La Noche +18 | Omegaverse

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Summary

Otra narconovela Colombiana, pero en Omegaverse.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1 ¿Y por qué no?

Cartagena, Getsemaní - Colombia | 5 abril, 2010 - 10:40p.m


La noche en Cartagena no era silenciosa, nunca lo era, era una mezcla de música lejana, risas borrachas, motores pasando lento y el murmullo constante de gente que iba y venía. El aire era caliente y salado.


Y Sam ya estaba acostumbrado.


Tenía el termo apoyado contra la cadera, y la voz gastada de repetir lo mismo una y otra vez:


-Café, café caliente, mi amor, a quinientos el tintico...-


Su acento valluno se le escurría suave, incluso cuando estaba cansado. Incluso cuando la noche no prometía mucho. Porque no, esa noche no iba bien. Había vendido poco, y eso se sentía como una presión en el pecho, como si cada vaso que no salía fuera un recordatorio de que estaba solo en esa ciudad, rebuscándosela como podía, sobreviviendo más que viviendo.


Un grupo pasó riéndose, ignorándolo, un señor le compró uno y se fue sin mirarlo. Normal. Todo normal. Hasta que dejó de serlo, el castaño sintió el aroma primero, canela y pimienta, invasivas y fuertes.


Sam ni siquiera necesitó voltear de inmediato. Su cuerpo reaccionó antes que su cabeza. Se tensó. Los hombros se le endurecieron. El agarre al termo se volvió más firme y soltó un bufido bajo, casi imperceptible.


-Uy no... -murmuró entre dientes- Este man otra vez...- giró la cabeza lo justo, y ahí estaba.


Steve


Apoyado contra un poste como si el mundo fuera suyo, sonrisa ladeada y mirada pesada.


Costeño hasta en la forma de pararse, relajado pero invasivo. Piel morena, camisa roja medio abierta, cadena brillando con la luz amarilla del poste, y esa actitud de alfa que cree que todo le pertenece. Incluido Sam.


-Ve, pero mirá quién anda por aquí... -dijo Steve, acercándose sin apuro- El omega más rico de cartagena.-


Sam rodó los ojos y fingió estar ocupado, ignorándolo a propósito.

- Ay no, no venga acá a molestar que estoy trabajando.-


-Eche no joda, que yo también te estoy ofreciendo trabajo, mi amor... pero vos sos re terco.-


El pelicastaño soltó una risa seca, sin humor - Trabajo dice... -negó con la cabeza- Si ya sé qué clase de "trabajo" es ese. Pa' que tú y tus socios hagan plata con mi culo.-


El alfa chasqueó la lengua, acercándose más, invadiendo espacio, invadiendo aire

-Ey, no lo pongás así. Dejá de ser tan arisco, que yo te ofrezco un buen sueldo, y protección. En esta ciudad un omega solo como vos... es mucha tentación para los demás alfas. Mirá cómo te miran ya... -Se inclinó, oliendo deliberadamente cerca de su cuello el aroma a fresas maduras que emanaba de él - Tu olor está gritando que necesitás que alguien te calme.-


Sam se giró de golpe, ojos encendidos.

-¿Y quién te dijo que yo quiero que me calmen, ah? ¿Quién te dijo que quiero que tipos como vos me pongan precio?- espetó.


Las voces alrededor bajaron. La gente empezó a mirar de reojo. El ambiente se cargó, y el alfa ya no sonreía.


-Vos ya sabés cómo es esto. No te hagás el digno. La última vez casi te meto en el carro a la fuerza... ¿querés que esta vez sí lo haga?-


Y eso fue el detonante.


Sam sintió la rabia calentarle la sangre. Cuatro años allí, comiendo mierda, cansado de oler a miedo disfrazado de berraquera.


-¿Digno? -escupió- ¿Vos hablándome de digno mientras buscás omegas pa' explotarlos? Coma mierda.-


Steve dio un paso. Su mano se cerró en el termo.

-Cuidado con esa boca, omega.-


-¿O qué? -Sam dio un paso al frente, terco, furioso- ¿Me va a golpear aquí, delante de todo el mundo? ¿Me va a joder la vida porque no me dejo de usted?-


Steve explotó, agarró el termo del omega y lo lanzó con toda la fuerza contra el suelo. El metal retumbó en el piso.


Sam se quedó congelado medio segundo...luego todo se fue al carajo.


-¡HIJUEPUTA! -rugió, lanzándose contra él con toda la rabia que tenía.


