Capitulo Definitivo
Monitor cardíaco.
Vías intravenosas en las muñecas.
Sus brazos caían a los lados, completamente inmóviles.
Su pecho subía y bajaba lentamente, bajo la mascarilla de oxígeno.
El pelaje azul de su frente estaba pegado por el sudor.
Nada interrumpía el silencio, salvo el persistente sonido del monitor.
¿Cuánto tiempo llevaba así?
¿Horas?
¿Días?
¿Semanas?
¿Meses?
¿Ese pitido constante...?
¿Era señal de que seguía luchando... o de qué algo no estaba bien?
Sí no fuese por ese pitido obstinado, cualquiera pensaría que ya no quedaba nada de él.
¿Podría oír algo desde ese silencio?
¿Había algo consciente detrás de esos párpados cerrados?
Su pecho seguía moviéndose.
Iba a un ritmo demasiado pausado.
¿Cómo se pasa de estar vivo, vibrante, tan cálido... a esto?
De una discusión absurda...
A una cama de hospital.
¿En qué momento se torció todo?
¿Fue cuando levantó la voz?
¿Fue un accidente?
¿Hubo un golpe?
¿Un desmayo por su embarazo?
No.
No.
No podía terminar aquí.
Esto es solo un susto... ¿cierto?
Va a abrir los ojos en cualquier momento.
¿Verdad?
(...)
La bofetada hizo que la cabeza de Shadow girara bruscamente.
Cerró los ojos.
Respiró hondo y soltó el aire.
¿Debería reaccionar y devolver el golpe?
Nadie.
Absolutamente nadie...
Había osado siquiera levantarle la mano.
¿Cómo era posible que alguien se atreviese a hacerlo?
Al abrirlos. Encontró a Amy con la mirada llena de lágrimas.
¿Debería dejarlo pasar?
¿Iba a quedarse sin reaccionar?
¿Sin mover un dedo?
No obstante, sabía, aunque no quisiese, que algo de culpa era suya.
¿Por qué razón?
¿Cómo...?
¿Qué lo llevó a...?
- Eres un maldito... - susurró ella.
¿Lo merecía?
¿Se lo había ganado?
¿Que parte de él permitió que llegase a pasar esto?
¿Que no entendió que terminó así?
- ¿Cómo pudiste? - volvió a hablar Amy.
Silencio.
Shadow le dirigió una mirada dura.
- ¿Cómo está él?
La pelirrosa rió sin gracia.
- ¿Enserio te atreves a preguntar?
- Solo respóndeme ¿Cómo está él? ¿En qué hospital está?
- Ojalá lo supiera.
- Amy, no tengo tiempo para-
- ¿Que no tienes tiempo? - dió un paso hacia él - ¡Él tampoco tenía tiempo para desangrarse mientras tú le gritabas!
La mandíbula de Shadow se tensó.
Se le notó un leve cambio en la cara.
No era rabia lo que asomaba, era pánico.
- ¿Y el bebé? - murmuró - Amy... ¿y el bebé?
Ella parpadeó, sorprendida por la pregunta.
- ¿Qué?
- Respóndeme - dió un paso al frente - ¿Está vivo? ¿Está bien?
Un ligero temblor recorrió sus manos.
- No me importa lo que pienses de mí ahora. No me importa si quieres golpearme otra vez. Solo dime que mi hijo sigue respirando.
Amy lo observó con compasión.
- Shadow... ¿cuándo dejarás de creer que ese bebé no es tu-
- ¡CORTA LAS TONTERÍAS Y DIME DÓNDE MIERDA ESTÁN!
El grito la tomó por sorpresa, haciéndola retroceder.
Frunció el ceño.
- ¡NO TIENES NINGÚN MALDITO DERECHO VENIR A MI CASA Y GRITARME ASÍ!
- ¡ENTONCES BÁJALE A LOS GRITOS Y DIME DÓNDE ESTÁ!
La pelirrosa guardó silencio.
¿Y si hablar solo lo arruinaba todo?
¿No sería mejor quedarse callada?
Sabía que su hermano yacía vulnerable, conectado a máquinas que registraban cada señal de vida.
Y todo había sido por...
Exhaló con cansancio, llevándose una mano a la sien.
No iba a dejar que su hermano saliese más dañado por culpa de ese imbécil.
