MHA: Yo soy Reiji Toga

Summary

Nunca conoció el amor, la libertad ni el descanso. Solo dolor, agujas y pruebas que lo empujaban al límite, todo por sus habilidades "especiales". Tras una muerte cruel, volvió a abrir los ojos… en otro mundo. Un mundo donde los dones sobrenaturales no eran condena, sino parte de la vida. Había renacido en el universo de Boku no Hero Academia. Con la oportunidad de empezar de nuevo, decidió proteger su nueva vida a cualquier costo. No solo para proteger a los inocentes, sino también para cuidar a su hermana mayor, Himiko, y evitar que su destino se repitiera. Pero su Quirk trajo consigo una maldición: una sed de sangre imposible de ignorar. ¿Puede alguien que lucha contra sus propios impulsos convertirse en la luz del resto? ¿O Esta condenado a ser un ancla que la sociedad quiere ocultar?

Status
Ongoing
Chapters
24
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1: Reiji Toga (1)

“Esto será lo ultimo... Lamento todo lo que has sufrido” Los ojos del científico mostraban leves sentimiento de culpas, oculto bajo la fría mirada que tenia sobre la aguja en sus manos.

Un pequeño liquido se desprendió de esta, asegurándose que sea la dosis adecuada. No es como si importara con lo que iba a hacer.

Frente a él se encontraba una gran cápsula, de estructura vertical, conectada a múltiples máquinas mediante tubos, cables y válvulas distribuidas a lo largo de su superficie. Cada conexión parecía cumplir una función específica, manteniendo el sistema en funcionamiento constante.

El interior estaba completamente lleno de un líquido verde semitransparente, lo suficientemente claro como para ver lo que había dentro sin dificultad.

En el centro, suspendido sin tocar las paredes, flotaba el cuerpo de un chico completamente desnudo.

Su cuerpo estaba en mal estado. Presentaba una gran cantidad de cicatrices distribuidas por todo el torso y las extremidades. Había quemaduras visibles, zonas amoratadas y múltiples cortes abiertos que no permanecían estáticos: la piel se cerraba lentamente, regenerándose a un ritmo constante pero claramente perceptible.

Decenas de agujas estaban insertadas en distintos puntos de su cuerpo, conectadas a los sistemas externos por tubos delgados. Estas registraban su actividad de forma continua. El sonido de los monitores era constante, un pitido repetitivo que marcaba sus signos vitales sin pausa.

Sus ojos estaban abiertos. Mirando directamente al científico frente a la cápsula, sin desviarse. Su mente permanecía en blanco. Usando sus ojos como una simple cámara sin raciocinio.

“Hemos descubierto la cura de múltiples enfermedades gracias a ti, incluso curando el cáncer de forma no invasiva y con facilidad...” Continuo el científico, sus manos se movieron al suero frente suyo conectado a la maquina que contenía al chico.

Levantó la jeringa y la acopló al puerto lateral de la línea intravenosa, en el punto exacto donde el flujo descendía hacia el sistema principal. Presionó con firmeza. El líquido incoloro ingresó al conducto y se mezcló con la solución existente. El flujo continuó avanzando por la línea, entrando en el sistema que distribuía el contenido hacia la cápsula y, desde ahí, al cuerpo del chico.

“Pero como ya sabes, todo llega a su fin...”

Sus palabras desprendían un aire de agotamiento y decepción.

“Tu cuerpo ya no podrá seguir aguantando más análisis, los últimos resultado arrojaron que tu factor curativo se estaba debilitando cada vez más”

Llevaban varios años con este proyecto y finalmente llegaba a su fin. Si todos los científicos estaban cansados, no quería imaginar lo que el pobre chico frente suyo estaba sintiendo en este momento, si es que sentía algo a estas alturas.

“Los altos mandos decidieron entonces dejar de financiar todo esto, si el ojo público supiera cómo se descubrieron todos estos nuevos avances...” Hizo una pausa breve. Desvió la mirada hacia los demás científicos presentes, alineados alrededor de la cápsula, observando en silencio. “No quiero imaginar lo que eso pueda provocar...”

La frialdad de sus palabras finales era más un recordatorio al publico, el chico solo mantuvo la vista fija en el rostro frente a él. Durante los primeros años, había odiado y repudiado profundamente ese rostro, inexpresivo en su mayoría.

Había sido el principal responsable del infierno que había vivido durante su vida, pero con el tiempo, acompañado de las pastillas y experimentos, todas sus emociones se apagaron y ocultaron. Siendo remplazadas solo por la constante sensación de cansancio y aburrimiento.

“Aunque el mundo no lo sepa, tu eres un héroe para toda la humanidad...” Las palabra salieron lentamente, como si intentara calmar el alma del chico que poco a poco se iba apagando.

Hubo una reacción mínima del joven. Un leve cambio en la mirada.

Una palabra se formó en su mente: héroe.

El concepto era claro. No requería interpretación. Alguien que beneficia a otros sin obtener nada a cambio.

