SCHOOL OF PREDATORS

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Summary

Elysian Hale. un chico de 18 años con problemas de agresividad, se embarcará en un viaje donde descubrirá que solo era el pez más grande en su acuario. Al llegar ala Academia Maravilla no solo descubrira que es, ser un verdadero depredador, también entenderá la verdadera y cruda realidad de la humanidad. La academia Maravilla nada es lo que parece, dinero sucio, injusticias, abusos. es solo la punta del iceberg. Tienes el valor de entrar ala Academia y ser el depredador o serás la presa?

Genre
Action/Erotica
Author
Rhay
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

El inicio del Viaje.


27 de enero del 2026 — Presente

Siempre fui un chico con una vida dura.

Tal vez porque nuestro padre nos abandonó cuando yo teníasiete años.

Tal vez porque mi hermana pequeña contrajo una enfermedadmortal.

Tal vez porque mi madre trabaja todo el día y casi toda lanoche para pagar su tratamiento… y aun así no le alcanza.

Siempre me peleaba en la escuela.

Y por eso siempre fui expulsado.

Eso me llevó a perder grados. A estar en preparatoria condieciocho años mientras otros de mi edad ya estaban en la universidad.

Pero mi vida cambió desde que entré a esa academia.

No sé si para mal o para bien.

Pero sé que cambió.

Elysian era un chico de ojos cafés penetrantes, cabello azulclaro y una figura atlética para su edad. Resultaba atractivo para muchasmujeres, aunque eso nunca le importó demasiado.

Vestía una camiseta roja, pantalones grises y tenisdeportivos. Siempre llevaba la misma ropa, excepto cuando tenía que ir a laescuela.

Caminaba por los pasillos de la preparatoria pública de suciudad cuando vio algo que hizo que su expresión cambiara.

Cinco estudiantes grandes rodeaban a una chica.

Elysian detestaba a las personas que abusaban de su poder.

Pero detestaba aún más que no trataran a una mujer conrespeto.

—Vamos, hermosa —dijo uno de los abusadores—. Déjanos verqué tanto quieres ser parte del grupo de los chicos populares. Sabes lo quetienes que hacer.

La chica, temblando, comenzó a levantarse la falda.

Una patada impactó en el rostro del abusador que estaba enmedio.

Cayó inconsciente al suelo.

Los demás voltearon. Incluso la chica.

Vieron a Elysian.

—¿No les enseñaron a respetar a las damas? —dijo con vozfría.

—¡¿Qué carajos?! ¡Iván, levántate! —gritó uno de sus amigos.

Iván no respondió. Estaba completamente noqueado.

Uno de ellos se lanzó contra Elysian.

Elysian esquivó el golpe con facilidad y respondió con underechazo y un izquierdazo directos a la mandíbula. El agresor cayó al suelocomo un saco vacío.

—¡Bastardo! —gritó otro, lanzándose al ataque.

Elysian giró con agilidad y lanzó una patada de tacóndirecta a las costillas del atacante.

El chico cayó de rodillas, sujetándose el torso, sin aire.

Elysian miró a la chica.

—Oye, tú. No tienes que humillarte ni faltarte al respetopara conseguir lo que deseas. Puedes lograrlo sola. Ahora vete. No querrás veresto.

La chica, impresionada, se marchó sin decir una palabra.Solo pudo escuchar los gritos detrás de ella. Los otros dos que quedaban notardaron en caer.

Minutos después, Elysian estaba sentado en una silla frenteal escritorio de la directora.

—Estás en graves problemas, jovencito. Golpeaste brutalmentea cinco chicos.

La mujer llevaba gafas y el cabello recogido en una coletaapretada.

—Directora, yo solo golpeé a cinco bastardos que se lomerecían.

—Esos “chicos” fueron llevados al hospital. Tienen fracturasgraves, labios rotos y golpes en la cabeza.

Elysian no se inmutó.

—Es poco. Se merecían más. Iban a abusar de una chica. Puedepreguntarle a Zoé, de segundo grado.

La directora suspiró.

—Me adelanté. Pasa, por favor.

La puerta se abrió.

Entró Zoé.

—Si dices la verdad, Elysian no tendrá problemas. Pero sino… será expulsado. Vamos, Zoé, ¿qué pasó?

Zoé guardó silencio unos segundos. Miró a Elysian.

—Elysian los agredió sin ninguna razón.

—¡¿Qué?! ¡Es mentira! —exclamó él.

—Silencio. Déjala hablar.

—Estábamos hablando. Me estaban ayudando con un trabajo.Entonces Elysian, sin razón, los atacó.

—¿Estaban hablando? ¿Es cierto que iban a abusar de ti?—preguntó la directora.

—No. Es completamente falso. No sé por qué inventó eso.

Elysian soltó una risa incrédula.

—¿Es en serio, Zoé? Todavía que te salvé… ¿me lo agradecesasí?

Miró a la directora.

—No tiene que decirlo. Me iré.

Se levantó y salió de la oficina.

En la salida, tomó su bicicleta.

—Lo siento, Elysian —dijo una voz detrás de él.

Zoé.

—Pero si digo lo que pasó, no seré popular.

Elysian la miró un momento.

—Si sigues preocupándote por lo que piensa la gente… esonunca va a pasar.

Se subió a la bicicleta y se marchó.

Sin mirar atrás.

El viento golpeaba el rostro de Elysian mientras pedaleabacon fuerza.

Las ruedas de la bicicleta giraban tan rápido que apenasparecían tocar el suelo. Los autos que pasaban por la avenida quedaban atrásuno tras otro. Incluso algunos ciclistas que entrenaban en la carretera lomiraban con sorpresa cuando los rebasaba.

Para alguien que lo viera desde lejos, parecería que unciclista profesional estaba entrenando.

Pero Elysian no entrenaba.

Iba con prisa.

Sus piernas se movían con potencia y precisión, cada pedaleoera fuerte y constante. Su respiración era tranquila, como si ese ritmo norepresentara ningún esfuerzo para él.

Después de varios minutos, el gran edificio blanco apareciófrente a él.

El hospital.

Elysian frenó la bicicleta en el estacionamiento y la dejóapoyada contra una pared. Sin perder tiempo caminó hacia la entrada.

Las puertas automáticas se abrieron con un leve sonido.

El olor a desinfectante llenó el aire.

Elysian caminó por los pasillos con familiaridad. Variasenfermeras lo miraron al pasar y algunas incluso le sonrieron. Él ya eraconocido ahí.

Finalmente llegó frente a una puerta.

Habitación 214.

Elysian abrió lentamente.

Dentro de la habitación, una chica de cabello oscuro estabasentada en la cama con un pequeño cuaderno en las manos. Tenía el rostrodelicado y una sonrisa tranquila que contrastaba con la palidez de su piel.

Cuando levantó la vista y vio a Elysian, sus ojos seiluminaron.

¡Hermano!

