Afterwoorld The seed of The world

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Summary

En un mundo que respira en paz y equilibrio, donde la magia y las criaturas coexisten en armonía, nace Nero. Pero su llegada no trae calma, sino el eco de un pasado oscuro. Como miembro de un clan que todos creen extinto, Nero descubre pronto que el mundo está siendo devorado por la ambición de seres crueles que buscan las Semillas del Mundo para ejecutar una venganza definitiva contra los dioses y la humanidad. Sin embargo, el golpe más devastador no vendrá de un enemigo externo. La vida de Nero comienza a desmoronarse cuando descubre que la sombra que persigue su existencia pertenece a su propia sangre. Alguien de su mismo linaje, un miembro de su clan, es quien lidera la destrucción y reclama su vida. Obligado a convertirse en guerrero a una edad donde otros solo conocen el juego, Nero se lanza a un viaje de sangre y esfuerzo. Su objetivo es claro: descubrir la verdad tras la traición de su estirpe y cobrar una venganza que sane las heridas de su alma. Pero, ¿podrá Nero resistir la oscuridad de su propio legado sin perder la cordura en el proceso?

Genre
Fantasy
Author
Diosmar
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Afterwoorld The seed of The world Capitulo prologo

En el cielo de este mundo solía ser una obra de arte; de día, un azul infinito salpicado de nubes claras; de noche, un desfile de estrellas tan brillante que parecía irreal. Pero la belleza es caprichosa. En el corazón de la montaña nevada, donde el frío muerde y el silencio sepulcral intimida a los valientes, residía el Clan Akihisa. Setecientas almas que vivían en una armonía tensa, conocidos por todos como los "Cazadores de la Fe".

El líder del clan tenía dos pilares: sus hijos. Kojiro, de 19 años, era el orgullo de la aldea, el futuro gobernante cuya fuerza era celebrada por todos. Por otro lado, shinjiro, de 18, cargaba con el peso del menosprecio; aunque su talento innato superaba al de su hermano, su falta de experiencia lo mantenía a la sombra. Ambos ompartían algo más que la sangre: el amor por Minari, una joven cuya mirada se inclinaba, para desgracia de Kojiro, hacia el hermano menor.

Esa noche, sin embargo, el amor y la rivalidad pasaron a segundo plano.

—Nadie sale hoy —había advertido el líder—. La luna se tornará carmesí. La

HamBalaya comienza.

Era el momento de la "Ofrenda Demoníaca", el ritual donde los espectros de corazón oscuro rinden tributo a Indra, el dios de las sombras, para aferrarse a este plano existencial. Pero el destino es cruel. El pequeño conejo de Minari escapó hacia la oscuridad del bosque y ella, impulsada por el afecto, cometió el error de seguirlo.

Un grito desgarrador rasgó el silencio de la montaña.

Shinjiro y Kojiro saltaron de sus lechos. En la entrada de su hogar, bajo el brillo sangriento de la luna, el conflicto estalló.

—¡Tengo que ir! ¡Fue ella! —exclamó Shinjiro, con el pulso acelerado.

—¡Es un suicidio! —Kojiro lo sujetó del brazo con fuerza—. Padre lo prohibió. Si sales, te perderemos a ti también.

Shinjiro se soltó del agarre de su hermano con un tirón violento. Sus ojos reflejaban una determinación que Kojiro nunca había visto.

—Si somos los protectores, debemos proteger, no huir. Si tengo que desafiar a los dioses para salvarla, que así sea.

Shinjiro se lanzó hacia la negrura del bosque nevado. Kojiro permaneció un segundo inmóvil, debatiéndose entre la obediencia y la sangre, hasta que el miedo a perder a su hermano superó al miedo a la oscuridad. Sin decir palabra, se internó también en la maleza, siguiendo el rastro de Shinjiro hacia una noche que

cambiaría el destino de los Akihisa para siempre.

Shinjiro corría con los sentidos al límite. El Ki y el Mana se desbordaban de su cuerpo en una mezcla caótica de preocupación y una sed extraña, casi ajena. La nieve devoraba el sonido de sus pasos, dejando que solo el eco de los gritos de Minari lo guiara. Al llegar al claro, el horror se materializó: Minari levitaba sobre un círculo de piedra ancestral, bajo la mirada gélida de la luna carmesí. La realidad se distorsionaba y se reconstruía por momentos. No había monstruos visibles, pero el aire vibraba con presencias invisibles y hambrientas. Debajo de ella, un aura oscura se solidificó en una garra demoníaca que parecía reclamarla.

—¡Shinjiro, no! ¡El ritual ya ha comenzado! —gritó Kojiro, llegando tras él, con el rostro desencajado por el pavor.

Fue inútil. Al contacto de Shinjiro con Minari, una explosión de energía elemental y sombras envolvió el lugar. Las criaturas invisibles se manifestaron, horribles y tangibles. En la desesperada lucha por rescatar a la chica, Kojiro fue arrastrado al centro del círculo. Una fuerza gravitatoria oscura lo hundió hacia el abismo, y su sangre salpicó las runas malditas.

En ese instante, el alma de Kojiro quedó encadenada a la voluntad de Indra, el dios de la oscuridad.

El regreso a la aldea fue un descenso al infierno. Tras ser castigados y azotados por romper la prohibición, Shinjiro cayó en un sueño pesado, solo para despertar ante un silencio que no era el de la nieve, sino el de la muerte. Al salir, el mundo se había vuelto rojo. Los cuerpos de su madre, sus amigos y sus vecinos cubrían el suelo. Y allí, en el centro de la carnicería, estaba su hermano. Kojiro, cubierto de sangre y con una sonrisa psicópata, sostenía a su padre del cuello.

—¿Kojiro? ¿Qué has hecho? —rugió Shinjiro con la voz rota por la ira.

—Esto es solo mi deber —respondió Kojiro con una frialdad que congelaba la sangre—. Odiaba a esta gente. Odiaba a nuestro padre por su crueldad. Se lo merecían, ¿no crees, hermanito?

La batalla entre hermanos fue feroz, pero el dolor de Shinjiro se transformó en una fuerza superior que obligó a Kojiro a huir hacia las sombras. Shinjiro corrió hacia su padre, quien, agonizante y escupiendo sangre, le susurró sus últimas verdades: "Tu hermano está maldito... ya no es él... Minari... intenté salvarla, pero..."

Shinjiro usó cada gota de su Mana para estabilizarlo, pero la verdadera pesadilla lo esperaba en la casa de su amada. Al entrar, el alma se le escapó del cuerpo.

Minari yacía entre los cadáveres de su familia, ultrajada, violada, rota y sumergida en un trauma que ninguna magia podría curar. Shinjiro cayó de rodillas, golpeando el suelo hasta sangrar, cargando con el peso insoportable de saber que su acto de amor había sido la llave que abrió la puerta a la locura de su hermano y al exterminio de su pueblo.

Buscando un nuevo comienzo sobre las cenizas del dolor, Shinjiro y Minari escaparon a la remota Isla Gélida.

Allí, años después, nacería un niño bajo una profecía de paz o caos absoluto. Su nombre es Nero. Y el mundo aún no sabe si él será el salvador... o la oscuridad final.