Capítulo 1
POV ANTHONY
Aprendí muy pronto que el amor puede doler más cuando viene de quienes deberían cuidarte.
Desde niño nunca me sentí diferente. En mi mente todos éramos iguales y todos merecíamos amor de parte de quienes considerábamos cercanos. Creía que el cariño era algo natural, automático, que no había que ganarse ni justificar.
Me tomó años entender que no todos crecen con esa certeza. Algunos aprendemos a dudar, a preguntarnos qué hicimos mal para que el afecto se volviera silencio, reproche o golpes disfrazados de corrección.
En mi casa, el amor siempre estuvo condicionado. Si no era suficiente, si no cumplía las expectativas, si no encajaba en la idea que mi padre tenía de mí, entonces dejaba de merecerlo.
Yo solo era un niño, pero ya me sentía culpable por no saber cómo ser alguien digno de querer.
Con eso en mente caminé por las calles de Middlebury sin rumbo fijo. No quería llegar a casa, aún no quería escuchar los reclamos de papá. Me detuve en el puente para admirar las cataratas; mi hermana y yo amamos venir aquí y hablar de cosas sin importancia. Es como nuestro lugar seguro.
Seguí caminando. Seguramente ya era más de medianoche. Supuse que ya deberían estar dormidos, así que decidí regresar.
Cuando faltaban dos cuadras para llegar a casa, vi a una chica sentada en el porche de su casa. Al parecer estaba ida, perdida en sus pensamientos. Cuando me acerqué más, la reconocí: era Kara, mi compañera de clase. Me di la vuelta rápidamente.
—Anthony —me llamó.
No tuve más opción que girarme de nuevo y dirigirme hacia ella.
—Hola… ¿qué haces por aquí a estas horas? —preguntó.
—Hola, eh… solo quería despejar la mente un rato y me pareció la mejor hora para hacerlo —respondí.
Asintió. —Uh, sí… yo igual. Es una noche muy linda.
—Sí… la luna está en su máximo esplendor.
—Oye, ¿por qué no me haces compañía un rato? Quizás podamos conversar —propuso, emocionada.
—No sé… es muy tarde y tengo que regresar —me excusé. No es que no quisiera pasar tiempo con ella, pero la verdad es que siempre me he sentido atraído por Kara, y el hecho de estar solos en un mismo lugar me pone nervioso. Podría empezar a decir cosas que no debería.
—Ay, por favor. Quiero conocerte. Llevamos mucho tiempo siendo compañeros y casi nunca cruzamos palabra. Además, ya es tarde; con que te demores un rato seguro no pasa nada. Quédate un momento, ¿sí? —insistió.
No pude negarme. Tal vez sería bueno entablar una amistad.
—Está bien —asentí—, pero un ratito nada más.
—Ven, siéntate junto a mí —dijo.
Entonces estábamos en el porche de su casa, hablando de cualquier cosa que se nos pasara por la mente. Me enteré de que quería estudiar fotografía profesional, que le gustaba mucho. También me dijo que quería irse del pueblo. Aquello me desanimó un poco; no quería dejar de verla. Pero luego mencionó que no se iría por razones de dinero, además de que sus notas no eran las mejores y no creía salir becada, lo cual me hizo reír un poco. Tenía razón: era muy guapa, pero académicamente… no tanto.
Ella seguía hablando: sobre dónde nació, cuándo, el porqué de su nombre, sus hobbies. Me contó que era fan de un grupo llamado Blackpink, que estaba en tendencia estos días, que amaba leer. Creo que también le encanta hablar, porque no se calló ni un segundo. Y aun así, me encantaba escucharla. Creo que podría quedarme aquí oyéndole decir cualquier tontería durante días enteros sin cansarme.
Después de un rato, pareció cansarse de tanto parlotear. Se parece un poco a mi hermana; a ella también le fascina hablar, con la diferencia de que nunca se cansa.
—Cuéntame sobre ti —dijo después de un momento.
—¿Qué?
—Háblame sobre ti. No has dicho nada desde que te sentaste. Cuéntame qué te gusta o qué quieres estudiar.
Dudé un poco. No me gusta abrirme con nadie, en realidad. Pero algo en su mirada me dijo que podía confiar, así que decidí hablar.
—Me gusta crear escenarios ficticios en mi cabeza —comencé—. Imaginar mi vida o la vida de los demás de otra manera. Salir de la rutina, imaginar un mundo donde todo saliera tal como yo quisiera… escapar un poco de mi realidad, ¿sabes?
Ella me miraba fijamente, alentándome a continuar.
—Siento que el 80% de mi cabeza es fantasía y cosas que nunca pasarán, y el 20% restante es sobrepensar lo que ya hice y lo que haré.
Ok, creo que estoy hablando de más, pensé.
—Lo que quiero decir es que me interesa mucho crear historias, y me gustaría ver esas historias en la vida real, en vivo y en directo. ¿Entiendes? Quiero ser director de cine —dije finalmente, después de tantas vueltas.
—Wow… eso fue una gran explicación —respondió con un tono burlón—. Pero lo tienes claro, y eso me gusta. No estás en el limbo como lo estuve yo.
—¿A qué te refieres? —pregunté.
Grave error. Comenzó otra historia, más larga que la anterior. Yo la seguía escuchando. Duramos así hasta que empezó a aclarar, así que probablemente ya eran pasadas las seis de la mañana. Lo que comenzó como “un rato” terminó siendo horas… horas que no sentí en absoluto.
Desgraciadamente, tenía que regresar a casa. No quería. Me había entretenido mucho hablando con Kara; era realmente una persona interesante. No hubo momentos incómodos ni pausas. Me gustó mucho esa sensación.
—Vaya… parece que tienes que irte —murmuró, con un deje de decepción.
—Al parecer, sí —contesté.
—Pero creo que otro día podemos continuar con nuestra conversación —propuso, animándose de un momento a otro—. Para ser tan callado, me la pasé muy bien contigo. Definitivamente tenemos que repetir esto.
—Creo que sí, deberíamos —dije, también emocionándome un poco—. Nos vemos luego, Kara.
—Adiós, Tony —dijo, sacudiendo la mano.
Me di la vuelta y seguí la ruta a casa.
Cuando llegué, mi padre estaba sentado en la mesa, tomando una cerveza, como si no fuera demasiado temprano para eso. Alzó la mirada en cuanto crucé la puerta.
Supe, en ese instante, que la noche tranquila que había tenido estaba a punto de terminar.