Elysian sonrió levemente.

Hola pequeña.

La chica dejó el cuaderno y estiró los brazos hacia él.

Elysian caminó hasta la cama y ella lo abrazó con fuerza.

A pesar de su enfermedad, la chica siempre tenía una energíacálida que hacía sentir mejor a cualquiera que estuviera cerca.

Pensé que hoy no vendrías. dijo ella con una sonrisa.

Claro que vendría. respondió Elysian. Siempre vengo.

La chica lo observó un momento con atención.

¿Te metiste en otra pelea?

Elysian desvió un poco la mirada.

Ella suspiró suavemente.

Hermano… no tienes que pelear siempre por todo.

Elysian apoyó una mano sobre su cabeza y despeinó un poco sucabello.

Alguien tiene que cuidar este mundo de idiotas.

La chica soltó una pequeña risa.

Eres tonto.

Luego tomó su cuaderno y se lo mostró.

Mira, hice un dibujo.

Elysian lo observó.

Era un dibujo sencillo.

Una casa pequeña… un árbol… y tres personas tomadas de lamano.

Somos nosotros. dijo ella con orgullo.

Elysian guardó silencio unos segundos mirando el dibujo.

Cuando me cure… vamos a vivir en una casa así. continuó ellacon una sonrisa llena de esperanza.

Elysian la miró.

Sus ojos cafés se suavizaron por un momento.

Claro. dijo finalmente.

Cuando te cures, iremos donde quieras.

La chica sonrió aún más.

Para ella, esas palabras eran una promesa.

Y Elysian nunca rompía sus promesas.

Luna seguía mirando el dibujo con una sonrisa.

¿Te gusta? preguntó.

Elysian se sentó en la silla junto a la cama.

Está bien.

Luna infló un poco las mejillas.

Siempre dices lo mismo.

Porque siempre dibujas lo mismo. respondió Elysian.

¡Oye! dijo ella fingiendo enojo.

Elysian tomó el cuaderno y lo miró con más atención.

La casa tenía ventanas torcidas, el árbol estaba más grandeque la casa y las personas eran simples figuras con palitos.

Pero las tres figuras estaban tomadas de la mano.

Elysian cerró el cuaderno suavemente y se lo devolvió.

Está bonito. dijo esta vez.

Luna lo miró con una sonrisa satisfecha.

Sabía que te iba a gustar.

Hubo un pequeño silencio.

Luna lo observó de nuevo con atención.

Entonces… dijo inclinando un poco la cabeza. ¿Qué pasó estavez?

Elysian suspiró.

Nada importante.

Eso significa que sí pasó algo. respondió Luna con unapequeña sonrisa.

Elysian se recargó en la silla.

Me expulsaron.

Luna abrió un poco los ojos.

¿Otra vez?

Otra vez.

Ella suspiró.

Mamá se va a enojar mucho.

Lo sé. dijo Elysian.

Luna lo miró en silencio unos segundos.

Luego habló en voz más suave.

¿Por qué peleas tanto hermano?

Elysian no respondió de inmediato.

Finalmente dijo:

Porque hay personas que se lo merecen.

Luna bajó la mirada un momento.

Pero siempre eres tú quien termina en problemas.

Elysian se encogió de hombros.

Ya estoy acostumbrado.

Luna levantó la mirada otra vez.

Yo no. dijo en voz baja.

Elysian la miró.

No me gusta cuando te pasa algo. continuó ella. Cada vez quete peleas pienso que algún día alguien más fuerte va a lastimarte.

Elysian sonrió un poco.

Eso no va a pasar.

Luna lo miró con una expresión seria.

No eres invencible.

Elysian levantó una ceja.

¿Quién dijo que lo soy?

Luna señaló su cara.

Tu cara.

Elysian soltó una pequeña risa.

Luna también terminó riéndose.

Después de unos segundos, ella habló otra vez.

¿Sabes qué soñé ayer?

¿Qué? preguntó Elysian.

Que ya estaba curada.

Elysian guardó silencio mientras la escuchaba.

Salíamos del hospital y tú estabas afuera esperándome con tubicicleta. dijo Luna con una sonrisa. Y mamá estaba llorando pero de felicidad.

Elysian la miraba atentamente.

Luego fuimos a comer helado. continuó ella. Y tú dejaste queyo eligiera el sabor.

Elysian cruzó los brazos.

Eso sí es un sueño.

¡Oye! dijo Luna golpeándolo suavemente con la almohada.

Ambos rieron.

Luego Luna se acomodó un poco en la cama.

Hermano.

¿Qué pasa?

Gracias por venir siempre.

Elysian frunció un poco el ceño.

No tienes que agradecer eso.

Sí tengo. dijo Luna. Sé que estás ocupado… y que mamátrabaja todo el tiempo… pero tú siempre vienes.

Elysian se levantó y caminó hacia la ventana de lahabitación.

Miró la ciudad a través del vidrio.

Luego habló sin voltear.

Eres mi hermana.

Luna sonrió.

La mejor. dijo ella.

Elysian negó un poco con la cabeza.

La única.

Luna soltó una pequeña risa.

Luego lo miró con curiosidad.

Hermano.

¿Qué?

Cuando yo me cure…

Elysian volvió a mirarla.

¿Podemos ir al mar?

Hubo un pequeño silencio.

Finalmente Elysian respondió con una ligera sonrisa.

Claro.

Entonces te tienes que hacer fuerte. dijo Luna. Porque vas atener que cargar todas mis maletas.

Elysian suspiró.

Eso suena más difícil que pelear con cinco idiotas.

Luna volvió a reír.

Y por un momento…

La habitación del hospital ya no parecía un hospital.

Parecía simplemente el lugar donde dos hermanos hablaban desu futuro.

Elysian se levantó de la silla después de pasar un buen ratohablando con Luna.

Ella ya se veía un poco cansada.

Sus ojos empezaban a cerrarse lentamente.

Hermano… murmuró Luna medio dormida.

¿Sí? respondió Elysian acercándose a la cama.

No te metas en problemas mañana.

Elysian sonrió un poco.

Lo intentaré.

Luna abrió un ojo.

Eso dijiste la última vez.

Elysian soltó una pequeña risa.

Se inclinó un poco y acomodó la manta sobre ella.

Descansa. dijo en voz baja.

Luna lo miró con una sonrisa tranquila.

Te quiero hermano.

Por un momento Elysian no dijo nada.

Luego respondió.

Yo también, enana.

Luna cerró los ojos finalmente.

Elysian se quedó unos segundos más ahí, asegurándose de querealmente se hubiera dormido.

Luego tomó su mochila.

Y salió de la habitación en silencio.

Cerró la puerta con cuidado.

El pasillo del hospital estaba tranquilo.

Solo se escuchaban pasos lejanos y el sonido constante dealgunas máquinas.

Elysian caminó hacia la salida.

Pero antes de llegar, una voz lo detuvo.

