ENTRE LOS AZARES DEL DESTINO

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Summary

Cedric y Noa siempre han sido el complemento perfecto. Pues desde niños eran inseparables, creando así una dependencia marcada. Decir que Cedric es un hombre frío y sin escrúpulos le queda corto, no tiene ningún tipo de sentimiento por nadie, es más, se podría decir que en algunos casos hasta disfruta del sufrimiento ajeno. Sin embargo existe alguien. Un chico carismático, sensible y según sus propios pensamientos, adictivo, perfecto y encantador. Aquí es donde entra Noa, teniendo  control total sobre este hombre que cree poder controlar el mundo, aunque en realidad, puede. Solo ver sus ojos claros, su cabello amarillo como el sol, sus pecas y esa hermosa sonrisa, que ilumina cada día de su vida, lo desarman por completo. Es cuando se enfrenta a este chico que pierde todo poder, la debilidad que siente por el lo convierte en alguien totalmente diferente, sería capaz de matar con tal de mantenerlo a salvo. Tener sentimientos tan fuertes lo llevan a comportarse como un maníaco posesivo, simplemente no sabe cómo decir lo que siente. Aunque lo demuestra de otras formas, quizá poco convencionales. En cambio, para Noa. Cedric es su templo, su lugar seguro. Estar cerca de ese hombre es lo único que quiere, tenerlo, tocarlo, verlo cada día es algo por lo que estaría dispuesto a pagar sin importarle el precio.

Genre
Romance
Author
Tritzy
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

La monotonía de la vida trae consigo un momento de ruptura.

Tras haber salido de un arduo e intenso trabajo, Cedric. Encendió su móvil de manera automática con una sensación de irritabilidad que le recorría todo el cuerpo, una de las cosas que más detestaba era escuchar el rin rin del teléfono al mismo tiempo de estar concentrado en no dejar ningún rastro de suciedad.

Parpadeo varias veces con molestia al sentir el brillo intenso de la pantalla al momento que iba deslizando los dedos en busca de un contacto que lo mantenía siempre ocupado. Después de recibir la transferencia del dinero se sintió un poco aliviado. - Uno menos- Musitó en voz alta como quien quiere deshacerse de algo que lleva pegado en la piel.

Dió unos pasos hacia la furgoneta deslizando la puerta que provocó un sonido metálico como si cada pieza fuera a mameluco. Chasqueo la lengua irritado pensando en que ya debía cambiar esa vieja chatarra por algo más decente; Cerró la puerta y se dejó caer en el viejo asiento... donde empezó a quitarse todo rastro de impureza después de haber limpiado una de las escenas más grotescas que jamás había visto, dejando caer sobre el piso del vehículo toda la ropa, guantes y las herramientas que sí o sí debe eliminar luego de usarlas.

—Estoy harto de toda esta maldita peste de sangre y suciedad. Si mi vida no estuviera en juego, dejaría este trabajo de mierda para mudarme a una isla paradisíaca.

Casi inconscientemente se asomó una sonrisa en la comisura de sus labios ante la escena de sus palabras, sin duda se merecía un largo descanso.

Ningún maldito cabo suelto como siempre decía el jefe...

Cada pensamiento suyo hasta ese momento era totalmente automático, pues su mente se vería sumergida en un ciclo sin fin. Luego de tener todo en una bolsa empujó toda esa porquería en un contenedor de gasoil para prenderle fuego. Mientras tanto sacó una cajetilla de su bolsillo derecho, encendiendo el cigarro con el mismo fuego de sus ruinas, observó meticulosamente esas llamas como si fueran las mismas que ardieran en su pecho una vez más.

De forma arrepentida su rostro se fue humedeciendo con unas frías gotas de lluvia caídas del cielo. Tiró con dureza el cabo que ya le quemaba los dedos y se dispuso a quitar con golpes sobre una piedra los restos de lodo de sus botas recién puestas.

