El Pacto de Thalassa

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Summary

Lyra siempre supo que el mar no era solo agua... pero nunca imaginó que la estaba esperando. En un mundo dividido entre tierra, océano y magia ancestral, los secretos se hunden más profundo que cualquier reino. Cuando una voz comienza a llamarla desde las profundidades, Lyra se ve arrastrada a un destino que jamás pidió... uno que podría desatar una guerra olvidada hace siglos. Entre pactos rotos, poderes prohibidos y un corazón que no debería latir por ella, descubrirá que algunas fuerzas no buscan destruirte... sino reclamarse. ¿Puede el amor nacer en un lugar donde todo está destinado a hundirse?

Genre
Fantasy
Author
Sigrid
Status
Ongoing
Chapters
35
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

1. Caída magistral

El océano rugía distinto aquella mañana.

No eran las olas golpeando el casco del barco ni los gritos desesperados de los marineros intentando atracar en Nyrberth después de treinta días en alta mar. Era algo más profundo. Más antiguo.

Algo que vibraba bajo mi piel.

Apoyé ambas manos mojadas sobre la cubierta recién fregada mientras intentaba recuperar el aire. El olor a detergente rancio y sal húmeda llenaba mis pulmones, pero ni eso lograba apagar aquella sensación incómoda que me recorría el cuerpo desde el amanecer.

Como si el mar estuviese esperando algo.

O a alguien.

Barrer.Mojar.Trapear.Lustrar.

Cuatro palabras.

Cuatro condenas pequeñas que se repetían en mi cabeza desde hacía catorce años, desde que decidieron que ya era lo bastante grande para sostener una escoba... y lo bastante insignificante como para devolver, a punta de trabajo, el espacio que ocupaba en este barco.

Según Maam, la vida estaba hecha de rutina y deudas.

Y yo era ambas.

A veces pensaba que ni siquiera había nacido como una persona, sino como una carga. Una de esas que nadie quiere reclamar, pero que tampoco se atreve a lanzar por la borda. Pops, en cambio, siempre decía que no.

—Jamás te habríamos cortado la cabeza mi pequeña sardina —había dicho Pops una vez entre risas, como si aquello fuese un consuelo.

Yo me reí con él en ese momento.

Era más fácil que preguntar qué había pasado con las otras.

Mi vida en aquel barco se resumía en eso: limpiar pisos, dejar la madera reluciente y pasar lo más desapercibida posible. No mirar demasiado, no hablar demasiado, no existir más de la cuenta.

Pero hoy era distinto.Por fin tocaríamos tierra firme. Y, como si eso no bastara, al día siguiente cumpliría veintiún años.

Adulta.

La palabra debería haberme hecho sentir libre.

En cambio, sonaba casi ridícula.

Porque no importaba cuántos años tuviera, mi destino seguía oliendo a humedad, sal y madera vieja. Seguía siendo el mismo camarote estrecho, las mismas tablas gastadas, los mismos susurros a mi espalda.

Presa en este barco.

Como bastarda.

Como desterrada.

Invisible cuando convenía. Despreciada cuando no

—Si sigues así, lo único que harás es hacerle un orificio a la proa —dijo una voz masculina sacándome de mis pensamientos profundos. No podía ser nadie más que uno de mis amigos, Kael, y nadie más porque básicamente era el único hombre que me hablaba.

Miré a mi amigo y le sonreí, aquel ni sus chistes aburridos lograrían cambiar mi humor.

—Puedes decir lo que quieras, hoy soy la doncella más feliz de este barco —dije mostrandole la lengua, a lo que él solo río. —Además — Añadí. —déjame recordarte que esta es la popa Kael, no puede ser que lleves acá toda tu vida y aún no la distingas.

Él solo blanqueó lo ojos con una sonrisa animada. Kael era un chico amable, unos años mayor que yo, y de mi misma categoría, un desterrado más.

Deje que mis pensamientos se esfumaron, para observarlo más en detalle. Lucia diferente, más arreglado de lo normal, sus rizos leves castaños se perdían en una boina oscura a cuadrille, que combinaba con sus ropas viejas y manchadas por el trabajo en la caldera central, sin embargo la ausencias de arrugas en su ropa me dacia que había destinado tiempo en aquello.

—Bueno, dentro de la caldera no importa mucho si es proa, popa, cielo o mar —dijo medio avergonzado mientras rascaba su cabeza. —Entonces, ¿Iras con esas ropas a tierra firme? —Dijo levantando sus cejas mientras me miraba de arriba hacia abajo.

Fruncí el ceño, empujé a un lado el tarro con agua y detergente, y me paré sacudiendo mi vestido, tan o más desaliñado que las ropas de él.

