Prólogo
La furgoneta parecía fuera de lugar en los autos de lujo de Saint-Tropez. Vieja, desgastada, tan libre, un color tan llamativo que cansa la vista, simplemente ajena a lo que es la ciudad del glamour. Parecía que todos lo notábamos, menos él...El tipo sentado en esa silla de playa, con una sombrilla que no encajaba nada nuevamente con la estética. Ese chico tan relajado lleno de aceite para auto pretendiendo ser sexy e interesante, absurdo.
Lo observaba desde el balcón con una copa de ese vino rosa que sabía a maravilla mientras tanto en el radio de fondo sonaba una canción de Michael Jackson, Dirty Diana. ¿Por qué se veía tan sexy con esa camisa destapada y viéndose tan sucio?, seguramente era la canción, con esa introducción cualquiera se vería increíblemente interesante. Solté un suspiró, antes de dejar mi copa en la mesa del balcón. Escuchó unos pasos acercarse, es Isabelle, quién sostiene el radio y comienza a bajar la música lentamente y ahí estoy yo, volteando a ver a ese tipo antes de que la música deje de escucharse, porque sigue ganándome la curiosidad de quién es y que hace aquí.
– Julien...Ya te he dicho varias veces que no puedes escuchar esto con total libertad, papá piensa que Michael Jackson es muy... – Busca las palabras correctas para no sonar cómo papá. – Muy...¿Liberal?, eso no tiene sentido las canciones de Michael son simplemente las mejores de la época – aseguro mientras asiento con la cabeza, seguro de lo que digo. – ¿Has oído lo qué dice la canción?, 'qué seduces a todo hombre', 'seré tu amante está noche', 'me dijo que es toda mía está noche', ¿ah?, pues claro que es muy liberal– la miro fijamente antes de rodar mis ojos. – Por Dios santo, ya no estamos en 1800...Esto es normal, papá debería actualizarse – ambos soltamos una risa porque sabemos que eso jamás va a suceder. Y entonces la puerta se cierra de golpe, es papá. Apagamos y escondemos el radio, nuestro objeto preciado no debe ser descubierto. – Bueno, supongo que estás vacaciones son solo para ustedes, estoy harto de los negocios...Vamos, vamos, lárguense de aquí, necesito un buen whisky y no quiero compañía, y más les vale no hacer desastre, hay mucha gente importante aquí – dejo muy claro papá con esa voz estresada que pone casi siempre. Claramente preferimos irnos. Tomamos nuestras cosas y bajamos.
– Bien, suerte con tu cita Isabelle, prometo tener esto en secreto – era evidente que como hermana mayor no se mantendría quieta y no era nadie para detenerla, y por más que lo intentará no sucedería. Tomamos diferentes caminos y yo...En verdad quería saber quién era ese tipo tan despreocupado, no era posible que alguien estuviera tan tranquilo, sabiendo que no pertenecía en absoluto a este lugar. Camine hasta la playa en donde estaba ese holgazán…¿Hippie?, prejuicios. Y apenas estuve cerca pedí una mesa cerca, una con el verdadero glamour, quizá no disimulé lo suficiente, pues en lugar de ver la hermosa vista del mar estaba viendo a ese hombre fijamente. – ¡Hola!...Lo siento, ¿Bonjour o algo así? – ¿Algo así?, este hombre era un idiota, ¿pero...Qué estaría haciendo un tipo hippie en una ciudad tan famosa y lujosa?, era obvio que no tendría lo necesario. Y, aun así, algo me decía que acercarme a él iba a complicarlo todo.