Entre la Filosofía y la Ingeniería

All Rights Reserved ©

Summary

Luis y Santiago no podrían ser más diferentes. Uno estudia ingeniería, el otro letras. Uno teme a sus padres, el otro tiene su amor incondicional. Uno reprime lo que siente, el otro lo abraza con orgullo. Pero el destino los junta entre cafés, clases y silencios incómodos, lo que comienza como una simple amistad, pronto sacude todo lo que Luis creía saber de sí mismo y lo que Santiago creía conocer del mundo. Entre prejuicios, miedo, cariño y crecimiento, esta es una historia sobre encontrarse a uno mismo... y atreverse a amar.

Genre
Lgbtq
Author
Arleth
Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Me levanté por el sonido de la alarma, sería un nuevo comienzo en mi vida, papá dice que estudiar una universidad me ayudara a tener un buen trabajo y con eso una buena paga pero no estoy tan seguro, trabajé lo suficiente hasta conseguir un carro y tengo dinero tanto para gastar como guardado, aunque a veces mi mamá o abuelos me dan así que estoy bien, pero aquí estoy, levantándome a las 6 de la mañana para ir a la universidad, ni siquiera son las clases normales, son solo cursos que dan dos semanas antes de entrar lo cual no entiendo pero allá voy, mamá dice que pueden ser de ayuda y papá estuvo de acuerdo.

Después de bañarme y cambiarme agarro mi mochila ya preparada con lo que ocupo porque me gusta preparar todo antes, bajo y la pongo en el sillón mientras me dirijo a la cocina, no soy mucho de desayunar así que solo voy por mi bote que llené de agua por la noche. Checo mi celular y me encuentro con unos mensajes de mi mamá: “no vamos a estar, vete con cuidado”, con razón se siente tan tranquila y vacía la casa.

Salgo y cierro y me dirijo a mi camioneta, pongo mi música y me voy hacia la universidad, sin ganas. Tuve que salir con tiempo de sobra porque en la mañana hay mucho tráfico pero en el camino me voy dando cuenta que no está pesado, quizá porque todavía no inician clases para todos, así que voy calmado disfrutando de la música. Llego al estacionamiento del estadio y checo la hora 6:40am, me bajo y camino hacia FIME, escuchando Twenty One Pilots en mis audífonos.

Mientras camino voy viendo la universidad, es muy grande, sabía que es una de las más queridas de la UANL pero no sabía qué tanto, hay muchos alumnos alrededor, obviando que son más hombres que mujeres, camino en dirección a buscar mi salón.

Tocan mi hombro.

— Hola, ¿Sabes donde se encuentra el salón 101? — Volteo a mirarlo, es un chavo grande, más alto y más fuerte que yo.

— Si, de hecho justo voy a ese salón — no quería hablar, pero tenía que ser educado, además se ve que es una de las personas que no se te despegan. Seguí caminando.

— Asombroso, soy Diego — sentí que se puso a mi lado y empezó a caminar conmigo, significa que ya no tendré un inicio tranquilo.

— Luis —

— ¿Haces deporte? — ¿Es que acaso no se iba a callar nunca?

— No, no hago —

— A mi me gusta el fútbol americano, de hecho me voy a meter — siguió hablando pero la verdad no le puse atención, no tenía ganas.

Llegamos al salón y Diego se sentó a lado mío, llegó una chava y se sentó enfrente de él así que se la pasaron hablando y por fin me deshice por un momento de su plática, un chavo se sentó enfrente mío, Diego le comenzó a hablar, muy extrovertido de su parte.

— Hola, soy Diego, ella es Miriam y él es Luis — la chava “Miriam” lo saludó y yo solo me quedé viendo.

— Hola — sonrió — soy Javier — parecía tímido.

— ¿Te gusta el deporte?.

— Si, pensaba meterme al fútbol americano...

— ¡Genial! Yo también.

Y siguieron hablando y yo me volví a perder. No porque me molestaran, si no porque no me sentía tan entusiasmado ese día.

