Chapter Capitulo 1 Mi sueño
Y es que las cosas pueden llegar de donde menos las esperas; los momentos mágicos se pueden presentar sin darte cuenta.
Podías escuchar a los pajaritos cantar alegremente, sentir la calidez del sol en el exterior, mientras dentro de la casa se podía sentir el vacío y eco de cualquier ruido que existiera. Era normal sentirse así, ya que me encontraba por el momento sola y haciendo mis deberes, sin ningún tipo de distracción, únicamente sumergida en mis pensamientos; pensamientos que atormentaban el alma. Perdida en mi mente y mi corazón, buscaba una razón, quería descifrar un enigma que ni siquiera podía entender; solo sabía que el responsable de mi estado y el nombre de mi tormenta... KOGA.
Tal vez fuera un chico común ante los ojos de los demás, tal vez no. Él es de esas personas que puede tener a quien quiera a sus pies, a cualquier chica que quiera; era de esos que no estaba acostumbrado a ser elegido, sino a elegir entre cualquiera que le gustara...
Debo incluir que no soy nadie extraordinaria; me considero una chica normal, una más del montón. He pasado por muchos problemas, decepciones amorosas, algunos buenos y otros malos momentos de los cuales prefiero no recordar. A mi corta edad de 20 años, creería que mi vida no podría ser interesante, que solo viviría una vida tranquila y común. Mido 1.60, mi tez clara puede que sea llamativa; sin embargo, prefiero no resaltar en la sociedad. Soy delgada, de buen cuerpo, algo normal entre la mayoría de las jóvenes de mi edad, lo que me hace agradecer no ser voluptuosa: pechos medianos y caderas marcadas que resaltan mi cintura; algo normal, a mi parecer.
Mi nombre: Kagome Higurashi.
Vivo con mi mamá, mi hermano y abuelo. Sin embargo, el día de hoy ellos habían decidido salir mientras yo terminaba algunos pendientes para la universidad. De repente, una extraña sensación llamó mi atención en el exterior: los rayos del sol iluminaban el césped, el calor y el aire fresco hacían que la temperatura fuera perfecta. Caminé lentamente al jardín, olvidando por un momento aquel remolino de emociones; me recargue en aquel árbol majestuoso de la casa y poco a poco me deslicé y me senté, disfrutando el clima...
Era tan relajado, tan exquisito estar ahí, pero un extraño y conocido ruido empezó a molestar mi tranquilidad: alguien tocaba la puerta de mi casa... ¿Es que acaso no podían molestar en otro momento? Molesta con el responsable, me levanté y entré a la casa, ya que me encontraba en el patio trasero. Me dirigí a la puerta principal a ver quién llamaba; era tanta su insistencia que solo pensaba en mandarlos muy lejos de aquí.
— ¡Ya voy! — grité ante la insistencia del otro lado—, pero ¿quién llamará con tanta urgencia?
Abrí la puerta con fastidio. Ahí estaba frente a mí un chico alto, guapo, con un cuerpo de muerte; era extremadamente sexy ante mis ojos. Sus ojos color miel como el mismo sol... ese dorado en su mirada fue capaz de deslumbrarme y hacerme olvidar que por poco lo corría de mi puerta. Su cabello largo y ese extraño color plateado... podría pensar que es un anciano, pero estaba segura de que no era el caso. Me había dejado sin palabras; creo que han sido los segundos más largos en que he aguantado la respiración.
— ¡Hola! — escuché de sus labios. Su voz en mis oídos fue lo más hermoso que había escuchado; estaba segura de que nunca olvidaría eso. Sentí cómo mi cuerpo reaccionaba de forma inexplicable y cómo se estremecía totalmente. No podía desviar la mirada, no podía reaccionar; estaba embelesada con tanta belleza, me petrifiqué. Pensé que en cualquier momento la respiración no llegaría a mis pulmones; mi corazón se aceleró. ¿Pero qué rayos me estaba sucediendo?
— Me llamo Inuyasha — me dijo—. ¿Te vas a quedar ahí parada o vas a dejarme entrar? — soltó con total arrogancia y con una sonrisa de lado que me hizo temblar las rodillas.
¿Inuyasha? Ese era su nombre. Él dio unos pasos al interior de la casa que me hicieron reaccionar. ¿Acaso me había pedido entrar a mi casa? Era obvio que no lo iba permitir. Pero ahí estaba yo: haciéndome a un lado, asintiendo y dejando pasar a un extraño. Pero es que era una tonta, ¿quién en su sano juicio permite el paso a un hombre que no conoce? Bueno... ¡Él es guapo, sexy y hermoso! ¡NO!... ¿Y si era un asesino, un ladrón o un...?
