Entre Hilos y Secretos

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Summary

En Buenos Aires del siglo XIX, Elisa Roca no nació para obedecer. A sus diecisiete años, es una de las costureras más talentosas de la ciudad, conocida por vestir a las mujeres más poderosas. Criada para ser independiente, Elisa desafía las normas de una sociedad que espera que se case, se mantenga callada y desaparezca. Pero todo cambia cuando recibe una invitación imposible: asistir al baile de máscaras más exclusivo del país; y lo que comienza como una oportunidad para observar desde las sombras un mundo al que no podría jamás acceder, pero tampoco deseaba hacerlo, pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Una familia poderosa. Un secreto enterrado. Y unas cartas que revelan que la muerte de su padre quizá no fue un simple accidente. Entre vestidos, mentiras y máscaras, Elisa deberá decidir en quién confiar... incluso cuando la verdad la acerque demasiado a quien podría destruirla.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

La Invitación

¿Cómo estar en el lugar correcto en el momento correcto puede hacer que tu vida cambie en dos minutos?¿Cómo un simple acto de maldad puede convertirse en la mayor maldición, aunque al mismo tiempo puede ser la mayor bendición que te podía atravesar?

En la Argentina del 1800, las mujeres no tenían muchas más obligaciones que las de ponerse lindas, organizar bailes y tener bebés (ni siquiera criarlos)...bueno, no todas las mujeres.

La realidad de unas pocas y afortunadas mujeres, era muy diferente a la realidad de Elisa Roca, una joven que, sin dudas, no creía que aquellas encargadas de realizar bailes eran afortunadas en lo absoluto. Desde muy pequeña su padre, Antonio Roca, la había educado no para complacer a su futuro marido, ni para encargarse de un hogar y una familia, sino para valerse por sí misma y nunca depender de nadie, ni siquiera de él.

Con sus cortos diecisiete años, Elisa ya era conocida no sólo en las calles del barrio de Barracas como la mejor costurera y diseñadora, sino también en cada una de las casas de la oligarquía de la época. Cada una de las nobles mujeres de la Ciudad de Buenos Aires deseaban que Elisa sea partícipe de aunque sea una puntada en sus vestidos, ya que eso no solo les brindaba seguridad en lo que a costura se refiere, sino también les aseguraba que iban a tener calidad y los más modernos diseños.

Elisa disfrutaba de su independencia, no era algo de todos los días ver a una joven soltera triunfar en los negocios y eso no solo le generaba orgullo a ella misma, sino también mucho respeto por parte de la sociedad. Aunque no todos compartían ese orgullo y ese respeto, las jóvenes de su edad en ninguna clase social podían entender cómo osaba a portar con orgullo el título de “Costurera”, pero no era algo que a Elisa le importara demasiado.

Si bien su padre le había heredado no solo un local, sino también un apellido de familia no rica pero respetable, Elisa no tenía las cosas fáciles. Su madre, Maria Remedios Ortúzar de Roca, nunca estuvo de acuerdo con que Elisa llevara adelante el negocio familiar, su sueño era casarla con un noble, deseaba más que nada en la vida que su hija desposara a un duque o un conde, incluso le bastaba con un gobernador; pero Elisa nunca tuvo ese deseo, y su padre le había enseñado todo lo necesario para hacerse cargo del local de costura “Les meves Costures”, nombrado así en honor al abuelo de Elisa, padre de Antonio, quien era Catalán. Había aprendido de la mano de su padre cómo llevar las cuentas, el control de inventario, cuando era mejor época para comprar algodón y cuando era mejor comprar sedas más finas. Lo de Elisa era mucho más que sólo talento, era dedicación pura y amor por su trabajo.

- Sigo sin entender por qué necesitás abrir este local, querida -Maria Remedios suspiró mientras miraba con impaciencia como su hija corría las cortinas para que el público pudiera ver sus más nuevos diseños- Tu padre, Dios lo tenga en gracia, nos pudo proveer seguridad hasta luego de pasar a mejor vida.

- Mi padre haría que yo pase a mejor vida si se enterara que no abrí el local, mamá -Elisa colocó el cartel de “Abierto” mientras miraba a su madre con una sonrisa un poco burlona en su cara.

