ATELIER

Summary

Ella nunca imagino que tomando medidas podría perder el control a manos de un idol...

Status
Complete
Chapters
1
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

JIMIN


Cuando el jefe me llamó a su oficina y me dijo que yo sería la encargada de todo el vestuario de Park Jimin para la gira Arirang por Latinoamérica, sentí dos cosas: orgullo profesional… y un cosquilleo peligroso entre las piernas. «Quién mejor que tú para saber qué quiere ver el Army latino», me dijo. Tenía razón. Yo sabía exactamente qué querían: a Jimin luciendo como un dios follable, con ropa que marcara cada músculo, que se transparentara con el sudor, que invitara a morder.Esa misma tarde lo conocí.Entró al taller con esa sonrisa angelical y peligrosa.Nuestras miradas se cruzaron y fue como si alguien hubiera prendido fuego al aire. Mis ojos amarillos se clavaron en los suyos y sentí que me desnudaba sin tocarme. Mi piel pálida se erizó. Él bajó la vista un segundo a mis labios,luego a mis pechos bajo la blusa ajustada, y volvió a mis ojos. La tensión fue instantánea. Eléctrica. Prohibida.—Soy Jimin —dijo con esa voz suave que parecía hecha para gemir mi nombre.—Lo sé —respondí, tratando de sonar profesional mientras mi coño ya se humedecía—. Vamos a hacer que el Army latino se moje entero contigo.Él soltó una risita baja y se acercó más de lo necesario.Olía a perfume caro y a hombre. Mi boca se hizo agua.Los siguientes días fueron tortura pura. Lo medía todo. Cada vez que mis manos recorrían su cuerpo, la temperatura subía. Estaba de pie frente a mí en pantalones deportivos bajos, torso desnudo, piel pálida brillando bajo las luces del taller, tomando casi un tono azulado, etéreo. Pasé el metro por sus hombros anchos, bajé por su pecho definido, rocé sus pezones amarronados sin querer (o queriendo). Sentí cómo se le ponía la piel de gallina.Cuando me arrodillé para medir la entrepierna, su polla ya estaba semi-dura. Gruesa. Marcándose obscenamente contra la tela. Levanté lamirada y lo encontré mirándome con los labios entreabiertos. Mis ojos amarillos brillaban de puro deseo.—Estás muy… grande aquí —murmuré, rozando descaradamente con los dedos el contorno de su verga.Jimin soltó un suspiro tembloroso.—Se pone peor cada vez que me tocas.Quise chupársela ahí mismo. Pero me contuve. Por poco.La noche que todo explotó, eran casi las once y media. Jimin llegó después de un ensayo largo, sudado, con el pelo platino pegado a la frente y esa mirada de “ya no aguanto más”. El taller estaba vacío. Solo nosotros.—Pruébate esto —le dije, entregándole el outfit principal:camisa de seda negra semi-transparente, pantalones de cuero negro ajustadísimos y chaqueta con detalles rojos.Se quitó la camiseta sin vergüenza. Su torso brillaba de sudor. Mis pezones se endurecieron al instante. Cuando se bajó los pantalones y quedó solo en bóxer, vi claramente cómo su polla empujaba la tela, dura y gruesa. El bóxer estaba mojado de precum.Me acerqué con el metro, fingiendo profesionalismo, pero mi respiración ya era irregular. Empecé a medir. Mis manos temblaban de ganas.Cuando pasé el metro por dentro de sus muslos, mis nudillos rozaron sus huevos pesados. Jimin gruñó bajito.—Joder… —susurró.Levanté la vista. Estábamos a centímetros. Su mirada era oscura, hambrienta.—No puedo más —confesó con voz ronca—. Llevo semanas soñando con follarte en este taller.Yo tampoco podía. Me puse de pie y lo besé como una desesperada. Su boca sabía a pecado, esos labios carnosos, lengua caliente, dientes chocando, gemidos. Sus manos bajaron directo a mi culo, apretando fuerte por encima de la falda. Me levantó como si nada y me sentó en la mesa de trabajo, tirando telas y alfileres al suelo.Me subió la falda hasta la cintura y arrancó mi ropa interior.Dos dedos gruesos se hundieron en mi coño empapado sin piedad.