No podía.
No mientras tuviese aliento.
No mientras le quedase un ápice de fuerza.
Comprendía que Shadow no estaba en momento para soltar cualquier cosa.
Lo notaba rígido, los hombros firmes, la mirada cargada de desesperación y culpa.
Se contuvo, sabiendo que incluso una sola palabra podía ser demasiado.
Cada segundo era un recordatorio de lo frágil que todo era, y se aferraba a no ceder.
- Amy, no lo diré otra vez... ¿dónde están?
- Y-yo no sé... en verdad.
- No me convence tu "no sé"
- Pues... si, pero es complicado explicarlo.
- Dímelo tal cuál es.
- No es tan simple... mejor dejémoslo así por ahora.
- ¿Segura?
- No sé absolutamente nada.
El azabache se quedó callado.
La miró por un momento.
Chasqueó la lengua con irritación.
Al diablo.
Si no iba a decirlo voluntariamente, la obligaría a ello.
Deslizó la mano hasta su cadera y sacó un arma del pantalón.
Sin vacilar, apuntó directamente a la cabeza de la eriza.
Sus ojos se abrieron ampliamente.
- S-shadow... ¿Dónde conseguiste eso?
- Eso no importa. De todos modos, no vivirás lo suficiente para saberlo.
Le quito el seguro al arma.
- ¡Oye espera, no dispares!
Shadow empezó a apretar el gatillo.
- Baja la maldita arma.
La orden se escuchó desde la puerta.
El azabache quedó inmóvil en su lugar.
Giró la cabeza con lentitud.
Allí se erguía un equidna de pelaje rojo, observando todo.
Mantenía la mirada fija, fría... y completamente libre de dudas.
Empezó a caminar hacia ellos.
Sus botas hicieron eco al pisar el suelo.
Seguía mirando a Shadow fijamente.
- Te dije que bajes el arma.
El erizo negro no se movió.
Volvió la vista a Amy y luego al arma.
Ella apretó los ojos con fuerza por un instante.
Su frente estaba cubierta de sudor.
Su corazón latía con rapidez.
- ¡Te dije que la bajes! - insistió Knuckles.
El azabache apretó los dientes.
- No.
No conseguía siquiera intentarlo.
Algo dentro de él se lo impedía.
Todo lo demás daba igual.
Únicamente tras cerciorarse de que Sonic se encontraba bien, podría calmarse.
El equidna avanzó un paso más.
- Shadow... respira. No ganarás nada así. Baja el arma.
Shadow tardó un instante más en soltarlo.
El aire se volvió pesado.
Aquella arma tembló apenas entre sus manos.
Su dedo rozó el gatillo.
Y entonces la bajó.
Colocó el seguro de nuevo.
Cerró los ojos.
Respiró hondo.
- Solo quiero... solo quiero saber dónde están.
- No lo vas a saber. No todavía - habló el equidna - Si intentas acercarte, solo lo pondrás en más peligro.
- Pero-
- No hay "pero", Shadow. Lo siento, pero no esta vez. Controla tu pulso.
Amy exhaló el aire que retenía.
- ¿Estás bien? - Knuckles se acercó a ella.
- Si. Gracias... ¿cómo supiste que Shadow estaba aquí?
Él suspiró y se pasó una mano por el rostro.
- Necesito hablar contigo - observó al azabache de reojo - A solas.
La pelirrosa asintió.
- Vayamos a la cocina.
Ambos se alejaron, dejando a Shadow solo en la sala.
Al llegar, Amy apoyó las manos en la cadera.
- ¿Entonces?
El de púas rojas se sentó, apoyando un brazo en el respaldo y cruzando una pierna.
- ¿Qué carajos hace Shadow aquí? ¿Y qué le pasó a Sonic?
Silencio.
La pelirrosa dudó, pensando bien lo que iba a decir.
- Shadow descubrió que Sonic esperaba un bebé, pero Sonic le aclaró enseguida que no era suyo.
El equidna suspiró, dejando caer la cabeza hacia atrás. - No me jodas.
- Lo sé... pero no puedo evitar sentir que Sonic también tuvo algo de culpa.
- ¿A qué te-
- Sonic sabía perfectamente que Shadow estaba enamorado de él... y aún así, mientras esperaba un hijo de Mephiles, continuó viéndose con él a escondidas.
