Capítulo 1 Tu nombre en la pantalla
La noche estaba quieta.
Lucas tenía el teléfono a un lado, intentando concentrarse en un libro que llevaba veinte minutos en la misma página.
No podía dormir.
A veces le pasaba.
Pensaba demasiado.
Imaginaba demasiado.
Y el silencio le dejaba espacio para todas esas cosas.
Entonces sonó una notificación.
Miró la pantalla por inercia.
Sofía: ¿Sigues despierto?
Se quedó inmóvil.
No era un mensaje extraordinario.
Eran cuatro palabras.
Nada más.
Y, sin embargo, sintió algo raro.
Una pequeña sonrisa involuntaria.
Respondió tratando de parecer casual.
Sí. ¿Tú tampoco puedes dormir?
Los tres puntitos aparecieron enseguida.
No. Estaba pensando… y me dieron ganas de hablar contigo.
Lucas leyó eso dos veces.
Luego tres.
Le dieron ganas de responder algo ingenioso.
Algo que no revelara que el corazón le había latido un poco más rápido.
Al final escribió:
Entonces me alegra estar despierto.
No sabía por qué ese intercambio simple se sintió distinto.
Quizá porque con Sofía hablar era fácil.
Se habían conocido semanas atrás en un grupo online donde comentaban libros.
Primero fueron respuestas casuales.
Luego bromas.
Después conversaciones privadas.
Y, sin que Lucas supiera cuándo pasó, empezó a buscar su nombre entre las notificaciones.
Aquella noche hablaron durante horas.
Sobre música.
Sobre historias que les gustaban.
Sobre lo que harían si pudieran viajar a cualquier lugar.
—Quiero ver el mar de noche —escribió ella.
Lucas sonrió.
Yo creo que te gustaría escribir sobre eso.
¿Cómo sabes que escribo?
Porque hablas como alguien que escribe.
Hubo una pausa.
Luego Sofía respondió:
Nadie me había dicho eso.
Lucas apoyó el teléfono sobre su pecho por un momento.
No entendía por qué una conversación le importaba tanto.
Pero importaba.
Mucho.
En los días siguientes comenzaron a hablar más.
Buenos días.
Buenas noches.
Memes absurdos.
Audios riéndose.
Confesiones inesperadas a las dos de la mañana.
Y Lucas empezó a notar cosas.
Que esperaba sus mensajes.
Que sonreía leyendo su nombre.
Que releía algunas respuestas.
Eso lo asustó un poco.
Porque… ¿cómo uno empieza a enamorarse de alguien que nunca ha visto?
Una tarde su amigo Mateo lo notó.
—Te la pasas mirando el celular.
Lucas fingió normalidad.
—No es nada.
Mateo arqueó una ceja.
—Claro. ¿Y cómo se llama “nada”?
Lucas terminó riéndose.
—Sofía.
Mateo sonrió como quien ya entiende todo.
—Te gusta.
Lucas quiso negarlo.
Pero no pudo.
Porque algo de eso era verdad.
Aunque todavía no quisiera nombrarlo.
Esa noche Sofía le mandó un mensaje inesperado.
¿Puedo decirte algo raro?
Claro.
Siento que contigo puedo ser yo.
Lucas se quedó quieto.
Sintió algo profundo.
Suave.
Peligroso.
Y respondió lo único honesto que pudo:
Yo también siento eso.
Después vino silencio.
De ese silencio que parece lleno.
Y entonces llegó otro mensaje.
¿Crees que dos personas pueden conocerse de verdad por chat?
Lucas miró la pantalla mucho rato.
No sabía que esa pregunta iba a quedarse con él.
Porque intuía que no estaban hablando solo del chat.
Estaban hablando de ellos.
Escribió lentamente:
Creo que algunas personas empiezan a encontrarse antes de verse.
Pasaron unos segundos.
Luego Sofía respondió:
Eso fue muy bonito.
Lucas apagó la luz, pero no durmió.
Se quedó pensando en ella.
En su forma de escribir.
En la calidez extraña que le provocaba.
Y, por primera vez, tuvo una sospecha que no quiso admitir.
Que quizá estaba empezando a enamorarse.
No de una imagen.
No de una fantasía.
Sino de una voz escrita.
De un corazón detrás de una pantalla.
Antes de dormirse, llegó un último mensaje.
Buenas noches, Lucas. Me alegra haberte escrito hoy.
Él sonrió en la oscuridad.
Y respondió:
A mí me alegra que hayas aparecido.
No sabía que años después recordaría esa noche como el comienzo de todo.
Porque a veces una historia de amor no entra por una puerta.
A veces aparece…
como un nombre iluminando la pantalla.