En ese momento el rin rin de su teléfono lo sacó a regañadientes de sus pensamientos distraídos. Al sacarlo del bolsillo divizo en la pantalla -Donde brillaba un fondo totalmente negro- un número desconocido el cual no conocía, pero pensó que quizás era alguno de sus contratistas.

Llamada entrante

Número desconocido....

- Mr. Black a la orden. -Silencio fue lo único que recibió de la otra línea. Acción que le molestó más de lo que quería admitir, unos segundos más y abría cerrado la llamada pero...

-¡Cierra la puta boca infeliz! -Unos golpes secos fracturando unas costillas lo mantuvieron expectantes. Intentando descifrar quién demonios era y que quería. -Escucha bien "señor oscuro" -Escupió con la voz burlona del otro lado- Quiero que vengas aquí a buscar a esta maldita basura, el muy maldito me debe mucho dinero y solo puedo dar contigo. Parece que aparte de pobre es huérfano el infeliz.

- Se ha equivocado de número- Respondió con poco interés y ahora más encolarizado que antes por la burla de aquel imbécil.

- ¿Equivocarme? -Soltó unas carcajadas cargadas de veneno -Escúchame muy bien, Cedric Sorel. ¿Te suena el nombre de Noa Arde?

Por un momento los sentidos del mayor perdieron toda razón.

Sus instintos más primitivos se pusieron en alerta, tomando ahora sí muy en grave la situación. No hubo una reacción física, gritos ni desesperación. Sin embargo, una fuerte agonía le quemaba el pecho lentamente; Cedric quien tomó con burla sus primeras palabras, ahora rogaba internamente que fuera mentira.

¿Como?

¿Donde?

¿Por que?

Estas preguntas retumbaron en su mente como una ola de terror inerno...

- ¿Dónde y a qué hora? - Esperaba ansioso con un tic nervioso en la pierna izquierda y la mandíbula tensa a punto de romper cada músculo de su rostro. Sentia las sienes palpitar, la respiracion quemando sus pulmones y un sufrir frio recorrer toda su frente.

-Maldita sea. Esto es demasiado excitante para mí. ¡Al fin una persona razonable con la que puedo hacer negocios! ¡Escuchaste maldita basura! -El mayor apretó los dientes al escuchar otra patada sobre el cuerpo de Noa, juraba para si mismo que en el momento que le viera, le iba a romper cada maldito hueso del cuerpo.

La llamada se cortó unos segundos después y su mano sin fuerzas cayó a un costado de su cuerpo. Con el cuerpo rígido, silencioso pero con el corazón a mil intentaba mantener la cordura, pero su mente se estaba convirtiendo en una bomba de tiempo.

Subió despavorido en la vieja furgoneta queriendo traspasarle un poco de toda la adrenalina que recorría cada partícula de su cuerpo en ese momento. -No, no, no- repetía para si mismo una y otra vez intentando mantener su mente lúcida. El tic de la pierna era lo único, que físicamente podría delatar el caos de su interior a punto de explotar, mientras por fuera, cualquiera que lo viera pensaría que es el hombre más apacible del mundo.

A sabiendas de que no podía le sacó hasta el último rugido al motor de la furgoneta hasta llegar al escondite donde siempre la dejaba. Sin perder más tiempo salió como una bala y entró a su auto, dónde ahora sí podría correr a sus anchas. Pisando a fondo el acelerador y con mil emociones cegandolo, oraba -Un hombre impío- para que Noa estuviese bien. Pero dada la situación anterior las dudas le carcomían por dentro.

- ¿Por qué? - Se cuestiono mentalmente. Sintiéndose totalmente confundido por esta situación, no encontraba explicación para lo que estaba pensando. A penas llegar al lugar frenó con cautela, sacó el arma de su caja fuerte y procedió a guardarla en la parte trasera de su espalda.

