CAPITULO 1 "EL ENCUENTRO AMARILLO".
Lorena nunca imaginó que su vida cambiaría en un backstage caótico de Buenos Aires. Tenía 39 años, un cuerpo de 1.58 que parecía esculpido para volver locos a los que sabían mirar, cabello negro que le llegaba hasta las rodillas como una cascada de medianoche, y esos ojos amarillos, casi felinos, que brillaban con picardía latina.
Maquilladora freelance de renombre, había viajado por medio mundo maquillando caras de famosos, pero ninguno como él.
Kim Taehyung, V para el mundo, estaba en Argentina por un evento especial de BTS. La gira había terminado, pero él se quedó unos días extra “por inspiración”. Cuando entró al camerino, con esa chaqueta oversized y el cabello revuelto, Lorena sintió que el aire se volvía espeso.
—Hola… ¿tú eres la maga de los pinceles? —preguntó él en un español con acento adorable, sonriendo de lado. Esa voz grave, ronca, como miel oscura.
Ella levantó la vista desde su kit de maquillaje y sus ojos amarillos se clavaron en los de él. Sonrió con esa mezcla de confianza y descaro que solo una latina madura sabe tener.
—Magia y un poco de brujería, bebé. Siéntate antes de que me robe tu cara para mi altar —respondió ella en coreano, guiñándole un ojo.
Taehyung soltó una risa baja, de esas que vibran en el pecho. Se sentó en la silla giratoria y la miró a través del espejo. Era mucho más alto que ella, pero en ese momento parecía que el mundo se había reducido a ese pequeño espacio entre ellos.
Mientras le aplicaba base, sus dedos rozaron la mandíbula de él. Piel dorada suave, aroma a perfume caro, jabon de avena y algo más… masculino, cálido. Taehyung no dejaba de observarla.
—Tu pelo es increíble. ¿Puedo tocarlo, noona? —preguntó de repente, con esa dulzura que lo caracterizaba.
Lorena se mordió el labio inferior, divertida.
—Solo si prometés no enredarte. Es traicionero… como yo y suele quedarse con aquello que le gusta.
Él levantó una mano grande y tomó un mechón largo, deslizándolo entre sus dedos con una adoracion casi reverencial.
—Es como seda negra. Podría perderme en él toda la noche.
El corazón de ella dio un salto. La sesión de maquillaje se volvió lenta, cargada. Cada roce de pincel era una caricia disimulada. Cuando terminó, Taehyung se miró al espejo y sonrió.
—Parecés un ídolo, no un simple mortal —bromeó ella.
—Ahora quiero que me maquilles todos los días —dijo él, girándose en la silla y tomando suavemente su muñeca—. ¿Cena conmigo esta noche? Sin cámaras. Solo… nosotros.
Lorena arqueó una ceja, su cuerpo pequeño vibrando de anticipación.
—¿Un idol mundial invitándome a mí, una vieja de 39? Cuidado, Tae, que las latinas mordemos.
Él se rio y se acercó un poco más, su aliento cálido en la oreja de ella.
—Entonces muerde. Quiero probar.
Esa misma noche, después del evento, Taehyung mandó un auto a buscarla.
Lorena eligió un vestido negro ajustado que marcaba sus curvas perfectas, tacones altísimos, el pelo suelto cayendo como una capa dramática hasta casi tocar el suelo. Cuando entró al restaurante privado en Puerto Madero, Taehyung se levantó como si viera una aparición.
—Dios mío… —murmuró en coreano antes de cambiar al español—. Lorena, estás… peligrosa.
La cena fue risas, vino malbec, historias. Él contó anécdotas de giras, ella de sus viajes como maquilladora. En un momento, Taehyung estiró la mano sobre la mesa y entrelazó sus dedos con los de ella.
—No suelo hacer esto —confesó—. Pero tus ojos… me atraparon desde el primer segundo. Parecen oro líquido.
Ella se inclinó hacia adelante, su escote ofreciendo una vista tentadora.
—Y tú pareces sacado de mis sueños húmedos de adolescente, pero con precioso y más clase. ¿Qué vamos a hacer con esto, Kim Taehyung?
Él apretó su mano, la voz bajando a ese tono grave que derretía.
—Lo que queramos. Despacio… o rápido. Como tú desees.
Después de la cena caminaron por la costanera. El viento jugaba con el cabell larguísimo de Lorena, envolviéndolos a ambos.
Taehyung la detuvo bajo una luz tenue, tomó su rostro entre sus manos grandes y la besó.
Fue suave al principio. Labios cálidos, exploradores. Luego se volvió más profundo, hambriento. La lengua de él rozó la de ella con una dulzura pervertida, y ella gimió bajito contra su boca, sus manos pequeñas agarrando la camisa de él.
—Sabes a pecado y a hogar —susurró Taehyung contra sus labios.
—Llévame a tu hotel —respondió ella, mordiéndole suavemente el labio inferior—. O me vas a tener que follar aquí mismo con el río de testigo.
Él soltó una risa ronca y la abrazó fuerte, besando su frente con ternura.
—Quiero hacer las cosas bien… pero también quiero hacerte gritar mi nombre. Las dos cosas.
Esa noche no llegaron a nada más. Solo besos en el auto, caricias por encima de la ropa y promesas susurradas.
Taehyung la dejó en su departamento sobre la avenida Alvear con un beso largo y un mensaje de voz después: “Tu pelo en mis manos… no puedo dejar de pensarlo. Descansa, mi gata amarilla.”
Lorena se durmió sonriendo, el cuerpo palpitando de deseo y algo más dulce.