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Mi persona favorita

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Summary

Después de una ruptura, todo parece quedarse quieto. Los días se repiten, la casa cambia, y algo en él deja de estar presente. Desde su lugar, ella observa. No entiende todo, pero lo siente. Y espera.

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Chapters
1
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n/a
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16+

.

El sol sigue bajo. Me levanto, camino hacia la cocina y veo la comida. Mastico un poco. Vuelvo al sillón y me acuesto. No tengo mucho más que hacer que esperarlo. 

Al poco tiempo, escucho una sutil caída en la ventana. Cuando me acerco, la veo a ella. Me mira desafiante y se lame. Me siento y la observo.

-¿Seguís esperándolo? - me dice al final.

-Como todos los días, lo sabés.

-Bueno, tampoco es que podés irte a otro lado, ¿no?

-No lo haría si pudiera – le respondo.

Cuando pienso en él, siento que la cola se mueve involuntariamente.

-Uff, ya empezamos... si cambiás de actitud, avisame. Hoy no tengo ganas – se da vuelta y se va saltando.

Cuando se va, vuelvo al sillón. Me acuesto e intento dormir.

Escucho la llave entrar en el cerrojo y girar para abrir la puerta. Levanto mi cabeza con mis orejas en alto, expectante del ingreso. Cuando la puerta se abre, lo veo. Me abalanzo hacia él y me tiro sobre su pecho. Él ríe y me saluda, acariciando mi cabeza y mis cachetes.

-Hola, hermosa – me dice con esa sonrisa que solo él tiene – Jajaja, dejame cerrar la puerta por lo menos – y me aparta mientras se gira para poder cerrar.

Se saca el abrigo y lo cuelga en el perchero que está al costado de la puerta. Avanza hacia la cocina y se prepara su merienda. Yo lo sigo con mi cabeza en alto. Mi sonrisa escapa de mi cara, casi como mi lengua escapa de mi boca. No lo puedo controlar.

-Dejame que me haga el café y nos tiramos a ver la serie – se gira y me mira para hablarme - ¿Cómo estuvo tu día?

Le ladro, sonriente. Sé que no me entiende, pero tampoco hace falta.

Toma su taza humeante con sus tostadas y se dirige hacia la sala contigua. Apoya las cosas en la mesa ratona y se sienta en el sillón. Yo salto al costado de él y me acuesto, apoyando mi cabeza sobre sus piernas. Él ríe y me acaricia mientras toma el control con la otra mano y enciende la televisión. Siento su mano acariciar todo mi pelo. Su calor se entrelaza con el mío. Cierro los ojos mientras lo siento.

Hoy vino ella. No me cae mal, pero me presta menos atención cuando viene. Están comiendo en la mesa. Lo veo a él con la cabeza baja. Es cada vez más común. Ella lo mira, como desafiante, pero no le dice nada. La noche es muy silenciosa, demasiado silenciosa, por lo que decido ir a acostarme al sillón. Apoyo mi cabeza y cierro los ojos. No hay mucho para mí hoy.

Un ruido fuerte me despabila. Como si algo estallara. Levanto mi cabeza y los gritos llegan a mis orejas. Cuando voy hacia la cocina, los veo discutiendo. Ella, entre gritos y golpes a la mesa, agarra sus cosas y se va. Él tiene el rostro rojo y lanza un alarido al techo, pero enseguida empieza a aparecer agua en sus ojos y cae de rodillas al suelo, tapándose la cara. Me acerco hacia él y lo empiezo a lamer, acariciando su cara con la mía.

-Gracias hermosa – me dice mientras me abraza – no sé qué haría sin vos.

Es tarde. Desde aquella vez le cuesta levantarse. Ya van varias veces que entro al cuarto para ayudarlo a que abra los ojos. Cuando me acerco, se ríe y me acaricia juguetonamente, pero se gira y sigue durmiendo. Me resigno y vuelvo a la cocina. Escucho un sonido en la ventana.

-¿Seguís esperando que se levante? - me dice mi amiga mientras entra.

-Sí, estoy un poco preocupada – le respondo con angustia.

-Otra vez con lo mismo, siempre tan perseguida – se recuesta tranquilamente en el sillón.

Sabe perfectamente que él no va a venir en poco tiempo. Sabe que puede hacer lo que quiera.

-No me digas así, nunca se comportó de esta manera – le digo seria.

Me mira con poco interés por mis respuestas y se acomoda. Sé que necesita de mi compañía, pero no sé cómo ayudarlo.

La casa huele raro. No por mí; sigue sacándome a pasear, así que no tengo problemas para mis necesidades. Esto no está bien. Apenas se arregla para salir y los días que está en casa no hace nada. Solía no molestarme, pero noto que algo de esto no está bien. No siempre fuimos así. Antes, a veces, venían otras personas. Antes, a veces, paseábamos por otros lados. Últimamente, todos los días son iguales. Algo, definitivamente, no está bien.