El lugar se veía demasiado oscuro, pensó que podría ser atacado desde cualquier ángulo y no se daría cuenta, la estructura metálica estaba toda descubierta dejando ver un enorme almacén con cimientos viejos, estropeados y llenos de moho, desde lo más alto y sin una explicación clara se veían caer gotas de agua, los ruidos de los pájaros en los alrededores le daban un oleaje tétrico al ambiente.

Cedric ya un poco más calmado y con un paraguas en mano abrió la puerta dando unos pasos hacia afuera, se quedó quieto unos segundos con la cabeza agachada sintiendo unos leves temblores en los huesos a causa del frío intenso.

Sin embargo, ese silencio, esa calma, no era más que una estrategia de analizar donde estaba parado.

-¡Ven aquí señor oscuro! - desde el segundo piso, entre las sombras, disivo a un hombre encapuchado observándolo con una sonrisa maliciosa. Lo supo, porque aquel psicópata se alumbró así mismo para mostrarle su cara.

Asqueroso.

Simplemente repugnante.

Avanzó con paso decidido hacia el recinto lleno de ratas, suciedad y bichos de todo tipo.

Desde la puerta observó las tres opciones disponibles frente a él, aunque no tuvo que pensar mucho, pues un rastro de pasos y sangre lo guio rápidamente a una habitación fría, oscura, llena de humedad, con tan solo una mesa con trastes sucios, un colchón negro en una esquina, y una silla... Dónde reposaba un cuerpo que lo dejó helado por un instante.

¿Noa?

Su vista se nublo durante unos largos segundos que no pudo reaccionar. Su mente comenzó a vagar en esos recuerdos que creía olvidados, allí veía claramente a ese niño que tanto amaba cuidar, del que no podía separarse aunque quisiera; con el que pasaba cada segundo de su día y sin importar lo pesado que fuera, estar a su lado valía toda la pena.

Antes de dar un paso más sintió un metal frío en el cuello.

-Bienvenido Mr. Black. Como siempre es un placer volver a verte.Aunque no tienes ni idea de quién soy- Cedric movió la cabeza a un lado, pero recibió una clara advertencia del psicópata al jalar del gatillo. -¿Dónde está mi dinero?

-Justo aquí, lo traigo conmigo. Ven, dame la cara y toma lo que es tuyo. - Soltó con sarcasmo...

Aquel hombre soltando unas carcajadas maquiavélicas fue dando pasos lentos hasta quedar frente a él. Con la mirada perdida, el rostro sucio, demacrado, los dientes negros y las pupilas dilatadas le daban la imagen perfecta de un adicto. -¿Cómo fué que terminaste en esto, Noa? - Aun no tenía respuesta para eso.

El aspecto del hombre daba la sensación de estar sintiendo un éxtasis como nunca lo había experimentado antes, justo ahí frente a él, se encontraba el hombre del cuál todos hablan en el bajo mundo. Eso, sumado a qué solo él -De una larga lista de admiradores -pudo llamar su atención por accidente, le ponía el corazón a mil por segundos. Esta experiencia le suponía más placer que cualquier droga que hubiese consumido antes.

-No tengo toda la noche. Toma el maldito dinero y lárgate de una maldita vez o te arrentiras de haber nacido.

-Maldito. Mil veces maldito. ¿Eso es lo que crees? Pues yo soy quien te está apuntando con un arma que no dudaré en usar. Pero... Jamás contra ti.

En el momento en que desvió su atención hacia Noa, le propinó un golpe en la mano que hizo caer el arma al suelo. Ese asqueroso no iba a volver a tocarlo. Levantó la pierna y lo lanzó contra el piso, verlo con esa expresión de satisfacción solo agrandaba la ira de Cedric.

Sin dudarlo un segundo tomó del cuello ejerciendo una fuerza bruta sobre el con sus dedos largos y sus manos huesudas. Sentir esos pequeños huesos ir reventandose bajo su control, lo tenia totalmente extasiado.

La imagen de Noa -destrozado- seguía ahí. Eso lo volvia completamente loco, nunca habia tolerado la idea de que alguien tocara a su pequeño, ni antes ni ahora.