- ¿Quién en su sano juicio haría algo así?
Ella se encogió de hombros.
- Bastó con que Shadow conociera a Sonic en el trabajo para que se obsesionara con él.
Ninguno habló por un momento.
La cocina se sentía pequeña de repente.
- Eso no justifica lo que hizo hoy.
Amy negó con la cabeza.
- No. No lo justifica.
Se pasó la mano por el cabello rosado, algo inquieta.
- Pero tampoco puedes negar que Shadow nunca estuvo bien desde el principio.
El equidna frunció el ceño.
- Explícate... ¿qué intentas insinuar?
Soltó una risa amarga.
- Knuckles... ese tipo lo seguía con la mirada cada vez que Sonic entraba a una oficina.
- Eso no es tan rar-
- No. Lo raro era cómo lo miraba.
Silencio.
- Como si nada más... existiera fuera de Sonic.
El de púas rojas apoyó ambas manos sobre la mesa.
- Eso sigue sin explicar porqué Sonic terminó en una cama de hospital.
Amy desvió la mirada.
Sus dedos se cerraron con fuerza sobre el borde del mostrador.
- Discutieron.
- Eso ya lo imaginé.
- Pero esto fue diferente.
Knuckles levantó la vista.
- ¿Que paso?
La pelirrosa no respondió de inmediato.
Tragó saliva.
- Shadow se dejó llevar por la ira.
El equidna volvió a fruncir el ceño.
- ¿Le hizo algo?
Amy lo observó un momento.
- Él lo golpeó.
Sus ojos se humedecieron.
- Una amiga que trabaja en la recepción de un hotel me llamó para decirme que vio a Sonic entrar con Shadow.
- No le dio importancia al principio. Hasta que la señora de la limpieza entró a la habitación... y lo vio.
- Shadow... ese maldito estaba golpeando a mi hermano.
- La encargada de la limpieza no avisó primero a la policía, sino que gritó al encontrar el suelo cubierto de sangre, y lo llevaron de inmediato al hospital.
Knuckles bajó la mirada, con el corazón encogido. - ¿Y el bebé?
Amy se calló un momento.
Sus labios temblaron.
Miro al suelo.
Luego cerró los ojos.
- No sobrevivió.
Todo quedó en silencio.
Las lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas.
- Me dijeron que Shadow lo empujó durante el forcejeo y Sonic cayó sobre una mesa de vidrio, que cedió al golpe.
Knuckles se quedó inmóvil.
- Pasé los últimos días en el hospital, sin apartarme de esa silla, viendo el ir y venir de las bolsas de suero de mi hermano.
La voz se le cortó sin querer.
- Nadie sabía nada. Los policías fueron al hotel, rastrearon las cámaras, lo buscaron en su departamento, en el trabajo... nada.
- Era como si la tierra se lo hubiese tragado después de dejar a Sonic desangrándose.
Echó un vistazo a la puerta de la cocina, cuidando que Shadow no escuchara.
- Y de pronto, hoy... aparece en mi puerta como si nada. Como si tuviese el derecho de exigir respuestas después de lo que hizo.
- Estuvo prófugo, Knuckles. Estuvo escondido mientras el bebé... mientras mi sobrino moría.
- ¿Y tiene la cara de venir aquí con un arma? - gruñó el equidna - Amy, ese tipo no está arrepentido... está desquiciado.
- Sí, lo sé, pero... hay algo... hay algo más urgente que me preocupa.
El pelirrojo se quedó callado.
- Mi hermano... aún... no sabe que perdió a su bebé - se cubrió el rostro con una mano - Y no sé cómo demonios vamos a decírselo cuando despierte.
De nuevo, silencio.
- Amy... ¿Shadow sabía cuánto tiempo tenía el bebé?
- No... ni siquiera sabía que el embarazo era demasiado delicado.
Él suspiró.
- Esto lo va a destruir.
Amy negó lentamente. - Si llega a enterarse-
Algo golpeó el suelo del pasillo.
Ambos levantaron la cabeza al mismo tiempo.
La eriza frunció el ceño.
- ¿Escuchaste eso?
Knuckles no respondió. Sus ojos estaban fijos en la entrada de la cocina.
En el suelo del pasillo... yacía un arma.