Salimos a pasear. El parque verde, los árboles, las flores. Es nuestra plaza, a la que venimos siempre. Hay un espacio para nosotros acá donde nos sacan las correas y podemos jugar tranquilos. Siempre venimos. Ya conozco a todos.

Después de dar unas vueltas y saludar a todo el mundo, empezamos con nuestros juegos. Sin embargo, me distraigo. Él no está conmigo. Tiene la cabeza gacha; se notan bolsas en sus ojos. Antes solía jugar más conmigo. Ahora está fuera, no se acerca mucho. Me hace sentir incómoda.

Vino otra persona hoy. Lo conozco; vino varias veces, pero no me agrada. Dieron algunas vueltas por la casa. Terminaron parados en la cocina y están hablando mientras beben de unas latas. Los veo desde el sillón, como conversan. Me preocupo porque está subiendo el tono de voz y él sigue con la cabeza baja. Camina cerca de él, lo toma de la remera y le marca lugares, como manchas y agujeros. No me gusta su actitud. Él continúa en su posición, sin moverse y sin levantar la cabeza. De repente lo empuja y lo hace tambalear. Me levanto de un salto y le ladro, acercándome a ellos. Se asusta y se echa para atrás. Pero al rato se ríe. Se ríen ambos. Él se acerca y me acaricia la cabeza, pero yo no despego mi mirada del otro. No me gusta cómo se comporta.

-Sigue sin levantarse, ¿no?

-Sí... ya no sé qué hacer... - le respondo mientras apoyo mi cabeza entre las patas.

-Y este lugar huele raro – se estira, arqueando su espalda, y vuelve a acomodarse - ...ya hace rato.

-Sí, y ya no vienen tantas personas. Eso no está mal, pero siempre tiene la misma ropa – no sé qué pensar de todo esto- no sé, es raro.

-Los humanos son raros, no lo pienses tanto – me responde despreocupadamente – mientras te deje de comer.

-Sí... - respondo, pero eso no me llena.

Hoy vinieron otras personas. Dos, de mayor edad. Antes de abrirles se apuró a acomodar la casa. Yo me siento atenta a verlo. Él se mueve de acá para allá, acomodando y moviendo cosas a otros lugares. A la pieza, a la cocina. Lo último que hizo fue olerse la ropa. Puso caras y se la cambió, echándose algo encima. El olor me llegó, como un perfume.

Cuando les abre, lo abrazan y lo besan. Los conozco; me gusta cuando vienen. Me saludan y me acarician. Se sientan en el sillón a conversar. Lo noto extraño. No los mira. Seguido se levanta y va a la cocina. Cuando vuelve, trae cosas, pero se tarda mucho. Al rato de la charla, lo veo tomándose la cara. La mujer se sienta al lado de él y lo abraza. Veo espasmos en su cuerpo, por lo que yo también me acerco. Me acaricia y me sonríe, mientras que veo cómo cae agua de sus ojos. Lo lamo; no hay mucho más que pueda hacer.

Después de un momento, se van. Los abraza un largo rato antes de que se vayan. Cuando quedamos solos, se sienta en el sillón. Yo me subo con él y le lamo con mucha fuerza el rostro. Él se ríe, pero la sonrisa no perdura. Me acuesto en sus piernas mientras que me acaricia. Es raro que no haya prendido el televisor.

Hoy lo noto extraño. Esta acomodando todo; lo sigo por toda la casa. Limpia el piso, el sillón. Tira restos que habían quedado en la mesa. Lo acompaño moviendo la cola, pero no me presta más atención que un par de sonrisas y alguna que otra caricia en la cabeza. Una vez que termina, se baña por un largo rato.

Ya no hay sol cuando empiezan a venir más personas. Lo veo nervioso y un poco más torpe de lo usual. Comieron en la mesa; algunos me convidan. Cuando terminan, se van al sillón. Me acuesto junto a ellos; se sienten cálidos. Me relajo escuchando sus risas.

Al poco tiempo, las voces se sienten extrañas. Lo veo a él hablando. Se ríe, pero nervioso. Alrededor, nadie acompaña sus risas; están preocupados escuchándolo. Él continúa con esa risa extraña, pero veo cómo se humedecen sus ojos. Una de las personas se para y lo abraza. Yo también me acerco para acompañarlo. Él continúa sonriendo y me acaricia, pero su cara está roja y melancólica.

Las personas se van y quedamos solos. Él vuelve a acomodar la casa. Me paro a su costado mientras lava los platos usados. En un momento, se detiene. El agua sigue corriendo, pero está con las dos manos sobre la mesada y la mira correr. Veo cómo se vuelve a dibujar una sonrisa, pero no es como la otra. No hay melancolía; hay algo más. Le ladro, amistosamente. No me mira, pero continúa lavando con esa sonrisa. Cuando termina, me acaricia y nos vamos a acostar. Dormimos juntos. Se siente una calma en la casa.

