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Desperté de golpe, mirando a mi alrededor con desesperación.
Cuatro paredes completamente blancas me rodeaban.
No sabía si seguía dentro de una maldita ilusión o si, después de cinco años, finalmente había conseguido aquello que tanto deseaba.
Lo último que recordaba era estar cayendo en “el vacío” junto a los únicos amigos que el circo me había permitido tener, después de aquella última semana de tortura provocada por la IA que nos mantenía atrapados.
Entonces miré mis manos.
Cinco dedos.
Una manicura descuidada.
Piel pálida, marcada con manchas moradas, mientras varias vías conectaban bolsas de suero y quién sabe cuántas sustancias más a mi cuerpo.
Mi cuerpo real.
Me incorporé de golpe sobre la camilla azul, rodeada de cortinas abiertas, con una silla vacía a un lado.
No sabía qué hacer.
No podía dejar de llorar.
Lloraba de felicidad y de angustia al mismo tiempo.
No tenía idea de qué había pasado durante esos cinco años dentro del circo, ni sabía si Ragatha, Gangle, Zooble, Kinger y... Jax también habían logrado salir.
Pero, aun así, me sentía inmensamente feliz de haber recuperado mi humanidad.
Mis emociones.
Mi dolor.
Reuní valor y comencé a arrancarme los parches adheridos al pecho. Quité las agujas clavadas en mis brazos y aparté la manta que cubría mi cuerpo, dejando al descubierto aquella horrible bata de hospital que apenas me cubría hasta las pantorrillas.
Intenté ponerme de pie.
Un dolor agudo atravesó mis piernas y casi me hizo caer.
Pero no me importó.
Porque ese dolor era real.
Era mío.
Di unos pasos inseguros hacia la puerta y la abrí, encontrándome cara a cara con una enfermera que abrió los ojos con sorpresa al verme.
Rápidamente pasó uno de mis brazos sobre sus hombros y me ayudó a volver a la camilla.
—Oh, por Dios... tranquila. La doctora estará aquí en un minuto. Quédate sentada, por favor.
Su voz era suave, casi tranquilizadora.
Salió corriendo de la habitación mientras gritaba instrucciones a otras enfermeras en el pasillo, aunque de vez en cuando asomaba la cabeza para asegurarse de que yo siguiera sentada.
Poco después volvió a entrar y empezó a curar con cuidado las heridas de mis brazos.
Era amable.
Cuidadosa.
Y parecía joven... tal vez de mi edad.
No pasó mucho tiempo antes de que llegara la doctora.
Comenzó a explicarme lo sucedido: cómo me habían encontrado inconsciente en un edificio abandonado, lo difícil que había sido diagnosticar mi estado y cómo, durante un tiempo, pensaron que había perdido la razón.
Decían que, mientras estaba inconsciente, balbuceaba cosas extrañas relacionadas con un circo.
Yo lo negué todo.
Si les decía la verdad, si les contaba lo que había "vivido" realmente, me encerrarían creyendo que estaba loca.
Y eso era lo último que quería.
Después mencionaron a mi madre.
Dijeron que estaba de viaje, pero que estaba preocupada por mí.
Mentiras.
Nunca tuve una buena relación con ella, y dudaba mucho que ahora fuera diferente.
—Me quiero ir.
Mi voz salió seca y firme.
Miré a los dos doctores frente a mí, sabiendo perfectamente que no sería una petición fácil de aceptar.
Pero necesitaba respuestas.
Necesitaba saber si todo aquello había sido real.
Necesitaba encontrarlos.
Tenía que intentarlo.
Tenía que saber si estaban bien.
Aunque no tenía idea de por dónde empezar.
Los encontrare... Lo prometo
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Hi!, primero que nada, tenganme paciencia, es mi primer fanfic y aún me estoy acostumbrando a todo esto...
Si ven faltas de ortografía y/o tienen algunas sugerencias háganmelo saber <3









Holitaaaaas, ame este primer episodio, se siente bien ver una idea distinta ;)