Confianza.
Un rayo cayó y una figura gigantesca de un dragón se hizo visible en los cielos.
— ¡¡Baja y pelea Chang-su!! — gritó la persona que estaba parada sobre una montaña.
Segundos pasaron y la figura de el dragón fue volviéndose cada vez mas pequeña hasta que desapareció y una mujer comenzó a descender frente a el.
— No hay porque hacerlo Jung-seok — respondió amablemente y con elegancia.
— ¡¡Cállate!! — ordenó mientras comenzaba a correr y a desenvainar su espada.
Chang-su simplemente se apartó y Jung-seok tropezó cayendo, cortando su propio cuello dejando su cuerpo en el suelo.
— Tarado — pensó mientras cruzaba los brazos por debajo de sus pechos.
Instantes después Jung-seok se levantó con el cuello completamente curado y agachándose para recoger su espada.
— Se supone que deberías quedarte quieta — resoplo dejando salir una ligera llama en conjunto.
— ¿Permitiéndote lastimar mi bello y perfecto rostro? Nunca — aclaró con una sonrisa mientras acariciaba sus mejillas.
Jung-seok lanzó una piedra que golpeó la frente de Chang-su dejándole un ligero rubor donde la roca impactó.
— ¡Eres un desgraciado! — gritó con un enojo fingido.
Tras ese gritó, desde lo profundo de el bosque se pudo escuchar ruidos metálicos y chirridos que ensordecerían a cualquiera.
— Mmm, eso debe de ser un Sigler o un Chillier quizás — pensó Chang-su esbozando una sonrisa.
— ¡Un nuevo enemigo! — afirmó mientras salía corriendo hacia el interior de el boque.
— Es un idiota — suspiró comenzando a caminar lentamente.
Mientras Jung-seok corría y reía con entusiasmo, el sonido metálico se volvía cada vez más y más fuerte, al llegar a un claro se le pudo ver.
Una armadura completamente oxidada y con cientos de espadas girando a su alrededor, chocando y creando ese sonido a metal contra metal.
— Bien, eres mío — pensó mientras buscaba un punto débil.
Repentinamente las espadas dejaron de girar y la armadura movió su yelmo hacia donde estaba Jung-seok, lanzando espadas en su dirección.
— Pedazo de hojalata — pensó mientras esquivaba con gracia las espadas que iban y volvían.
Lentamente la armadura se iba acercando, provocando que las espadas se vuelvan más rápidas y cada vez más difíciles de esquivar cortando ligeramente a Jung-seok.
— ¿Necesitas ayuda? — preguntó Chang-su con una risita al final.
— No, estoy calentando simplemente — respondió de forma tranquila.
— Como quieras — suspiro mientras se alejaba lentamente.
La armadura continuó acercándose, provocando cortes más profundos y lentamente Jung-seok dejo caer sus brazos por el agotamiento.
— Chang-su ven a ayudarme — pensó algo desesperado.
— ¿No estabas calentando? — respondió telepáticamente.
— Cállate y ven a ayudar a tu hermano — aclaró mientras lentamente comenzaba a arrodillarse.
Cuando Jung-seok se arrodillo por completo, la armadura dejo de lanzar espadas y se puso frente a el, cuatro espadas se juntaron creando una espada más grande y filosa.
Lentamente la espada comenzó a caer hacía el cuello de Jung-seok y le provocó un corte grande antes de que la armadura fuera derretida por el aliento de fuego de Chang-su.
— ¿Terminó tu dramita? — pregunto con un bostezó.
— Cállate, no es gracioso — respondió mientras lentamente llevaba su mano al corte de su cuello.
— Si, si, hay que volver a casa— aseguró mientras volvía a flotar hacia el cielo.
— ¿Ya volvemos? No quiero — reclamó pero al igual que Chang-su comenzó a flotar.
— Sabes que Papá se enojara si no volvemos — afirmó con calma comenzando a volar rápido.
— Ya debe estar enojado — pensó con disgustó y al igual que Chang-su voló rápidamente.
Jung-seok adelantó a su hermana y ella intentó adelantarlo comenzando una carrera.