Unos pasos más atrás, Shadow estaba de pie. Pálido. Inmóvil.
Amy se tensó.
- Desde... ¿desde cuándo estás...?
El azabache tardó en responder.
Su voz se quebró al preguntar: - ¿El bebé...? ¿Esta...?
Se llevó la mano a la sien, apretando los dedos.
- No... ¿Que mierda...? ¿Que mierda hice?
(...)
Un leve temblor recorrió sus dedos adormecidos.
Primero uno.
Luego otro.
Sus párpados temblaron.
Sonic aspiró con dificultad, luchando por llenar sus pulmones.
Sus ojos se abrieron a duras penas.
La claridad le punzaba y lo obligaba a parpadear sin cesar.
Cuando logró enfocar la vista, sus ojos recorrieron el lugar con confusión.
¿En qué lugar se hallaba?
¿Qué carajos...?
Estaba totalmente ido, desorientado.
Aun así, se sentía distinto... hueco, como si algo esencial le hubiese sido arrancado.
Pero no sabía qué.
Tragó saliva, aunque le costó. La garganta le ardía y se sentía seca.
Intentó mover el brazo, pero soltó un quejido al sentir las vías intravenosas tirando de sus muñecas.
Cómo pudo, llevó las manos hasta su abdomen.
Frunció el ceño sin saber por qué.
Sentía que algo le faltaba.
Que algo no estaba ahí.
Pero... ¿qué era eso que sentía haber perdido... sin siquiera recordarlo?
¿Qué era eso que le faltaba... tan profundamente?
Algo no le encajaba.
Presionó su vientre, no obstante, un dolor lo hizo quejarse de nuevo, con más vigor.
¿Una herida...?
¿Era... una cortada?
¿Por qué tenía eso ahí...? ¿Qué le habían hecho...?
Sus dedos temblaron levemente sobre su vientre.
Frunció más el ceño.
No entendía por qué eso le inquietaba tanto.
Era solo una herida... ¿no?
Pese a la confusión, consiguió aclarar un poco su mente.
Su esposo...
Mephiles.
¿Dónde estaba?
¿Por qué... no estaba con él?
Logró recordar sus seis años de matrimonio viviendo juntos.
La vida que habían construido juntos.
Sus esfuerzos.
Su amor.
Su... bebé.
Su corazón se aceleró de golpe.
Y entonces... todo cobró sentido.
Su bebe.
Estaba esperando un bebé.
Un hijo de Mephiles.
La puerta se abrió y una de las enfermeras entró a la habitación.
Al verlo despierto, se detuvo en seco.
- ¡Dios mío! ¡Por fin despertaste!
Se acercó rápidamente, inclinándose sobre él.
Ajustó la mascarilla con cuidado y lo observó unos segundos, asegurándose de que estaba consciente.
Luego, la deslizó apenas hacia abajo.
Sonic tragó saliva, forzando la voz.
- Mi... bebé...
Sus ojos la buscaban, ansiosos y casi suplicantes.
- ¿Dónde lo dejaron...?
La enfermera se quedó en silencio.
- ¿Dónde está...? - insistió Sonic.
Ella apretó los labios.
- Necesito que te mantengas tranquilo - respondió finalmente.
- Pero... mi bebé...
- Usted tranquilo, yo-
En ese momento, la puerta se volvió a abrir.
La doctora levantó la vista.
Al ver a Mephiles en la entrada, guardó silencio.
Él cruzó la habitación en pocos pasos.
- Amor...
Se acercó a la cama y tomó su mano con cuidado.
- Estoy aquí... tranquilo ¿Cómo te sientes?
- Mi bebé... ¿dónde está?
Mephiles apretó ligeramente su mano.
No iba a negar que no sabía qué sentir respecto a su esposo.
Le embargaba el desconsuelo. La angustia. La frustración. Dolor.
El hecho de que su esposo...
Que la persona que llevaba a su hijo en su interior, estuviese con alguien más ¿cómo podría evitar sentirlo?
¿Cómo no iba a percibirlo?
Se preguntaba si en algún momento había fallado, si algo de esto era culpa suya.
Era incapaz de comprender cómo algo tan suyo podía sentirse tan ajeno
El miedo a perder lo que amaba lo dejaba sin reacción, aunque se negara a aceptarlo.
