encajó completamente, haciéndolo correrse dentro de Jimin en una oleada caliente y desbordante.
—¡Mío! —rugió, aún con los dientes en su cuello—. Eres mío ahora. Solo mío. Nadie más puede tenerte. Nadie más puede tocarte.
Jimin se vino con fuerza, el cuerpo temblando bajo el peso del orgasmo, los músculos apretando con fuerza el nudo dentro de él.
Jungkook lamió suavemente la mordida, acariciando su rostro con una ternura repentina.
—Te amo —susurró, bajando el ritmo hasta detenerse, aún enterrado dentro de él—. No sabes cuánto.
Jimin sonrió, con las mejillas húmedas por las lágrimas, aún jadeando.
—Yo también… mi alfa.
Ambos se quedaron así, unidos por el cuerpo y por el alma. El vínculo recién formado brillaba entre ellos, ardiente, intenso, irrompible.
Y Jungkook supo que, desde ese momento, ningún otro aroma en el mundo le importaría.
Solo el de su omega.
Solo el de Park Jimin.