Amor abierto 24/7 // Historia original// Poliamor

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Summary

Un café por sí solo es simple... predecible. Pero cuando viene con un acompañamiento irresistible ,un postre, un croissant... o incluso algo que no estaba en el menú ....todo cambia. ☕🔥 Porque a veces, la vida te ofrece un extra completamente gratis...y rechazarlo no es tan fácil como parece. Jenesarette, de 25 años, está en su último año de Diseño Gráfico. Decidida a no ser una carga para su madre, comienza a trabajar como camarera en el café de su mejor amigo, Víctor. A su lado también está Andrew, su otro mejor amigo... y su constante desde la infancia. Tres vidas entrelazadas. Tres corazones que comienzan a latir diferente. Y una decisión que lo cambiará todo. Porque no todos los extras son inocentes... y algunos pueden volverse imposibles de soltar. ¿Elegirá Jenesarette lo seguro... o se dejará tentar por lo que nunca estuvo en el menú? ☕🖤

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Durante mi infancia, me costaba profundamente hacer amigos, especialmente con niñas. Nunca entendí del todo por qué: había en ellas una distancia constante, una hostilidad silenciosa que me impedía acercarme. Durante mucho tiempo pensé que se debía a mi forma de ser, a esa sensación persistente de no encajar, de no ser del todo “normal”.

Con los años, sin embargo, empecé a comprender que aquella distancia tenía otro origen. Mis únicos dos amigos —quienes, para los demás, parecían casi figuras idealizadas por su atractivo— eran el centro de muchas miradas. Para mí, en cambio, nunca fueron más que compañeros de juegos: amigos en quienes encontraba protección, respeto y afecto genuino.

La indiferencia del resto nunca llegó a importarme demasiado. No necesitaba que otros jugaran conmigo ni que entablaran conversaciones triviales. Tampoco presté atención a ciertas señales que, quizá, intentaban advertirme de algo; las interpreté siempre como celos o envidia. Mis amigos, por su parte, me aseguraban que no debía preocuparme, que ellos estarían ahí para protegerme. Y yo les creí.

Con la llegada de la adolescencia, dejé de esperar gestos simples como un saludo o una despedida. En su lugar, comencé a percibir un rechazo más explícito, especialmente por parte de otras chicas. La distancia que ellas mantenían con mis amigos —quienes solían mostrarse fríos e inaccesibles— parecía transformarse en resentimiento hacia mí. Hubo momentos difíciles, episodios de acoso que me hicieron considerar alejarme de todo para evitar más conflictos.

Sin embargo, ellos se mantuvieron a mi lado: pacientes, atentos, incondicionales. Su cercanía disipaba cualquier duda que pudiera surgir en mí, reforzando la idea de que aquel vínculo era, ante todo, sincero.

Ahora, ya en la adultez, puedo mirar atrás con gratitud por haber conservado esa amistad. O al menos, eso creía. Porque el día en que ambos dejaron entrever que sus sentimientos iban más allá de la amistad, comprendí que aquello que parecía tan claro ya no lo era. Y que, inevitablemente, tendría que elegir.