Steve era más grande, obviamente más fuerte. Lo agarró del brazo y lo empujó con violencia contra una pared. Sam forcejeó, clavándole las uñas y pateando. El dolor en el brazo era fuego, pero la ira era más grande.


-¡Vos sos mío! -gruñó Steve contra su oído, apretándolo hasta que Sam sintió que el hueso iba a crujir- Te guste o no. Y ya me cansé de que te hagás el bravo, nojoda.-


Y entonces llegó el otro olor.


Chocolate.


Muy fuerte. O más bien, reconfortante... como un chocorramo. Se trataba de un alfa...


El agarre de Steve desapareció de golpe.


Sam trastabilló hacia un lado, respirando agitado.


-¡¿Y este sapo metido quién es!?- bramó Steve.


Era enorme. Hombros que tapaban la luz del poste entero, brazos gruesos tensos bajo la camisa negra, cabello negro corto y desordenado por el agite, piel pálida que contrastaba con la noche caribeña. Se movía como quien está acostumbrado a cargar con cosas pesadas, un man que posiblemente iba por mucho tiempo al gym, Steve intentó responder, lanzó un puñetazo torpe, el extranjero lo esquivó, le clavó un codazo en las costillas que sonó a hueso rompiéndose y luego un gancho limpio a la mandíbula. Steve escupió sangre, retrocedió dos pasos con los ojos desorbitados.


Esto no le convenía. No con tanta gente mirando. Y sobre todo... no contra alguien que claramente no iba a poder derribar.


Steve escupió al suelo, limpiándose la comisura del labio con el dorso de la mano. Su mirada se clavó primero en el desconocido, cargada de odio y de que se las cobraría después... y luego en Sam.


Ahí había algo peor.


Rencor.


-Esto no se queda así, ¿oíste? -murmuró, lo suficientemente bajo para que solo ellos lo escucharan.


Y se fue.


Sam sintió ese peso quedarse en el aire incluso después de que Steve desapareció entre la gente. Tragó saliva,y entonces volvió a mirar al tipo que acababa de meterse en todo eso... por él.


Por un segundo no dijo nada. Solo lo observó, todavía con la respiración irregular, el cuerpo temblándole apenas por la descarga de adrenalina.


El alfa era... intimidante.


Tenía rasgos asiáticos, mirada fija,ojos marrones claros, cejas pobladas, piel perfectamente cuidada y limpia.


Y grande. Muy grande.


Sam tuvo que alzar un poco la cabeza para sostenerle la mirada.

-Eh... -empezó, pasando saliva, todavía medio aturdido- Gracias... yo...-


-Are you okay?-


Sam parpadeó. Una vez, luego dos...

-...¿Ah?-


Hubo silencio.


El extranjero frunció ligeramente el ceño, como intentando reorganizar lo quw iba a decir, con el poco o nada de español que aprendió en menos de una semana. Luego probó otra vez, más lento, más torpe.


-Estar... bien? -dijo, señalándolo apenas.


El acento era fuerte. Y Sam... no pudo evitarlo. Se le escapó una risa. Pequeña al principio, casi involuntaria, no de burla... sino de sorpresa, de lo absurdo de todo,de la situación tan jodida que acababa de pasar... y ese alfa intentando comunicarse como podía.


- Eh... Sí, sí... estoy bien -respondió, negando con la cabeza, todavía con una sonrisa leve- Tranquilo.-


El otro lo miró unos segundos más, como asegurándose de que entendía, de que realmente estaba bien. Luego asintió. -Good... -murmuró, como si eso cerrara el asunto.


Hubo un momento raro después de eso.


Gente todavía mirando de reojo. El termo ya dañado rodando a un lado. Y ellos dos ahí, parados, sin saber muy bien qué hacer con el otro. Sam bajó la mirada un segundo, sintiendo de golpe el peso de la vergüenza caerle encima.


-Gracias... en serio -dijo, sin mirarlo directamente esta vez- Pero... ya todo bien-


El alfa no respondió de inmediato.


Sam sintió su mirada encima, pesada pero no incómoda. Como si estuviera evaluando si debía irse... o quedarse.


Al final, dio un pequeño paso atrás.


-Okay... -dijo simplemente.


Y eso fue suficiente.


Sam asintió, sin saber muy bien qué más hacer, empezó a caminar con más prisa de la necesaria. No quería seguir ahí. No quería preguntas. No quería miradas. Y definitivamente no estaba en condiciones de lidiar con un extranjero que olía... peligrosamente bien... se permitió mirarlo una vez más. El tipo seguía ahí, observándolo, eso le incomodó más que cualquier otra cosa.