Elysian.

Él se giró.

Era la doctora que estaba a cargo del caso de Luna.

Una mujer de unos cuarenta años, con una bata blanca yexpresión seria.

Doctora. dijo Elysian.

Ella caminó hacia él.

Durante unos segundos pareció dudar.

Luego habló.

Necesito hablar contigo sobre tu hermana.

Elysian sintió una presión en el pecho.

Pero mantuvo su expresión tranquila.

¿Pasó algo?

La doctora negó ligeramente con la cabeza.

No… pero quiero que entiendas la situación.

Elysian cruzó los brazos.

La enfermedad de Luna es muy agresiva. continuó la doctora.Estamos haciendo todo lo posible, pero…

Hizo una pequeña pausa.

Las probabilidades no son buenas.

Elysian no dijo nada.

La doctora lo miró directamente.

Si el tratamiento funciona… hay un cincuenta por ciento deposibilidades de salvarla.

Elysian sintió cómo sus manos se tensaban.

¿Y el otro cincuenta? preguntó.

La doctora bajó un poco la mirada.

El otro cincuenta por ciento es que su cuerpo no resista.

El pasillo quedó en silencio.

Por un momento solo se escuchó el sonido distante de unamáquina cardíaca.

Elysian respiró lentamente.

Pero no vamos a rendirnos. añadió la doctora rápidamente.Luna es una chica fuerte. Hemos visto casos donde los pacientes superan lasprobabilidades.

Elysian miró hacia la ventana del pasillo.

Las luces de la ciudad brillaban afuera.

Finalmente habló.

Ella va a vivir.

La doctora lo observó en silencio.

Elysian volvió a mirarla.

Sus ojos eran completamente serios.

Porque si existe una sola posibilidad de salvarla…

Sus puños se cerraron con fuerza.

Yo voy a encontrar la manera.

La doctora no respondió.

Solo asintió suavemente.

Elysian tomó su bicicleta afuera del hospital unos minutosdespués.

El aire frío de la noche golpeó su rostro.

Se subió a la bicicleta.

Y empezó a pedalear.

Las luces de la ciudad pasaban rápidamente a su alrededor.

Sin saberlo…

Esa noche era la última antes de que su vida cambiara parasiempre.

Elysian pedaleaba con fuerza por las calles de su ciudad,alejándose del hospital. El cielo comenzaba a oscurecerse; la noche estaba apunto de caer y las luces de la calle se encendían, parpadeando como estrellasartificiales. Su bicicleta parecía volar bajo sus pies: más rápido quecualquier ciclista profesional, pero él no lo hacía por competencia, sino porurgencia.

Las lágrimas comenzaban a deslizarse por su rostro,mezclándose con el viento que golpeaba su piel. Se mordió el labio, conteniendolos sollozos, mientras sus pensamientos giraban alrededor de Luna.

No sé cómo lo voy a hacer… murmuró, con la voz quebrada,pero firme.

Pero… lo voy a lograr.

Cada pedalada era un recordatorio de lo que tenía queproteger. Cada calle que cruzaba, cada semáforo, cada sonido de la ciudad lerecordaba que debía ser fuerte, que no podía permitirse fallar. Luna dependíade él, y no había margen para el miedo ni la duda.

Cuando finalmente llegó a su casa, el corazón le latía confuerza, y el peso de la responsabilidad lo aplastaba, pero también lo empujabahacia adelante. Secándose las lágrimas con el dorso de la mano, respiró hondo:

Lo haré… no importa lo que cueste.

El destino de su hermana y de su propia vida estabacomenzando a escribirse, y Elysian estaba decidido a tomar las riendas.

La pequeña casa de los Hale estaba en una calle tranquila desu ciudad. No era una casa fea, pero tampoco era algo que llamara la atención.Era el tipo de casa donde vivían familias que trabajaban duro todos los díaspara llegar a fin de mes.

La pintura blanca de las paredes exteriores estaba un pocodesgastada por los años. El pequeño jardín delantero tenía algunas plantas queclaramente alguien cuidaba con cariño, aunque no había dinero para arreglartodo lo que necesitaba arreglo.

Elysian dejó su bicicleta apoyada contra la cerca y entró.

Al abrir la puerta, el interior revelaba exactamente lo queera: un hogar humilde.

La sala tenía un sofá viejo pero limpio, cubierto con unamanta para ocultar algunos desgastes. Frente a él había una televisión queclaramente tenía varios años de uso. Una pequeña mesa de madera estaba llena derevistas viejas y algunos recibos.

En una esquina había fotografías familiares.

Una de ellas mostraba a Luna cuando era más pequeña, riendocon toda la alegría del mundo. Otra era de Angie con sus dos hijos cuandotodavía eran niños.

Había también un espacio vacío en la pared.

Un lugar donde alguna vez estuvo otra fotografía.

Elysian apartó la mirada.

Caminó por el pasillo hasta su habitación.

Su cuarto era sencillo. Una cama individual, un escritoriopequeño lleno de cuadernos y algunos libros de artes marciales bastantegastados por el uso.

En las paredes había pósteres.

Películas de acción.

Películas de artes marciales.

Clásicos del cine que él veía una y otra vez.

También había un saco de boxeo colgado en una esquina y unasvendas deportivas sobre el escritorio.

Todo en ese cuarto gritaba una cosa: disciplina.

Elysian se dejó caer en la cama y se quedó mirando el techodurante unos minutos.

Hasta que escuchó la puerta principal abrirse.

Pasos cansados.

Angie había llegado.

Elysian salió de su cuarto.

Su madre estaba dejando su bolso sobre la mesa de la cocina.

Angie Hale era una mujer fuerte. No físicamente como unpeleador, pero sí de una forma mucho más difícil.

Tenía el cabello oscuro recogido, algunas ojeras marcaban surostro por las largas jornadas de trabajo, pero aun así conservaba unapresencia firme, inteligente… alguien que había aprendido a soportar el peso dela vida sin romperse.

—Llegaste temprano hoy —dijo ella mientras se quitaba lachaqueta.

—Sí.

Angie comenzó a preparar algo de comer. Nada lujoso, soloalgo simple para la cena.

Después de unos minutos, ambos estaban sentados en lapequeña mesa de la cocina.

El silencio reinaba mientras comían.

Angie observó a su hijo por unos segundos.

—Elysian.

—¿Sí?

—¿No tienes algo que contarme?

Elysian siguió comiendo.

—No.

Angie suspiró lentamente.

—Qué curioso… porque hoy recibí una llamada de tu escuela.

Elysian levantó la mirada.

—Otra vez te expulsaron.

El silencio se volvió pesado.

—Se estaban aprovechando de una chica —dijo Elysian concalma—. Iban a abusar de ella.

—¡Eso no cambia nada!

Angie golpeó la mesa con la palma.

—¡No te metí a boxeo, judo, karate y todas esas artesmarciales para que te pelees en la calle como un delincuente!