Su vida fue en su mayor parte, un sufrimiento constante por el bien de otros. No es algo que realmente hubiera querido, pero una vida sin propósito, es simplemente existir. Había vivido tanto tiempo, solo esperando a que su cuerpo diera todo lo que tenia que dar.

El hecho de que su muerte causara un bien mayor lo dejaba más tranquilo. Su deseo de morir seria hecho realidad, y había librado a miles o millones de persona de sufrir aunque sea una parte de lo que el mismo había sufrido.

“¡Apaguen todo, descontaminen la zona y luego destruyan todo!” La orden fue directa, sin variaciones.

“¡Sí, señor!”

La sala cambió de inmediato. El personal comenzó a ejecutar tareas en paralelo: extracción de datos, eliminación de registros, desconexión de equipos, limpieza de superficies. Cada acción seguía un procedimiento establecido.

Dentro de la cápsula, el chico observó el movimiento sin alterar su postura. Sus párpados comenzaron a descender de forma progresiva. La actividad en su cuerpo disminuía. Los valores en los monitores empezaron a bajar de forma sostenida.

Levantó el brazo con dificultad. El movimiento fue lento e incompleto. Su mano alcanzó el vidrio de la cápsula y se detuvo ahí, sin fuerza para presionar.

‘¿Finalmente... Podre ver un nuevo amanecer?’

Cerró los ojos.

El sonido del monitor continuó unos segundos más, marcando intervalos cada vez más largos, hasta detenerse por completo.

El líder de los científico se acercó al panel de control. Observó los valores finales. Extendió la mano y apagó el dispositivo.

“Descansa en paz, hijo...”

***

“¡Está saliendo! ¡Señora Toga, empuje más fuerte!”

Las órdenes se superponían con rapidez dentro del área de partos. El equipo médico avanzaba la camilla por el pasillo, manteniendo velocidad constante sin perder control en los giros. Las ruedas vibraban levemente sobre el suelo pulido, mientras las luces blancas del techo se reflejaban de forma uniforme en cada superficie.

Sobre la camilla, la mujer respiraba de forma irregular, con intervalos cortos entre contracciones. Su abdomen estaba tenso, la bata húmeda en la zona inferior. Sensores adheridos a su piel transmitían datos en tiempo real a un monitor portátil: frecuencia cardíaca elevada, presión en aumento, contracciones regulares.

A su lado, una doctora seguía el progreso sin apartar la vista. Llevaba guantes estériles y mantenía las manos en posición, lista para intervenir en el momento preciso. Una enfermera ajustaba la altura del gotario conectado a la vía intravenosa, regulando el flujo. Otra verificaba el instrumental dispuesto en una bandeja metálica: pinzas, tijeras, compresas, todo ordenado por uso inmediato.

“¡Dilatación completa! ¡La cabeza está coronando!”

La información fue clara. La partera se reacomodo con los ojos fijos para recibir al naciente bebe.

“¡A la cuenta de tres… uno, dos, tres, empuje!”

La respuesta de la mujer fue inmediata. Su cuerpo se tensó por completo, aplicando fuerza de manera coordinada. Un fuerte grito salió de su boca, mientras su espalda se arqueaba ligeramente, tratando de expulsar a la vida dentro de ella.

En ese momento, los equipos registraron una variación.

Un estallido sutil de energía apenas perceptible recorrió el aire. No era algo visible, pero todos los presentes sintieron una leve descarga en el pecho, como si el ambiente cambiara de densidad. Las lámparas parpadearon apenas por una fracción de segundo. Unos monitores pitaban con interferencia. Nada que detuviera el procedimiento, pero suficiente para hacer fruncir el ceño a los más experimentados.

La doctora no se detuvo. Sus dedos se movieron con velocidad controlada, y con un suave tirón, una figura diminuta emergió al mundo.

“¡Ya está! ¡Es un niño!”

El cuerpo ensangrentado y cubierto de líquido amniótico se movió con lentitud. Los párpados del niño temblaron antes de abrirse. Y entonces, sus ojos se encontraron con la luz del mundo… sin llanto, sin queja. Una mirada silenciosa, intensa y vacía, impropia de un recién nacido.

La mirada de la doctora fue de preocupación, lista para ejercer las maniobras necesarias para liberar sus vidas respiratorias.

Y justo entonces, el llanto estalló.

“Estabilicen los signos vitales. ¡Llévenlo a la incubadora para evaluación inmediata!”

La madre, jadeando y con el rostro descompuesto por el esfuerzo, sonrió entre lágrimas mientras trataba de ver a su hijo.

“Mi niño…” Susurró, antes de que el agotamiento la arrastrara al desmayo.

La madre fue retirada para el postparto sin resistencia.

El recién nacido fue colocado en una cuna térmica. Sensores adicionales se conectaron a su cuerpo: temperatura, ritmo cardíaco, actividad neurológica y lectura de factor genético asociado a Quirk.