—¿Y este que tiene de malo? —Gruñi acomodándolo. La verdad si estaba tan mal.

— mmmh, ¿la verdad?. Por muy guapa que seas, un vestido tan viejo no hará que pases desapercibida si quieren comprar un bello vestido a una modista —Agregó riendo.

Odiaba cuando coqueteaba conmigo. Sobre todo porque nunca sabía si hablaba en serio o si solo se divertía viendo cómo me irritaba.

Pops decía que yo era bonita. Que mis ojos parecían dos pequeñas joyas del mar, tan celestes que iluminaban el lugar. Maam incluso juraba que brillaban cuando me enfadaba. Yo, en cambio, los odiaba. Eran demasiado turquesa, demasiado extraños, demasiado parecidos a un legado que jamás había pedido.

Me miré en el reflejo distorsionado de la madera pulida. Kael no mentía. Llevaba un vestido marrón y blanco tan gastado que casi había perdido su forma original, y un delantal que en algún momento fue blanco, pero que ahora arrastraba un gris cansado por años de uso.

—No es la ropa lo que importa, es el dinero —dije sacudiendo el bolsillo lleno de monedas que Pops me había adelantado hoy al verme en la cocina. Lo miré feo y me di media vuelta dejándolo atras

—Nos vemos en tierra, guapísima Lyra —Gritó a la distancia mientras él también se alejaba riendo. Bufé molesta, sin poder esconder una pequeña risita.

Era un bobo, pero era mi mejor amigo.

Pasé el resto de la mañana fregando la cubierta con más rapidez de la habitual, mirando cada pocos minutos el horizonte, donde la silueta de Nyrberth, la capital del continente comenzaba a dibujarse a la distancia.

El barco era un mundo en sí mismo. Más de quinientas personas viviendo entre madera, sal y metal. PeirateiÑ navegantes, elegidos... y nosotros. Los desterrados. Los que no pertenecíamos a nadie. Los Thalassai eran peores. Tocados por el mar. Castigados por romper el pacto. Nadie hablaba de ellos. Pero todos los miraban.

A penas di la ultima pasada al último rincón de mi área, tomé mis cosas y sali directo a la cocina, evitando chocar con todo el mundo y evitando toparme con alguna vigilante de desterrados, que buscara perturbar mi felicidad.

Llegué directo al mesón de Pops, donde pude ver a la distancia a ese viejo gruñon y regordete mientas cortaba la cabeza de algunas tilapias.

—Vi una pequeña sardinita nadando a una velocidad impresionante entre mucha gente —Dijo Maam saliendo tras una muerta del centro de la cocina del barco.

Era un lugar bastante amplio, donde ambos desempeñaban la labores de cocineros principales- Ambos casados, eran desendientes de elegidos ya en lineas muy bajas.

Maam al contrario de Pops, era una mujer alta y esbelta, con un cabello ceniza que recordaba sus años, al menos unos ciento veinte años.

Me apoyé en el mesón que nos separaba y suspiré haciendo revolotear a algunos aliños por el ambiente.

—Estamos a solo cinco minutos de pisar tierra —chillé. —siento que me volveré loca. — Pops frunció los labios denotando preocupacion —. Lo se, lo se, ya estoy adulta, nada de pisar el mar, nada de ir a lugares de prohibidos por los Neirith, nada de molestar sylmaras y mucho menos acercarme a cantinas de Peiratei borrachos. además —agregué buscando apasiguar sus miedos. —sabes que ire con Kael y mejor aún, con Mynbeth.

solo eso hizo que su mirada dura de preocupación se calmara. Myn era mi pase a la mayoria de actividades.

— Casi adulta—Me recordó Pops, suspiró para continuar —No quiero parecer sobre protector, pero sabes que en tierra hay mucho mas daños que en las aguas.

—Aguas que tenemos prohibido tocar — le recordé.

—Si, pero aún asi, estás aguas nos permiten navegar, nos ofrecen comidas

—y nos convierten en Thalessai — le volvi a recordar. El sólo suspiró

— Solo cuidate, eres mis ojos Lyra, no sabría que hacer si algo te pasara —dijo desviando la mirada preocupada a sus pescados. Maam llegó tras de él y le sobó su espalda, tratando de calmarlo

—No te preocupes Lyra, solo es un viejo sensible y preocupado por que su niña, que ya mañana es una adulta —dijo mientras sentimos encayar el barco — ve — añadió — disfruta con tus amigos y cuidate.

Giré tras el meson y los abracé. Podía sentirme menos apreciada la mayor parte del tiempo, sin embargo ellos eran familia, eran mis padres, quizá no de sangre, pero si por el amor que nos unía.