Y eso fue suficiente para no detenerse hasta darle su merecido. Verlo arrastrarse como un mísero gusano no era suficiente. Quería oírlo rogar. Su atención se desvió un momento al escuchar los quejidos del menor a sus espaldas. Se puso de pie nuevamente sintiendo un frío intenso recorrer toda su espina dorsal.

Se quedó inmóvil

¿Cómo es que pudo haberse olvidado de su objetivo?

¿Cuánto tiempo había perdido?

-¿N-noa? ¡Noa! -Corrio hacia el, al ver cómo vomitaba la sangre con el cuerpo errático convulsionando. El temor se desvaneció dando paso a la preocupación al verlo en un estado que ni siquiera podía reconocerlo. Deshizo todos los nudos de sus pies y manos, así como el collar de su cuello pegado a la pared. - Noa, ¿Puedes escucharme? Vas a estar bien, ya estoy aqui pequeño.

Se incorporó deslizando sus manos debajo de sus piernas y por su espalda para levantarlo. Trató de ser lo más cuidadoso posible para no causarle más daño del que ya tenía, apresuró sus pasos y lo colocó en el asiento de copiloto, protegiendo su cuerpo con los cinturones de seguridad, cuidando que no se golpeara la cabeza. Se veía muy mal herido, desnutrido, delgado, con cicatrices por toda su piel. -Noa, Noa.- susurró más para si mismo sin saber que decir o pensar.

Haberse reencontrado con su mejor amigo de la infancia años después y verlo luchar entre la vida y la muerte en sus brazos, no es como imaginó este reencuentro y eso qué - lo hizo tantas veces- que había perdido la cuenta. Sus manos ahora un poco más torpes le impedían moverse con facilidad, pero hizo un esfuerzo por mantener la calma una vez más. Tan solo unos segundos, tecleó en el teléfono el contacto de un amigo doctor, pidiendo su ayuda, ya que, no podía llevarlo a un hospital público.

Siempre lejos de la policía.

Luego de enviar el mensaje encendió el auto con una furia más intensa que antes, sus manos sobre el volante parecían querer explotarlo al apretar fuertemente a causa de su desesperación interna. -Que no muera- era lo único que se repetía en sus pensamientos mientras miraba cada medio segundo al cuerpo casi inerte en el asiento de al lado.

Al frenar de golpe los neumáticos se deslizaron en el estacionamiento causando un ruido de chirrido intenso. Abrió la puerta de golpe viendo como unos enfermeros corrían a su encuentro con una camilla. Les abrió dándole paso sin perder de vista ni un segundo a su querido amigo.

Por unos segundos sus pies no quisieron reaccionar como si lo que estuviera viviendo fuera un mal sueño, sus pasos se volvieron lentos y arrastrando los pies se forzó a seguir.

Siguió a los demás muy de cerca entrando al recinto hasta que pasaron la sala de espera y fue detenido por las enfermeras por ser área restringida. Las puertas se movían de adentro hacia afuera dejando una linea de visión donde el cuerpo de Noa estaba siendo maniobrado por los médicos, desde allí, paralizado en medio del pasillo observó como destrozaron su ropa, le ponían unos cables en el pecho y segundos después practicaron electro shock a lo que el muchacho respondió de inmediato abriendo los ojos de golpe con la respiración fuera de control y su cuerpo temblando.

Que alivio.

Dios que alivio.

Esos pensamientos golpearon fuertemente su consciencia que yacia apagada desde hace mucho tiempo, pero ahora, ahora había despertado como un animal que reposa y vuelve a la vida con una estimulación inconsciente.

Esa... es una imagen que nunca se borraría de la mente de Cedric. Su vida durante los últimos años había sido todo cuanto menos perfecta. Ver sangre, cadáveres y armas era el juego de todos los días simple y sencillamente una monotonía sin irregulares. Pero esa noche, toda su vida dió un vuelco de un momento a otro, de repente ese hombre tranquilo que no se descontrolaba con nada, ahora era protagonista de una escena digna de admirar. Paralizado con un millón de cosas pasando por su mente, con la mirada fija pero perdida en esa puerta, confundido, con muchas preguntas pero con temor de saber las respuestas.