Los valores vitales eran normales. La lectura adicional no exactamente.

El sistema no marcó error. Tampoco entregó un resultado claro. Solo variaciones dentro de un rango que no correspondía a ningún registro estándar, pero tampoco fuera de lo esperado.

Uno de los asistentes revisó la pantalla, pero no hizo comentarios.

No era un caso aislado que un recién nacido manifestara su Quirk en etapas tempranas. Aunque la mayoría de las activaciones ocurrían años después, existían precedentes documentados desde la aparición del primer individuo con esta condición.

El protocolo no contemplaba intervención inmediata en estos casos, salvo que existiera riesgo vital.

Y no era el caso.

***

‘Una nueva oportunidad…’

Fue el pensamiento del bebé en manos de la mujer que, hacía solo unas horas, lo había traído al mundo tras un gran esfuerzo. El pequeño cuerpo, aún algo tembloroso y envuelto en una manta hospitalaria, descansaba sobre el pecho de la madre, sintiendo el calor suave de la piel materna y el retumbar rítmico de su corazón.

Era reconfortante. No tanto por el contacto en sí, sino porque esa presencia... Era real. Humana. Cálida. Sin batas frías ni jeringas clavándose en su piel. No recordaba algo así, al menos, no después de empezar a ser tratado como un experimento a tiempo completo.

Ni siquiera entendía bien lo que estaba pasando, ya sea por que su mente esta confundida o todavía demasiado atrapada por los efectos de años y años de drogas que afectaron su mente.

Abrió los ojos lentamente.

La luz era tenue, pero suficiente para distinguir el contorno del rostro que lo observaba con atención.

Una mujer joven, de cabello rubio claro y ojos marrones que brillaban con ternura, lo sostenía con ambas manos, como si temiera que el mínimo movimiento pudiera dañarlo. Sus rasgos eran suaves, y aunque el cansancio aún pesaba sobre sus párpados, una sonrisa honesta le cruzaba el rostro.

No había rastro de frialdad en su mirada, ni de cálculo ni de objetivos ocultos. Solo emoción contenida, genuina, como quien acaba de recibir algo demasiado valioso para ser descrito.

“Hola, mi amor…” susurró con voz ronca, agotada, pero profundamente amorosa. “Eres tan hermoso…”

El bebe la miro fijamente, aunque su pequeño rostro no desplegaba ninguna emoción. En sus pensamientos, sus emociones se tradujeron en algunas pocas palabras.

‘Ella… Es mi madre’

No hubo resistencia al pensamiento.

La mujer ajustó levemente la posición de sus manos, asegurándolo contra su cuerpo. El movimiento fue cuidadoso, sin generar incomodidad. La sensación de seguridad aumento drásticamente solo con ese pequeño gesto.

Mientras el bebe disfrutaba las nuevas sensaciones, la puerta se abrió.

El sonido fue leve, pero suficiente para desviar su atención. Aun no podía controlar a voluntad su cuerpo, pero el bebe giro lentamente sus ojos para ver el marco de la puerta.

Un hombre de contextura delgada, con cabello castaño peinado hacia atrás y rostro medianamente común, entró con una mezcla de nervios y alegría evidente en su caminar. Llevaba un pequeño ramo de flores algo desordenadas en las manos.

Su expresión facial cambio al verlo, como quien observa a una pieza extremadamente delicada al igual que hermosa. La alegría de un padre al ver a su hijo, junto a su madre perfectamente bien.

“¿Cómo están?” Preguntó con una sonrisa que no podía ocultar.

“Ven, míralo... Acaba de abrir los ojos” Dijo la mujer, y se los ofreció con cuidado.

El hombre se acercó con lentitud, como si temiera romper la escena con su sola presencia. Sus ojos se cruzaron con los inocentes y profundos ojos color ámbar de la criatura más pequeña.

“Hola, pequeño…” Dijo al fin, tocando con suavidad la diminuta mano que asomaba entre las mantas. “Soy tu papá”

La conciencia del bebe se volvió a estremecer.

‘Papá’

El hombre que lo había llevado a una vida de experimento también fue su anterior padre, sin embargo, esta vez no hubieron miradas frías, ni la falsa preocupación y mucho menos el resentimiento.

En cambio, una mirada de amor puro fue lo que recibió. Un contraste tremendo.

“¿Y como lo vamos a llamar, cariño?” Pregunto dulcemente la mujer, con sus ojos fijos en el hombre a su lado. El hombre miro durante un momento al bebe, su mente repasando todas las opciones que había pensado desde que su esposa le había anunciado que tendrían otro bebe.

Abrió la boca lentamente, dudando de su decisión final, mirando a la frágil criatura que el amor de su vida tenia entre manos.

“Reiji... Reiji Toga se llamara” Sentencio con una ligera sonrisa, mirando los inocentes ojos del bebe que les brindaba una pequeña sonrisa.

‘Reiji... Es un buen nombre...’

***

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