CONCIERTO

Summary

Una fan va a ver si banda favorita sin esperar que su fantasia se haria realidad...

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18+

Madrid

El corsé rosado me apretaba las tetas como si quisiera reventarlas, los pequeños moños resaltaban con mi piel pálida, La falda gris humo apenas me cubría el culo y las botas altas rosas de tacón me hacían sentir una puta de lujo. Estaba en mis treintas, el pelo rojo cayéndome en ondas salvajes, labios pintados del mismo rojo sangre, y unas caderas anchas, redondas y perfectas que sabía mover muy bien. Mi mente era un pozo de perversiones: llevaba años imaginando cómo sería que Jin me follara como un animal.

El concierto en Madrid estaba en su punto más alto. Cuando sonaron los primeros acordes de “Epiphany” y él bajó del escenario, mis caderas empezaron a moverse solas, provocativas, girando lento para que viera exactamente lo que ofrecía. Nuestras miradas se cruzaron. Sus ojos bajaron por mi escote, por mi cintura y se detuvieron en mis caderas. Sonrió. Y yo supe que ya era suya.

Al terminar el show, alguien del staff se acercó y me dijo en voz baja: “Kim Seokjin quiere verte ahora”. El corazón me latía en la garganta, pero mi coño ya estaba empapado.

Subí a la furgoneta negra. Jin estaba allí, todavía con el traje del escenario, oliendo a sudor limpio y perfume caro. Apenas se cerraron las puertas, me agarró de la cintura y me sentó en sus piernas. Su boca chocó contra la mía con hambre. Su lengua era caliente y exigente, invadiéndome mientras una mano grande me apretaba una teta por encima del corsé, pellizcándome el pezón hasta que gemí dentro de su boca.

—Eres una diosa… —gruñó contra mis labios—. Llevas toda la noche moviendo este culo para mí.

Su otra mano subió por mis muslos gruesos, apartó las bragas empapadas y metió dos dedos de golpe en mi coño. Jadeé fuerte. Empezó a follarme con los dedos, curvándolos, buscando ese punto que me hacía temblar. Yo movía las caderas contra su mano, frotándome como una perra en celo mientras el coche avanzaba por las calles de Madrid.

—Estás chorreando… —susurró mordiéndome el labio inferior—. Quiero probarte.

Sacó los dedos y me los metió en la boca. Los chupé con ganas, saboreando mis propios jugos mientras él me miraba con esos ojos oscuros llenos de lujuria. Me besó otra vez, más sucio, mezclando saliva y mi sabor. Me apretaba el culo con fuerza, separándome las nalgas por encima de la falda.

Llegamos al hotel. Me llevó casi en volandas hasta el ascensor privado. Apenas se cerraron las puertas, me empujó contra la pared, me subió la falda y se arrodilló. Me bajó las bragas de un tirón y hundió su cara entre mis piernas. Su lengua lamió mi coño de abajo arriba, deteniéndose en el clítoris hinchado, chupándolo con fuerza. Metió dos dedos otra vez y me folló con la boca mientras yo le agarraba el pelo y gemía sin control.

—Joder… sí… cómemelo todo —supliqué.

Cuando las puertas se abrieron, me levantó y me cargó hasta la suite. Me tiró sobre la enorme cama y ordenó con voz ronca:

—Quítate todo. Solo quiero las botas.

Me desnudé temblando de excitación. El corsé cayó, mis tetas pesadas rebotaron libres, pezones duros y sensibles. La falda y las bragas desaparecieron. Solo quedé con las botas altas rosas. Jin se quitó la ropa despacio, revelando ese cuerpo perfecto y su polla gruesa, venosa y completamente dura, con la cabeza brillante de precum.

Abrió una botella de champagne caro y me hizo beber de su boca. El líquido frío bajaba por mi cuello, entre mis tetas, y él lo lamía todo, chupando mis pezones con fuerza, mordiéndolos hasta que grité de placer y dolor mezclado.

