CAP. 1
LA ACEPTACIÓN
Samantha, como heredera guía de la casa del norte Tlahuica, fue bien recibida, ya que sabían que Xicalt había indicado y dado el poder supremo de cuidar y guiar a los descendientes Tonalli, junto a las otras casas. Cuando llegó, no sabía si podía continuar con el legado de Xicalt; había muchos ancianos sabios en cada casa, convocó a una reunión de los siete ancianos del norte.
Cuando llegaron los ancianos, las llamas empezaron a iluminar los rostros serenos de los ancianos, que aguardaban en silencio. Samantha permanecía en silencio frente a ellos, con el corazón golpeándole el pecho.
Samantha rompió el silencio: —No soy quien creen que soy, Xicalt era más fuerte… más sabio. Yo apenas estoy aprendiendo. Los ancianos se miraron entre sí con calma. Uno de ellos se levantó y dijo: —La fuerza no siempre está en quien se cree poderoso —respondió con voz tranquila—, sino en aquel que decide proteger a los demás.
Una anciana se acercó y le colocó la mano en el hombro: —Nadie te pide que lo cargues sola. Los otros ancianos se acercaron formando un círculo alrededor de Samantha y le dijeron: —En varias generaciones se dijo que habría un jaguar en esta casa. No sabíamos cómo ni cuándo se presentaría, pero aquí estás. Nuestro padre te ha enviado; nada pasa sin que él lo sepa y quiera.
Si aceptas proteger esta casa, no lo harás como reina o dueña; serás la guardiana de los Tlahuica. Samantha se inclinó con respeto, dijo: —No soy la más sabía ni fuerte —repitió con humildad—, pero si el fuego y ustedes creen en mí, entonces prometo proteger esta casa con todo lo que soy.
Todos los ancianos tocaron a Samantha y dijeron: —Bienvenida, señora guía de la casa de fuego, te aceptamos. Y en ese momento la sombra de fuego se proyectó, un enorme jaguar sobre las arenas desérticas.
La presentaron en la casa de fuego para que todos la conocieran. Estaban felices de tener a Samantha, por lo que todos bailaron y disfrutaron de la presencia de su guía.
Ya habría tiempo de ponerse al día con las historias y planear la defensa de las casas, en este caso con ella la de fuego, porque las brujas navajo se acercaban al saber que Alt y Aracne ya no estaban; les tocaba a ellas visitar a sus vecinos y calar el poder de su nueva representante.
LOS CAMINANTES DEL NORTE
La casa de fuego ya no solo era refugio de los elegidos, se convirtió en algo más: era el lugar donde nacían los guardianes.
En la casa desértica de Samantha, sobre los acantilados, se encontraban los iniciados: hombres, mujeres, de pie formados en silencio, de los tres pueblos que formaban la casa Tlahuica; algunos descendientes de los Tonalli elegidos, otros designados de humanos, que habían visto demasiado para vivir como antes.
Samantha fue y ante ellos les dijo con voz firme: —Aún ustedes no son guerreros, pero serán ojos y oídos del fuego, capaces de descubrir la verdadera naturaleza de los hijos de Alt, de la oscuridad. Los más jóvenes se vieron entre ellos intercambiando miradas: — Pero, ¿cómo sabremos y nos protegeremos? —Tranquilos, por eso entrenarán para que identifiquen y se protejan de ellos; sin embargo, no atacarán, solo informarán para que vayan los cazadores.