- No me parece, Elisa.

- Nada te parece, mamá.

Era siempre la misma discusión, Elisa abría el local, su madre renegaba por ello y trataba de hacer que las cortinas no se corrieran al otro día, sin éxito, ya que la joven costurera no cedería nunca en esa discusión.

- Escuchame mamá -Elisa se posicionó detrás de un mostrador para acomodar unas telas mientras se dirigía con paciencia a su madre- Hoy Susanita se hará cargo del local, la duquesa de Medinaceli se encuentra visitando la Casa Rosada y la señora y primera dama solicitó mi presencia -Maria Remedios no podía entender cómo su hija tenía tal nivel de conexión con las familias más importantes de Buenos Aires e incluso con familias extranjeras como la de los duques de Medinaceli, pero todavia no habia celebrado un casamiento- No solo confeccionar el vestido de la primera dama y la duquesa, sino también los de las hijas de los duques, ¿Acaso no es lo más emocionante que escuchaste?

- Sigue sin parecerme, hija.

- Lo se mamá, nada te parece -La joven suspiró con cierta molestia; así como su madre no podía creer que todavía su hija no se había casado, Elisa no podía entender cómo su mamá no sentía aunque sea un poco de respeto y orgullo por el trabajo que estaba realizando. Estaba vistiendo a la primera dama y a las familias más importantes del mundo, ¿Cómo es que eso no le parecía ni siquiera adecuado?

Aun sin el apoyo de su madre, contaba con la asistencia de su mejor amiga, Susana Del Valle; quien cuando Elisa no podía encargarse del local, podía asistir al menos con lo básico. Susana, o Susanita como le decían sus más allegados, ansiaba ser independiente como Elisa, por lo que encargarse de la tienda cuando la renombrada costurera no podía le brindaba conocimientos a los cuales nunca hubiera podido acceder.

- Mi querida amiga Eli, ¿Cómo te encuentras en la mañana de hoy? -Susanita llegó puntual y con una sonrisa saludó a las dos mujeres quienes ya se encontraban discutiendo nuevamente, pero esta vez por la calidad de las telas.

- Susanita querida, por mis nervios, hacele entender a mi hija que este local es una pérdida de tiempo y un semillero de arrugas para su preciosa cara -Maria Remedios abrazó a Susana quien miró a Elisa un poco seria y un poco riendo.

- No podría hacerlo aunque quisiera, señora.

El camino hacia la Casa Rosada siempre entusiasmaba a Elisa. Sabía que su local quedaba en buenas manos y podía cumplir con tranquilidad la labor a domicilio, y que ese domicilio sea la casa más importante de la ciudad hacía que la flor del orgullo creciera cada vez más en su pecho.

Pero esa flor solía marchitarse un poco cada vez que ingresaba y no todos los presentes entendían como en su plena juventud Elisa prefería tomar medidas y cocer, antes de asistir a bailes. Aunque, la realidad era que su estatus económico y social nunca le hubiera permitido asistir a ningún baile organizado por las familias más conocidas y respetadas.

- Querida, yo no se como haces para trabajar de sol a sol y mantener ese cutis tan precioso -Soledad de Sanchez Romero, la primera dama de Argentina, halagaba a su costurera mientras se miraba en el espejo- Pero lo que realmente es precioso es este vestido, ¿No lo crees así, Carlota?

- Así es -La Duquesa de Medinaceli, Carlota Álvarez de Toledo miraba sorprendida el despampanante vestido azul eléctrico de Soledad- Y que color tan increíble, resalta el color de tus ojos, Soledad. ¿De dónde lo habéis sacado? ¿Y dónde has encontrado a tan talentosa artista? -Elisa escondió una sonrisa.

- Es mi secreto más contado, Elisa es la costurera más talentosa de Buenos Aires y no, no permitiré que la lleves con vos a España, ya bastante tengo con tener que compartirla con el resto de la ciudad.

Las nobles mujeres reían mientras Elisa se permitía imaginar por un segundo cómo sería su vida si la duquesa le ofrecía realmente irse con ella a Europa. No estaba segura de sí le encantaba la idea, pero sin dudas una oferta para trabajar con la nobleza europea hubiera sido algo increíble.

