Pater noster, qui es in caelis
𝙎𝙄𝙉𝙊𝙋𝙎𝙄𝙎
Heike Konoe siempre había sido una creyente en el verdadero sentido de la palabra. Todos los domingos asistía a misa, rezaba antes de hacer cualquier labor y seguía los valores que le habían sido establecidos por la religión. Para Heike, la fe era su mayor refugio, uno en el cual ella tenía la esperanza de mostrarse como la mejor versión de sí misma, que todo lo que había atravesado era una señal de que todo el mal que la rodeaba acabaría pronto.
Yuuji Itadori también se consideraba a sí mismo como un creyente. No se adecuaba a una simple religión; él creía en las personas, en cómo detrás de cada acción o palabra, habían razones y motivaciones detrás. Para Yuuji, creer en alguien más le daba fuerza para seguir adelante; tener fe ciega en las personas y en la forma digna en la que deberían morir, eran sus más grandes ideales.
La fe y el amor son dos cosas intangibles, las cuales muchos siguen ciegamente y sin remordimientos. Heike e Itadori conocían lo que era la fe, ¿pero qué tal el amor?
Ambos siendo inexpertos, solo saben que sus corazones se aceleran cuando están cerca del otro y que, mientras Heike no puede pronunciar palabra alguna de forma correcta, Itadori se ve a sí mismo como el sinónimo de torpeza, ¿sería esta una especie de señal divina, o solo el inicio de un nuevo sentimiento de difícil comprensión para ambos?
Los dos no estaban seguros de qué se trataba, pero al menos tenían la certeza de que fuese lo que fuese, ellos simplemente dirían:así sea.

Y entonces, ella leyó la siguiente frase:
❝Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la mayor de ellas es elamor.❞
Heike entendió por completo a qué se referían aquellas palabras impregnadas en su libro sagrado. Ella lo miró a él y, con un sonrojo de por medio, sonrió.