—Entonces ¿qué querías que hiciera? —respondió Elysian confrialdad—. ¿Quedarme viendo?

—¡Quería que pensaras!

—Lo hice.

—¡No lo hiciste!

Angie se levantó de la silla.

—¡Cada escuela en la que entras terminas expulsado! ¡Cadamaldito año es lo mismo!

Elysian apretó los puños.

—Si alguien intenta abusar de una chica no voy a quedarmecruzado de brazos.

—¡Y si sigues así vas a arruinar tu vida!

—Mi vida ya está arruinada —dijo él con voz baja.

Eso hizo que Angie se quedara en silencio.

Elysian se levantó.

—No voy a pedir perdón por hacer lo correcto.

Angie lo miró con una mezcla de enojo y cansancio.

—No entiendes nada todavía… —dijo ella en voz baja.

Elysian simplemente tomó un vaso de agua y se fue hacia suhabitación sin decir otra palabra.

La puerta se cerró suavemente.

En la cocina, Angie se quedó sola.

Se sentó lentamente otra vez.

Y por un momento, su rostro fuerte se quebró un poco.

Porque en el fondo sabía algo.

Elysian no era un mal chico.

Pero el mundo no siempre recompensa a los que hacen locorrecto.

Pasaron varios minutos.

En la habitación de Elysian solo se escuchaba el leve sonidodel ventilador girando lentamente en el techo.

Él estaba sentado en el borde de su cama, con los codosapoyados en las rodillas y las manos entrelazadas. Su mirada estaba fija en elsuelo.

La discusión con su madre seguía resonando en su cabeza.

Entonces se escucharon pasos en el pasillo.

La puerta se abrió suavemente.

Era Angie.

Elysian levantó la mirada.

Su madre seguía seria… pero ya no estaba gritando.

Solo se veía cansada.

Entró al cuarto observando todo alrededor por un momento.Los pósteres de películas, el saco de boxeo, las vendas sobre el escritorio.

Luego suspiró.

—Sigues siendo igual de terco que cuando eras niño.

Elysian no respondió.

Angie cruzó los brazos.

—No estoy enojada porque defendiste a esa chica.

Elysian levantó un poco la cabeza, sorprendido.

—Si alguien iba a hacerle daño… hiciste lo correcto.

Hubo un pequeño silencio.

—Pero eso no cambia lo que siento —continuó Angie—. Mepreocupa.

Elysian frunció ligeramente el ceño.

—Cada vez que te metes en una pelea contra varios tipos…cada vez que terminas en problemas… lo único que pienso es que un día alguienpodría lastimarte de verdad.

Su voz se suavizó un poco.

—Eres lo único que tengo… además de Luna.

Las palabras quedaron flotando en la habitación.

Elysian bajó la mirada.

Angie se acercó un poco más.

—Escucha… mañana quiero que te presentes al trabajo del quete hablé la otra vez.

Elysian levantó la mirada.

—¿Trabajo?

—Sí. En el taller mecánico de un amigo mío.

Se recargó ligeramente contra la pared.

—Necesitas empezar a hacer algo con tu tiempo ahora que yano estás en la escuela.

Luego lo miró fijamente.

—Además… el dinero extra no nos vendría mal.

Elysian asintió lentamente.

—Está bien.

Angie pareció un poco aliviada.

Miró el reloj en su muñeca.

—Tengo que dormir un par de horas… mi turno de noche empiezapronto.

Trabajaba tanto de día como de noche cuando podía.

Se dirigió hacia la puerta.

Antes de salir, se detuvo.

—Elysian.

Él levantó la mirada otra vez.

—Intenta no meterte en más peleas mañana.

Hubo un pequeño silencio.

—Lo intentaré —respondió él.

Angie sonrió muy levemente.

Luego salió del cuarto y cerró la puerta.

La casa volvió a quedar en silencio.

Elysian se recostó en la cama mirando el techo.

La luz de la mañana entraba por la ventana del pequeñocuarto.

Elysian abrió lentamente los ojos.

Se quedó unos segundos mirando el techo, como si recordaradónde estaba. Luego se incorporó en la cama y estiró los brazos.

Su cuerpo seguía adolorido por la pelea del día anterior.

—Genial… —murmuró para sí mismo.

Se levantó y caminó hacia la cocina.

La casa estaba completamente en silencio.

Eso no era extraño. Su madre seguramente ya se había ido atrabajar o estaría durmiendo después de su turno.

Sobre la mesa había un pedazo de papel doblado.

Elysian lo tomó.

Era una nota escrita con la letra rápida de su madre.

“Buenos días.”

“Prepárate algo de desayunar, báñate y preséntate en laubicación que te mandé al celular.”

“No llegues tarde.”

”—Mamá.”

Elysian sonrió un poco.

—Siempre tan directa…

Dejó la nota sobre la mesa y abrió el refrigerador.

No había demasiadas cosas.

Unos huevos, pan, algo de jamón y leche.

Nada fuera de lo común.

Elysian no era un chef… pero sabía arreglárselas.

Sacó un sartén, rompió unos huevos y los puso a freír. Luegotostó un poco de pan y calentó el jamón.

Mientras cocinaba se movía con naturalidad, como alguienacostumbrado a prepararse su propia comida.

Unos minutos después estaba sentado en la mesa comiendo sudesayuno.

Simple.

Pero suficiente.

Después se levantó, lavó rápidamente el plato y fue abañarse.

Cuando salió, se vistió con una camiseta negra, unos jeansalgo desgastados y sus tenis deportivos.

Tomó su celular.

Había un mensaje de su madre con una ubicación.

Un taller mecánico.

Elysian tomó su bicicleta y salió de la casa.

El aire de la mañana estaba fresco mientras pedaleaba porlas calles de la ciudad.

No tardó mucho en llegar.

El lugar era un taller grande, con varios autos estacionadosafuera.

El sonido metálico de herramientas golpeando y motoressiendo revisados llenaba el ambiente.

Elysian apoyó su bicicleta cerca de la entrada.

Cuando entró, un hombre grande con barba espesa y manosllenas de grasa lo miró.

—¿Tú eres el chico de Angie?

Elysian asintió.

—Sí señor.

El hombre se limpió las manos con un trapo.

—Soy Mark.

Lo observó de arriba abajo.

—Tu madre dice que necesitas trabajo… y que eres fuerte.

Elysian se encogió ligeramente de hombros.

—Supongo.

Mark señaló un coche levantado en un elevador.

—Bien. Vamos a ver si es cierto.

Caminó hacia una caja enorme llena de piezas metálicaspesadas.

—Lleva eso hasta allá.

La caja parecía pesar bastante.

Muchos adultos tendrían problemas cargándola.

Elysian la miró.

Luego la levantó.

Con facilidad.

Mark levantó una ceja.

Elysian caminó tranquilamente con la caja como si no pesarademasiado y la dejó donde el mecánico había señalado.