- ¡Pero qué vestido más extravagante! -La mayor de las hermanas Álvarez de Toledo, Sofía, entró en la habitación agitando un abanico con desdén- ¿No es el color más extraño que hayáis visto alguna vez?

- A mi me parece muy bonito -Penélope, la hermana menor entró justo detrás de Sofía y tomada del brazo de Lucia, la segunda de las hermanas.

De repente, Elisa estaba frente a cinco de las mujeres más importantes del mundo y lejos de sentir temor o intranquilidad, sintió entusiasmo por tener la oportunidad de vestirlas.

- No se preocupe señorita -Elisa se paró derecha frente a la duquesa y sus hijas con seguridad- Su vestido, el de su madre y el de sus hermanas no serán de este color, se que suelen vestir colores más... recatados.

La primera dama sonrió con orgullo y algo de superioridad- Elisa es perfecta en su trabajo, tanto así que incluso investigó sobre sus gustos y costumbres para hacerles los mejores vestidos, los cuales podrán ser utilizados en mi baile de máscaras.

Esa frase fue como un disparador para la servidumbre de la casa, quienes ni bien Soledad terminó de hablar y con una coordinación casi ensayada, entraron a la habitación con las cajas que contenían los vestidos de la duquesa y de sus hijas. Las tres abrieron casi al mismo tiempo su respectiva caja, con ansiedad y emoción en sus miradas por tener en sus manos diseños nuevos y exclusivos. Si bien sabían que Elisa iba a hacer sus vestidos para el famoso baile de máscaras que la primera dama realizaba todos los años, ninguna creía que iban a estar listos para la fecha solicitada, dado que la costurera solo había tenido tres semanas para confeccionar cuatro diseños totalmente nuevos a cuatro personas que ni siquiera había podido medir. Lo que Carlota y sus hijas no sabían era que el talento de Elisa era indescriptible y la habilidad que tenía tanto para crear nuevas prendas como para confeccionarlas, era digna de cualquier corte real.

Las cuatro nobles mujeres se maravillaron con sus vestidos, Penélope pegó un pequeño grito de emoción y abrazó a Elisa riendo; el baile de las máscaras iba a ser el primer baile importante de Penélope y según sus palabras, ese vestido era perfecto para la ocasión.

Los cuatro vestidos estaban confeccionados principalmente en seda de tonalidades claras, los de Sofia y Lucia eran de color rosa pastel, el de Penélope era blanco, pero el destacado era el vestido de Carlota que era de un color violeta oscuro, el preferido de la duquesa cuando se trataba de vestidos de noche. Las cuatro prendas contaban con un corset forrado en muselina del respectivo color principal de cada uno, además de tener detalles en pedrería fina, algo muy poco visto en ese tipo de vestidos pero que le daban una particularidad elegante y sofisticada. También, tenían detalles de encaje tanto en el corsé como en las mangas. Sin dudas eran de los mejores trabajos que Elisa había confeccionado.

- ¡Hala! -Carlota expresó con asombro y se ruborizó -Mis disculpas a todas por mi expresión, pero realmente me maravilla el talento de Elisa.

- Muchas gracias, duquesa -Elisa hizo una reverencia con la sonrisa más grande que podía caber en su cara.

- Dime Carlota, cariño -La duquesa tomó la mano de Elisa sonriéndole- No sé si vendrás conmigo a España, pero ten por seguro que este será el primero, mas no el último vestido que confecciones para mis hijas y para mi.

- Ya te dije que no te la llevaras, no importa cuánto lo desees -Soledad tomó la otra mano de la joven costurera quien sentía que se iba a desmayar de la felicidad.

Antes de poder decir algo, Elisa se vio interrumpida por Sofia quien volvió a mover su abanico con desdén y miró de la misma manera a la costurera- ¿Rosa? ¿Acaso quieres que muera de aburrimiento? -La frente de Elisa se arrugó tras las palabras de la joven noble- Siento mucho que tu investigación fallara, pero el rosa ya no es más mi color favorito.