—Gracias —dije, sabiendo que era mas que eso. —Me cuidaré, los quiero — dije apartandome de ellos conteniendo las lagrimas, mientras retiraba mi sucio delantal y corria hacia la proa en busca de mis amigos.

La bajada a babor del barco estaba saturada, tanta gente como yo estaba apresurada por vivir la vida en tierra, tanto, que no importaba chocar o pegarse a los Thalassai o a los desterrados. No importaba ser a esposa del segundo al mando o los hijos del capitan, todos querian pisar tierra firme y vivir los lujos de este lugar.

Disfrutaba el barco, sin embargo recordar su funcion sobre el mar siempre hacia que mi estomago diera un vuelco. Desde el pacto, los Seirēn no podían cruzar a tierra... y nosotros tampoco debíamos adentrarnos en sus aguas. En teoría, eso mantenía el equilibrio. En la práctica... solo dejaba cicatrices.

Los Thalassai eran prueba de ello. Tocados por el mar. Castigados por romper las reglas. Escamas, cambios en el cuerpo... y, según los rumores, cosas mucho peores. Yo nunca había visto a un Seirēn. Para mí, eran solo historias.

Pero si habia vistos cientos de Thalassai y como su destino siempre era cruel.

Traté de despejar mi mente de esos recuerdos mientras a la distancia, un revuelo apenas perceptible llevo mi atencion y solo porque era Myn peleando con algunos niños que se trataban de colarse entremedio de ella. Mi amiga no era fanática de las niñez por lo que se podia ver. Me aproximé rápidamente donde ella, mi tamaño menudo permitía desplazarme facilmente entre las personas, lo cual me ayudó a llegar con prisa al lado de ella.

—Golpear menores esta condenado por la cuarta ley —dije acercándome a su lado mientras jalaba la manga de su chaqueta impecable. Ella dio un pequeño sobresalto. Siempre a la defensiva.

—Empujar no es violar ninguna ley —dijo entre dientes, mirándolos como se alejaban cada vez más hacia la salida del barco. —¿Donde estarán sus padres?

— probablemnte tan desesperados como ellos por bajar —Reí mientras volvía a jalar su chaqueta —¿No piensas saludarme? — me quejé, volviendo a jalar su manga por tercera vez, una costumbre que ella odiaba. Ella volteó hacia mi mostrandome sus imponentes ojos grises, como el gran mar Thalassa. Llevo sus pulgares y apreto mis mejillas delgadas, un gesto que yo odiaba, lo entendía, me lo había ganado.

—¡Pero si eres la cosa mas tierna de esta tierra Lyra! —Río mientras me soltaba, y segui avanzando entre la multitud

—No empieces con tus juegos Mynbeth, hoy quiero un regalo, ya te pagan en oro — gruñí. La verdad no me importaba un regalo, mientras ellos pasaran este dia conmigo, todo estaría bien. Ella solo me guiñó un ojo.

Cuando ya llegamos a tierra firme pude estirar mis piernas por primera vez, la arena era un sensación indescriptible y el solo crujir de mis zapatos contra ella ya era suficiente. Myn realizó la misma acción que yo, pese a ser una aprendiz de peiratei, sabía que disfrutaba tanto como yo de la tierra y sus bondades.

Ambas seguimos observando nuestro alrededor. El puerto era una maravilla, a la distancia se observaban como ambulantes y múltiples mercaderes humanos ofrecían sus productos, quesos, pescado, carnes de otros animales, e incluso animales vivos. Y ni solo eso, cosas tan simples como frutas y verduras que en el barco siemore solian durar frescas una semana. Una manzana recien cortada del arbol era un lujo.

—al fin las encuentro — Suspiró Kael, sacándonos a ambas de nuestro ensimismamiento

—Llegas tarde Kael —le reprochó Myn, mientras arreglaba su traje de salida. Un honor para cualquiera.

—O ustedes llegan muy temprano — bromeó dandome un pequeño codazo mientras reía. Yo le sonreí mientras Myn lo fulminaba con la mirada.

Otra cosa que su entrenamiento en guerra le habia forjado, era la puntualidad.

—Bueno, bueno —dije buscando calmar los animos —¿Nos vamos o perderemos el tiempo en sus batallas de miradas? —Ambos se miraron para después blanquear los ojos, poniéndose uno a cada lado mío para seguirme el paso. Hoy yo era la guia de este viaje.

El objetivo principal era coseguir algunos mangos para comer en el camino, nuestar fruta de estación favorita, para después seguir hacia las modistas, en busca de un vestido de cumpleaños.

No era superficial, sin embargo Maam dijo que no podía volverme adulta sin un bella vestido, y yo estaba de acuerdo.

