El Latido de las Mareas

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Summary

Una novela de piratas, condenas y aventura

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capitulo 1: El precio de la sal



¡Bienvenidos a bordo de El Alción Negro!

Soy Andrew Marlinn y estoy emocionado de compartir con ustedes esta historia de sal, sangre y promesas rotas. Si te gustan las leyendas piratas con un toque de magia oscura y protagonistas atormentados, este es tu lugar.

Esta novela nace de mi fascinación por el mar y el precio que algunos están dispuestos a pagar por la supervivencia. ¿Hasta dónde llegarías tú para recuperar tu humanidad?

Actualizaciones: [Los días que quiera]No olviden votar y comentar; sus reacciones son el viento que mueve las velas de este barco. >

¡Que comience la aventura.

El olor de Puerto Real era una tortura.

Desde la cubierta del Alción Negro, el capitán Valerius Thorne cerró los ojos y aspiró con fuerza. Podía distinguir el aroma a canela de los mercados, el humo de las chimeneas y el perfume dulzón del jazmín que crecía en los jardines del gobernador. Estaba tan cerca que, si estiraba la mano, casi podía tocar las piedras del muelle.

Pero no podía.

Valerius bajó la mirada hacia sus botas gastadas. Se encontraban a escasos centímetros de la pasarela de madera que conectaba su barco con la tierra firme. Lentamente, como quien tienta a una fiera, adelantó el pie derecho.

En cuanto la punta de su bota sobrepasó la borda del barco y entró en el espacio vertical de la isla, un dolor frío y agudo le recorrió la pierna. El cuero de su bota se volvió gris. Su propia piel, bajo el pantalón, comenzó a endurecerse, transformándose en una costra de sal blanca y quebradiza que amenazaba con desmoronarse en el aire.

—Todavía no, Capitán —una voz firme lo sacó de su trance.

Kaelia "Sombra" Vane estaba de pie junto a él, con los brazos cruzados y una expresión de advertencia en sus ojos oscuros. Ella era la única en esa cubierta cuyos pulmones aún se llenaban de aire caliente y cuya sangre no sabía a océano.

Valerius retiró el pie de inmediato. El dolor cesó, dejando tras de sí un rastro de cristales salinos que el viento se llevó hacia el abismo.

—El Abismo tiene hambre hoy —gruñó Valerius. Su voz sonaba como dos rocas frotándose bajo el agua—. ¿Dónde está el informante?

—En la taberna "La Sirena Tuerta" —respondió Kaelia, ajustando su capa para ocultar sus armas—. Me veré con él a medianoche. Si es cierto lo que dice, tiene un mapa que indica el paradero del primer fragmento de la Brújula de Ceniza.

Valerius apretó el puño contra su pecho, justo encima del esternón. Bajo la tela de su casaca, no había un latido rítmico. Solo el sonido sordo y constante de una marea fluyendo dentro de una cavidad hueca. Podía sentir el coral creciendo, ramificándose cerca de su garganta.

—Ve —ordenó el capitán—. Y Kaelia... si alguien intenta detenerte, no escatimes en pólvora. No pienso pasar otra década viendo los puertos desde el otro lado de la niebla.

Kaelia asintió y saltó a la pasarela con la agilidad de un gato. Mientras ella se perdía entre la multitud del puerto, Valerius se quedó solo en la proa. Los otros miembros de la tripulación pasaban a su lado como sombras borrosas; hombres que alguna vez tuvieron nombres y familias, ahora reducidos a ecos que solo obedecían a su voluntad.

De repente, un destello metálico en el horizonte llamó su atención. Valerius sacó su catalejo de latón. A lo lejos, más allá del arrecife, una silueta imponente se recortaba contra el sol poniente. Un navío de guerra con el casco reforzado con placas de hierro y el estandarte real ondeando con arrogancia.

—Graves —susurró Valerius.

El Almirante Silas Graves estaba cerca. El cazador de mitos había encontrado el rastro del Alción Negro.

Valerius sabía que el tiempo no era su único enemigo. El mar quería su alma, la sal quería su cuerpo y Silas Graves quería su cabeza.

—¡Izad la bandera de señales! —rugió a sus hombres sombríos—. Si Kaelia no regresa antes de la marea alta, Puerto Real conocerá por qué me llaman el Maldito.