- ¿Desde cuándo eso es así, hermana? -Lucia miró exasperada a su hermana mayor- Hace unas semanas atrás toda tu vestimenta tenía que tener algo rosa, ¿tendremos que cambiar todos tus vestidos de día y de noche?

- Desde ahora, no me gusta mas el rosa -Espetó Sofia- Creo que deberías dedicarte a ser costurera y no realizar pobres investigaciones que al final no son de ayuda para nadie.

Elisa estaba lista para responder y defenderse de la que creyó era la persona más arrogante que había conocido, pero fue interrumpida nuevamente, esta vez por un joven que ingresó a la habitación sin anunciarse de manera abrupta. Por un momento, Elisa sintió que estaba soñando, nunca había visto a una persona tan hermosa e imponente hasta ese momento, y la realidad es que conocía a mucha gente. Se trataba del hijo mayor de Carlota y hermano mayor de las cuatro jovencitas, Sebastian Alvarez de Toledo, quien ya portaba el titulo heredado por su padre dos años antes de su repentina visita a Buenos Aires

- Hermanita, creo que nuestros padres han hecho un gran trabajo intentando que seamos educados, y ese tono arrogante en tu hablar no lo demuestra -Sebastián barrió con su mirada el cuarto hasta que sus verdes ojos se cruzaron con los azulados de Elisa- Buenos días, ¿Señorita....?

- Ella es Elisa -Interrumpió Penélope tomando la mano de la joven- Mi nueva mejor amiga -La costurera rió suavemente

- Señor Alvarez de Toledo, yo soy Elisa Roca -La joven extendió su mano, olvidándose de todo lo que su madre le había enseñado; uno de los mandatos más importantes de la sociedad era que siempre que un noble se hiciera presente, debía hacerse una reverencia. Al segundo de recordar este mandamiento se arrepintió, sacó la mano e hizo una reverencia. Sebastian sonrió.

- Señorita Roca -El duque tomó la mano que Elisa había bajado y la besó sin dejar de mirarla a los ojos- Un placer conocerla.

Era la primera vez que la trataban con ese nivel de respeto, nunca la habían tratado de “usted”, y Elisa no sabía si era la belleza del duque o la situación tan inusual en la que se encontraba, pero en su estómago empezaron a florecer las famosas mariposas.

Y no era para menos, el duque poseía un porte digno de la realeza. Su tez era trigueña, heredada de su madre quien tenía raíces hindúes, de quien heredó también sus ojos verdes y sus imponentes pestañas. De su padre había heredado el cabello rizado que mantenía corto, un estilo poco visto para la época, lo cual hacía que destacara aún más al ingresar en cualquier habitación.

Elisa no era tonta, sabía que el duque Sebastián era de los más mujeriegos, o por lo menos tenía esa fama. En medio de su investigación para realizar los vestidos de la duquesa y de las jóvenes hermanas del duque, encontró muchos escritos contando los chismes y escándalos alrededor del imponente Sebastián Alvarez de Toledo; escándalos que si la llegaban a envolver a ella, era imposible que saliera ilesa.

Por esa misma razón, Elisa dejó que las mariposas de su estómago volaran muy lejos, y apagó esa chispa que había surgido con un simple beso en su mano.

- Disculpe señora Soledad, duquesa, debo marcharme -Elisa hizo una reverencia un poco nerviosa, con la cual sin querer golpeó una mesita- Lo siento -Ruborizada se apresuró a juntar sus pertenencias, mientras que la mayor de las hermanas Alvarez de Toledo, sonreía con malicia, anticipando en su cabeza un plan digno de cualquier novela de crueldad.

- Elisa, querida -Sofia se acercó a la costurera y le quitó su caja de costura de las manos suavemente- Tengo una idea brillante -Todos los presentes en la habitación miraban expectantes a la joven- ¿Qué dices si nos acompañas en el baile de máscaras?

- Sofia... -Sebastián dio un paso adelante pero su hermana levantó la mano mirándolo seriamente en señal de que no se acercara.

- ¡Es una excelente idea! -Penélope, en su inocencia, empezó a saltar de un lado a otro, emocionada por la idea de que su nueva amiga esté presente en su primer baile- Vamos Elisa, di que sí.