Caminamos entremedio de la multitud, quienes no temían en mirar a mi y a mis amigos, eramos un grupo de aquellos, dos desterrados y una Peiratei, una de ellos con los ojos más azules que el mismo mar.

El lugar era caotico pero hermoso. La capital tenía aquello en el mercado, múltiple puestos de todas partes del continente, ademas de edificios hermosos, formados entre las montañas a la distancia, entre cascadas y rocas, ademas de casas forjadas a piedra, de multiples colores, todo con ese gusto a magia por el aire, ese toque que solo los Neirith, — hechiceros de la tierra— podian generar.

Nada nos detenía. Los tres tocábamos y olíamos todo, usábamos nuestros cinco sentidos sin remordimientos. Sabiamos que para volver a ver esto, deberian al menos pasar treinta dias.

Pero todo se detuvo cuando un alboroto en el puerto tan estruendoso como para notarlo, ya a la distancia, nos sacó de nuestro recorrido. Myn, de forma defensiva se puso delante nuestro. mientras nuestros ojos buscaban el origen.

—El conclave — susurró

— ¿El conclave? — preguntamos estupefactos tanto Kael como yo al mismo tiempo

— Si hoy .—Su voz estaba llena de desprecio—. Lo habia olvidado, mierda —Espetó —los 26 de cada mes se reune el conclave en la torre más alta.

—Pero no debería pasar nada —comentó Kael buscando calmar la situacion —Es tierra neutral, por eso el Pacto

—De los Seirēn nunca debes esperar lo mejor —Gruñó Myn. Yo en cambio no podía hablar.

Mi cuerpo comenzó a reacción antes que mi mente y de forma casi magnetica, me vi atraida hacia ese escandalo. No era caos de personas gritando, asustadas, era más bien caos en las aguas, las cuales se agitaban turbulentas antes de la salida de alguien entre ellas. Turbulentas, poderosas, casi con vida propia.

Pasé entre la gente, empujándolos, con mi mirada fija en ese remolino, mientas todos se alejaban de esa zona, algunos espantados, otros ignorando la inmensidad de esa llegada.

Jamás en mi vida había visto a uno de ellos, jamás siquiera había sentido ese olor a mar y frescura, mucho menos ese sabor a agua salada en el ambiente acompañado de una melodía como un arpa bañada de elegancia, magia y poder.

Mis ojos chocaron con esa imagen. Un túnel cristalino, casi impoluto en medio del océano. Ahogué un suspiro.

Di un paso mas, una muralla invisible me detuvo, de golpe, obra de los Neirith probablemente, no para proterger a sus visitantes, ellos no lo necesutaban.

Tras de mi escuchaba a mis amigos llamarme, no obstante no me interesó.

Solo podia obserbar aque porta, donde una figura majestuosa, alta y esbelta se asomaba, un hombre de aproximadamente sesenta años humanos, posiblemente muchos más en Seirēn, tan alto que parecia que tocara el cielo. Vestía de ropas que jamás había visto en mi vida, de su espalda caía una amplia capa hecha de las escamas más bellas que había visto en mi vida, brillaban con los retazos de sol que chocaban enviando destellos turquesa, y el resto de su ropa que parecia una verdadera armadura no se quedaba atras.

Un destello turqueza casi enceguecedor me hizo alazar la vista. Un tridente, una joya en su cima. El corazon de Thalassa. Un cuento que en aquel presenciaba con mis ojos y podia entender porque aquella pieza podria controlar las corrientes y todo el mar.

Un paso tras otro de el y mi corazon lichaba por salir de mi pecho, mientras mi respiracion se volvia irregular.

El agua no lo tocaba, se abría, se apartaba de él haciendo ver cuál era su poder, él era el Lord, él era su amo.

Cuando dio un paso fuera del túnel el mundo parecía detenerse. El lord Seirēn había llevado. Sus ojos de un turquesa imposible de comparar brillaban tanto como el corazón de Thalassa, observaban, indagaban, buscaban.

Senti el ardor de mi saliva y entonces esos ojos encontraron los míos. Por un segundo deje de respirar.

Me miró a mí, no a la multitud, no a los Peiratei. Solo a mi, y sonrió.

—Lyra —Escuché decir a Kale a la distancia

—Ly, aléjate —dijo Myn tras de mí mientras tomaba mi brazo, pero no podía apartar la mirada de él, como si estuviese tomando mi alma y a mi no me importaba que lo hiciera.

El cristal de su tridente latio por un instante al ritmo de mi corazon y entonces la melodía tomó sentido. No era una canción, no era una melodía cualquiera, era un llamado.

Tome el brazo de Myn mientras mis piernas dejaban de funcionar.

Lyra, Lyra, Lyra