Bizcochito Mío

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Summary

Bienvenida a Bizcochito Mío ¿Quieres un pastel, tarta, bocadillos o un bizcocho azucarado? ¿Algún antojo que cumplir? Aquí es el lugar donde se hornean pasteles, panes, amores, desamores… y bebés. Lorenzza es una pastri chef mexicana con el horno lleno de sueños y muchos planes por cumplir. Lo que no esperaba era que su tranquila cocina se volviera un desastre —delicioso, caótico y tentador— con la llegada de un huracán italiano llamado Alessandro Caccioni. Él llegó con todo… y no piensa dejarla en paz. Alessandro no imaginaba que esta mexicana sería más terca que él, ni que le haría perder la cabeza. Porque, aunque Lorenzza no lo necesitaba para nada, él, de ella, necesitaba todo.

Genre
Erotica
Author
MLBARRIOS
Status
Complete
Chapters
14
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Prólogo

Siempre es bueno presentarse, ¿no creen? Pues les cuento quién soy. Me llamo Lorenzza Jiménez, tengo 28 años, soy hija única, y mi madre tenía una seria obsesión con Italia. Creía que, si le ponía doble “z” a todo, sonaría más italiano… bueno, eso pensaba. Pero solo logró cagarla con mi nombre. Si eres de México sabrás que “Lorenza” es sinónimo de estar loca. Cuando alguien te dice: “Estás bien Lorenza”, ya sabes... Aunque ahorita me da risa, no siempre fue así.

Cuando empecé la escuela, fue bullying constante. Así que mejor díganme Loren.

La verdad, no sé cómo mi madre se enamoró de mi padre. Eran polos opuestos. Bueno… sí sé. Quedó embarazada de mí, y dos meses después de que nací se fue a “buscar su sueño italiano”. Nunca más supimos de ella.

Mi padre, Juan Jiménez —yo le digo JJ— era dueño de una pequeña panadería. Crecí entre harina, huevos, leche, levaduras y hornos. Vivíamos arriba del local en un departamentito con dos recámaras. JJ siempre fue un hombre entregado, dedicado a sacarme adelante. Nunca le conocí una novia, aunque no faltaban las clientas que le coqueteaban. La casa siempre olía a pan, a familia… a hogar.

Se levantaba tan temprano que, cuando yo iba saliendo a la escuela, él ya me tenía listo mi pan recién horneado. Hoy está jubilado. Me dejó la panadería porque ya sabía manejarla y preparar todos los productos.

Terminé el bachillerato, pero como no teníamos dinero suficiente para la universidad, trabajé por las mañanas con mi papá y por las noches como mesera. Me tomó tres años juntar para la escuela de chef. A los 21 entré a la universidad; salí a los 25. Apenas me gradué, JJ me cedió el negocio, y yo puse en práctica todo lo que me habían enseñado. Además, estudié inglés y francés por mi cuenta.

Mi mejor amiga y compañera de universidad, Cata (bueno, Catalina), creyó en mi sueño. Juntas creamos “Bizcochito Mío”, panadería y postrería. Después de tres años, surtimos a otras pastelerías, damos servicio de bocadillos a empresas y tenemos una pequeña cafetería. Nuestro plus: cuando vienes por un café o un chocolate, te llevas tu pan calientito.

Mejor ni les digo dónde estamos porque capaz que nos llegan de a montón o nos hacen tan famosas como Buddy Valastro. Solo les diré que estamos en una zona céntrica, rodeadas de universidades y empresas. Así que tenemos clientela de todo tipo.

¿Novios? He tenido dos... intentos. Y digo intentos porque, bueno... el primero se llamó José, teníamos 18 años. El típico novio de manita sudada. Hasta que un día me propuso tener sexo. Dudé un poco, pero acepté. Los dos éramos vírgenes, él creyó que ver porno era suficiente clase... ay ajá. Todo pasó tan rápido: yo seguía con la ropa de arriba puesta, él confundió mi clítoris con un botón de encendido y apagado, me penetró sin preparación y, dos movimientos después, terminó. En las novelas dicen que “ves estrellas”. Pues yo no vi nada, solo sentí un dolor horrible.

¿A poco ustedes sí empezaron sabiendo? Seguro ahorita se están acordando de su primera vez.

La segunda vez fue con el mismo José, en casa de sus papás, metidos en el baño. Ahorcajadas, con el vestido a la cintura, y justo cuando ya casi llegaba al ansiado orgasmo… ¡se rompió el depósito del baño! Salimos corriendo empapados, y ahí quedó mi intento de orgasmo… y mis calzones. Terminamos poco después, pero como él empezó a presumir que “se había acostado conmigo”, me le planté de frente y le solté:

—Si sigues diciendo que me cogiste, voy a tener que contar que tienes poquito para dar y además eres eyaculador precoz.

Magia. Nunca más volvió a hablar.

Pasaron los años. Ya en la universidad, me gustó un chico dos grados arriba. Hubo química al instante. Seis meses de relación y me animé a intentarlo otra vez. Lo que nunca supe es que al tipo le gustaba compartir novias con su compañero de cuarto. Cuando estábamos en lo mejor, el susodicho entró y quiso “unirse a la diversión”. Literal. Me vestí, agarré mis cosas y me fui. Dejé mis calzones otra vez.

Desde entonces renuncié a los hombres. Cata insiste:

—Anímate, Loren, aún estás a tiempo.

Pero yo solo estoy enamorada del amor y de lo que cuentan mis novelitas románticas.

¿Será que algún día me toque un galán como los de mis libros?

Nunca había sentido deseo real, excitación de la buena… hasta que llegó él. Y puso mi vida patas arriba.

Pero tienen que saber todo, con lujo de detalle. Para eso, tenemos que retroceder unos cuantos meses…