— Sabes, amor, ¿creo que te comieron la lengua los ratones o es que no sabes hablar?
Esa sonrisa sarcástica y arrogante fue el pellizco que necesitaba para reaccionar ante aquella locura... Además, ¿me había llamado "amor"? ¿Pero por qué? ¿No me conoce y me trata como si fuera algo más? ¡Okey! No diré que no me gustó, pero es demasiado atrevido. Otra vez me encontraba divagando con ese hombre dentro de mi casa. ¿En qué momento llegó hasta adentro? Pero si serás tonta... Kagome, ¡despierta! ¡Y abre la boca, di algo!
Mi corazón seguía acelerado. Mis piernas no me respondían y pareciera que estoy en una caída libre; es como si estuviera enamorada... ¿Enamorada? ¡Alto! Pero si más loca no puedo estar. Kagome, tú amas a Koga; claro que él es un idiota que te está haciendo llorar, pero al fin y al cabo es tu idiota... Te mintió, te engañó, pero se supone que están tratando de arreglar las cosas. No es para que tú tengas a un hombre dentro de casa sin el consentimiento de nadie. Pero este chico no da miedo; sé que no lo conozco y es extraño lo que está pasando, pero no pienso que sea una mala persona... ¡Un momento, se está acercando! ¿Qué va a hacer? ¿Me quiere besar? ¡No! ¡Espera! ¡Me va a dar un infarto!
— ¿Qué... qué...? — pude gesticular en un susurro, deteniendo sus intenciones. —Tranquila, Kagome, tú puedes hablar, no eres muda. —Mordí por unos segundos mi labio inferior—. ¿Qué estás... qué estás haciendo? — Sé que estoy tartamudeando; pudo sentir lo nerviosa que estoy, ¡pero es que esto es una locura!
— Hasta que hablas... — esa sonrisa sarcástica heló mis pensamientos nuevamente. — ¿Y qué estoy haciendo? — habló con sorna. Realmente mis pensamientos y mi cuerpo estaban perdidos ante su hipnótica mirada—. Además, no haré nada que no te vaya a gustar... más que besarte y hacerte mía.
¡Y boom! Mi ensoñación se perdió.
— ¡Qué! ¿Y quién te dijo que te lo iba a permitir? — ahora sí me hizo enojar. ¿Quién se cree que es para decirme eso en mi casa? ¡Eso sí que no!
— Bueno, ¡creo que tú! Si no quisieras, no me hubieras dejado pasar.
¡Wow! Sí que tenía agallas. Además, tenía un punto a su favor. No pude dejar pasar esa sonrisa sexy en sus labios, pero creo que no debí perderme en esa boca; mis piernas temblaron y algo dentro de mí perdía fuerza de voluntad.
— ¡Sabes! No sé por qué te dejé pasar, ¡es más, yo misma me lo pregunto! Pero ten por seguro que NO vas a hacer tal cosa. ¡FUERA DE MI CASA! — fue lo más seria y enojada que pude; sin embargo, el color rojo de mi cara y mi respiración agitada me delataron. Observé cómo sonreía de forma triunfante. Se fue acercando lentamente, dejándome helada. Sentí sus manos en mi cintura, tan posesivo; sentí la calidez que emanaba su cuerpo y su suave y caliente respiración en mi oreja. ¡Se siente tan bien! No pude evitar suspirar y soltar un gemido de placer.
Lentamente iba dejando pequeños besos en mi clavícula, recorriendo todo mi cuello, mientras yo dejaba que hiciera su voluntad. por un instante el recuerdo de Koga golpeó mi realidad, como una sombra intrusa, que no quería que estuviera allí. ¡Al diablo Koga! pensé con una mezcla de furia y deseando que su nombre se me borrara de mi mente, entre los brazos del hombre que tenía frente a mi.
— ¡Al diablo… con..! — solté en un susurro entrecortado. perdiendo el final de la frase, cuando inuyasha me estrecho con una fuerza posesiva, al presionar su cuerpo contra el mío. El se tenso por un segundo, deteniendo su recorrido por mi piel, probablemente quería saber que quise decir. Pero se relajo y una sonrisa de triunfo se dibujó en sus labios
— Tienes razón— me susurro en el oído, con su voz ronca que me hizo estremecer — ¡Al diablo con todo lo demás, solo importa este momento! — No era momento de explicar. Beso mi hombro con urgencia. Sentí cómo sus dedos se hundían con una fuerza posesiva en mi cintura y sus ojos relampagueaban de deseo. Soltó un gruñido bajo, casi animal, antes de capturar mis labios con una urgencia dominante, como si necesitara reclamar cada centímetro de mi ser.
