Donde el tiempo se deshace
He perdido la noción del tiempo desde que dejé de contar las horas. En esta ciudad suspendida en su propio silencio, donde el tiempo cuelga de las finas ramas de un árbol, como flores marchitas del lapacho que no supieron resistir al otoño. Solo queda el eco de lo que alguna vez fui… o de lo que pretendí ser.
A veces, cuando el viento se cuela por la ventana rota, juro escuchar mi propia voz. No la de hoy, sino la que solía ser: esa que aún soñaba con días distintos, con cielos más azules y menos paredes oscuras.
Hay un reloj en la sala que no funciona. Lo heredé de alguien que decía que el tiempo es un invento para quienes temen mirar hacia dentro. No entendía lo que quería decirme con eso, hasta que me quedé sola con mis pensamientos. Algunos días siento que mi voz interna me abraza con sus ocurrencias. Otros, que me devora.