Secretos detrás de un corazón

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Summary

En la anatomía, el corazón tiene forma de triángulo invertido, conectando en tres vértices ¿Curioso no es así? Porqué está historia tiene tres protagonistas, tres vértices; tan complejos que forman un corazón, un órgano vital complejo. Está historia relata lo que sucede cuando la seda de la alta costura se mezcla con el nylon de las suturas de un hospital, encontrándose en la cruda realidad. Mika, una estudiante de modas con una visión única, cruza su camino con los hermanos Balam. Dalette es una científica obsesionada con lo que el mar oculta; Leonardo, un futuro enfermero dedicado a sanar heridas que no siempre son físicas. Lo que comienza como una colaboración artística se convierte en una conexión profunda donde las apariencias engañan y los secretos atormentan. ¿Qué tan profundo puedes diseccionar antes de descubrir lo que hay detrás de cada latido de un corazón?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Monitores

El sonido de las máquinas de ese lugar tan cálido, en el cual he estado tantas veces, hoy se siente como el frío de las profundidades del océano que me ahoga. Es como si intentase respirar bajo el agua mientras lucho por flotar... por respirar.

—Despertaste —escucho su voz. Me sujeta la mano, brindándome el calor que necesito para termorregular el frío de mi alma. Me tomó un par de minutos poder abrir los ojos.

—Ni siquiera voy a preguntar qué sucedió, porque sé qué hago aquí —miré hacia la ventana; la luz del amanecer apenas aparecía por el cristal del cuarto—. ¿Y mis padres?

—Fueron a descansar, hace apenas una hora que los relevé —comenta con delicadeza y preocupación en su voz—. Llamaré a la enfermera.

Salió de la habitación. Detrás de ella entraron la enfermera Noelia y el doctor Escoto; rostros conocidos, para mi beneficio o mi desgracia.

—Leonardo, es bueno verte despierto, muchacho —me dice el doctor mientras me toca el hombro.

—Estoy bien. ¿Cuánto tiempo estaré aquí, doc? —lo miro con determinación.

—Al menos otros tres días, Leo. Sé que no te gusta estar del otro lado, pero... solicitamos una interconsulta a psiquiatría y más tarde vendrá a verte el psicólogo de tu escuela. Ya sabes, por seguridad.

No sé cómo tomarme sus palabras. La nostalgia y la frustración invaden mi cuerpo; solo puedo mirarla a ella, que me observa con dolor y angustia en los ojos. Suspiro agobiado mientras el doctor sale de la habitación. Noto a la enfermera llenando la hoja de registros; ella capta mi mirada.

—Leo, no tienes que ser fuerte... Debes vivir tu proceso. Aún tienes mucho que recorrer... ¿Recuerdas? Si no puedes curar, alivia; si no puedes aliviar, consuela...

—Si no puedes consolar, acompaña... —la interrumpo—. Hederson. Conozco la frase —termino la oración, una que ahora se siente tan vacía para mí.

Miro hacia el pasillo; las luces me deslumbran. Cierro los ojos y escucho el sonido rítmico de los monitores, algo a lo que estoy acostumbrado, pero que ahora se siente como escuchar las trompetas del apocalipsis.