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NOTA IMPORTANTE
¡Hola, bellezas! Antes de que empiecen a leer, quiero aclarar que esta historia es 100% FICCIÓN. El hecho de que el personaje de Lee Taemin tenga un papel importante en el pasado, no significa que la historia no sea sobre Kookmin. Es la base para contar esta historia de amor entre Jimin y Jungkook.
Los primeros capítulos narrarán la relación de Jimin y Taemin. Estas escenas del pasado se presentarán en letra cursiva para diferenciarlas claramente del presente. Jungkook aparecerá como el mejor amigo de Taemin, y su vínculo con Jimin se desarrollará después.
Por favor, recuerden que la ficción es un espacio de creatividad y entretenimiento.
Espero que disfruten la historia.
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El Pasado.
Pinceladas de Color en un Mundo Blanco
El sol de primavera filtrándose por las ventanas del taller de arte bañaba cada rincón en tonos dorados, iluminando hileras de lienzos vacíos y botes de pintura que parecían esperar pacientemente a ser usados. Jimin sostenía un pincel entre sus dedos, moviéndolo con cuidado sobre el lienzo mientras intentaba dar forma a la escena que había en su mente: un parque con árboles que dejaran caer sus flores sobre una sola banca vacía.
— Ese cielo está demasiado gris — comentó una voz detrás de él, calma pero segura.
Jimin se volvió sorprendido, encontrándose frente a un chico de cabello oscuro con reflejos, y ojos que parecían guardar todo el brillo del mundo. Tenía unos 16 años, igual que Jimin, y llevaba una camiseta blanca manchada de pinturas de diferentes colores. Se llamaba Lee Taemin.
— Es que quiero que se vea melancólico — respondió Jimin, un poco nervioso por ser interrumpido.
Taemin se acercó un poco más, apoyando un brazo en el caballete sin tocar el lienzo. Sus dedos estaban marcados por manchas de azul y rojo, como si llevara la creatividad impregnada en la piel.
— La melancolía no necesita ser gris. Podrías usar un azul pálido, casi lavanda, con un toque de rosa pálido en el borde de las nubes. Así se ve como un recuerdo bonito, no como algo triste.
Jimin miró de nuevo su trabajo, luego a Taemin, y sintió cómo su rostro se calentaba un poco. No estaba acostumbrado a que alguien le diera consejos con tanta gentileza.
— No sé cómo hacerlo — admitió en voz baja.
Taemin sonrió más deprisa, sacando un pincel pequeño de su bolsillo.
— Déjame mostrarte. Me llamo Taemin, por cierto.
Sin esperar a que respondiera, se colocó junto a él y dio unos toques suaves sobre el cielo de la pintura. El gris se fue fundiendo con el azul y el rosa, transformándose en algo que realmente parecía un atardecer que guardaba secretos. Jimin observó atónito, sintiendo cómo cada movimiento del pincel despertaba algo en él que no había sentido antes.
— Me llamo Jimin — dijo finalmente, cuando Taemin terminó y volvió a mirarlo.
Los ojos de Taemin brillaron un poco más en la luz del sol.
— Jimin... me gusta ese nombre. Suena como la melodía de una canción que aún no he escuchado.
Desde ese día, el taller de arte dejó de ser solo un lugar para pintar. Jimin y Taemin comenzaron a ir todos los sábados, llegando temprano para tener el rincón de las ventanas para ellos. Hablaban de todo: de las canciones que escuchaban, de los libros que leían, de los sueños que guardaban en el fondo del corazón. Taemin le contó que quería abrir una cafetería algún día, un lugar donde la gente pudiera sentarse, hablar y sentirse como en casa. Jimin le mostró sus dibujos secretos, los que nunca mostraba a nadie: retratos de personas sonriendo, paisajes que imaginaba, flores que nunca había visto.
Una tarde, cuando el taller estaba a punto de cerrar y el sol pintaba el cielo de naranja y morado, Taemin tomó la mano de Jimin sobre la mesa. Sus dedos se entrelazaron con la suya, cálidos y seguros.
— Jimin — dijo, con la voz más baja que nunca — Creo que me gustas más que como un amigo. Pero si no sientes lo mismo, está bien, seguiré siendo tu mejor amigo en el mundo.
Jimin sintió cómo su corazón latía tan fuerte que creía que todo el mundo podría escucharlo. Miró los ojos de Taemin, tan sinceros y llenos de esperanza, y sintió que el mundo entero se reducía a ese instante.
— También me gustas — respondió, acercándose un poco más — Mucho más que como un amigo.
Justo en ese momento, la puerta del taller se abrió con un crujido. Jungkook, un chico mayor de 18 años que llevaba meses yendo al taller de vez en cuando, entró con una caja de pinturas bajo el brazo. Jimin, sabía quién era, al menos de vista. Pero también sabe que es el mejor amigo desde la infancia, de Taemin. Solo nunca habían intercambiado más que unas palabras cortas, o un simple saludo.
— Taemin, ya te iba a buscar para ir a comer — dijo Jungkook, deteniéndose al verlos de manos dadas. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios — Ah, disculpa, no sabía que estaban...
— Está bien, Jungkook — dijo Taemin, sin soltar la mano de Jimin — Es Jimin, te he hablado de él antes. Jimin, él es Jungkook, mi hermano del alma.
Jungkook saludó con la cabeza, su mirada cálida pero respetuosa.
— Encantado de conocerte de verdad, Jimin. Taemin habla mucho de ti.
Jimin sonrió, aunque seguía un poco nervioso. Sabía que el amigo de Taemin era un chico serio y que probablemente no aceptaría que estuvieran juntos. Pero en ese instante, con la mano de Taemin en la suya y la sonrisa de Jungkook, sintió que quizás, solo quizás, podrían construir algo bonito a pesar de todo.
Mientras Taemin recogía sus cosas para ir con Jungkook, se volvió hacia Jimin y le dio un pequeño beso en la mejilla, rápido como un susurro.
— Mañana te espero aquí, ¿Vale? Quiero pintar contigo un cielo completamente de rosa.
Jimin asintió, tocando la mejilla donde lo había besado mientras veía cómo se iban los dos chicos. El lienzo que habían empezado juntos seguía allí, con el cielo de lavanda y rosa, y en él, por primera vez, la banca del parque ya no estaba vacía.
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Marj_tales