Su corazón latía con fuerza, dividido entre el amor... y la amarga sensación de traición.
Sus manos temblaban, aunque intentara esconderlo.
¿Qué dolía más...?
¿La traición...o el hecho de que aún lo amaba?
- Primero tienes que descansar... ¿sí?
Era todo lo que podía decir, pero incluso esas palabras parecían pesar menos que su dolor.
Sonic lo miró fijamente.
Algo en esa respuesta no terminaba de convencerlo.
Su respiración empezó a volverse irregular.
- No... - murmuró - No, no, no...
El monitor cardíaco comenzó a pitar más rápido.
- ¿Dónde está? - preguntó de nuevo, con la voz suavemente temblorosa - ¿Dónde está mi bebé?
Sus dedos se aferraron a las sábanas.
El aire empezó a faltarle.
Intentó incorporarse, pero el dolor en el abdomen lo obligó a soltar un grito contenido.
- ¡Mi bebé! ¡Quiero verlo!
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Parpadeó con fuerza, pero no pudo detenerlas.
- Sonic, tranquilo... respira. Estoy aquí - el azabache trató de calmarlo.
- Por favor... solo díganme que está bien... - Sonic cerró los ojos y las lágrimas le cayeron por las mejillas.
La enfermera miró rápidamente los monitores.
- Tranquilo, no se altere así, respire hondo.
A duras penas podía escucharla.
Su mente no lograba procesar nada.
Todo lo que sentía era desesperación, angustia... y pánico.
¿Por qué el lugar que debía ocupar su bebé estaba vacío?
Mephiles suspiró y miró a la enfermera.
- ¿Nos permite un momento a solas, por favor?
La enfermera dudó un momento, pero finalmente cedió.
- Ah... sí, solo procuré calmarlo. Con su permiso.
En cuanto ella salió, el azabache sintió su corazón acelerarse.
La inquietud le oprimía el pecho.
No se atrevía a sostenerle la mirada.
- Mephiles...
Su mirada se fijó en él en cuanto lo oyó hablar.
- ¿Por qué? - consiguió decir.
Sonic frunció el ceño
- ¿Por qué? - repitió.
Silencio.
Él azabache desvió la mirada al suelo.
- ¿Qué me pasó? ¿Qué hago en un hospital?
No respondió.
- Tu me... ¿Tu me hiciste esto?
Mephiles frunció el ceño y alzó la cabeza para mirarlo directamente a los ojos.
- ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?
- Y-yo-
- Sabes perfectamente que yo nunca te he puesto una mano encima... ni lo haría jamás.
-Sigo esperando que me digas DÓNDE está mi hijo.
- Amor... dime algo. Sí sabes quién te hizo esto, ¿verdad?
Sonic negó lentamente.
- No lo recuerdo.
Mephiles dudó.
¿Sería más prudente quedarse callado?
¿Mejor si no dice nada?
Solo iba a empeorar las cosas, pero ya no podía seguir guardándose aquello.
Sentía la necesidad de decirlo, pero tampoco quería parecer un... ¿egoísta?
Se pasó la lengua por el interior de la mejilla.
Guardaron silencio hasta que, al fin, Mephiles habló:
- Si yo... que soy tu esposo... nunca te he levantado la mano ni te he faltado al respeto...
Hesitó antes de continuar.
Tragó saliva.
- ¿Por qué dejaste que alguien más sí lo hiciera...?
Sonic frunció el ceño.
- ¿De qué estás hablando...?
Mephiles apretó los dientes.
- Ese tipo...
Se le quebró la voz un poco.
- Ese maldito te hizo esto...
Sus ojos se humedecieron.
- Y...
Silencio.
Le costó decirlo.
- Y también...
Bajó la mirada.
- También nos quitó a nuestro hijo.
El corazón del erizo azul pareció detenerse.
Sus ojos se abrieron por completo.
Shadow.
Ese nombre.
¿Permitir...?
¿Matar...?
¿Shadow...?
Shadow...
Cierto... ¿cómo lo había olvidado?
Shadow.
Su bebé.
Al recordarlo, su pecho se le apretó.
No de alivio.
No de alegría.
Sino de... miedo.
Sus oídos comenzaron a pitar.
Su respiración se volvió pesada.
