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Summary

Aeren se aventura en un viaje lleno de traición, lucha y sobre todo crecimiento, en un mundo donde la muerte es vida y las armas reflejo de la misma, Aeren busca venganza en un mundo que lo abandona constantemente, pero el amor por una pequeña luz del pasado hace florecer su espíritu, aquel que había abandonado en su nombre buscando ver aquello que lo llevó de nuevo a la luz

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Florecerá


Las montañas de Veloria, bellas, pero a la vez repletas de sueños perdidos, recordatorio constante de aquellas peleas por territorio, largas y sin ningun tipo de sentido, una sed de poder innecesaria, un eco de gritos y lamentos, simplemente el lugar mas bello de Doormar. En medio de esta belleza Aeren se dirigia al imponente reino de Veloria, a traves de los pequeños bosques que rodean su impenetrable muro de montañas, despues de haber aceptado un "pequeño" trabajo para el general Roskolv Suar.

Un viaje fatigoso, con el sol y el viento de la temporada de Grotarks, grandes insectos con alas del mismo espectro de la luz que provocaban el cambio de estación, seres aue existieron mucho antes aye los seres humanos, animales que son dificiles de encontrar pero que generan un gran temor en las personas. Aeren cargado de su armadura y con pedido del generak Roskolv, un señor viejo, un rostro digno de las cientas de batallas sobre su espalda, alto y fuerte, con su tono moreno, un casco de serpiente que ocultaba aquella calvicie que era objeto de burla de sus superiores, pero ante todo esa mirada, que podria asesinarte en tan solo un segundo.

Aeren lo conocio en una cruzada "accidental" durante la guerra de Ankdor, por el territorio, Aenar se encontraba descansado en un bar, refugiado de sus perseguidores, la casa real de los Sofheim, con simplemente la espada de su padre, con el poder ocultismo, aprovechado a su favor.

Solo necesito un segundo aqui —hablo Aeren molesto

Lo siento chico tienes que largarte— Dijo aquel cantinero con una mirada fria ante la necesidad de aquel caballero

—¡Maldita sea! Solo un momento porfavor, le puedo pagar tome—

Aeren saco un saco de monedas de oro, el cantinero las tomo y le señalo la parte de atras, pero ante la prísa de escapas de los caballeros de Sofheim, Aeren no dio cuenta de cual de las dos puertas tenia que pasar, angustiado entro y observo una mesa, donde cuatro hombres con armaduras incompletas y su rostro reflejante de dos o cuatro tarros de cerveza, en una habitacion vieja, llena de arteglos de madera, un gran barril de cerveza vacio, cartas en medio de aquella mesa la cual le recordaba a Aeren, aquellos dias con Eliara, no pudo contener una pequeña lagrima.

¿Qué paso chico, te sio sentimiento ver que no hay cerveza?— dijo riendose uno de los caballeros ahi presentes.

Dejalo Terrence, es un niñito de papá ¿Qué no ves la servilleta de los Sofheim en su bolso?-dijo aquel hombre con claras muestras de calvicie.

Lo siento, creo que me equivoque se habitación, deberia irme...- con voz temblorosa Aeren, asustado, penso que eran caballeros de Sofheim.

Los caballeros invitaron a Aeren a sentarse, con el objetivo de tener mucha más diversión en su velada, un joven asustado seria la cert del pastel.

¿Son caballeros de Sofheim?— pregunro Aeren nervioso.

¡Claro que no!— Terrence escupiendo su bebida,

¿Acaso tenemos cara de caballeros consentidos por el rey Hurgon?—

Aeren, un poco mas calmado, observo a aquel caballero que lo llamo niñito, y noto que entre sus piernas tenia un casco muy peculiar.

—¿Es eso una serpiente?— Pregunto Aeren mientras acercaba su mano para tocarla

El caballero la aparto. —¡Nunca toques ese casco!— ¿Acaso quieres morir?—

Confundido con la reacción de aquel caballero Aeren lo miró extrañado y pregunto —¿Morir?—

—Creo que no me he presentado bien, mi nombre es Roskolv, soy de la familia Suar y por lo que veo no tienes idea alguna de a qué familia pertenezco.

