El Error
Su redención llegó en su último momento.
Como si su última esperanza fuera recibir el ataque que estaba a punto de acabar con Naruto Uzumaki.
Sin dudarlo, se interpuso.
El impacto lo atravesó por completo.
Sabía que iba a morir.
Pero antes de desaparecer, ayudó a Kakashi Hatake a lanzar su último ataque. Le confió su voluntad… y reconoció sus errores.
Y entonces murió.
Eso fue lo que nos dijeron.
Un sacrificio.
Una redención.
Un final.
Ya no quedaba historia.
Ya no quedaba propósito.
Pero lo que cayó en ese mundo no fue un cuerpo.
Fue algo más.
No hubo sonido.
Solo distorsión.
Porque, en lo más profundo… aún existía él.
Pero no era el mismo.
No era el que protegió a Naruto.
No era el que confió en Kakashi.
Ese murió.
Lo que quedó era otra cosa.
Algo que observa.
Algo que recuerda… pero no con dolor.
Sino con desprecio.
El mundo reaccionó, pero no como debía.
Al principio fueron pequeños errores, detalles casi invisibles… hasta que algo dejó de encajar.
Ese mundo no era uno solo.
En la superficie estaban los humanos.
Debajo, estructuras ocultas.
Demonios liderados por casas como los Gremory.
Ángeles caídos bajo la supervisión de Azazel.
Y en medio de todo, individuos como Issei Hyoudou.
Un equilibrio inestable.
Hasta que ocurrió.
No fue una explosión.
No fue una invasión.
Fue un error.
No fue un demonio quien lo detectó primero.
Fue Azazel, durante una prueba rutinaria.
Un artefacto capaz de medir y clasificar cualquier tipo de energía.
Nunca fallaba.
Hasta ese momento.
Las lecturas eran imposibles.
Presencia y ausencia al mismo tiempo.
Datos que aparecían… y se anulaban.
Resultado: no válido.
Azazel frunció el ceño.
La máquina no estaba fallando.
Estaba intentando interpretar algo que no debía existir.
Y aun así… lo estaba registrando.
El error tenía una ubicación.
El descenso fue limpio.
El lugar parecía normal: un bosque común.
Pero algo no encajaba.
No era lo que estaba presente…
sino lo que faltaba.
No había energía demoníaca.
No había energía sagrada.
No había vacío.
Era peor.
No había categoría.
Cada paso producía exactamente el mismo sonido.
Cada árbol repetía patrones con pequeñas variaciones, como si el entorno no creciera de forma natural… sino que se copiara a sí mismo con errores.
No era un bosque vivo.
Era una idea de bosque.
Entonces lo sintió.
No era una presencia.
Era atención.
El lugar lo estaba observando.
Algo cambió.
Sin explosión.
Sin ruido.
La realidad simplemente se ajustó.
Y entonces aparecieron.
Ojos rojos.
Carmesí.
Girando lentamente.
El mundo lo entendió.
El bosque entero se tiñó de rojo.
No era sangre.
Era el color mismo infiltrándose en la realidad.
El silencio fue absoluto.
Y en el centro… eso.
No tenía forma completa.
Era una silueta inestable.
Un error visible.
Sus bordes se rompían, se deformaban y se reconstruían constantemente.
A veces ocupaba espacio.
A veces parecía no existir en ningún punto.
Pero sus ojos…
siempre estaban ahí.
Azazel reaccionó.
Formó una lanza de luz sagrada en su mano, capaz de destruir incluso lo que existe más allá de la materia.
Pero no la lanzó.
No fue duda.
Fue miedo.
Por primera vez en siglos… tembló.
Y en ese instante, los ojos brillaron.
Todo se apagó.
No hubo impacto.
No hubo sonido.
La escena simplemente terminó.
Azazel despertó en una calle vacía.
Confundido.
Sin heridas.
Sin recuerdos claros.
Pero algo dentro de él gritaba.
Un terror sin imagen.
Una certeza:
No debió haber mirado esos ojos.
Cayó en coma.
No encontraron daño físico.
No encontraron maldiciones.
No encontraron nada.
Porque aquello no atacó su cuerpo.
No atacó su alma.
Atacó algo peor.
La parte de él que le permitía existir de forma coherente.
El mundo continuó como si nada.
Ese fue el problema.
Los errores comenzaron a expandirse.
Cámaras registraron algo.
Un solo fotograma.
Siempre igual.
Una silueta.
Ojos rojos.
En lugares donde no había nadie.
Ya no podía considerarse un fallo técnico.
Era algo apareciendo.
Los líderes de las facciones se reunieron.
Sirzechs Lucifer.
Serafall Leviathan.
Michael.
Todos vieron los registros.
Nadie tenía una respuesta.
No era demonio.
No era ángel.
No era dios.
Era un error.
Y entonces descubrieron algo peor.
No estaba apareciendo al azar.
Estaba buscando.
Continuará…