- Sonic... mi amor, perdón. Sé que estoy diciendo esto en el peor momento, pero no podía callármelo...
El azabache intentó tomarle las mejillas, pero él las apartó.
¿Qué pasó exactamente?
¿Cómo ocurrió?
¿Cómo... lo permitió?
¿Su bebé ya no estaba...?
¿Lo había perdido...?
Y entonces... lo recordó.
Fue en su entrevista de trabajo donde lo vio por primera vez.
Nunca imaginó que todo comenzaría con algo tan simple como un encuentro en el elevador...
Al principio, su relación no era distinta a la de cualquier otro compañero.
En las veladas del trabajo, que a veces se extendían hasta la madrugada, solían quedarse juntos.
Hablaban de todo un poco: desde cuestiones laborales... hasta temas más ligeros, más fáciles.
Y, con el paso de los días, Shadow empezó a mostrarse... diferente.
Más atento.
Más cercano.
Más... presente.
Sonic pensó que era simplemente su forma de ser.
El azabache siempre había sido alguien serio, reservado... pero con él, dejaba entrever algo más.
No demasiado.
Solo lo justo.
Pequeños gestos.
Una taza de café que aparecía sobre su escritorio cuando Sonic llegaba tarde.
Una silla apartada a su lado en las reuniones.
Un comentario en voz baja, dirigido únicamente a él.
O esa forma en que sus ojos rojos lo encontraban... sin importar en qué parte de la oficina estuviera.
Sonic lo notaba.
Había cosas que simplemente no se podían ocultar.
Sin embargo, nunca dijo nada.
Shadow hablaba poco de sí mismo.
Y cada vez que lo hacía...
Sonic escuchaba.
Atento.
Sin perder un solo detalle.
Y eso... para alguien como Shadow, parecía significar más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Más allá de eso, la relación de ambos no se quedó en simples gestos o miradas.
Al principio, probablemente le hizo sentir que con él podía ser él mismo, vivir algo distinto.
Una aventura que su esposo.... (por más bueno que fuese) no podía darle dentro de la estabilidad del matrimonio.
Con el tiempo, esos detalles mínimos dieron paso a algo más...
Besos.
Palabras que derretían el corazón.
Caricias que deslizaban por cada rincón de sus cuerpos.
Y luego... sexo.
Si sabía que eso no estaba bien, ¿por qué lo llevó a cabo?
¿Por qué se rindió ante la situación?
El mayor encanto de un hombre es hacerte creer que eres la única persona capaz de domarlo.
Te hace sentir que eres quien lo entiende.
Quien lo satisface.
Quien realmente tiene esa química con él.
Y lo primero que pensó Sonic fue que el azabache era indiferente ante todos... excepto ante él.
Con él, era tierno.
No ocurrió de inmediato.
No fue consciente.
Pero en algún momento... empezó a creer que provocaba algo en Shadow que nadie más conseguía.
Algo que hacía que cediera.
Algo que lo volvía diferente con él.
Especial.
Magnético.
Cautivador.
Voraz.
Tal vez no era el único que había llegado a creer algo así.
La necesidad de sentirnos protagonistas en la historia de redención de alguien más... rara vez termina bien.
Aquel que es duro con el mundo no suele ser tierno contigo por amor, sino por conveniencia.
Sonic quiso creer que aún podía convertirse en alguien digno de ser querido
Y como muchos antes que él... terminó cayendo en sus encantos.
Porque, al final, pensar que alguien sería diferente solo contigo no es más que una manera elegante de engañarse a uno mismo.
Y Sonic, simplemente, nunca logró entenderlo por completo...
Querer a alguien siempre fue complicado para Shadow.
Controlar y chantajear se le daba mejor que amar.
Quería hacerlo suyo.
Quería arrancarlo de Mephiles.
En pocas palabras... quería poseerlo.
Pero el azul siempre encontraba la forma de esquivar el tema.
De excusarse.
De evitar lo inevitable:
Divorciarse de Mephiles.
Y para alguien con una mente manipuladora y posesiva... eso no era una relación.
Era una competencia.
Y la estaba perdiendo.
Shadow, acostumbrado a manipular, necesitaba ser el centro absoluto de su vida.
Pero al mantener su matrimonio con alguien a quien describía como "tierno"...