Me puso a cuatro patas en la cama. Agarró mis caderas con fuerza, clavando los dedos en mi carne blanda, y me penetró de una sola estocada brutal hasta el fondo. Grité. Su polla me abría completamente, llenándome. Empezó a follarme como un salvaje, embestidas profundas y rápidas, sus huevos golpeando contra mi clítoris. El sonido húmedo de carne contra carne era obsceno.

—¡Sí! ¡Más fuerte! ¡Rómpeme el coño! —gritaba yo.

Me dio un cachetazo fuerte en el culo que me hizo gemir más alto. Tiró de mi pelo rojo como riendas y aceleró, follándome tan duro que mis tetas se balanceaban violentamente. Me corrí por primera vez con un grito ahogado, mi coño apretándole la polla con espasmos, chorros de jugos bajando por mis muslos.

No paró. Me dio la vuelta y me puso en misionero, levantándome las piernas y apoyándolas sobre sus hombros. Me penetró otra vez, más profundo aún. Podía sentir cada vena de su polla rozando mis paredes. Me besaba con lengua mientras me follaba, mordiéndome los labios rojos hinchados. Una mano bajó y me frotaba el clítoris rápido. Me corrí de nuevo, gritando su nombre, apretándolo tanto que casi lo saco.

—Ahora tú arriba —gruñó.

Me senté sobre él y empecé a cabalgar. Mis caderas perfectas se movían en círculos, subiendo y bajando, haciendo que su polla entrara y saliera completamente. Jin me apretaba las tetas con fuerza, pellizcándome los pezones, dándome azotes en el culo. Me incliné hacia atrás, apoyando las manos en sus muslos, y seguí rebotando como una puta desesperada. Luego me giré sin sacármela, dándole la espalda, y seguí cabalgando en vaquera invertida. Sentía su mirada clavada en mi culo rebotando.

Me puso de lado, spooning. Pegado a mi espalda, me levantó una pierna y me penetró desde atrás. Una mano me apretaba una teta, la otra me frotaba el clítoris mientras me follaba lento pero profundo, mordiéndome el cuello y el hombro. Me susurraba guarradas al oído:

—Este coño es mío ahora… voy a llenártelo hasta que rebose.

Me corrí por tercera vez, temblando entera.

Finalmente me levantó como si no pesara nada y me folló de pie contra el ventanal. Mis tetas aplastadas contra el cristal frío, las luces de Madrid abajo. Me tenía agarrada de las caderas y me embestía desde atrás con fuerza brutal. Cada estocada me levantaba del suelo. Mi coño chorreaba, mis jugos y su precum mezclados caían por mis botas rosas.

—¡Córrete dentro! ¡Lléname! —supliqué.

Jin rugió,entrelazo sus dedos con los mios contra el frío cristal, me clavó hasta el fondo y explotó. Chorros calientes y espesos de semen inundaron mi coño, tanto que rebosaba y chorreaba por mis muslos. Me corrí con él, gritando, apretándolo, ordeñándolo hasta la última gota.

Nos duchamos juntos, besándonos despacio bajo el agua caliente. Me enjabonó las tetas, el culo, metiendo dedos otra vez en mi coño lleno de su semen. Me hizo correrme una vez más con su boca en la ducha.

Después me llevó a la terraza privada. Cena romántica con velas, vino tinto caro y vistas impresionantes. Yo llevaba solo una bata de seda abierta, las botas todavía puestas. Él no podía dejar de tocarme: una mano en mi muslo, la otra acariciándome el pelo.

—Ven conmigo —dijo de pronto, mirándome a los ojos—. Únete a la gira. Quiero despertarme contigo todos los días, follarte en cada ciudad, besarte en cada camerino. No es solo esto… me tienes loco.

Me quedé mirándolo. Mi mente pervertida ya estaba imaginando hoteles en Tokio, Seúl, Nueva York… su polla dentro de mí en cada uno. Mi vida en España era cómoda, pero algo aburrida. Esto era fuego, y podria tomarlo como unas pequeñas vacaciones.

Me levanté, dejé caer la bata, me senté a horcajadas sobre él y lo besé profundo, sintiendo cómo su polla volvía a endurecerse contra mi coño sensible.

—Me voy contigo —susurré mordiéndole el labio—. Quiero que me folles en cada rincón del mundo, Jin. Soy tuya.