-Bueno... eh... chao -soltó, torpe, señalando hacia cualquier lado- Gracias.-


El otro asintió de nuevo.


Sam no esperó más, se dio la vuelta y empezó a caminar rápido, hasta que el ruido de la calle volvió a tragárselo y el incidente quedó atrás... al menos en apariencia, Pero por dentro no.


Caminó sin rumbo claro una cuadra, alejándose de la zona más concurrida. La música se volvió más lejana Pero el aire igual de pesado.


Se detuvo finalmente cerca de una pared descascarada, apoyando la espalda contra ella.


Y ahí... se dejó caer, no al suelo completamente. Solo lo suficiente para dejar de sostener todo, pasó una mano por su cara, arrastrando el sudor, cerrando los ojos un segundo.


-Qué gonorrea... -murmuró, casi sin voz.


Miró sus manos. Aún temblaban un poco. Pensó en la plata que no había hecho. En el café perdido. En el arriendo de doña Carmela. En lo cerca que había estado de que esa noche terminara peor. Estaba solo, traicionado, en una ciudad que no era suya, rebuscándosela día a día. Y entonces... como si su mente quisiera joderlo un poco más...


Volvió ese olor.


Chocolate.


Ese extranjero raro que no entendía nada... pero igual se metió. Sam chasqueó la lengua, pensativo.


-Bueno... mínimo invitarle un trago sí puedo, ¿no? Igual ya perdí toda la venta de hoy... ya qué... -murmuró para sí mismo.


No era que le sobrara la plata, ni de cerca, pwro había algo en él que no le dejaba simplemente irse y ya, algo medio terco, medio agradecido. Se despegó de la pared y volvió sobre sus pasos, y no tuvo que buscar mucho, el tipo seguía por ahí, no exactamente en el mismo punto, pero cerca. De pie, manos en los bolsillos, mirada recorriendo el lugar con esa mezcla de atención y distancia que tienen los que no pertenecen.


Sam levantó la mano, haciéndole un gesto.


-¡Ey! -lo llamó- Vení...-


El alfa giró la cabeza de inmediato al escuchar la voz. Sus ojos encontraron a Sam, y por un segundo pareció evaluar la situación... hasta que el pelicastaño hizo otro gesto, más claro, invitándolo a seguirlo.


-Vení ome -dijo señalando hacia adelante.


El extranjero dudó medio segundo... y luego caminó.


Sam no dijo más. Solo avanzó entre la gente, metiéndose por una calle que daba hacia varios bares y bailaderos. El viento cálido mezclándose con el olor a licor, cigarrillo y fritanga.


La caseta era sencilla. Mesas plásticas, luces de colores, música variada sonando demasiado duro para el espacio. Nada elegante, y lo mejor, nada caro.


Perfecto.


Sam se acercó a la barra, apoyando las manos. -Me regalas dos guaritos, me hacés el favor. -pidió.


El beta de la barra ni lo miró mucho, solo sirvió los dos tragos rápidos, cortos, en vasos pequeños.


Sam metió la mano en el bolsillo del pantalón corto, sacó la billetera y la abrió, contó lo poco que tenía, más que nada sencilla que billetes grandes. La mandíbula se le tensó. Le alcanzaba... pero justo. Muy justo. Eso y ya quedaba raspando para el arriendo. Suspiró por la nariz, cerró la billetera y pagó.


Agarró los dos vasitos y se giró.


El alfa estaba detrás, observando todo sin intervenir.


Sam le extendió uno.


-Tome... -dijo, alzando el suyo- Esto es guaro o aguardiente, mejor dicho. Para agradecerle por haberme ayudado con ese man.-


El otro miró el vasito con ligera curiosidad, como si estuviera evaluando qué tan buena idea era tomarse eso.


Sam sonrió de lado.

-Relájese...- Se apoyó contra la barra y alzó el vaso. -Salud.-


El alfa lo imitó, un poco tarde, pero lo hizo.

-Cheers... (Salud...)-


Sam no entendió la palabra, pero entendió el gesto. Chocaron los vasos. Sam se lo tomó de una. Como se toma el guaro. El extranjero lo siguió... pero apenas el líquido le bajó por la garganta, su expresión cambió de inmediato. Los ojos se le entrecerraron, el rostro se tensó y soltó el aire con fuerza, como si le hubiera quemado hasta el alma.


Sam lo miró... y se rió. Pero se rió bien.


-JAJAJAJA y eso que está suave...-


El alfa parpadeó, todavía procesando el golpe del alcohol.