Mark soltó una pequeña risa.

—Vaya…

Tomó otra pieza grande de motor.

—Entonces prueba con esto.

Era una pieza aún más pesada.

Elysian la tomó.

Sus brazos se tensaron… pero la levantó.

La sostuvo unos segundos antes de colocarla sobre la mesa detrabajo.

Mark cruzó los brazos.

—Nada mal.

Sonrió un poco.

—Creo que me vas a servir bastante por aquí, chico.

Elysian solo respondió con una ligera sonrisa.

El trabajo no le molestaba.

De hecho…

Le gustaba mantenerse ocupado.

El resto del día pasó rápido.

El trabajo en el taller no era fácil, pero tampoco eraaburrido de ver.

Elysian pasaba de un auto a otro ayudando a los mecánicos.

A veces sostenía motores mientras alguien ajustabatornillos.

Otras veces cargaba llantas, movía cajas de herramientas oempujaba autos averiados hasta las rampas.

Sus manos terminaron llenas de grasa.

El sonido de llaves inglesas chocando con metal, motoresrugiendo y radios viejos sonando en el fondo llenaban el ambiente.

A pesar del cansancio, Elysian trabajaba con energía.

En un momento, uno de los mecánicos silbó al verlo levantaruna pieza pesada.

—Oye chico… ¿seguro que no eres luchador profesional o algoasí?

Algunos se rieron.

Era la hora del descanso y varios estaban sentados cerca deuna mesa improvisada hecha con una puerta vieja.

Habían comprado refrescos y comida rápida.

—No —respondió Elysian con media sonrisa.

—Pues deberías serlo —dijo otro mecánico—. Ese motor pesamás que mi suegra.

Las risas llenaron el taller.

Mark estaba recostado contra una pared bebiendo cafémientras escuchaba.

—¿Y tú qué querías ser? —preguntó uno de los trabajadores—.Todos tenemos una historia.

Uno empezó a contar cómo había perdido su primer coche enuna apuesta.

Otro habló de cómo conoció a su esposa.

Entre bromas y anécdotas, la conversación llegó a Elysian.

—¿Y tú, chico? —preguntó uno de ellos—. Tienes pinta depeleador.

Elysian bebió un poco de su refresco.

—Quería ser boxeador profesional.

Los mecánicos levantaron las cejas.

—¿En serio?

—Sí.

—¿Y qué pasó?

Elysian miró un momento al suelo antes de responder.

—Nada espectacular… —dijo con calma—. En un torneo amateurme rompí la mano.

Levantó ligeramente la mano derecha como si recordara eldolor.

—El doctor dijo que si seguía peleando podía dañarla parasiempre.

Los mecánicos hicieron gestos de dolor.

—Uf… eso sí duele.

—Sí… —continuó Elysian—. Así que lo dejé.

Se encogió de hombros.

—La vida sigue.

—Pues si peleabas como cargas motores… seguro habrías sidocampeón —dijo uno de ellos.

Mark soltó una pequeña risa.

—Tal vez todavía pueda hacerlo.

Elysian sonrió ligeramente, pero no dijo nada más.

La conversación siguió entre bromas y risas.

Para cuando se dieron cuenta…

Ya era de noche.

El taller fue cerrando poco a poco.

Uno por uno los mecánicos se despedían.

—Nos vemos mañana.

—Buen trabajo chico.

—No olvides traer guantes, o vas a acabar con las manosnegras para siempre.

Elysian levantó la mano en despedida.

—Nos vemos.

Pronto el lugar quedó casi vacío.

Solo quedaban algunas luces encendidas.

Elysian estaba limpiando una herramienta cuando escuchóvoces elevadas.

Levantó la mirada.

Cerca de la oficina del taller, Mark estaba discutiendo conun hombre mayor.

El hombre vestía un traje caro.

Pero su expresión estaba llena de enojo.

—Te dije que el pago era esta semana, Mark.

—Lo sé —respondió Mark con frustración—. Solo necesito unosdías más.

—Eso dijiste el mes pasado.

—Estoy juntando el dinero.

El hombre golpeó el escritorio con la mano.

—No me importa.

Mark apretó los puños.

—Tengo empleados… tengo que pagar sueldos.

—Ese no es mi problema.

La discusión subió de tono.

Hasta que de repente…

El hombre empujó a Mark.

Mark retrocedió.

—Oye—

Pero el hombre le lanzó un golpe directo al rostro.

Mark cayó contra una mesa.

Elysian observaba desde lejos.

Su cuerpo se tensó.

“No te metas…”

Recordó a su madre.

Recordó el hospital.

Recordó a Luna.

No podía meterse en problemas otra vez.

El hombre volvió a golpear a Mark.

Un golpe brutal.

—¡Paga lo que debes!

Mark cayó al suelo.

El hombre comenzó a patearlo.

Elysian apretó los puños.

“No te metas.”

“No lo hagas.”

Entonces recordó algo que uno de los mecánicos había dichohoras antes.

“Mark trabaja como loco por su hija.”

“Tiene una familia que mantener.”

El hombre volvió a patear a Mark en el suelo.

Y eso fue suficiente.

Elysian caminó hacia ellos.

—Oye.

El hombre volteó.

—¿Qué quieres, mocoso?

No terminó la frase.

Porque el puño de Elysian impactó directamente en su rostro.

El hombre cayó hacia atrás.

—¡Maldito!

Intentó levantarse.

Pero Elysian ya estaba encima de él.

Un golpe.

Otro.

Otro más.

El sonido seco de los puños resonaba en el taller.

El hombre intentó cubrirse.

Pero Elysian no se detenía.

Golpeaba con una furia brutal.

Hasta que el hombre cayó al suelo.

La nariz rota.

Sangre corriendo por su cara.

Pero Elysian seguía golpeándolo.

—¡Elysian!

Dos de los mecánicos que aún estaban ahí corrieron y losujetaron.

—¡Ya basta!

—¡Se va a morir!

Entre los dos lograron separarlo.

Elysian respiraba con fuerza.

Sus puños estaban manchados de sangre.

El hombre en el suelo apenas podía moverse.

Tenía la nariz completamente torcida, múltiples moretones ysangre cubriendo su rostro.

Unos minutos después…

El hombre se levantó con dificultad.

Miró a Elysian con odio.

—Esto no se va a quedar así…

Escupió sangre.

—Te voy a demandar.

Luego miró a Mark.

—Y tú.

Se limpió la sangre con un pañuelo.

—Si no despides a ese mocoso…

Señaló el taller.

—Te quito el local.

El silencio llenó el lugar.

El hombre salió del taller furioso.


La puerta se cerró con un golpe.

Y todos quedaron en silencio.

El silencio en el taller duró varios segundos después de queel hombre se fuera.

Solo se escuchaba la respiración pesada de Elysian.