—Tan mojada… tan apretada —gruñó contra mi cuello,mordiéndome mientras me follaba con los dedos—. Este coño esta hecho para mí.Eché la cabeza hacia atrás y gemí alto cuando curvó los dedos justo en mi punto G. Su pulgar frotaba mi clítoris hinchado en círculos rápidos y sucios. Me corrí en menos de un minuto, temblando, apretando sus dedos, mojándole toda la mano.Pero Jimin no paró. Se arrodilló, me abrió las piernas como un salvaje, excitándome aún más y hundió su cara entre mis muslos. Su lengua era mágica: plana, lamiendo de abajo hacia arriba, chupando mi clítoris, metiéndose dentro de mí. Dos dedos volvieron a entrar mientras succionaba fuerte. Me corrí otra vez en su boca, gritando su nombre, tirándole del pelo platino.—Quiero tu polla —supliqué, todavía temblando—. Métemela toda, Jimin. Rómpeme.Se levantó, se bajó el bóxer y liberó esa verga gruesa,venosa, con la cabeza roja y brillante. Me penetró de un solo empujón brutal.Grité de placer. Me llenó completamente, estirándome deliciosamente.—Tan apretada… me estás exprimiendo la polla…tu interior se siente como el cielo…—jadeó mientras empezaba a follarme duro contra la mesa.Cada embestida hacía que mis tetas saltaran. Me abrió la blusa, botones volando, y se metió un pezón a la boca, mordiéndolo mientras me taladraba. El sonido húmedo de su polla entrando y saliendo de mi coño mojado era obsceno. Me agarré de sus hombros y arañé su espalda.—Más fuerte —le rogué—. Quiero que me duela mañana cuando camine.Jimin me levantó, me puso contra la pared y me folló de pie,mis piernas rodeando su cintura. Sus caderas golpeaban contra mi culo con fuerza al igual que mi cuerpo pegaba contra la pared, haciéndome doler, pero nada me importaba ya . Me corrí por tercera vez, apretándolo tan fuerte que casi lo arrastro conmigo.—Quiero correrme en tu boca —gruñó.Me puso de rodillas. Abrí la boca como una cortesana entrenada. Me folló la cara sin piedad, agarrándome del pelo negro, después de hacerme un moño con sus manos y metiendo su polla hasta el fondo de mi garganta. Lágrimas corrían por mis mejillas pero no me importaba. Quería todo de él.—Trágatelo todo —ordenó, y se corrió con un gemido ronco,llenándome la garganta de leche espesa y caliente. Tragué hasta la última gota,lamiendo después su cabeza sensible como una gatita.No fue suficiente.Apenas nos vestimos lo necesario y salimos por la puerta trasera directo a su departamento. En el ascensor ya estaba tocándome el coño por debajo de la falda. Apenas cruzamos la puerta de su penthouse me empujó contra la pared y me folló otra vez, rápido y sucio, susurrándome al oído lo puta que era por dejar que me usara así y cuanto lo encendía eso.En su cama enorme me puso en cuatro. Me azotó el culo hasta dejarlo rojo mientras me embestía desde atrás. Me metió un dedo en el culo mientras su polla destruía mi coño. Grité de placer, corriéndome tan fuerte que mojé las sábanas. Después lo monté yo. Cabalgué esa verga gruesa como si me fuera la vida en ello, girando las caderas, apretando mis paredes alrededor de él. Jimin me miraba embobado, pellizcándome los pezones, llamándome su dulce morena favorita.Nos corrimos juntos, él llenándome el coño de semen caliente mientras yo temblaba encima de él.En la ducha siguió. Me levantó contra los azulejos y me folló lento, profundo, mirándome a los ojos amarillos mientras entraba y salía.Besos mojados, tiernos, mordidas juguetonas que terminaban en gemidos.Cuando terminamos, exhaustos en su cama, él acariciaba mi pelo negro y yo dibujaba líneas con la uña sobre su pecho sudoroso.—Mañana tienes ensayo —murmuré, sonriendo.—Que se joda el ensayo —respondió con esa sonrisapervertida—. Mañana quiero que me tomes medidas otra vez… pero con tu boca.Me reí bajito y le mordí el labio.—Entonces prepárate, Park Jimin. Porque esta modista latina va a hacer que la gira Arirang sea lo menos caliente que te pase en mucho tiempo.Y mientras él se dormía con una sonrisa satisfecha, yo  pensaba que nunca había estado tan feliz de que me encargaran un vestuario.