Si de verdad te hubiera conocido

All Rights Reserved ©

Summary

A veces pienso que el verdadero problema no fue despertar. Fue descubrir que la vida a la que volví ya no se sentía mía. Porque hay personas que te cambian para siempre, incluso si nunca existieron. Y yo amé a Rebeca con una intensidad tan real que ahora no sé qué hacer con todo lo que dejó dentro mío. ¿Cómo seguís adelante después de perder una vida entera que quizá solo ocurrió en tu cabeza?

Genre
Romance
Author
Elii
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Carta para Rebeca

No encontré otra forma de sacar lo que llevo dentro.


No encontré una puerta, ni una conversación, ni un abrazo u otra piel, que me alcanzara para esto. Tampoco encontré a nadie que supiera escuchar sin empezar a mirarme como si yo fuera un loco de remate, como si amar así fuera una enfermedad y no una condena.


Así que te escribo.


Porque escribir es lo único que no se me cae de las manos.


Escribo porque todavía me queda tu nombre, y porque cuando lo pienso, cuando lo digo por dentro, el mundo cambia de temperatura. Es como si el aire se volviera más respirable y dejara a tras esa pesadez que no logra entrar del todo en mis pulmones, como si la vida, por un segundo, se acordara de cómo era cuando estabas, mi Rebeca.


Te extraño cada día.


Y te amo cada hora de este reloj que llevo en la muñeca, como si el tiempo fuera una criatura que mastica lento y, aun así, no se sacia. Te amo en el tic. Te amo en el tac. Te amo en el intervalo exacto donde parece que el sonido se detiene, y sin embargo sigue. Porque al fin y al cabo el tiempo nunca dejara de ser ese frio compañero que no entiende de perdidas, que simplemente continua como si no le debiera nada a nadie, como si no te robara esos instantes que desearías que pare por un segundo aunque sea, unos minutos mas, solo eso.


A veces pienso que este reloj no marca la hora. Marca mi nostalgia. Marca lo que perdí. Marca lo que inventé para no morirme cuando me quedé sin vos, ya no sé que es real, solo quiero pensar que me encuentro en una pesadilla de la que no puedo despertar, pero lo intento, hago todo mi esfuerzo para salir de esta realidad que me esta hundiendo en un mar de lamentos.


El aroma de tu piel sigue impregnado en mi epiteio nasal, en la piel de mis labios, aun estas aquí en mi, sí, lo digo así porque necesito creer que hay un lugar físico donde todavía existís y en mi mente la suavidad de tu nariz rozando la punta de la mía en ese gesto que solo vos podías hacerme, tan único como vos misma. Un roce mínimo, casi ridículo, pero capaz de desarmarme por dentro como si yo fuera una casa de papel.


Y lo peor es, que yo no sé bien que sos. No sé si fuiste real o si te fabriqué como se fabrican los milagros: con desesperación. No sé si te toqué o si mi cuerpo aprendió a inventarte para poder seguir respirando. No sé si te besé o si mi memoria necesitó un beso para justificar tanto vacío. Porque antes de vos yo estaba vacío y no lo sabia.


Hay noches en las que siento que, si dejo de pensarte, te terminaras de borrar, como si tu destino dependiera de mi mente, como si tu vida estuviera sostenida por la forma en la que te nombro.


Hay noches en las que odio el silencio, porque el silencio se parece demasiado a lo que hay del otro lado cuando te llamo y no contestás.


Y entonces vuelvo a empezar.


"Rebeca."


Como si mencionar tu nombre pudiera devolverte de alguna forma, como si en alguno de ellos estuviera escondida la salida.


Te escribo, aunque la lógica me grite que esto no sirve, que nadie vuelve, que no se revive a una persona con palabras, y me duele. Te escribo porque mi lógica murió mucho antes que vos. Murió el día en que entendí que el tiempo no es una línea, sino una rueda caprichosa que siempre vuelve al mismo punto para lastimarte en el mismo lugar.


Cuando cierro los ojos, te veo, y cuando los abro, no estás. Y esa diferencia, esa distancia entre tu presencia en mi mente y tu ausencia en el mundo, esa distancia es un abismo.


No siempre fui así.


Hubo una versión de mí que se reía fácil. Que no pensaba demasiado. Que podía cruzar una calle sin sentir que el universo lo estaba apuntando. Hubo una versión de mí que tenía planes simples, días normales, preocupaciones pequeñas. Un hombre cualquiera. Un nombre cualquiera.


Pero después esto pasó. Y cuando digo "pasó" no sé a qué me refiero exactamente.


¿A ese tic... tac... tic... tac... que empezó a perseguirme como si el tiempo tuviera boca y me estuviera mordiendo para terminar desgarrandome el pacho?


A veces creo que todo empezó antes, casi como si el destino ya me estuviera preparando para vos sin que yo lo supiera, como si la vida, en su crueldad, primero me hubiese dado el regalo para después explicarme que era prestado.


Porque vos fuiste eso, Rebeca. Un regalo prestado. Y yo... yo fui un hombre que se olvidó de devolverlo.


No puedo devolverte, pero puedo repetirte. Puedo decirte una y otra vez, con distintas palabras, la misma verdad: que existas o no existas, me partiste el mundo en dos.


Hay algo que no te conté. O tal vez sí. Tal vez te lo conté mil veces y no me acuerdo, porque mi memoria ya no es una línea, es un espejo roto.


Cuando te pienso, el reloj se calienta. No importa dónde esté. No importa qué hora sea. Es como si tu nombre tuviera un peso físico, como si tu ausencia tuviera temperatura. Y yo sé que esto suena a locura. Lo sé. Me imagino a cualquiera escuchándome, leyéndome, y pensando que estoy exagerando, que estoy dramatizando, que soy un tipo que no supo soltar. Pero vos me conocías. Vos sabías que yo no exagero. Yo me hundo por completo.


Y con vos me hundí con elegancia, como si el agua fuera mi elemento.


Es raro, una parte de mí reza para que seas real, porque si sos real entonces exististe afuera de mi cabeza y lo que perdí fue una vida. Una vida concreta. Un cuerpo. Un nombre en algún registro., en algún lugar real y físico. Pero otra parte de mí, la parte que más miedo me da, reza para que no lo seas. Porque si no sos real... entonces no te perdí. Entonces nunca te tuve.


Entonces todo esto, todo este dolor, todo este amor, sería solo una invención de mi mente para no aceptar algo peor. Y yo no sé qué es peor.


No sé si prefiero haber sido amado por vos y perderlo, o prefiero haber inventado el amor más intenso de mi vida y descubrir que estuve abrazando aire.


Por eso te escribo como si estuvieras. Porque en este papel, en este espacio mínimo entre letras, puedo darte una existencia que el mundo ya no me permite comprobar.


En estaa carta no hay médicos, no hay certezas, no hay gente diciéndome que "tengo que seguir". En esta carta solo estás vos y estoy yo, y el tiempo que se nos cae de las manos como arena, entre los dedos, cayendo al igual que el agua, atraído por la gravedad, buscando el suelo.


Estoy escribiendo para que, por un instante, no te mueras del todo.