Mark estaba sentado en el suelo, apoyado contra una mesa.Tenía el labio partido y un moretón empezando a formarse en el rostro.

Uno de los mecánicos le pasó un trapo.

—¿Estás bien?

Mark escupió un poco de sangre al suelo.

—He estado peor.

Luego miró a Elysian.

El chico estaba de pie, con los puños todavía tensos y lasangre del hombre en los nudillos.

Mark soltó una pequeña risa cansada.

—Chico…

Se levantó con esfuerzo.

—Gracias.

Los otros dos mecánicos que habían ayudado a separarlo seacercaron también.

Uno de ellos sacudió la cabeza, todavía sorprendido.

—Eso fue… increíble.

El otro asintió.

—Te lo juro… nunca había visto a un chico adolescente tumbara un tipo así de grande.

Miraron a Elysian con una mezcla de respeto y sorpresa.

—Ese tipo pesa como cien kilos.

—Y tú lo mandaste al suelo en segundos.

Elysian se encogió de hombros.

—Solo reaccioné.

Uno de los hombres frunció el ceño.

—Oye… pero espera.

Lo miró con curiosidad.

—¿No habías dicho que dejaste el boxeo porque te rompiste lamano?

Elysian se quedó en silencio un momento.

Miró sus manos.

Luego levantó la mirada.

—Sí.

Hubo una pausa.

—Mentí.

Los tres hombres lo miraron.

—¿Qué?

Elysian respiró lentamente.

—La verdadera razón es que me vetaron.

Mark levantó una ceja.

—¿Vetado?

Elysian asintió.

—En una pelea amateur… el tipo con el que peleaba empezó aprovocarme después del combate.

Recordó brevemente aquel momento.

—Terminamos peleando fuera del ring.

Bajó un poco la mirada.

—Lo golpeé demasiado.

Los mecánicos guardaron silencio.

—Casi lo mato.

Las palabras quedaron flotando en el aire.

—El juez del torneo dijo que alguien así no debía volver apelear profesionalmente.

Elysian encogió ligeramente los hombros.

—Así que me quitaron la oportunidad del boxeo para siempre.

Nadie habló por unos segundos.

Finalmente uno de los mecánicos soltó un silbido bajo.

—Vaya…

Mark cruzó los brazos, pensativo.

—Eso explica mucho.

Luego suspiró.

—Bueno… de cualquier forma.

Miró hacia la puerta por donde se había ido el dueño dellocal.

—Ese idiota va a volver.

Uno de los hombres negó con la cabeza.

—Seguro.

—Y cuando lo haga, va a querer problemas.

Mark se pasó una mano por la barba.

—Pero no voy a despedirte.

Elysian levantó la mirada.

—¿Qué?

—No voy a despedirte —repitió Mark con firmeza—. Ese tipo nomanda aquí.

Elysian negó con la cabeza.

—Sí deberías hacerlo.

Mark frunció el ceño.

—Ni hablar.

—Hazlo.

—No.

Los dos se miraron.

—Mark —dijo Elysian con calma—. Si no lo haces te va aquitar el local.

—Que lo intente.

—No puedes arriesgar el taller por mí.

Uno de los mecánicos intervino.

—Tiene razón, jefe…

Mark lo miró.

—¿De qué lado estás?

—Del lado del sentido común.

Elysian suspiró.

—Puedo conseguir otro trabajo.

Mark negó con la cabeza.

—No es tan fácil.

—Para mí sí.

—Eres buen trabajador.

—Y puedo serlo en otro lugar.

Mark lo observó en silencio.

Elysian continuó:

—Tienes empleados.

Señaló alrededor del taller.

—Y una familia.

Las palabras hicieron que Mark se quedara callado.

Elysian habló con tranquilidad.

—No vale la pena arriesgar todo por mí.

El taller quedó en silencio otra vez.

Los otros dos mecánicos intercambiaron miradas.

Sabían que Elysian tenía razón.

Elysian avanzaba con fuerza en su bicicleta, dejando atrásla calle mientras su mente repasaba lo sucedido hacía unos minutos en eltaller. Cada golpe, cada decisión, cada movimiento de la pelea con el hombreque atacaba a Mark volvía a su cabeza. El viento le azotaba la cara y sucabello azul claro se movía como una bandera.

Al llegar a su casa, notó algo extraño: el buzón indicabaque había recibido correo. Eso le pareció raro; el repartidor no venía desdeque tenía diez años. Con cuidado abrió el buzón y encontró un sobre.

Un sobre de papel vitela, tan grueso y cremoso que parecíafuera de lugar entre el correo ordinario. No tenía sello postal, pero en elcentro de la solapa, cerrando el secreto con una autoridad silenciosa, brillabaun relieve de cera azul medianoche.

Al acercar la lámpara, el emblema de la Academia Maravillaemergió de las sombras. Era un escudo de armas de una elegancia cortante. En lacima, una antorcha dorada extendía sus llamas hacia arriba, flanqueada por dosalas desplegadas que parecían grabadas con la precisión de un cirujano. Elcontraste del oro sobre el fondo azul oscuro le confería un aire de realezaantigua, de algo que no se compra, sino que se hereda.

En el corazón del escudo, un monograma de líneasentrelazadas formaba una pirámide de letras —una tríada de letras ‘A’ que seprotegían entre sí— con una pequeña estrella solitaria en el centro, como unojo que todo lo ve. Atravesando el diseño, una banda grabada en oro dictaba elnombre en mayúsculas sobrias: MARAVILLA. Debajo, en una tipografía casiimperceptible pero firme, rezaba el año de fundación, 1923, recordándole.

Elysian entró a la casa y abrió el sobre. La carta conteníainformación sobre la Academia Maravilla: una escuela enfocada en formarpersonas exitosas, con educación de alto nivel, destacando talentos únicos yofreciendo todas las herramientas para que sus estudiantes se convirtieran enlíderes, genios y profesionales de élite. A simple vista parecía un documentonormal y legítimo.

Elysian dejó la carta sobre la mesa y, después de unosminutos, sacó su celular. Algo no le convencía; no era el estudiante perfectopara recibir una beca de una escuela tan exclusiva. Quizá todo era una estafa.

Buscó en internet la academia y lo que encontró lo dejópensativo: la escuela estaba ubicada en Salem, Massachusetts, y era famosa,privilegiada y con un renombre que se extendía a nivel mundial. Allí salían laspersonas más exitosas, millonarios, empresarios, genios que tenían la vidaprácticamente resuelta. Mientras más investigaba, más se daba cuenta de que esaescuela no solo ofrecía educación, ofrecía oportunidades que podían cambiar lavida de cualquiera.

Elysian pensó en su hermana Luna y en su madre. Esta era suoportunidad para ayudarlas, para darles una vida mejor, para garantizar queLuna tuviera un futuro a pesar de su enfermedad y que su madre dejara de cargarsola con todo. Pero el problema era evidente: la escuela estaba en otra ciudad.No podía simplemente dejar a Luna y a su madre atrás.