Aeren, habiendo escuchado el apellido Suar, quedo perplejo, la familia Suar, es una familia de guerreros de siglos atras, de aquella Gran Guerra de los Lotos, donde, del bando del reino de Veloria, junto con más familias poderosas de aquella época, se enfrentaron al uno de los reinos rivales Velkrath. Lo peculiar de esta familia de caballeros, era su característica armadura de serpiente, un casco dorado, que cubria gran parte de la cabeza de sus guerreros, escamas en cada parte que servian de protección contra proyectiles y el filo de las espadas comunes, y dos gemas poderosas en sus ojos, la gema del infortunio y del vacio, como es sabido, cada arma viene de un alma, de antiguos guerreros que son pasados de generación en generacion, las almas incrustadas en armas o armaduras van adquiriendo poder a lo largo de los ciclos, un ciclo es un alma nueva en ese arma, hay dos formas de alcanzar este destino, habiendo muerto en batalla o haciendo algo heroico, o a traves de una maldición, las cuales tienen ventajas y maldiciones, entre mas poderosa sea el arma, mayor el castigo que está conlleva, por ello los caballeros mueren jóvenes o se retiran mucho antes de que este las consuma. Hay distintos modos de prevenir las maldiciones, como sellos, juramentos malditos hechos por las Wilgar, o habiendo hecho un sacrificio Doormar.

La familia Suar fue maldita hace siglos por el Arnk Regtil, un dios serpiente, el cual poseia a aquellos humanos que pecaran ante la mentira, cuando el ancestro de los Suar, trato de engañar al mismo Arnk, este por su astucia pero a la vez por su engaño, le otorgo la armadura Suar y las gemas del infortunio y vacio, con ellas, la armadura al poseer las almas de algunos esclavos de Regtil, obtuvo consiencia propia, por lo que esta armadura habla con au portador, para bien o para mal, las dos gemas, la del infortunio, con el poder de "mudar"la armadura y regenerarse, pero cada vez que esto sucede, borra recuerdos y debilita la identidad y el sentido de, portador, mientras que la del vacio, absorbe el daño provocado y lo convierte en veneno, que es mortal.

Aeren al recordar esta historia que leyo en algun libro de historia de su reino, quedo perplejo.

Lo unico que tienes que saber, es que esta armadura rechaza a todo aquel que bi tenga sangre Suar, como cada arma y armadura en cada familia, lo rechazara y lo castigara— Dijo Roskolv

¿A todo esto niño de que escapas? Se te nota nervioso y has estado revisando la puerta varias veces— Dijo uno de los soldados

Oh... solo unos chicos que buscaban problemas, me corrieron de mi casa y la verdad, use mis ultimas monedas para esconderme aqui — Dijo Aeren cansado

—Siguenos te podemos dejar en otro pueblo, asi te alejas de estos chicos— Dijo Roskolv Asi fue como Aeren conoció a Roskolv, volviendose su aprendiz y caballero personal.

Al llegar al pueblo Aeren descargo el pedido de Roskolv, proviciones y trofeos para entregarselo a un sirviente del rey, Kaelor Vilgand.

Las ordenes eran claras para Aeren, dejar las proviciones y darle una carta para el rey, donde Roskolv pedía la autorización de tomar un pueblo a la frontera de Veloria, pero el odio que le tenía Aeren a Kaelor era mucho mas poderoso que el poder.

Aeren llevaba 4 años con Roskolv, llenos de victorias, siempre lideradas entre el y Roskolv, con la armadura de los Suar era imposible perder, pero cada pelea, hacia que Roskoly perdiera la cabeza, llegando a matar a un general compañero, lo que lo llevo a una expulsion de sus labores, pero por la estima del Rey, volvio pero con menos poder militar, Aeren extrañaba al Roskolv que conoció en aquel bar, pero se habia vuelto un padre para el.

Con el deseo de venganza de Aeren, llego con el sirviente de Kaelor.

Traje las provisiones para el rey— Dijo seguro de si Aeren.

Muchas gracias Aren, puedes retirarte el pago esta en el caballo que deje para que regreses a tu estación—

A-antes de eso, ¿Crees que puedas darle esta carta al Rey? Me lo pidio el general Roskolves de suma importancia-

Vere que puedo hacer, largate— Dijo molesto y cortante el sirviente

Aeren se regreso hacia donde su caballo, pero cuando el sirviente perdio de vista la carretilla donde Aeren dejo las cosas, se metio entre las armas y se cubrio en una armadura, yendo hacia el castillo, con la desicion de terminar, este dolor que en su pecho crecia como una flor en un campo de acero.