- No lo creo, señorita -Elisa, quien ya sospechaba del plan de su más nueva cliente, no quería ni siquiera pensar en poner un pie en ese baile -Si me disculpan, tengo trabajo que hacer. Muchas gracias por la... invitación.

Antes de que nadie pudiera decir nada, Elisa tomó su costurero y salió de la habitación casi corriendo. Muchos podrán decir que estaba loca por desperdiciar tal oportunidad, la hija de la mismísima duquesa de Medinacelli, la había invitado a uno de los bailes más exclusivos del país, y ella la había rechazado. La realidad era que Elisa, vio las intenciones de Sofia; no era una idea amable, era un plan para humillarla, para hacer que toda la sociedad se burlara de la pobre costurera que osó asistir al baile de la primera dama, dejando de lado todo decoro.

Al llegar al local nuevamente, decidió que lo mejor era no contarle a su madre; si la pobre Maria Remedios se enteraba que su hija había rechazado una invitación a la fiesta más exclusiva de la cual la primera dama era la anfitriona, no iba a poder controlar sus nervios. Pero lo que Elisa no sabía era que esa decisión, lamentablemente, no le pertenecía a ella.

La joven costurera, escuchó un grito proveniente del patio delantero de su casa que quedaba justo al lado de su local- ¡Elisa! -Salió corriendo preocupada al reconocer la voz de su mamá, pensando que algo horrible había pasado- ¿Por qué no me dijiste que la duquesa de Medinaceli te invitó al baile de máscaras? -Elisa frunció el ceño confundida y vio como su madre sostenía una carta, leyéndola con emoción- ¡Yo sabía que ese local tuyo algún día iba a hacerte importante! -La costurera miró a su madre con una ceja levantada, incrédula de tal cumplido hacia su lugar de trabajo.

- ¿De qué estás hablando, mamá? Nadie me invitó a ningún baile -Maria Remedios le mostró la carta a su hija- No....

- ¡Qué emoción! -Su madre empezó a caminar dirigiéndose al local- Mi hija irá al baile de máscaras, ¡Increible! -Remedios empezó a sacar telas de los estantes, las más caras y exclusivas, mientras sonreía como Elisa nunca la había visto sonreír.

- No voy a ir, mamá -Elisa detuvo el frenesí de su madre con cinco simples palabras.

- Tonterías -Remedios la ignoró y luego de un segundo de mirar seriamente a su hija, siguió sacando telas y cajas de brillantes- Irás a ese baile quieras o no, nadie rechaza una invitación de este estilo y menos si viene de la duquesa.

- No viene de la duquesa -Remedios miró a su hija confundida- Viene de la hija mayor de la duquesa -Anticipando la sonrisa de su madre al imaginar que eso significaba que su hija se había hecho amiga de la hija de la duquesa, se apuró a decir- Y no, no es con buena intención. La mayor de sus hijas es la persona más egoísta y maliciosa que conocí, está tramando algo para humillarme ya que intentó hacerlo en mi visita a la casa rosada hoy; realmente dudo mucho que me haya invitado para ser mi amiga.

- Ay mi niña -Remedios se acercó a su hija y acarició su rostro- Eso es lo bueno de un baile de máscaras, nadie sabrá quién está detrás de cada una de ellas.

A pesar de que su madre siempre la ponía de los nervios y nunca iba a llegar a comprender su forma de ver la vida, Elisa sabía que tenía razón en algo; detrás de las máscaras nadie iba a reconocerla ni saber que era una simple costurera, y mucho menos si su máscara y su vestido estaban a la altura de tal evento. La joven sabía muy bien que detrás de cada máscara iba a haber una persona dispuesta a desmerecerla y menospreciarla, pero más allá de todo lo que su padre le había enseñado, le había picado el bichito de la curiosidad y las ganas de, aunque sea de incógnito, visitar un baile; y qué mejor que hacerlo en el baile mas exclusivo del país, rodeada de la gente más importante del mundo. Nunca se había permitido soñar con lo que soñaban todas las jóvenes de su edad, pero sin saberlo el aceptar esa invitación haría que su vida de un giro rotundo.