Pasaron horas mientras Elysian permanecía en su cama,inmerso en sus pensamientos, preguntándose qué haría, cómo solucionaría todo,cómo podría ayudar a su madre y a Luna sin perderse a sí mismo en el intento.La habitación estaba en silencio, salvo por el tic-tac lejano del reloj y elviento que golpeaba suavemente la ventana.

De repente, la puerta se abrió.

—Ya llegué. —La voz de su madre, firme y cálida a la vez,llenó la habitación.

Elysian estaba tan concentrado en sus pensamientos que no laescuchó. No reaccionó hasta que un golpe seco retumbó contra la puerta.

—¡¿Me oíste?! ¡Ya llegué!

—Ah… lo siento, no te escuché —dijo, incorporándoselevemente.

—Bien —respondió Angie mientras se giraba—, voy a prepararla cena.

La madre salió del cuarto, dejando a Elysian nuevamentesolo, perdido entre la incertidumbre y la ansiedad. Pasaron varios minutosantes de que se sentaran juntos a la mesa. La luz cálida iluminaba la cocinamodesta, con platos sencillos y el aroma de la comida casera flotando en elaire.

—¿Cómo te fue en tu primer día de trabajo? —preguntó Angie,con esa mezcla de preocupación y curiosidad que siempre la caracterizaba.

El rostro de Elysian se abrió en una sonrisa forzada, perono pudo ocultar el nerviosismo que sentía.

—Fue… agradable.

—¿Qué ocurre? —insistió ella, frunciendo el ceño.

—¿De qué hablas? —respondió Elysian, intentando mantenersefirme.

—Muéstrame los puños. —El tono de Angie se tornó más firme,casi intimidante.

—¿Qué? ¿Por qué?

—¡Que me los enseñes! —gritó mientras se levantaba de lamesa, su furia contenida brillando en sus ojos.

Elysian levantó lentamente sus puños. Las marcas de la peleaeran evidentes: moretones morados, cortes superficiales, la memoria de golpesque todavía dolían bajo la piel.

—Lo sabía. Te volviste a pelear —dijo Angie, con la vozcargada de reproche y preocupación.

—No… Mark fue atacado. No tuve opción, mamá —replicóElysian, tratando de explicar, de justificar lo que había hecho.

—¡Estoy harto, Elysian! —su madre lo miró con una mezcla deexasperación y dolor—. ¿Cómo quieres que te lo pida? Más te vale que esa peleano haga que te despidan.

Elysian permaneció en silencio, las palabras de su madregolpeándolo más que cualquier puñetazo.

—¿Qué? ¿Te despidieron, verdad?

—Conseguiré otro trabajo, mamá. Solo.

—¡Solo nada, Elysian! —Angie lo reprendió con dureza—. Sabesque puedes hacer lo que quieras, pero me decepcionas… eres igual a tu padre.

Las palabras le dolieron como un filo atravesando el pecho.Sus ojos bajaron, fijando la mirada en el suelo, mientras un nudo defrustración y tristeza se formaba en su garganta. Entonces, su mente viajó aLuna, su hermana pequeña, enferma, luchando día a día. Recordarla le diofuerza. Apretó los puños y se levantó con decisión.

Se dirigió a su cuarto, donde abrió la carta que habíarecibido aquella tarde. La carta de la Academia Maravilla.

Con manos temblorosas pero decididas, Elysian tomó unamaleta y comenzó a empacar. Ropa, artículos personales, lo esencial quenecesitaría para partir. Sus dientes se apretaron con fuerza mientras elcorazón le latía con intensidad: sabía que su vida estaba a punto de cambiar, yque esa decisión no solo afectaría su futuro, sino el de toda su familia.

Al día siguiente, la luz del sol se colaba por las cortinasraídas del cuarto de Elysian, dibujando sombras sobre las paredes llenas depósteres de sus películas favoritas. Respiró profundo, recogió la maleta y bajólas escaleras con paso firme, aunque su corazón latía acelerado.

—Luna… —dijo suavemente al entrar en la habitación delhospital—. Tengo que hablar contigo.

Su hermana alzó la cabeza del libro que estaba leyendo. Susojos, grandes y llenos de inocencia, se iluminaron al ver a Elysian.

—¿Qué pasa, Ely? —preguntó, con una sonrisa tímida que nollegaba a sus ojos.

Elysian se arrodilló junto a la cama, buscando la mirada deLuna—. Voy a tener que irme por un tiempo… —su voz se quebró ligeramente,tratando de ser fuerte—. Es importante, y… no puedo explicarlo todo ahora, peroes algo que debo hacer.

Luna frunció el ceño, confundida y preocupada—. ¿Por qué? ¿Adónde vas? ¿Me vas a dejar sola?

—No te voy a dejar sola —respondió Elysian, sosteniendo susmanos pequeñas entre las suyas—. Solo… necesito hacer esto para poder ayudarte.Para ayudar a mamá también.

Luna bajó la mirada, mordiéndose el labio, intentandocontener las lágrimas. Su voz salió apenas audible—. Pero… yo quiero que tequedes, Ely. No quiero que te vayas.

—Lo sé, Luna… —Elysian acarició su cabello oscuro, tratandode infundirle seguridad—. Si pudiera quedarme, lo haría. Pero esta oportunidad…puede cambiar nuestras vidas. Necesito hacerlo.

Luna cerró los ojos y un suspiro escapó de sus labios. Porun momento, su corazón infantil quería que su hermano se quedara a su lado,pero lentamente comenzó a comprender.

—Entonces… —dijo, con un hilo de voz—. Si es por nosotros…por mamá y por mí… puedo entenderlo. Solo prométeme algo, Ely.

—Lo que sea, Luna. —Elysian la miró intensamente,prometiendo con su voz y su mirada—. Prométeme que lucharás por seguir adelantey que no te rendirás, aunque no esté aquí.

Luna asintió, con lágrimas que comenzaron a deslizarse porsus mejillas—. Te esperaré. Te esperaré y volverás.

Elysian sonrió, tratando de ocultar su dolor, y la abrazócon fuerza—. Gracias, Luna. Gracias por entender. Te prometo que volveré.

Se levantó, colocó la maleta junto a la cama y le dio unúltimo vistazo antes de salir del cuarto, sintiendo cómo su corazón se apretabacon cada paso hacia la puerta. Sabía que esta decisión no sería fácil, perotambién sabía que era necesaria.

Elysian bajó de su bicicleta y la dejó reposada contra unapared. El metal crujió ligeramente mientras la acomodaba. Luego caminó hacia unrestaurante pequeño pero lleno de vida; desde la puerta ya se escuchaban platoschocando, conversaciones y el olor a comida recién hecha.

Al entrar, una chica que trabajaba ahí se acercó con unasonrisa profesional.

—Bienvenido, sígueme por favor. Te mostraré una mesa.

