Mole Irlandés

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Summary

Dicen que el amor, como el buen mole, necesita tiempo, sazón… y un poco de caos. Esta historia comienza con dos ingredientes aparentemente incompatibles: una mexicana testaruda, con alma de fuego y corazón de pueblo, y un irlandés engreído, con modales de té a las cinco y mirada que derrite hasta el más espeso de los moles. ¿La receta? Tatémalos a fuego lento —cuidado con pasarte, porque lo que se quema amarga—. Agrega choques culturales, secretos familiares, una pizca de sal y pimienta de cada suegra, carcajadas inesperadas, lágrimas bien sazonadas y una cucharada generosa de pasión clandestina. Pero nada queda bien sin el toque final: una abuela sabia, dulce y un tanto metiche, que con su chocolate —literal y emocional— espesa el corazón de todos. Mole Irlandés es una novela para leer con hambre: de amor, de identidad, de raíces y de futuro. Prepárate para una mezcla explosiva de romance, tradiciones, y ese humor que solo las familias (y los errores de traducción) pueden ofrecer. ¿Te animas a probar esta receta?

Genre
Erotica
Author
MLBARRIOS
Status
Complete
Chapters
64
Rating
n/a
Age Rating
18+
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Prólogo

—¿Sí, abuelita? Yo estoy bien.

—¿Comes bien? —pregunta con esa preocupación que se le cuela hasta en el tono.

—Sí, muy bien. Muchas hamburguesas y papás.

—Eso no se escucha rico.

—A veces lo son —miento, porque la neta, ni me gustan tanto.

—¿Te tratan bien?

—Sí... —No siempre, pero eso no se lo digo. ¿Para qué preocuparla?

Todos queremos una vida mejor para nuestras familias, y por eso decidí venirme. A buscar fortuna. Bueno, “fortuna” es una palabra fuerte... digamos que busco lo suficiente para mandar algo de dinero a casa, ayudar, aunque sea con lo básico. Que mi familia salga adelante.

—Abrígate bien, que Dios me la bendiga.

—Gracias, abuelita. —Colgamos.

Siento un nudo en la garganta. Ya van seis meses desde que me vine, y sí, han sido duros. Dificilísimos. Pero cada semana les llamo. Aunque sea un ratito. Es mi modo de no soltarme por completo.

—¡Yùù vii, tu orden está lista! —grita el cocinero desde la ventanita.

Soy mesera por las tardes, empleada doméstica por las mañanas y sobreviviente todo el día.

—¡Gracias! —Levanto la bandeja y la coloco sobre el hombro para abrirme paso entre el gentío. El lugar está hasta el tope.

—Excuse me, I’m going to step aside, please —anuncio en un inglés atropellado, con mi acento bien mexicano, sin pena.

—Está buena la mexicana —dice un tipo en español, y su mano va justo donde no debe.

Me detengo en seco.

—¿Me permiten? —le digo a la mesa, bajando la charola con calma. Giro despacio, respiro... y ¡zas! Le estampo el puño en la nariz.

—¡Esto te pasa por fresco, patán y puerco!

—¡Te voy a demandar! —chilla, sangrando como cerdo en matadero.

—Hágalo, hay cámaras —le suelto sin miedo—. Verán que usted fue el que me faltó al respeto.

—¡Yùù vii! —aparece el gerente.

—¡Esta mujer me golpeó! —grita el tipo, con una servilleta en la cara.

Me preparo para lo peor... pero entonces mi jefe me sorprende.

—Una disculpa, señor —dice, mirándolo directo—, pero ella solo se defendió.

—¿¡Qué!? —me le quedo viendo, como si no reconociera al mismo que siempre me regaña hasta por respirar.

—¡Wey! —interviene uno de los amigos del tipo—. Déjala, tú te pasaste de la raya.

—¡Merece ir a la cárcel! —insiste el otro, todavía cubriéndose.

—Tú también por manosearla —le contesta su amigo—. Mejor vámonos, no hagamos más bronca. Ya sabes cómo son los gringos.

Se levantan de la mesa. Uno de ellos me mira con algo de culpa.

—Toma —me da dinero—. Disculpa a mi amigo, está un poco ebrio.

—Gracias —respondo. Me arde el coraje, pero lo agarro. Tengo dignidad, sí, pero también tengo necesidades. Y si me corren hoy, ese dinero puede marcar la diferencia.

Los veo salir del restaurante.

—Ve a dejar ese pedido y hablamos al final del turno —ordena el gerente, serio.

—De acuerdo —respondo. Sé que viene una reprimenda... pero por primera vez, no me siento sola.

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