-¡Shit! It's strong... very strong (¡Mierda! Está fuerte... muy fuerte)-


Sam negó con la cabeza, divertido.


Se limpió la boca con el dorso de la mano, todavía sonriendo, y luego lo miró un poco más fijo.


-¿Es tu primera vez aquí?- El alfa frunció el ceño, sin entender, Sam suspiró. -Ay, Dios... Mmm -murmuró, rascándose la frente. Intentó otra vez, más despacio. -Primera... vez... aquí... -repitió, señalando el suelo, luego alrededor, exagerando el gesto. El otro lo miró, confundido al principio... hasta que Sam vio una bandera de Colombia colgada en una esquina del bar. Ahí se le prendió el bombillo y la señaló. -Colombia -dijo claro, señalando luego al alfa- ¿Primera vez?-


El extranjero siguió el gesto, miró la bandera... y luego asintió. -Oh, Yes, first time. (Sí, primera vez.)-


-Ahhh... vea pues.- Se acomodó mejor contra la barra, un poco más relajado ahora. -¿Y qué? ¿Turismo? ¿Vacaciones?-


Silencio.


El alfa ladeó la cabeza, intentando entender. -Tour...? -repitió dudoso.


Sam resopló. -No, mk, así no vamos a llegar a nada...-


-I'm actually looking for my sister, that's why I'm in this country. (En realidad estoy buscando a mi hermana. Es por eso que estoy en este país)-


Sam lo miró, y no entendió absolutamente nada.


-...¿Qué?-


El alfa intentó otra vez, señalándose, luego haciendo un gesto como si buscara algo.


-My sister... I look... for her. (Mi hermana... estoy buscándola)-


Sam frunció el ceño, esforzándose. Nada. Ni mierda. -No, papi... yo no sé inglés -dijo al final, levantando las manos- Ni poquito, a duras penas "hello".-


El otro lo observó en silencio un segundo... y luego, para sorpresa de Sam, dejó escapar una pequeña sonrisa. No burlona. Más bien... entendiendo.


-It's okay (Está bien)-


Sam bufó, medio avergonzado.


-Sí, claro... "okay"... -repitió, imitando el sonido- Ahora sí me voy a poner a estudiar inglés, vea.-


Se rió, pero había algo de verdad ahí. Porque en ese momento sí se sintió bruto. Limitado. Encerrado en un idioma que no le alcanzaba para entender algo que claramente era importante.


Pero igual...


Ahí estaban.


Compartiendo trago, sin entenderse... pero sin incomodarse del todo.


Sam levantó el vaso vacío.

-Bueno... otro- Pidió otro par sin preguntar. Esta vez, cuando se lo entregó, lo miró directo. -Hay que hacerlo rápido. -le indicó, llevándose el suyo a los labios más lento- Así -


El alfa lo imitó, más cuidadoso. Y esta vez no hizo cara tan fuerte.


-Eso... ya poco a poco eso le va sabiendo a mera agua.- sonrió satisfecho -¿Y cómo es que te llamas?-


El alfa lo miró, entendiendo la intención más por el tono que por las palabras. Se señaló el pecho.


-I'm Victor.-


-Bueno, Víctor... -dijo, probando el nombre- Yo soy Sam.- Se señaló a sí mismo.


-Sam, nice to meet you-


Victor lo miró fijo, como si estuviera grabando el nombre en la cabeza. Sus ojos marrones claros brillaron un segundo bajo las luces de colores del bar. No dijo nada de inmediato, le señaló el vaso de Sam y el suyo.


-Another? (¿Otro?)-


Sam parpadeó. No entendió la palabra, pero entendió el gesto. Sonrió de lado, esa sonrisa que le salía cuando estaba empezando a sentirse cómodo.


-Ay, sí... -Se giró hacia la barra y levantó dos dedos - ¡Regálame dos más, parcero!-


El beta de la barra sirvió rápido. Cuando Sam fue a pagar, Victor ya había puesto un billete sobre la madera y había pedido la botella, por fortuna el beta sí sabía inglés. Sam abrió la boca para protestar, pero el alfa solo negó con la cabeza y dijo algo suave, casi para sí mismo:


-Don't worry. You saved me from being alone tonight. (No te preocupes. Me salvaste de estar solo esta noche)-


Sam frunció el ceño, sin entender ni una sola sílaba.

-¿Ah? ¿Que qué?-


Victor sonrió apenas, esa sonrisa pequeña y torcida que le suavizaba la cara dura. Se señaló la boca, luego a Sam, y luego al aire entre los dos, como tratando de explicar con gestos.


