WHAT KEEPS US ALIVE

Summary

Toda historia tiene un inicio. La mía empieza cuando aprendí a matar: a los muertos, y también a los vivos. En el fin del mundo encontré una familia que jamás imaginé, fueron ellos quienes me enseñaron a sobrevivir. Carl Grimes, un chico que se negó a rendirse... y que, sin saberlo, se convirtió en la razón por la que decidí seguir viviendo.

Genre
Scifi/Romance
Author
Me
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

ACTO 1

Voy a contarles una historia.

Mi historia.

El cómo empezó todo.

Cuando era niña y la infección apenas comenzaba, yo estaba en el bosque con mi padre, cazando. Era nuestra actividad favorita... y también nuestra forma de sobrevivir.

Recuerdo el momento exacto en que todo cambió: mi tío Merle llegó corriendo, más agitado que nunca, diciendo que “algo” estaba pasando en todas partes y que teníamos que irnos ya. No entendí del todo, pero el miedo en sus ojos fue suficiente.

Huir fue lo único que pudimos hacer.

Tomamos lo que teníamos y nos dirigimos hacia Atlanta, pero fue casi imposible llegar. El tráfico era demasiado, como si toda la ciudad hubiera intentado escapar al mismo tiempo. Autos abandonados, puertas abiertas, maletas tiradas... era una imagen que todavía recuerdo cuando cierro los ojos.

Pero entre toda esa tragedia, hubo algo bueno. Algo que cambió mi vida.

Lo conocí a él.

Carl Grimes.

Un chico que al principio era tímido, cuidadoso... siempre mirando primero antes de hablar. Pero después de que recibió esa bala en el abdomen, algo cambió dentro de él. Lo vi transformarse. Dolor, miedo, responsabilidad... todo eso lo hizo diferente.

Para mí, Carl se volvió alguien más. Alguien fuerte. Valiente.

Así es como lo veo yo.

En el campamento vi morir a gente buena, vi cómo las cosas se desmoronaban cada día un poco más. Aprendí que nadie está realmente a salvo... y que a veces las personas cambian cuando más lo necesitan.

Perdimos a Merle. Perdimos a Sophia. Casi perdemos a Carl. La granja de Hershel nos dio un respiro, un poco de calma, pero no duró. Nunca dura. Entre disparos, caminantes, pérdidas y decisiones, crecí más rápido de lo que debí. Mi padre siempre estuvo ahí, protegiéndome... aunque también enseñándome a defenderme sola.

Lo que vivimos en Atlanta y en la granja me hizo entender algo:

La familia no siempre es de sangre.

La familia es a quien decides no abandonar.

Y yo decidí no abandonar al grupo... ni a mi padre... ni a Carl.

Ahora empieza lo difícil. Ahora empieza la parte donde ya no somos sobrevivientes...somos luchadores.





La granja fue, por un tiempo, lo más parecido a la paz que tuvimos desde que el mundo se acabó. Llegamos ahí buscando a Sophia y encontramos algo mejor... y peor al mismo tiempo. Un lugar seguro, reglas claras y la ilusión de que aún podíamos vivir como antes.

Pero nada dura.

La búsqueda de Sophia nos mantuvo unidos, con la esperanza viva, hasta que la verdad nos golpeó sin avisar. Cuando salió del granero, ya no quedaba nada que salvar. Ese momento nos rompió a todos. Carol se quebró. Rick cambió. Nosotros cambiamos.

La granja dejó de ser un hogar cuando entendimos que los caminantes no siempre eran extraños... a veces eran personas que amábamos.

Hershel perdió la fe en la seguridad de su propio hogar. Shane perdió el control. Rick perdió la inocencia de liderar con compasión. Y nosotros perdimos la idea de que bastaba con esconderse para sobrevivir.

Después todo se derrumbó rápido.

El fuego, los disparos, los gritos, los caminantes entrando desde todas partes. La granja ardió como si nunca hubiera existido. Huimos sin mirar atrás, separándonos en la oscuridad, sin saber quién había sobrevivido.

El camino después de la granja se volvió interminable.

Días caminando, noches mal dormidas, sin un rumbo claro. Lori ya no podía ocultarlo: su embarazo avanzaba rápido, demasiado rápido para andar sin sitio donde dar a luz. Cada paso era una cuenta regresiva.

Encontrar refugio era urgente. Encontrar comida era igual de urgente.

Carl y yo habíamos mejorado mucho con el cuchillo y la pistola. No era un orgullo, era necesidad pura.

Nos volvimos diferentes. Más conscientes de que el mundo ya no iba a darnos segundas oportunidades.

La granja no nos enseñó a vivir. Nos enseñó a sobrevivir.