Prólogo
La leyenda dice que Ixcil es la diosa de la fertilidad, la cual creó a los donceles como un regalo durante la gran crisis de escasez en los partos de mujeres. Se cree que el mundo estaba habitandose solamente de hombres, haciendo que la población se redujera cada vez más, así que permitió que una cantidad de ellos también pudieran tener la dicha del embarazo.
Con el paso del tiempo, los donceles empezaron a ser cada vez menos, pues el balance entre la vida y la muerte fue estabilizándose de nuevo.
Sin embargo, al cumplir los 26 años, los donceles solteros empezaron a enfermar de maneras extrañas, enfermedades crónicas que jamás habían dado señales antes, cosas que simplemente no parecían tener explicación.
Las personas empezaron a ver aquello como una maldición hacia ellos, asegurando que eso era una especie de castigo de Ixcil por rechazar o no poder cumplir con la bendición de traer vida al mundo, pues después de los 23 dejaban de considerarse como “buenos partidos” para el matrimonio.
¿Una diosa realmente sería capaz de brindar una bendición para después maldecir a quién no la usase como ella quería? ¿Eso no era demasiado egoísta? ¿Por qué hacer sufrir a su propia creación drenando su vida lentamente hasta la muerte?
Sencillamente no lo comprendía, no parecía tener verdadero sentido.
Fue justamente esa falta de entendimiento lo que impulsó que empezará a actuar, estando al pendiente de donceles que estaban cerca de recibir aquella maldición, buscando darles una muerte más simple, menos dolorosa.
Un corte limpio en el pecho, pequeño, poco perceptible pero que permitía ocasionar un daño automático al corazón, deteniendolo. Así se evitaba el calvario de morir lentamente, así podía darles una muerte más digna. Limpiando su cuerpo posterior a la muerte, cubriéndolo con prendas blancas para aludir a la pureza de sus almas y cuerpos, dejándolos frente a un templo, sobre una cama de pétalos blancos y rosas, con una flor negra en sus manos.
Dedicando el mayor tiempo y dedicación posible a hacer una corona de hibiscos en cada ocasión, eran la flor relacionada con la diosa Ixcil.
No las usaba como una burla, sino como una ofrenda, pidiendo con ella que disculpase a esas pobres almas por no poder cumplir con aquel propósito, esperando que la diosa pudiera ser compasiva con ellos.
No todo el mundo comprendía su objetivo, sus acciones fueron juzgadas demasiado pronto, la mayoría mal entendía su propósito, le llamaron asesino a sangre fría, pero no le importaba. No tenía ningún remordimientos de conciencia, así que ser conocido como “El asesino de los hibiscos” jamás fue un problema para él, alguien debía poder proteger a los donceles de aquella maldición.