BIBLIOTECA

Summary

Quién diría que trabajar en un lugar aburrido sería el comienzo de algo placentero?

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Hobi

Estaba detrás del mostrador de la antigua biblioteca, rezando para que las agujas del reloj se movieran más rápido y llegaran a las siete de la tarde. Solo quería irme a mi departamento, tirarme en el sofá y torturarme viendo alguna novela romántica. Era mi forma de llenar la dosis de acción que mi vida lineal y aburrida no me daba.

La campanilla de la puerta me hizo levantar la vista. Un joven con baggy jeans y bomber jacket entró. Lo saludé con un movimiento de cabeza. Él apenas esbozó una rápida sonrisa, bajó la mirada y caminó deprisa hacia el fondo, acentuando su timidez habitual. Sus pasos resonaban entre las altas estanterías en el silencio de la biblioteca.

Hacía un par de meses que ese chico había empezado a aparecer por allí, siempre a la misma hora, una antes del cierre. Al principio era solo otro usuario más, pero con el tiempo me picó la curiosidad. Jamás cruzaba palabra ni preguntaba nada. Siempre iba directo al fondo, donde estaban los libros para altos grados académicos y… los de adultos: novelas rosas con alto contenido erótico y dark romance. No creía que viniera a estudiar, porque nunca lo veía con mochila ni llevando libros.

Esa tarde estaba más aburrida que de costumbre. El cielo encapotado había ahuyentado a los pocos visitantes habituales. Minutos después, las gotas de lluvia comenzaban a resbalar por los vidrios de la entrada. En medio del silencio, una espina de curiosidad me pinchó: ¿y si iba a ver qué hacía allí atrás? ¿Qué podía perder?

Caminé entre las estanterías procurando no hacer ruido. Al llegar casi al fondo, miré primero en la sección de estudio: no estaba. Lo sabía, pensé. Seguí un poco más y entonces oí su respiración pesada, que intentaba ocultar en vano.

Me escondí detrás de una estantería y asomé la cabeza. Allí estaba, sentado en el piso con una novela de dark romance en la mano derecha. Su mano izquierda… ¡Oh, por Dios! Acariciaba su pene de arriba abajo a un ritmo que claramente le generaba mucho placer. Mojaba sus labios abultados y bien formados con la lengua. No pude resistirme. Mis ojos se clavaron en la escena mientras mordía mi labio inferior. Era hermoso a pesar de lo bizarro de la situación.

Pocos segundos después, lo vi acabar en su mano. Chorros blanquecinos cubrieron sus dedos mientras cerraba los ojos e intentaba recuperar el aliento. Rápidamente volví al mostrador sin hacer ruido, me senté y fingí no haberme movido.

Minutos después, lo oí caminar hacia la salida. Salió con las mejillas sonrojadas y me hizo un saludo silencioso. Mis mejillas ardieron. Lo vi alejarse bajo la lluvia a través de los cristales. Faltaban cinco minutos para mi salida. Cerré todo y me fui a casa.

Al día siguiente, mi turno fue solitario y silencioso. Había llovido toda la noche y la tarde no parecía querer mejorar. Nadie había pasado por la biblioteca. Estaba a punto de irme antes cuando lo vi cruzar la calle hacia la puerta.

Abrió, me saludó rápido y caminó hacia el fondo como siempre. Recién en ese momento me di cuenta de que lo había estado esperando. No podía sacarme de la cabeza lo que había visto el día anterior. Crucé las piernas, apretando los muslos solo de imaginarlo. Sin querer, recordé el largo y grosor de su miembro. Una idea loca se instaló en mi mente: ¿y si lo ayudaba hoy?

Me decidí sin pensarlo dos veces. Me levanté en silencio, cerré la puerta con llave y fui hacia el fondo. Tal como esperaba, estaba sentado en el piso con un libro en una mano y masturbándose con la otra. Las venas se marcaban en su mano.

—¿Puedo ayudarte en algo? —susurré mirándolo con descaro.

Sus ojos fueron directo a los míos. Estaban encendidos de placer, la boca entreabierta y esos labios en forma de corazón se veían tentadores. Sabía que lo había atrapado, pero no dejó de tocarse. Algo en mi voz le dijo que no me había acercado a regañarlo.