Para ser clases propedéuticas si que encargaron tarea y mucha, quizá nos vieron muy flojos, hubo momentos en los que nos tocó hacer equipos, entonces nos juntábamos los 3, al final Diego nos agregó a mi y a Javier a un grupo de WhatsApp, quiso agregar a Miriam pero ya tenía su propia grupito de amigos, así que Diego nos nombró como “el trío”.

Siempre que salíamos de clases nos poníamos a platicar o a jugar un rato o los acompañaba a su práctica de deporte, o simplemente sin hacer nada y yo estaba contento con eso, sabía que llegando a mi casa tendría que ponerme a hacer la tarea o a estudiar, “es por tu bien” decía mi papá pero a veces no lo entendía, no entendía a mi familia, pero fue la que me tocó, no tenía otra opción, aunque a veces no era tan malo, había risas y música y baile y pláticas buenas, cuando él no tomaba, si lo hacía había peleas, gritos, charlas que no siquiera entendía, tenía que quedarme callado y escuchar, después de rato uno entiende porqué no debería de decir algo.

— ¿Saben? Siento que este semestre será algo muy diferente, habrá mucha emoción — había dicho Diego en uno de esos días de pláticas después de clases. Además de platicador era muy filosófico.

— ¿Quizás porque estamos iniciando un nuevo y primer semestre? — siempre me sorprendía cuando Javier hablaba, era muy cálida su voz, pero nunca lo diría en voz alta.

— Pues si, así piensas ahorita porque todo es nuevo, ya después te acostumbras — era obvio.

— No lo entienden, siento algo dentro de mí que dice que habrá muchas cosas interesantes en este semestre. — cerró los ojos y sonrió.

Yo rodeé los ojos, una sonrisa se me quiso salir pero no la dejé, muy dentro de mí sentí una chispa, pero fingí no notarla.

— ¿Cómo te fue está semana?.

Había ido a la cocina por un vaso de agua, me sentía cansado de estudiar y quería refrescarme, mi mamá estaba ahí, sentada mientras veía un catálogo y anotaba en él lo que quería.

— Bien.

Siempre fuí de pocas palabras y más con ellos, me sentía incómodo en su presencia y sentía que hablar de más sería un error.

— Que bueno, ¿Ya estás listo para las clases?.

— Eso creo.

Volví a mi cuarto. Fue bueno que no preguntara más y muy dentro de mi estaba aliviado de que no estuviera mi padre ahí.

Me tomé un descanso después de otro rato estudiando y empecé a tararear, aunque cuando me di cuenta de lo que hacía me detuve, no me gustaba escuchar mi propia voz, la odiaba y además las paredes oyen, no podrían tentar mi suerte. “Este semestre será diferente”, escuché a Diego en mi mente, no sé por qué pero lo dejé pasar.

Pasaban los días y conocía más y más a Diego como a Javier, no se los había pedido pero aún así los conocí. Los dos hablaban tanto como si fueran amigos de la primaria y yo me quedaba ahí para no tener que preocuparme por socializar.

Diego era muy platicador, muy feliz y siempre tenía una sonrisa en su cara, Javier era más tranquilo pero se notaba que estaba feliz con nuestro grupo, quizá se sentía cómodo y yo, yo solo era el callado del grupo, el pensativo, pero me gustaba estar con ellos, no miento, eran días buenos.

A veces se tenían que ir a entrenar saliendo de clases y como no quería irme a mi casa me iba a caminar, o me quedaba acostado en alguna parte mientras escuchaba música o si estaba lloviendo me iba a mi camioneta y ahí me acostaba para después regresar a mi casa a estudiar, estudiar y estudiar.

Era el primer día de clases después de la semana de propedéuticos y la semana de descanso, porque los propedéuticos solo duraban una semana y los habían puesto con una semana de separación al inicio del semestre, quizá para que estuviéramos preparados. Me sentía tan cansado, despertarme a las 5 de la mañana no me hacía nada bien, sabía que tenía ojeras pero no iba a hacer nada para arreglarlo, no podía no faltar, no me iban a dejar, bajé, dejé mi mochila en el sillón y fui a la cocina por mi bote de agua, otra vez no había nadie en la casa, otra vez se sentía solitario. Suspiré. Fuí a mi camioneta.