Ambos jovenes dragones estaban volando con gracia a gran velocidad riendo, jugando y intercambiando empujones en el aire.
— No vas a ganarme — aseguró Chang-su mirando hacia atrás.
— ¡¡Cuidado Chang-su!! — gritó con desespero intentando alcanzarla.
Chang-su miró al frente y chocó contra una gran superficie rocosa sin entender que estaba pasando.
— Esto no debería estar aquí — pensó sujetando su cabeza con un poco de dolor.
Jung-seok llego junto a ella y lentamente la tomó de el brazo.
— Vámonos — susurro Jung-seok con temor.
— ¿Por que? — preguntó con disgusto.
— Es uno de los dragones de piedra, no podemos despertarlo — respondió aún con temor.
Chang-su al darse cuenta de su error también comenzó a retroceder y al darse la vuelta lentamente comenzaron a oírse temblores.
— Mierda — pensó Chang-su dándose la vuelta rápidamente.
— Busca a Papá, tendrá que venir aquí ahora — aclaró Jung-seok comenzando a transformarse.
— Pero, ¿Tú que harás? — preguntó con miedo.
— Ganare tiempo — aseguró Jung-seok terminando de transformarse.
Chang-su asintió y se dirigió a gran velocidad hacía su hogar.
Jung-seok miro a la gran figura rocosa con temor, ni siquiera transformado llegaba a compararse al tamaño de el dragón de piedra, haciendo que su forma dragonica se sintiera insignificante.
— Al menos ella estará bien — pensó con una ligera sonrisa esbozando sus labios.
Jung-seok continuó mirando fijamente a la gran figura rocosa pero al momento de pestañar y abrir los ojos desapareció sin hacer ruido.
Miro hacía todas partes sin entender adonde había ido algo tan grande, repentinamente comenzó a escuchar como el aire se cortaba encima de el y al mirar hacia arriba recibió un coletazo que lo envió contra el suelo dejando un cráter de varios kilómetros.
— Hijo de puta — pensó mientras escupía un montón de sangre.
— ¿Me despiertas solamente para ser golpeado? Patético — se escucho repentinamente a su lado.
Jung-seok lanzó un fuerte coletazo hacia donde provino el sonido, golpeando muchísimos arboles pero sin lograr golpear a su objetivo.
Una risa grave comenzó a oírse desde todas partes dejando a Jung-seok desorientado.
— ¿Qué edad tienes niño? — preguntó con curiosidad maliciosa.
— Tengo 92 años — respondió con pesar.
— Tan joven y vienes a despertar a alguien con mas de 300 años de experiencia — aseguró con una sed de sangre que hizo el ambiente mas pesado.
Lentamente el celo nublado comenzó a brillar de un color negro resplandeciente.
— Estoy jodido — pensó con temor.
Jung-seok comenzó a volar a gran velocidad para escapar de el rayó negro.
El dragón comenzó a lanzar su rayó en dirección a Jung-seok sin dejar de seguirlo fuera donde fuera.
— Por favor Papá, ven ya — rogó con temor mientras el rayó comenzó a tocar su cola evaporando cada centímetro alcanzado.
Jung-seok gritó de dolor y comenzó a mirar como su cola estaba siendo evaporada como si nada.
Repentinamente el rayó se desvaneció y Jung-seok cayó al suelo con un dolor inigualable.
— Un contrincante digno... — susurró el dragón con malicia.
— ¡¡Llegamos hermanito!! — se oyó fuertemente a lo lejos.
Cuando Jung-seok alzó la vista hacia donde provino la voz familiar de su hermana, pudo ver como el cielo se cubría lentamente por dragones de el triple de su tamaño y una gran silueta de la cual los demás dragones mantenían distancia.
— Padre... — susurró instantes antes de desmayarse.
Al despertar Jung-seok estaba en el fondo de un lago profundo y al salir pudo ver que estaba de su hogar.
— Despertó señor — hablo una mujer mirando hacia Jung-seok.
— ¿Qué paso? — preguntó desorientado.
— ¿No lo recuerda? — preguntó la enfermera desconcertada.
— No — respondió con molestia.