—¿Ya vas a cerrar? —preguntó en voz baja, mirándome fijo.

—De hecho… ya lo hice —respondí acercándome lentamente. Me arrodillé delante de él—. Puedo… ayudarte… si lo deseas.

Lamiendo mis labios, lo miré a los ojos. Una leve sonrisa ladeada apareció en esa boca perfecta. Dejó de tocarse, apoyó el libro a un lado y colocó las manos en el piso detrás de su torso, ofreciéndome su miembro completamente erecto.

La escena era tan caliente que mi cerebro se apagó. Gateé hasta estar más cerca y bajé mi boca hacia él. Primero lo lamí lentamente, arrancándole suaves gemidos. Sabía exquisito y su piel era muy suave. Lo metí en mi boca poco a poco hasta que su glande chocó contra mi garganta.

—Carajo… qué bien se siente… —ronroneó.

Empecé a mover la cabeza, apretando los labios y creando succión. Sentí cómo su polla se endurecía aún más y sus venas palpitaban contra mi lengua. Sus caderas comenzaron a acompañar el movimiento entre gemidos y maldiciones bajas.

Minutos después, un chorro de semen caliente explotó directo en mi garganta. Recordé sus dedos cubiertos del día anterior y me mojé todavía más. Estaba excitadísima. Ese chico era mucho más guapo de lo que había imaginado.

—Jamás me hicieron una mamada así… Nena, eres genial —dijo casi sin voz, con la cabeza echada hacia atrás—. Debería devolverte el favor, ¿no crees?

Asentí, completamente hechizada. Me miró con diversión y malicia, y me regaló la sonrisa más dulce y hermosa que había visto. Casi inocente, a pesar de lo sucio de la situación.

—¿Debería comerte el coño o… follarte aquí en el piso? —preguntó con voz seductora.

Mi mente dejó de funcionar.

—Hazme lo que desees… —susurré.

Se acercó, se puso de rodillas y tomó mi rostro. Me besó con lascivia y lentitud tortuosa, saboreando mi lengua y mis labios. Un beso sucio y lleno de deseo. Su mano se coló bajo mi enorme suéter, suave y caliente. Acarició mis costillas hasta llegar a mis pechos. Mis pezones se endurecieron al instante. Los apretó entre sus dedos, arrancándome un gemido contra su boca.

Su otra mano subió por mi muslo y desapareció bajo mi falda. Jugó con el borde de mis bragas antes de abrirse paso entre mis pliegues mojados. Dos dedos entraron lentamente, entrando y saliendo con delicadeza. Estaba perdida en las sensaciones.

—Fó… fóllame… por favor… —supliqué contra sus labios.

De repente estaba sobre mí. Su peso era glorioso. Abrió mis piernas y acomodó sus caderas. Entró centímetro a centímetro. Sentí un leve dolor por su tamaño, pero eso solo me excitó más. Cuando estuvo completamente dentro, esperó a que me acostumbrara mientras besaba y lamía mi cuello.

Empezó a moverse. Primero lento, después cada vez más rápido. Mis manos se clavaron en sus antebrazos fuertes. Nuestros gemidos llenaban el silencio de la biblioteca. Le pedí más. Elevó mis piernas y me penetró más profundo, bombeando con rapidez y desesperación.

Grité de placer mientras mi orgasmo explotaba. Él gruñó una maldición y acabó al mismo tiempo, llenándome con su semen caliente. Mi coño lo apretaba, ordeñándolo hasta la última gota. Fue el orgasmo más fuerte de mi vida.

Después, mientras nos recomponíamos, escribió su número en un papel sobre el mostrador.

—Llámame o mándame un texto cuando quieras… —dijo.

Se fue hacia la noche lluviosa, se giró y me lanzó un beso. Cuando desapareció, bajé la vista al papel:

La pasé muy bien contigo. Llámame cuando quieras. xxx-xxxx-xxxx

Hobi

Suspiré y lo guardé en mi bolsillo. Al final, trabajar en la antigua biblioteca pública no era tan malo…