¡Se sienten tan bien los besos de Inuyasha! Su tacto es tan suave, tierno y posesivo a la vez; me tiene hipnotizada. Sus manos viajan de manera lenta y embriagante por mi espalda, tratando de escabullirse debajo de mi blusa y llegando hasta mis pechos. Me dejé llevar sin poner ninguna resistencia, sintiendo una gran necesidad de él. Ahora ya no quiero correrlo de mi casa, solo quiero que este instante dure infinitamente.
— Y bien, amor... — su voz seductora solo me acelera el corazón—. Lo que tú me digas —solo faltó vernos a los ojos y creo que lo entendió. Me sigue besando, probando de mí cada parte de mi cuello hasta llegar a mis pechos; los devoraba, los chupaba, los jalaba sin llegar a lastimarme. Ni siquiera recuerdo el momento en que desapareció mi blusa y mi sostén; sus manos navegaban por mi cintura, bajando aquel pantalón viejo que traía puesto.
De repente, una sensación electrizante recorrió desde mi parte baja hasta mi cabeza. Un gemido salió de forma instantánea mientras encorvaba la espalda... ¡Otra vez! Y otra... perdí la cuenta. Mi cuerpo ya no respondía. Mis manos perdieron el control y ahí fue donde le quité la playera... Me ofrecí sin pudor. Lo vi a los ojos y nuevamente él lo entendió; me soltó sin perder el ritmo y con manos temblorosas me ayudó a quitarle la prenda... ¡Esos abdominales, ese cuerpo! ¡Era todo un adonis! Después le siguió el pantalón y me quité toda prenda que aún me quedara encima.
— ¿Te gusta? — lo escuché decir con esa voz ahora ronca y una mirada llena de devoción.
— Me encanta... — fue lo único que pude decir. Terminamos tirándonos en el primer sillón de la sala, rozando cada parte de nuestros cuerpos. — Duele... — susurré cuando sentí el primer empuje.
— Tranquila, seré cuidadoso... — me penetró lentamente. Pasaron unos segundos mientras me acostumbraba a esa invasión; al principio fue una punzada de dolor, pero ahora mi cuerpo me pide algo que no logro comprender, así que de forma instintiva empiezo a mover mis caderas.
— Inu... — logré gesticular en un gemido de placer.
— ¿Sí? —
— Quiero... — no logré terminar cuando él fue aumentando los movimientos. Era electrizante. Cada embestida me hacía sentir en la cima de algo que no lograba comprender. Se siente tan bien que solo me aferro a su espalda. Sus besos exploran cada rincón de mi boca hasta que comienza a embestir más rápido.
— Inu, quiero... quiero... más... — él aumentó sus movimientos. Siento que me lleva al cielo. Algo estalla en mi interior y grité de placer. Inuyasha sigue sin parar; lo escucho gruñir y gemir. Esa explosión de sensaciones nos lleva al límite; ambos gritamos de placer. ¿Qué ha provocado en mí?
Siento cómo sale de mi interior. Nadie dice nada; solo nos quedamos recostados en el sillón. Siento un beso en la frente y veo una sutil sonrisa tierna. Ese desconocido me revolvió las ideas, pero me hizo sentir una calidez que nadie había logrado.
— Eso fue...
— Increíble... — me interrumpió—. Mi amor.
— ¿Dime? — ya no me molestaba que me dijera eso, al contrario, es como si fuera tan normal.
— Espérame — dijo él, empezando a verse borroso mientras se alejaba hacia la puerta.
— No te entiendo... — respondí, tratando de alcanzar su mano.
— Solo prométeme que lo harás. Espérame, Kagome.
— Sí... pero sigo sin entender. — De un momento a otro estaba vestido y parado en la puerta mientras me pedía que lo esperara. Su voz se iba escuchando más a la distancia. Un cosquilleo en mi brazo se empezó a sentir; era molesto, pero no quería apartar la vista de mi Inuyasha, pero esa molestia en el brazo se estaba volviendo insoportable a cada segundo. Por reflejo volteé a ver mi brazo y...
— ¡Haaaaaay! ¡Un bicho! — Había un gusano en mi brazo. Me levanté y el bicho salió volando del otro lado del jardín. Espera, ¿jardín? ¿Había sido un sueño? Pero todo se había sentido tan real. Podía escuchar el susurro de Inuyasha diciendo "espérame". ¿Qué habrá sido todo esto?
— No sé qué fue lo que pasó, pero te voy a esperar, Inuyasha...
De repente, el grito de mi mamá anunciando su llegada me sacó de mis pensamientos.
— ¡Ya voy, mamá! — Entré tan feliz a la casa, con la ilusión de encontrar a ese peli plateado.