-Can you teach me... Spanish? Please? (¿Puedes enseñarme... español? ¿Por favor?)-


Sam levantó una ceja. El guaro ya le estaba calentando las venas y el pecho.


-¿Espanich? ¿Querés que te enseñe español? ¿En serio? -Se rió, pero era una risa suave, sorprendida- Bueno... venga pues. Vamos a ver.-


Se acercó un poquito más a la barra, hombro con hombro (o mejor dicho, hombro con bíceps, porque Víctor era una torre). El olor a chocolate se le metió más profundo, dulce y espeso, como chocorramo recién sacado del paquete. Sam tragó saliva. Su propio aroma, fresa madura, empezó a escapársele sin permiso, mezclándose con el del alfa.


-Primera palabra -dijo Sam, señalando el vaso- Ehh... Esto se llama... guaro. O bueno, es aguardiente pero para que te quede más fácil. Repetí: gua-ro.-


Victor repitió, lento y con acento gringo pesado: -Gua... rou.-


-Bien, bien. -Sam chocó su vaso contra el de él- Segunda: salud.-


-Salud.-


-Esa ya la sabías, ¿eh? Tramposo.-


Victor soltó una risa baja, grave, que vibró en el pecho de Sam. Bajó la mirada un segundo, tímido, y luego la levantó otra vez. Los ojos se les engancharon. Ninguno de los dos la apartó de inmediato. El aire entre ellos se puso espeso.


Y entonces pasaron los minutos así: Sam enseñándole palabras tontas ("cerveza", "baño", "bonito", "mesa", "noche", "por favor") y Victor repitiéndolas con esa voz ronca y torpe. Cada vez que lo hacía bien, Sam le daba una palmada en el brazo, y Victor sonreía más amplio. Y cada vez que sus miradas se cruzaban, uno de los dos las bajaba rápido.


La música cambió. Un vallenato, de esos que todo el mundo se sabe. Sam empezó a cantar bajito al principio, luego más fuerte, con esa voz bonita que tenía. Victor lo miró como hipnotizado. El pelicastaño cantaba con todo el pecho, moviendo los hombros al ritmo, y el alfa no podía dejar de mirarle la boca, realmente cantaba precioso, aunque no entendiera ni una palabra.


Se acabó la canción, siguió una salsa, una de Joe Arroyo, entonces Sam, con el valor que solo da el alcohol, hizo algo que ni él mismo esperaba.


Le agarró la mano.


-Venga -dijo, tirando de él hacia la pista donde ya había varias parejas bailando- Vamos a bailar.-


Victor se tensó de inmediato. Negó con la cabeza, fuerte.

-No... I can't. I don't know how. (No... no puedo. No sé cómo.)-


-Ay, vamos -insistió Sam, riendo y tirando más fuerte- Es fácil. Yo te enseño. Hacéle.-


Lo arrastró hasta el centro de la pista. La gente se movía alrededor, sudorosa y feliz. Era una salsa rápida. Sam se puso frente a él, le tomó las manos grandes y las colocó: una en su cintura, la otra entrelazada con la suya.


-Mirá. Paso básico: uno, dos, tres... y atrás. Así. -Sam lo hizo lento, moviéndose como si hubiera nacido para eso. Caderas sueltas, pies ligeros, cuerpo delgado ondulando con gracia natural- Seguíme. No pienses, solo sentilo.-


Victor tropezó al principio. Era demasiado grande, demasiado tieso. Sus pies enormes parecían bloques de concreto al lado de los de Sam. Pero el omega era paciente, riendo cada vez que se equivocaba, corrigiendo con toques suaves en la cadera o en el hombro.


-Así... no, más suelto. Mirá mis pies. Uno-dos-tres... ¡esoo!-


Poco a poco el alfa fue cogiendo confianza. Ya no tropezaba tanto. Empezó a moverse con él, torpe pero decidido. Y mientras bailaban, las palabras dejaron de importar. Sus cuerpos hablaban solos. Las manos de Victor se fueron cerrando más en la cintura de Sam. Las de Sam subían por los brazos fuertes del alfa, bajaban, volvían. Sus feromonas se mezclaban sin control: fresa dulce y jugosa contra chocolate espeso y reconfortante. El aire alrededor olía a postre prohibido.


La canción terminó y llegó un merengue. Más lento. Más pegado.


