Desiderium (BL)

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Summary

Thaliel acaba de perder su hogar una vez mas, abatido se encuentra tratando de rescatar lo que el ansia pensar que es estabilidad a la vez que lidia con un deseo hacia quién no puede tocar. . . . Historia y portada hechas por mi.

capítulo 1 | Imber

No parecía querer estar ahí, y era del todo entendible. Nadie hubiese querido, ¿pero qué otra opción tenía? No es como si un techo lo fuese a esperar.

La debilidad golpeaba aún más fuerte que aquella lluvia contra el suelo; hacía frío, no había nadie y simplemente abrazó sus rodillas como un niño que se perdió y no supo cómo volver.

El aire parecía imposible de llenar, quizás el frío era demasiado; vergonzoso, incluso irritante, el sentirse tan lamentable.

"¿Por qué llegué hasta aquí...?"

Miró el suelo, una vez, otra más, y así sin parar; la lluvia no lo dejaría de acompañar esa vez. Las botas estaban mojadas incluso por dentro, el abrigo un poco empapado, y ni hablemos de un techo. Apenas la galería de esa tienda ayudaba, quizás algo más...

"Quizás..."

Unos pasos suaves, tan ligeros que no parecían haber querido alertarlo, sonaban oscuros; se veía que no eran nada baratos, pero no pudo levantar la vista.

"¿Quién...?"

Desmayarse no es bueno, no con un extraño frente a ti.

Su cuerpo se sintió pesado, aunque no tanto como anoche. Los ojos le pesaban; extrañamente se sentía cómodo pese al malestar. No quiso despertar, no aún. Giró su cuerpo aferrándose más a las sábanas, metiéndose bajo ellas como quien no quiere empezar el día todavía.

-¿Umm...? -lentamente abrió los ojos y no reconoció el lugar.

Paredes blancas, definitivamente demasiado blancas; la luz que se asomaba como intrusa por las cortinas azules lo dejó más confundido aún.

"¿Dónde demonios estoy...?"

Inspeccionó.

"No tengo marcas... Okay..."

"Pero... mi ropa... estas cosas no son mías..."

Aquella ropa cálida de lana no era suya, por lo que comenzó a divagar y sentir miedo de la situación.

"Está bien... tranquilo..."

Se levantó de aquella acogedora cama con la culpa de haberse sentido demasiado cómodo entre sábanas ajenas. Pies descalzos, pero el suelo no era ni frío ni caliente; tenía de forma extraña una temperatura "ideal".

Cuando salió, el blanco reinaba en los pasillos, las puertas de madera cálida, los muebles del mismo color... tan extraño y familiar.

Cuando caminó por el pasillo de lo que parecía un departamento, llegando a la sala lo pudo oír: una voz, hablando por teléfono desde lo que seguro era la cocina, tras aquel muro que sus ojos veían.

-No se preocupe, padre. Haré lo posible...

Apenas lograba entender lo que la voz baja decía. Mientras buscaba la salida, no se dio cuenta cuando aquella persona entró a la sala.

-Vaya, estás despierto... Podías dormir un poco más, te veías agotado -el pulso se aceleró; tragó saliva nervioso. Cuando giró, no esperaba aquella vista.

Era un poco alto, no demasiado, pero nada bajo; el cabello un tanto rizado y castaño, la piel cálida y aquellos ojos color miel, se parecían a los suyos. Lo observó un poco más: camisa negra formal y pantalón igual, esos zapatos, los mismos de anoche. Pero lo que llamó más su atención fue ver aquel cleriman en su cuello.

-Tranquilo... No te haré daño, aunque admito que eres un poco pesado a pesar de tu condición actual -su sonrisa lo desarmó por un momento, luego su desconfianza volvió.

-¿Qué me hiciste...? ¿Quién eres y por...?

-Elion Aurelis, puedes llamarme Elion si gustas. No quise asustarte y me disculpo por ello -hizo una breve pausa mientras sonreía con honestidad y de forma cálida-. Como supongo ya te diste cuenta, soy un sacerdote. Te encontré anoche y no pude dejarte ahí...

El joven, lejos de dar las gracias o sentirse más calmado, solo chasqueó la lengua y lo miró con la mayor de las desconfianzas mientras se cruzaba de brazos.

-¿Te la pasas trayendo a desconocidos a tu hogar para desvestir su cuerpo mientras están inconscientes? -lo soltó sin filtro de forma bastante ruda.

-Bueno... Estabas empapado, podrías haberte enfermado y no quería...

-Ajám... ¿Y no podías tratar de despertarme tras traerme aquí?

-De hecho lo hice... Te pregunté si podía hacerlo... Tú mismo te pusiste con mi ayuda la ropa que te di...

-...

El pelirrojo lo miró con ojos fríos y entrecerrados, como quien no quiere ni pensar que se equivocó, pero poco a poco lo recordó.

Aquel hombre lo había cargado con cuidado y llevado con él, incluso sujetándolo para evitar que se volviera a caer. El alcohol de la noche anterior le tenía la cabeza revuelta, pero logró recordar vagamente el ser llevado a la sala y que le hablaban sin que él entendiera casi nada.

Entonces recordó: aquel sujeto lo había guiado hasta el cuarto de invitados, le había ayudado a quitarse la ropa y secarse para poder vestirse con la que le ofrecía, y él simplemente se dejó caer en la cama, rendido, cansado y sintiéndose seguro.

De inmediato su rostro se volvió casi del mismo tono que su cabello; la vergüenza lo llenó al igual que el enojo consigo mismo.

-Yo... disculpe... las molestias... -dijo entre dientes. El moreno simplemente le sonrió de forma dulce y gentil.

-No, disculpa tú, debí ser más precavido con cómo reaccionarías -el muchacho se sintió incómodo y eso fue muy notorio-. Tú... ¿cuál es tu nombre? Si puedes darme, te lo agradecería.

-Amm... Thaliel... Thaliel Virelth... -fue casi un murmullo, pero suficientemente entendible.

-Thaliel... aquel que se hundió en lo profundo...

El joven guardó silencio; no esperaba que el sacerdote se pusiera a decir el significado de su nombre, le pareció realmente molesto.

-¿Te parece gracioso...? -pareció más una queja que una pregunta.

-No, de hecho lo considero adecuado.

-Okay... señor Lion...

-Es Elion -corrigió con calma, lo que irritó más al contrario.

-Como sea, señor Aurelis -el moreno simplemente suspiró; al parecer este muchacho no sería fácil-. ¿Ya puedo largarme o me vas a leer la Biblia también?

El hombre iba a responder, pero entonces ese sonido los interrumpió: el sonido de quien no ha comido nada bien en un buen tiempo. El muchacho apretó los labios de la vergüenza.

-¿Qué tal un desayuno y hablamos? No hay necesidad de tener tanta prisa aún.

Sonrió, sonrió tan dulce que el joven solo quiso vomitar de lo empalagoso que fue, pero no pudo negarse; no, en serio, no podía, ya que el hambre lo iba a matar.