Algo dentro suyo le advertía que algo muy malo o muy bueno estaba por venir y lo único que tenía claro, es que no se encontraba listo para enfrentar ninguna de esas dos opciones. El hombre alto, imponente y frío se exaltó internamente al sentir una mano en su hombro, sin embargo solo se dió vuelta con calma, con esa frialdad que tanto le caracterizaba.

Óscar. Su amigo, el doctor. A quién acudió por ayuda, lo tomó del brazo arrastrándolo hacia el sillón, que era más necesario para el mismo, pues venía con la lengua afuera, jadeando de tanto correr.

-Amigo. Llegué lo más rápido que pude ¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien? - Preguntaba Oscar, mientras lo inspeccionaba de pies a cabeza con una preocupación desbordada- ¡Estás herido!

- Calmate, esa no es mi sangre.- El moreno respiró aliviado amenazando con que le daría un infarto.

- Cielos, vas a provocarme un paro cardíaco- Por un momento quiso relajarse, pero una duda estalló en su mente. - ¡Dios mío! Pero si has venido con alguien, Dios soy el peor amigo del mundo. ¿Quién es? ¿Qué sucedió?

Cedric dejo caer la cabeza entre sus manos sintiendo mareos y el estómago revuelto, de repente la voz de su amigo -- que era conocido por no callarse nunca- se escuchaba cada vez más lejana y pequeña, su pecho era una bomba de tiempo. Con la mirada fija en el piso y los pensamientos perdidos hacía un esfuerzo sobrehumano por entender, cómo una situación como esta le consumía tanta energía.

Podría decir con toda seguridad que era la noche más caótica y crítica de su vida. Los recuerdos por momentos vagos venían de golpe como visita sorpresa que no deseas en tu casa, removió su cabeza ya harto de sentirse aturdido y se levantó dejando al moreno gritando a sus espaldas como si no hubiera un mañana.

*******

-¡Es increíble!-si no fuera por el piso de concreto, hacía ya mucho tiempo hubiese tenido un hoyo de algunos metros bajo sus pies. - No lo entiendo, como puede hacerme esto, irse asi no mas sin darme respuesta alguna. ¿Como diablos voy a completar este chisme? - Se quejo frustrado ante sus dudas

El moreno en su desesperación daba pasos agigantados de un lado para el otro en toda la habitación moviendo los brazos exasperado. Habían pasado alrededor de seis horas que el pálido se marchó, mientras Noa por su parte había salido del quirófano. Óscar se detuvo un momento observando al muchacho, con unos pensamientos de confusión acudriñando su mente.

Las ansias por obtener información le estaban carcomiendo las entrañas, los debates en su mente iban de una hipótesis a otra que al final, no le daba ningún resultado. -Mierda, creo que soy su único amigo -según él, conocía perfectamente toda la vida del hombre, pero este evento y su huída del hecho le hacían pensar todo lo contrario.

No era capaz de entender por qué luego de esmerarse tanto por salvarle la vida solo huia así sin más. Ahí le dieron las ocho de la mañana, a pesar de sus dudas e inquietudes era incapaz de separarse del joven pues claramente lo habían dejado a su cargo.

Cubierto con una manta, con el control en mano y una cuchara llena de gelatina en su boca, El moreno fué descubierto por unos ojos que parpadeaban con pesadez como quien despierta de un sueño demasiado largo, el joven arrugó levemente la cara ante la intensidad de la luz blanquecina de la habitación. La energía del hombre se vió renovada en un instante, pero como supuesto médico dueño de dicha clínica, debía interponer el profesionalismo ante todo el chisme que de alguna u otra forma le sacaría al muchacho.