-Pues este es más fácil -murmuró, voz un poco ronca- Solo... pégate y muévete así-


Victor entendió el gesto. Se acercó más. La diferencia de tamaño era absurda y perfecta: Sam le llegaba apenas al pecho. Su cabeza encajaba justo bajo la barbilla del alfa. Cuando Victor lo atrajo, el cuerpo delgado de Sam quedó casi pegado al suyo. Alrededor, algunas de las parejas se besaban, se restregaban, manos bajando sin vergüenza.


Sam se puso rojo hasta las orejas. Desvió la mirada, mirando al suelo, a la pared, a cualquier cosa menos a los ojos de Victor.


Poco a poco, la botella de aguardiente tapa roja ya estaba casi vacía entre los dos. De vez en cuando se apartaban a tomar un trago directo del pico, riendo, y volvían a la pista, sí, porque definitivamente, al alfa le había encantado aprender a bailar, y Sam... Sam se bailaba hasta un villancico.


En una de esas vueltas sonó una champeta. Sam vio a un beta conocido, un muchacho moreno costeño que había llegado con su propio parche de amigos, él lo saludó y este lo jaló riendo.


-¡Eche, Sami, no pensé encontrarte por estos lares!-


Sam se dejó llevar un segundo, riendo, moviéndose con el beta de forma suelta y divertida. La champeta era su terreno, era lo que más sonaba en cartagena, obvio.


Victor se sentó en la mesa donde estaban tomando. No entendió nada. Solo vio cómo ese beta ponía las manos en la cintura de Sam, cómo Sam reía y se movía contra él. El olor a celos le salió del pecho antes de que pudiera controlarlo: chocolate quemado, amargo, intenso. Sus feromonas se volvieron pesadas y territoriales.


Sam las sintió de inmediato. Se le erizó la piel y se estremeció. Paró en seco, en medio del paso, y se separó del beta con una sonrisa incómoda.


-Parcero... ya vengo... voy al baño un ratico. Qué pena.-


El beta se encogió de hombros y siguió bailando con otro. Sam caminó rápido hacia Victor, todavía con las mejillas calientes. Se sentó frente a él, demasiado cerca. El olor del alfa lo envolvió entero.


-... Ammm... ¿Todo bien? -preguntó bajito, aunque sabía que Victor no iba a entender.


Victor lo miró desde arriba. Sus ojos estaban oscuros, pupilas dilatadas. No dijo nada. Solo extendió la mano y le acomodó un mechón de cabello castaño que se le había pegado a la frente sudada. El toque fue suave, pero la mano le temblaba un poco.


Sam sintió el corazón golpearle fuerte contra las costillas y el calor subirle a la cara.


-Ay no, ya estoy muy prendido... -murmuró para sí mismo.


-Dance with me. Again. (Baila conmigo. Otra vez)- le señaló la pista.


Sam levantó la mirada. Le gustó. Le gustó mucho esa iniciativa. Ese alfa que apenas lo conocía ya estaba tomando el control de una forma que no la sentía tóxica, más bien lo hacía sentir deseado y protegido.


-Vea pues... -susurró, sonriendo de lado- Está bien, grandote. Vamos.-


La canción que sonaba ahora era un merengue lento, de esos que se bailan pegaditos, casi como si fueran una sola persona. Sam ya estaba mareado. El trago haciéndolo sentir más ligero, pero eran las feromonas de Victor las que realmente lo estaban embriagando: chocolate envolviéndolo todo, metiéndose bajo su piel, calmando y alterando al mismo tiempo. Se dejó llevar. Victor lo atrajo contra su pecho. Colocó las manos en la nuca de Victor, dedos enredándose en el cabello negro. Y entonces levantó la mirada.


Esos ojos marrones claros lo observaban como si fuera la única cosa en el mundo. Sam tragó duro otra vez ¿Estaba celoso? ¿De verdad? ¿Por un beta cualquiera? Era demasiado pronto. Era un completo desconocido. Era absurdo. Imposible.


Victor bajó la cabeza un poco más. Sus narices casi se rozaban. El mundo alrededor se volvió borroso: solo música lenta, calor de cuerpos, y ese aroma de ambos.


Y entonces pasó.


Victor inclinó la cabeza y Sam subió la suya al mismo tiempo.


El primer roce fue tímido, solo labios contra labios, calientes y suaves. Un roce inocente que duró menos de dos segundos. Pero el trago, la música y cuatro horas de feromonas chocando entre sí respondieron por ellos.


El alfa soltó un gruñido, su mano en la espalda subió hasta la nuca del omega, sosteniéndolo en el lugar mientras profundizaba el beso con hambre. Su lengua entró sin permiso, gruesa y caliente, lamiendo el interior de la boca de Sam con descaro. Sabía a aguardiente, a hombre y a ese chocolate oscuro que hacía que las rodillas de Sam se aflojaran.