Elysian negó ligeramente con la cabeza.

—Ah, no. Estoy buscando a Angie Hale.

La chica levantó una ceja con curiosidad.

—¿Angie? ¿Eres su hijo o algo así?

—Sí, soy su hijo. ¿Podrías decirme dónde está? —respondióElysian con una sonrisa amable.

—Claro, está en la cocina… como siempre —dijo la chica,también sonriendo.

Elysian caminó hacia la cocina, abriendo la puerta concuidado. El ruido de los utensilios y el vapor caliente llenaban el ambiente.Buscó con la mirada entre los cocineros hasta que finalmente la vio.

Angie estaba lavando platos con energía, moviendo las manosrápidamente mientras el agua corría.

—Hola, mamá.

Angie levantó la mirada al escuchar la voz. Cuando vio aElysian, sus ojos se abrieron con sorpresa.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, dejando lo que hacía yacercándose a él.

—Vine a…

—Lo sabía. Lo decidiste, ¿verdad?

—¿Qué? —dijo Elysian confundido.

—Vi el sobre que te llegó… así que te vas.

Elysian bajó un poco la mirada antes de responder.

—No… bueno, sí. Pero no los voy a dejar. Voy a ir a mejorarmi vida… nuestra vida. Por ti… por Luna.

Angie lo miró en silencio por un momento. Luego sus ojos sesuavizaron.

—Lo entiendo. Sabes… estoy muy orgullosa de ti, hijo. Y losiento por haberte dicho que eras como ese hombre.

Entonces lo abrazó con fuerza.

—Lo siento mucho.

—Angie —dijo de pronto un jefe de cocina desde el fondo.

Ella se separó un poco.

—¿Qué haces? Tienes muchos platos que lavar.

—Sí, lo siento, ahora mismo los lavo.

Angie volvió al fregadero.

—Ahora ve —le dijo suavemente a Elysian.

Elysian solo asintió.

Cuando estaba a punto de irse, escuchó su voz.

—Ely.

Elysian se giró.

Angie lo miró con una sonrisa cálida.

—No dejes de hacer el bien.

Elysian sonrió también.

—Te quiero, mamá.

Elysian salió de la cocina y cerró la puerta detrás de él.El ruido del restaurante volvió a envolverlo: platos, conversaciones y elmovimiento constante de los meseros.

Entonces vio a la chica que antes le había dicho dóndeestaba su madre. Ella llevaba varios platos con comida hacia una mesa, pero algirar entre las mesas tropezó y perdió el equilibrio.

Los platos cayeron al suelo, y la comida terminó sobre unosclientes.

—¿Qué te pasa?

—¿Acaso eres estúpida? —dijeron los hombres a los que leshabía tirado la comida.

La chica se agachó rápidamente, avergonzada.

—Lo siento mucho… no llevo mucho aquí, en serio perdón —dijomientras empezaba a recoger los platos.

De pronto, una mano apareció ayudándola a levantar lascosas.

Cuando levantó la mirada, vio que era Elysian.

Él se agachó y comenzó a ayudarla a recoger.

—Gracias… —dijo la chica.

Elysian solo respondió con una pequeña sonrisa.

—Enseguida les traigo de nuevo sus cosas —dijo la chicamirando a los clientes.

Uno de los hombres se levantó con molestia.

—No, mejor ya nos vamos. Además hablaremos con tu gerente.

—No, por favor… —dijo la chica, agarrándole la mano alsujeto para detenerlo.

De pronto, el hombre le dio una fuerte cachetada que la tiróal suelo.

Elysian cerró el puño con fuerza.

Por un segundo estuvo a punto de lanzarse contra ellos… peroen ese instante recordó a Luna y a su madre.

Respiró hondo.

Y relajó el puño.

—Oigan —dijo Elysian.

Los hombres voltearon a verlo.

—¿Por qué no mejor solo se largan… y le dicen al gerente queesta chica fue una gran mesera?

Los hombres se rieron.

—¿Y qué te hace pensar eso, mocoso?

Elysian señaló hacia arriba.

—No lo sé… tal vez el hecho de que en internet se haríaviral.

“Sujetos golpean a una mujer porque cometió un error”.

Miren… ¿creen que las cámaras de vigilancia hayan grabadobien sus rostros?

Los hombres miraron hacia las cámaras del restaurante.

—Hijo de perra… —murmuraron.

Sin decir más, se dieron la vuelta y se marcharon.

El restaurante quedó en silencio por un momento.

La chica se levantó con ayuda de Elysian.

—Gracias…

—De nada.

Ella lo miró con una sonrisa.

—Eres igual a tu madre… siempre de buen corazón.

Elysian se rascó la nuca con un poco de pena.

—Bueno… creo que eso nos caracteriza a los Hale.

Luego miró la hora.

—Bueno, me tengo que ir. Se me hace tarde.

Se dio media vuelta para marcharse.

—¡Espera! —dijo la chica antes de que llegara a la puerta.

Elysian se giró.

—¿Cómo te llamas?

—Elysian —respondió con una sonrisa.

—Elysian… —repitió la chica, probando el nombre en su boca.

Elysian salió por la puerta del restaurante.

Mientras caminaba hacia su bicicleta, una idea cruzó sumente.

Tengo que lograrlo… no hay opción de perder.

Su rostro cambió.

Ahora solo había una gran determinación en sus ojos.

Horas más tarde:

Elysian se acomodó junto a la ventana del tren que lollevaba directo a Salem, Massachusetts. El paisaje corría a toda velocidad:campos verdes, bosques que se extendían hasta perderse en el horizonte ypequeñas ciudades que parecían salidas de un cuadro antiguo. El viento queentraba por la rendija del tren agitaba su cabello azul, y por un instante, sepermitió relajarse.

Pensó en Luna, en su pequeña sonrisa pese a la enfermedadque la acosaba. Pensó en su madre, Angie, trabajando incansablemente paramantener a la familia a flote. Su corazón se apretaba, porque sabía que ladistancia que lo separaba de ellas era un riesgo, pero también la únicaoportunidad que tenían de cambiar sus vidas.

—Lo lograré… —murmuró para sí mismo, apretando con fuerza elasa de su maleta—. Por ustedes. Por mamá… por Luna.

El tren seguía avanzando, y con cada kilómetro que loacercaba a Salem, un sentimiento extraño se enroscaba en su estómago: emoción,miedo, y algo que no podía identificar del todo. No era solo un viaje a unaciudad desconocida; era un paso directo hacia lo que él no sabía, pero queintuía… no sería fácil.

Lo que Elysian no podía imaginar era que cada rueda quegiraba sobre las vías lo llevaba directo… a la boca del lobo. Un lugar donde lacalma del paisaje solo era un espejismo y donde cada decisión podría cambiarlotodo.

El horizonte se oscureció con las primeras luces delatardecer. Salem se acercaba, y con ella, su nuevo mundo.