-Has despertado, que bueno verte mejor. Ahora mira hacia acá, por favor -Abrió aún más sus ojos verificando su vista, el muchacho seguía -aunque muy lentamente - los movimientos de la pequeña linterna, aún se le veían las pupilas dilatadas, pero nada fuera de lo normal. -¿Recuerdas tu nombre? O los últimos eventos de como llegaste aquí.

-Soy N-noa Ard... -Sus palabras se vieron interrumpidas por una tos repentina. -N-no, no recuerdo nada más de como llegué hasta aquí.

-Muy bien al menos sabes tu nombre -El doctor intentó relajar el ambiente, sin embargo debajo de esa sonrisa un semblante preocupado se venía asomando. -No te preocupes Noa, aquí te vamos a cuidar muy bien, te vas a recuperar en un dos por tres y pronto estarás como nuevo.

El hombre sacudió el cabello claro del chico en señal de aliento. Lo vió cerrar los ojos una vez más y caer en los brazos de Morfeo. Pulsó el botón de llamada a las enfermeras y en segundos estuvieron allí, durante toda la mañana le hicieron análisis y lo monitoreaban por turno muy frecuentemente.

De vez en cuando despertaba quejándose de dolor pues todo su cuerpo estaba lleno de heridas, varias costillas rotas, una pierna así fracturada, se le descolocó la mandíbula y le rompieron la nariz. El pobre parecía literalmente un saco de papas reventado.

Los días siguieron pasando con una recuperación lenta y dolorosa, pero al menos ya el chico podía hablar mejor, comer sopa, sentarse de vez en cuando y no dependía del oxígeno para respirar. Óscar ya temia ir a visitarlo pues siempre lo rellenaba de preguntas de las cuales el mismo doctor también necesitaba respuestas.

Así que, los dos solos se quedaron ahí en un silencio sepulcral.

-Doctor. ¿Cuánto tiempo es que llevo aquí?

-Casi dos semanas...

-Mmm entiendo... - respondió conteniendo las palabras que su acompañante conocía claramente. -Estoy cansado de estar aquí encerrado solo viendo estas paredes blancas. Me aburro como no tienes idea, en estos momentos quisiera tener un amigo.

-Pero si lo tienes - Los ojos del menor brillaron con intensidad clavando en él, una mirada intensa que le hizo cuestionar sus pensamientos -Yo soy tu amigo ahora, o no me consideras así.

-Supongo - Susurro mas para el mismo - No veo a nadie mas aqui interesado en cuidarme, ademas tampoco he recibido visitas en todo este tiempo.

Una mueca de decepción atravesó la boca del chico lo que le robó una sonora carcajada a Óscar confirmando las dudas que tenía, ese presentimiento de que muy en el fondo el muchacho tenía esperanzas de que fuera precisamente aquel hombre. Dejo escapar de un suspiro pesado, sintiendo que la situación actual era demasiado para el, un hombre que solo podría vivir de risas, cuentos y vagabunderias.

Esos rollos emocionales no iban con el y según entendía tampoco con Cedric, aunque ya se estaba cuestionando todo lo que sabía sobre este último.

-No te preocupes. No tienes porque verlo todo, a veces quienes nos quieren estan mas cerca de lo que crees - El moreno sonrio con picardia, desviando levamente la mirada hacia la puerta. Mientras Noa, seguia observando en silencio a traves de la ventana.

El chico se dejó caer en la cama sintiéndose frustrado, con un cansancio incapaz de disimular pero sobre todo, las expresiones de su rostro evidenciaban una guerra interna de la cual el moreno no pretendía ser parte, pues sabía perfectamente que eso debía enfrentarlo alguien más...

Alguien a quien pronto cuestionaría fuertemente. Pero no podría ser tan malo, todos tenemos algo que ocultar y en el momento menos esperado la vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida.

Lo curioso de toda aquella situación es que, de vez en cuando estas conversaciones eran escuchadas por un pálido cauteloso detrás de la puerta.