Rebeldes forever

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Summary

Sik tiene diecisiete años y una certeza absoluta: la vida es una mierda. Atrapado en la brecha invisible que separa su mundo del de los adultos, ha aprendido que hablar con ellos es como gritarle a una pared de ladrillos; un ejercicio inútil donde sus problemas son reducidos a simples "cosas de la edad"

Genre
Drama
Author
mundo anime
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

CAPÍTULO 1: SIK

«La vida es una mierda».


Esa ha sido mi frase favorita este año. Se siente bien decirla, como si al soltarla le quitara un poco de peso a lo que llevo dentro. A veces, cuando cierro los ojos, daría lo que fuera por volver a tener nueve años. A esa edad la vida era hermosa; no había nada en qué pensar, solo correr hasta cansarse y saber que alguien más se encargaría de todo.


Pero creces. Y te das cuenta de que lo que deseabas de niño —ser grande— fue el peor error que se me pudo ocurrir. Me río por no llorar cuando pienso en eso. Ahora cumplo diecisiete y me doy cuenta de que hablar con los adultos es como gritarle a una pared de ladrillos. No es solo que no entiendan, es que no escuchan.


Para ellos, mis problemas son «cosas de la edad», tonterías que pasarán con el tiempo. Y quizás tengan razón, quizás en diez años no me acuerde de esto, pero me duele ahora. Así que dejas de intentarlo. Dejas de contarles tus cosas, dejas de esperar que te miren a los ojos y te tomen en serio. Te guardas todo, cierras la boca y te das la vuelta.


Y ahí es cuando te conviertes en rebelde. No porque quieras quemar el mundo, sino porque el mundo te obligó a construirte uno propio donde los adultos no están invitados A veces soy un chiste andante. Si algo sale mal, «la vida es una mierda». Si pasa algo bueno, o si simplemente estoy con ellos, cambio el guion: «la vida es buena, jaja». Así de raro soy. Mis amigos son los únicos que logran que mi mundo brille, los que hacen que ese peso en el pecho desaparezca por un rato.


Pero ahora mismo, sigo aquí tirado. Brazos cruzados, ojos clavados en el techo. Odio este momento. Estar completamente solo en mi habitación es peligroso porque empiezo a pensar más de lo habitual, y pensar demasiado nunca trae nada bueno. Me levanto de golpe, como si quisiera escapar de mis propios pensamientos. Mis ojos se encuentran con el póster de mi pared: The Truman Show. Me quedo mirando la cara de Truman, ese momento justo en el que sonríe porque al fin ha logrado escapar de su mentira. Él cruzó la puerta hacia lo desconocido. Yo solo necesito cruzar la puerta de mi cuarto.Salgo al pasillo, esquivando el silencio de la casa, y me asomo al cuarto de mis padres.


—Mamá, voy a salir. Voy a casa de Bibi —suelto, ya con un pie fuera.


—Está bien —responde ella sin distraerse demasiado—. No llegues tarde.


«No llegues tarde». Como si el tiempo importara cuando lo único que quieres es que pase rápido. Cruzo el umbral y, por un momento, el aire de la calle se siente un poco más real que el de mi habitación.