Sam gimió dentro del beso, un sonido vergonzosamente alto que se perdió entre la música. Abrió más la boca, dejando que Victor lo devorara. Sus manos subieron hasta enredarse en el cabello del alfa, tirando de él, exigiendo más. La lengua del omega salió al encuentro de la del otro, enredándose, chupando, lamiendo. Era un beso mojado, sucio, ruidoso. Se escuchaba el sonido húmedo de sus lenguas cada vez que se separaban apenas para respirar y volvían a atacar.


El omega sintió cómo su propio cuerpo respondía sin control: un calor se acumuló entre sus piernas, la humedad empezando a mojar su ropa interior. Sus pezones se endurecieron contra la tela fina de la camiseta y un escalofrío le recorrió toda la columna.


Victor separó sus labios solo un segundo para morder el inferior de Sam, tirando de él con los dientes antes de volver a hundirse en su boca con más fuerza. El beso se volvió más intnso, más desesperado.


Sam jadeó contra su boca, temblando. -Victor... -susurró sin aliento, sin saber si era una súplica.


El alfa respondió con otro beso, está vez más lento pero igual de profundo. Las feromonas de ambos explotaron: fresa y chocolate. El aire alrededor olía a postre prohibido.


Fue demasiado.


Sam se separó de golpe, respirando como si hubiera corrido una maratón. Sus labios estaban rojos, hinchados y brillantes de saliva.


Entonces la realidad le cayó a Sam como un baldao de agua fría.


-Mierda... -susurró, la voz rota.


Un turista. Un alfa extranjero enorme y guapo que apenas sabía su nombre. Probablemente buscando exactamente esto: un omega fácil, solo, borracho, en una ciudad que vendía cuerpos como si fueran sus tinticos a quinientos. Había oído los chismes en la plaza, las historias de omegas que terminaban en hoteles de lujo por una noche y después... nada.


-No... no, no, no -dijo Sam, retrocediendo, la voz quebrada- Yo no soy eso. Yo no soy un puto. ¡Déjeme!-


Victor frunció el ceño, confundido, extendiendo la mano.

-Sam...? What's wrong? (Sam...? ¿Qué pasa?)-


Pero Sam ya estaba huyendo. Se abrió paso entre la gente, el corazón latiéndole en la garganta. Sin querer, las imágenes de su ex le golpeaban la cabeza, un alfa, prometiéndole un montón de cosas, aprovechando que se habían muertos sus padres y su hermana en un accidente, quedando a la de Dios, llevándolo lo que iba a ser solo un paseo para distraerse, y luego traicionándolo, explotándolo, y por poco lo entregaba a Steve para prostituirlo, al no lograrlo lo dejó tirado en Cartagena sin un peso y con el corazón hecho mierda. No otra vez. No iba a ser tan bobo otra vez.


Estaba casi llegando a la salida cuando una mano grande lo sujetó del brazo. No con fuerza bruta, sino con desesperación.


-Sam! Wait! (¡Sam! ¡Espera!)-


Victor lo giró. Tenía la respiración agitada, el cabello revuelto, los labios todavía marcados por el beso. Sus ojos estaban llenos de algo que Sam no sabía nombrar.


- I'm sorry, I didn't mean to offend you. I don't want you to think I'm a pervert, it's just that... I don't know what's happening to me with you, but please don't leave. (Lo siento, no quise ofenderte. No quiero que pienses que soy un pervertido. Es que no sé qué me sucede contigo, pero por favor, no te vayas)-


Sam lo miró fijo. No entendía nada, pero entendía el tono. Entendía los ojos. Esos ojos marrones claros que no mentían. Había vergüenza ahí. Había miedo a que se fuera. Había deseo, sí, pero también algo más suave.


Victor tragó saliva y lo intentó de nuevo, con las pocas palabras que recordaba mientras viajaba al país.


- Perdón. Yo... Yo... No... dejar ir. Por favor... stay with me.-


Sam sintió que algo dentro de él se rompía y se reconstruía al mismo tiempo. Bajó la guardia. Otra vez. Como un idiota. Como alguien que todavía quería creer que no todo el mundo era malo.


Suspiró tembloroso y dio un paso adelante. Victor no se movió. Solo lo miró, esperando.


Sam se puso de puntillas, tomó el rostro de Victor con ambas manos y lo besó primero.


Esta vez no hubo torpeza ni duda.


