Dedicatoria
Siempre he creído que estamos destinados a amar a quien no nos ama y a ser amados por quien no podemos corresponder. Como escritora, siempre fui consciente de ello; por eso mis historias se convirtieron en un refugio para esos malestares del corazón. Lo que nunca sospeché es que encontraría en la música otro escape y que, en medio de sus notas, también lo encontraría a él.
Cuando escribí Novocaína, no dimensioné el impacto tan grande que tendría en mi vida. Fue la historia que me devolvió el sueño de escribir y la que me dio el empujón para atreverme a compartir mis palabras con el mundo.
Esta novela nació desde la oscuridad de algo tan complejo como el amor. Porque el amor no siempre es color de rosa. Es letal. Imperfecto. Y, si no sabes manejarlo, puede dejarte viviendo a medias.
Amar implica perderse para después encontrarse. El amor se alimenta de la locura, de las ilusiones y del miedo; sin ellos, no aprenderíamos a soltarnos ni a sentir de verdad.
No existirían Gretel ni Antón. No tendríamos historias que contar.
Por eso quiero agradecerte, Antón, por haber creado Novocaína conmigo. Gracias por ser parte de esto.