— Esta bien, lo único que se es que su hermana, la princesa, vino gritando y diciendo algo sobre un dragón de tierra fuera de control — dijo la enfermera con una sonrisa incrédula.
— ¿Dónde esta mi Padre? — preguntó con preocupación.
— En su tronó, si era un dragón de tierra no debió de ser muy poderoso, regresó sin un rasguño — contesto la mujer con una sonrisa.
Jung-seok intentó levantarse pero al apoyar los pies cayó por el dolor.
— Señor, sus heridas todavía no se han curado, necesita descansar — aseguró con preocupación.
— No importa, tengo que ir con mi Padre... — respondió con arrogancia aún intentando ponerse de píe.
— Deberías ser más educado con la enfermera — hablo un hombre que entró en la habitación sin avisar.
Jung-seok miró hacia la puerta sin entender porque esa voz le sonaba tan familiar.
— ¿No recuerdas a tu propio hermano? — preguntó el hombre con un poco de tristeza claramente fingida.
— ¿Dang-cho? — preguntó sorprendido.
— Exactamente, ahora ven aquí y dame un abrazó — respondió con los brazos extendidos.
Jung-seok se lanzó hacía los brazos de su hermano sin dudar, ignorando el dolor de sus pies y disfrutando de el abrazó con una alegría radiante.
— Estas mas grande desde la última vez — aseguró abrazándolo fuertemente.
— Cállate, te fuiste por 42 años, obviamente eh crecido — aclaró con unas pocas lagrimas brotando de sus ojos.
— Ey no llores, los dragones fuertes no lloran ¿Recuerdas? — preguntó con una cálida sonrisa esbozada en sus labios.
— Tienes razón — respondió secándose las lagrimas.
— Padre quiere hablar contigo — hablo de forma seria.
— Esta furioso ¿Cierto? — respondió con algo de miedo.
— No de el todo — aclaró con orgullo.
— Esta bien — Respondió con un suspiro.
Al comenzar a caminar por los pasillos llenos de oro y cuadros de el Padre de ambos en las paredes tan blancas como las mismísimas nubes, ambos hermanos llegaron a una gran puerta dorada.
— Recuerda, él no suele hablar mucho, solamente no hagas alguna tontería — dijo Dang-cho repentinamente.
— Ya no soy el mismo niño de hace 42 años... — aclaró Jung-seok acercándose a la puerta.
Jung-seok abrió la puerta y entro sin vacilar.
— Haz crecido tanto hermanito... — pensó Dang-cho dándose la vuelta para comenzar a caminar.
Mientras tanto en el otro lado de la puerta, Jung-seok vio de primera instancia a su Padre en su tronó.
Su Padre se levantó y comenzó a caminar, era un hombre alto, blanco, musculoso, lleno de cicatrices, con el pelo negro y ojos completamente negros.
— ¿Por que? — preguntó repentinamente.
— Estábamos regresando y Chang-su chocó contra él, cuando nos estábamos yendo el despertó — respondió con determinación.
— ¿No vieron a un dragón tan grande como una montaña? — volvió a preguntar esta vez quedando frente a frente.
— No señor, cuando nos percatamos ya era tarde — aclaró mirándolo directo a los ojos.
— Bien — respondió de forma brusca mirándolo y estudiándolo.
— Padre... — hablo de forma baja y con algo de vergüenza.
— ¿Qué? — respondió instantáneamente sin darle importancia a su vergüenza.
— Ese dragón era débil ¿Cierto? — preguntó con curiosidad.
— No, era bastante fuerte, pero no lo suficiente — respondió dándose la vuelta para caminar hacía su trono.
— Esta bien, gracias — aseguró dándose la vuelta.
— Jung-seok — habló repentinamente.
— ¿Si? — pregunto dándose la vuelta instantáneamente.
— Lo hiciste bien — aclaró sin mirar hacía atrás.
— Gracias padre — respondió con una gran sonrisa para instantáneamente después salir de el salón real.
— Eres fuerte, te falta cerebro pequeño loco — pensó sin poder disimular la sonrisa de orgullo en sus labios.