Sus labios se encontraron con intención. Suaves al principio, casi reverentes. El omega lamió el labio inferior del alfa con lentitud, saboreándolo, pidiendo permiso. Victor lo entendió perfectamente. Abrió la boca y dejó que el omega entrara.


El beso se volvió profundo. Sam gimió bajito cuando la lengua de Victor se enredó con la suya, lenta pero dominante. Sus manos grandes rodearon la cintura delgada de Sam y lo levantaron un poco del suelo sin esfuerzo, pegándolo completamente contra su cuerpo. Los pies del omega quedaron colgando, solo las puntas de sus tenis tocando el piso.


El pelinegro lo bajó lentamente, pero no lo soltó. Apoyó su frente contra la de Sam, respirando con dificultad, los labios hinchados y brillantes.


Sam cerró los ojos un segundo, el corazón latiéndole tan fuerte que parecía que se le iba a salir del pecho. Sabía que estaba jugando con fuego. Sabía que esto podía terminar mal. Pero en ese momnto, con el sabor de él todavía en su boca y el olor a chocolate envolviéndolo como una promesa, no le importó.


Sam se separó un poco con la respiración entrecortada, miró alrededor y se dio cuenta de que la caseta ya estaba casi vacía. Las luces se habían bajado, el beta de la barra bostezaba mientras recogía vasos, y las últimas parejas salían tambaleándose hacia la calle. Eran casi las tres de la mañana.


-Ay, juepucha... ya van a cerrar -murmuró Sam, pasándose una mano por la cara. El trago todavía le daba vueltas en la cabeza, pero no era solo eso. Miró a Victor, que seguía abrazándolo como si no quisiera soltarlo nunca- Vení, te acompaño a tu hotel. A esta hora un gringo solo por estas calles es presa fácil. Los pelaos te quitan hasta los calzoncillos.-


Victor no entendió las palabras, pero entendió el gesto de Sam señalando la puerta y luego a él. Asintió.


-Okay...-


Caminaron juntos por las calles empedradas de Getsemaní. Sam iba a su lado, todavía mareado, pero alerta. Victor era demasiado llamativo: porte de alguien que no iría nunca a una tienda por doscientos de cilantro, ropa cara, cadena de oro, reloj fino, y él apenas se había dado cuenta de esto. Y para colmo, él se hospedaba era en Bocagrande, así que después de un largo trayecto a pie, llegaron a la entrada iluminada, un hotel lujoso con vista al mar. El castaño soltó un silbido bajito.


-Vea pues... sí sos ricachón, ¿eh?-


En la puerta, el momento se volvió incómodo. Ninguno quería despedirse. Sam se balanceaba sobre sus pies, mirando al suelo, las manos metidas en los bolsillos.


-Bueno... Sano y Salvo. Cuídate, Víctor. Fue... bonito conocerte, enserio.-


Victor frunció el ceño. No quería que se fuera. Extendió la mano y le agarró suavemente la muñeca.


-Sam... don't go. Stay a little more. (Sam... no te vayas. Quédate un poco más)-


Sam no entendió las palabras, pero el tono y la forma en que Victor lo miraba le apretaron el pecho. Eso de quedarse viendo el amanecer con ese alfa era tan tentador como aterrador. Iba a responder que no, que tenía que trabajar temprano al otro día, Pero de repente, un dolor agudo le atravesó el vientre. Se dobló hacia adelante con un gemido ahogado.


-Ah... ¡No! ¡No me jodas! ¡Ahora no!-


El calor le subió por la columna como lava. Sus feromonas explotaron sin control: fresa madura, dulce, empalagosa, desesperada. El olor a celo llenó el aire de golpe, espeso. Sam se retorció, las rodillas le fallaron.


El celo se le había adelantado. Justo ahí. Justo ahora. Justo con él.


...


Playlist Inspiration:


La noche - Joe Arroyo (soundtrack principal)


Junto a tu corazón - Miguel Moly


Noches de Fantasía - Roberto Antonio


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Holi ^^ espero que les haya gustado este primer capítulo. Honestamente me acostumbré a escribir neutral, y ahora, escribir con acento se me ha hecho un reto. Yo también soy valluna, pero no suelo usar tantos modismos o jergas al hablar. 😅


Para quienes conozcan mi fanfic Pheromone War en Wattpad, esta es una línea temporal de ese fanfic. Admito que me fascina la idea de conectar con todas mis historias a través del multiverso. ✨


Quiero agradecer a todos por leer, votar y comentar, me animan a continuar con estas historias. 🥹🙏🏻


- ValenMaximoff6