El cobalto le estaba diciendo algo que su ego no podía tolerar.
Ya que él le daba algo que Sonic no podía darse a sí mismo.
Ahí, justo ahí, la vida dejó de ser como la conocíamos.
El azabache dejó de buscar un vínculo. Y empezó a actuar desde el ego.
La primera vez que lo golpeó también fue la primera vez que le pidió perdón.
La primera vez que lo besó fue con el mismo aliento con el que lo había lastimado.
Y pese a ello... le hizo el amor.
Lo penetró como si esas manos no fuesen las mismas que lo habían herido.
Como si no hubiese pasado nada.
Porque ahí es donde todo se distorsiona.
Después del daño... viene el perdón.
Y después del perdón... viene el sexo.
Un sexo más intenso.
Más desesperado.
Más necesario.
No por amor.
Sino por el alivio.
A causa de las lágrimas contenidas.
Por esa mentira cómoda que se siente como una "reunión de almas"...
Cuando, en esencia, todo permanece igual.
¿Qué lleva a alguien tan libre a quedar atrapado por violencia y chantaje?
Sea como sea, para Sonic, aquella unión conservaba algo sagrado, incluso en su ocaso.
Honrada sea esa unión.
Bendito sea ese amor.
Que arda... si ese es su destino.
Que duela... si así ha de ser.
Que los consuma.
Que los transforme.
Que los rompa, si es necesario...
Pero que jamás se extinga.
Ni siquiera cuando ambos hayan dejado de existir.
Quizá lo amaba demasiado... o quizá solo necesitaba besarlo.
Era su amor lo que ansiaba. Y aquel brillo en sus ojos, tan hipnótico que lo hacía perderse.
No lo sabía... pero su deseo por él era demasiado intenso.
No salió ileso de aquello... pero había algo en ese amor que se sentía auténtico.
Que se sentía bendecido por la gracia que su maldito amor negaba y protegía a la vez.
Cada herida, cada golpe, solo lo acercaba más a lo que no podía soltar.
Porque perderlo era como morir en vida. Y amarlo... era la única manera de sentirse vivo.
Que la magia de este vínculo perdure más allá del mundo.
Más allá de la vida.
Más allá de todo.
Hasta que nosotros mismos nos disolvamos en el éter.
En el nombre del vínculo sagrado sangre...
Amén.
¿A qué abismo le imploramos esto?
¿A Dios?
¿A los cielos y a la tierra que nos sostienen?
¿Al destino?
- ¡SONIC REACCIONA!
El mencionado se sobresaltó.
Vio a su alrededor muy nervioso.
Paredes blancas.
Máquinas.
Cables, y...
Mephiles.
Él seguía sosteniendo su mano.
Sus ojos estaban rojos de tanto llorar.
Ambos se observaron.
- Amor... ¿estás bien? Ya pasó...
Sonic asintió lentamente, aún desorientado.
¿Cuánto tiempo había estado recordando ese momento infernal?
Fue inevitable que se viera su vientre.
Seguía plano.
Ya no había nada.
Rápidamente el de vetas verdes lo tomó del rostro y lo obligó a mirarlo.
- Soni-
- Tengo ganas de verlo muerto.
Silencio.
¿De verdad...?
¿De veras pensaba eso?
Mephiles sabía perfectamente a quién se refería.
Su esposo habló con la seguridad de quien no acepta réplica.
Y... no pudo evitar que otra parte de sí deseara lo mismo:
Matar a Shadow.
Por querer quitarle a su esposo.
Por manipularlo.
Por venderle los ojos.
Sin embargo, nada cambiaba el hecho de que matar seguía siendo un delito, y ellos pagarían las consecuencias.
Pero...
¿Qué pasaría si alguien más cargaba con la condena?
Bajo la mirada pensando si sería buena idea.
No obstante, si su deseo era justicia, no podía quedarse de brazos cruzados.
- De acuerdo... - se aclaró la garganta - Presta atención a lo que te voy a decir.
Sonic lo miro atento.
Mephiles se acercó.
Murmuró unas palabras que solo él pudo oír y luego alzó la mirada, encontrando la del cobalto.
Durante un momento, solo se observaron.
Sonic arrugó las cejas, procesando cada palabra.
El azabache simplemente asintió, apretando los labios.
¿Conclusión?