-¿Todavía no volvió? - me dice, mientras entra suspicazmente por la ventana.

-No...

-Te noto preocupada - continúa mientras se acomoda en el sillón.

-Es que no sé qué está pasando – no sé cómo decirlo, pero sigo preocupada.

-Bueno, por lo menos se mueve, ¿no? - habla con los ojos cerrados, con la cabeza recostada en sus patas.

-A vos solamente te preocupa que no puedas volver a entrar.

-Pero ¿no era que querías esto? Acá ya no huele como antes...

-Es verdad, sí, es verdad...

Nos acomodamos las dos. Entiendo que algo está cambiando. Solo espero que para mejor.

Salimos de casa. Días como este no solemos salir, pero no me molesta. Hoy vamos a otro lado; nunca me trae acá. Un espacio muy amplio, verde. Cerca del borde hay un poco de tierra y una caída. Luego de eso, todo es agua. Enormes cantidades de agua que van hacia una misma dirección. Siento una emoción crecer. Me gusta este lugar. Él me sonríe y me saca la correa. Corremos y jugamos mucho tiempo. Lo veo reír.

En un momento se sienta; parece cansado. Yo no puedo aguantar mis emociones y me pongo a correr. No me doy cuenta, pero me alejo mucho. Escucho que me llama desde lejos. Cuando paro y lo observo, escucho que me dicen:

-Ay, qué hermosas que sos, ¿cómo estás, preciosa?

La veo. Una mujer me sonríe y me acaricia la cabeza. Mi cola se mueve. No la conozco, pero me da buenas sensaciones.

-¿Ese es tu papá? - me dice, luego de verlo a él - ¿vamos? ¿vamos?

Mis orejas se levantan mientras le presto atención. Se palmea la pierna un poco y empieza a correr hacia esa dirección. Mi cuerpo se mueve solo; corremos a la misma velocidad hasta que llegamos a él.

Cuando me doy cuenta, ella está parada junto a él conversando. Tiene ropa corta y ajustada; a veces veo personas así en la plaza, también corriendo. Yo corro alrededor; quiero seguir jugando, pero no me prestan demasiada atención. Se ríen y ella termina yéndose, después de saludarme. Lo veo quedarse mirándola mientras se va. Me tiro encima; se ríe y me acaricia. Algo que no puedo dejar de notar es que en ningún momento lo vi que agache la cabeza.

-Bueno, ya volvió todo a la normalidad, ¿no? - me dice, como siempre, desde el sillón.

-Mmm, sí...

-Dudás, ¿cuál es el problema? Volvió a sus tiempos habituales, el lugar huele bien.

-Sí, eso es verdad...

-¿Y entonces?

-No lo sé - me quedo pensando – todo está bien, pero ya no es como antes. Algo cambió.

-¿No estás buscando problemas vos?

-No, en serio. Todo está bien, pero no es igual, es... diferente.

-¿Diferente mejor o peor?

-Solo diferente.

Suspira y se echa. Yo hago lo mismo. Solo quedará esperar a que vuelva.

Escucho la llave entrar en el cerrojo y girarlo para abrir la puerta. Levanto mi cabeza, con mis orejas en alto, expectante del ingreso. Cuando la puerta se abre, lo veo. Me abalanzo hacia él y me tiro sobre su pecho. Él ríe y me saluda, acariciando mi cabeza y mis cachetes.

-¿Cómo está la más preciosa de la casa? - me dice con su sonrisa mientras se tira al suelo.

Yo me abalanzo encima, lamiéndole la cara. Después de un momento así, se levanta y cierra la puerta. Yo le ladro mientras muevo la cola.

Se saca el abrigo y lo cuelga en el perchero que está al costado de la puerta. Va hacia su cuarto y lo veo mientras se cambia la ropa.

-¿Vamos a correr gordita? ¿Qué te parece?

Le ladro, sonriente. Sé que no me entiende, pero tampoco hace falta.

Mientras me pone la correa, yo lo observo. Se agacha, me mira a los ojos mientras juega con mis cachetes. La sonrisa nunca se despega de su rostro.

-¿Vamos? - me dice mientras se para.

Yo le ladro contenta y mi lengua se escapa de mi boca.

Corremos juntos por las calles, no hay cambios ahí. Las zonas siempre fueron las mismas. Lo observo y nuestras respiraciones se asemejan. Esta vez llegamos un poco más lejos, paramos en una plaza nueva. Nos acostamos juntos en el pasto. Tiene los ojos cerrados y sus manos detrás de la cabeza. Lo noto agitado por el esfuerzo.

Y sonríe.

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