De camino a la universidad escuchaba música, amaba la música, me hacía sentir libre, era algo que nunca podría faltar en mi vida. Entré al salón y vi a Javier, me senté delante de él.

— Hola — lo saludé.

— Hola.

No lo molestaba como lo hacía Diego, me gustaba estar en calma y parece ser que a él también. Creo que ese era nuestro toque. Sentí vibrar mi celular y en el grupo que creó Diego había un mensaje de él.

Diego: Guarden un lugar, hay mucho tráfico :(

Javier: Bueno.

¿Te falta mucho?

Diego: Algo.

Y una carita de gato triste.

Javier puso su mochila en el banco a lado de él, después de un rato llegó más gente y un chavo se sentó a mi lado, me volteó a ver pero no dijo nada y yo tampoco lo iba a hacer pero sí fruncí el ceño, empezó la clase y después de media llegó Diego, estaba sudando, parece que había corrido mucho.

— Está el tráfico horrible, ¿Cómo hacen para llegar temprano? — El salón estaba ruidoso, el maestro se había salido por un momento.

— Me vengo temprano.

— Tengo que tomar el camión 3 horas antes — Javier levanta sus hombros.

Diego y yo lo vemos.

— ¿3 horas? ¿A qué hora te levantas? — Diego se escuchaba muy sorprendido y yo también lo estaba.

— A las 3 de la mañana.

Diego chifló como si no estuviéramos en un salón de clases con mucha gente y yo solo me quedé viendo a Javier sorprendido.

— Vaya, que complicado debe ser — yo asentí con la cabeza.

Diego se sienta y nota al chavo enfrente de él, lo saluda.

— Hola, soy Diego, él es Javier y él es Luis — y ahí estaba, Diego el extrovertido, hablando por los 3, Luis se quedó callado y yo nadamas me le quedé viendo.

— Soy Alfonso — tenía algo que me hacía estar intranquilo, quizá solo era apenas un desconocido, después me caería bien.

— Genial, ¿Te gustan los deportes?

— Nah, soy más de videojuegos.

— Cool.

— ¿No les molesta que ninguna chava se siente con ustedes? Sabía que no iba a haber muchas pero las pocas se juntaron entre ellas...

Ahí estaba otra vez esa vibra rara, pero lo evadí.

— No pasa nada, tenemos todo un semestre y hasta más para conocer a otras personas — Diego siempre parecía feliz, no se notaba que se había peleado con el tráfico, bueno, si no le prestas atención al sudor que tenía en la cara.

— ¿Ustedes tienen novia? — me dieron escalofríos, sentí que era mi tía preguntándome sobre novias y boda.

— No.

Javier no parecía muy interesado en la plática, solo negó con la cabeza.

— Ya lo veremos después.

Llegó el maestro y ya no dijeron nada, Diego creó otro grupo y lo agregó, no dijimos nada, ahora éramos un cuadro.

Cuando se acabaron las clases salimos los 4 juntos, Diego hablaba sobre el deporte y Alfonso hablaba de sus juegos, no sabía cómo podían hablar de 2 cosas diferentes y aún así entenderse pero lo estaban haciendo, Javier y yo solo caminábamos y a veces movíamos la cabeza cuando nos hablaban. Así pasaron los días.

Llegábamos, nos sentábamos lado a lado, parecíamos un cuadrado, salíamos juntos al finalizar las clases, platicábamos o eso se intentaba, era interesante ver cómo nuestra comunicación en grupo eran Diego y Alonso, pero nos la arreglamos o eso quiero creer yo. A veces cuando Javier y Diego tenían deporte nos poniamos a jugar Alonso y yo, porque a mí también me interesaba los juegos y Alonso traía unos increíbles, mientras esperábamos que terminen su entrenamiento y luego nos poníamos a jugar otro rato y después cada quien se iba a su casa, otras veces saliendo de clases cada quien se iba a su casa y yo me quedaba un rato hasta que me cansaba y me regresaba a mi casa.