Desire

All Rights Reserved ©

Summary

En un juego donde la obsesión, el deseo y la venganza se entrelazan... la pregunta no es si él puede protegerla. Es si ella sobrevivirá a él.

Status
Complete
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. Engaño

El sonido de los tacones de Karina no era lo único que rompía el silencio.

Era la sensación de que alguien la estaba observando constantemente.

Otra vez.

Se detuvo en medio del pasillo de la mansión, el cuerpo tenso como de costumbre, la respiración contenida. No había nadie. Nunca había nadie. Y aun así... lo sentía.

Desde él, nada volvió a ser normal.

—Buenos días, Karina.

La voz de su padre la obligó a avanzar. Cosa que la hizo no responder de inmediato.

—Si es sobre el nuevo guardaespaldas, podés ahorrártelo —dijo finalmente, seca.

—Es por tu seguridad —intervino su madre con suavidad—. Ese chico no está bien, y para rematar anda suelto.

Karina soltó una risa sin humor.

—No, mamá. No está bien. Está obsesionado.

Y eso era mucho peor.

Se sentó frente al desayuno sin realmente tener hambre, cosa que hizo hacer a sus padres intercambiar una mirada cargada de preocupación.

—No podemos arriesgarnos —continuó su padre—. No después de todo lo que pasó e hizo.

Karina rodó los ojos.

—Ya estoy acostumbrada.

Y aunque era mentira, nunca se acostumbró a las llamadas desde números desconocidos.

A las notas, la sensación constante de estar siendo seguida. Pero tampoco iba a mostrarse débil.

No otra vez.

—Hoy llega —añadió su madre—. El nuevo guardaespaldas.

Karina no respondió. Solo apretó la mandíbula.

Otro desconocido más invadiendo su espacio.

Perfecto.

Minutos después, salió de la mansión con el bolso colgando de su hombro. El aire fresco no logró calmar la incomodidad que llevaba dentro.

Y entonces lo vio.

Alto. Impecable. Quieto.

Como si ya la estuviera esperando.

Su mirada la recorrió con una precisión que la hizo fruncir el ceño. No fue descarado. Fue... calculado.

—Buenos días, señorita Bellemore —dijo él, inclinando levemente la cabeza—. Thiago Stallforth.

Su voz era grave, era demasiado controlada. La hizo dudar.

—Karina —respondió ella, cortante como de costumbre y cuando conocía a un hombre nuevo—. Y podés ahorrarte la formalidad.

—No lo creo.

Él abrió la puerta del auto sin apartar la mirada.

—Es parte de mi trabajo.

Karina lo observó un segundo más de lo necesario antes de subir. No le gustaba. No sabía por qué, pero habia algo que no le cerraba en él.

El viaje transcurrió en silencio.

Un silencio incómodo. MUY denso.

Ella miraba por la ventana. Él no hablaba.

Pero lo sentía: Atento, presente...

Como si analizara cada uno de sus movimientos.

Cuando llegaron a la universidad, Karina apenas tuvo tiempo de bajar antes de que él ya estuviera fuera del vehículo para abrirle la puerta.

—Estaré aquí —dijo, neutro—. Hasta que termine.

—No hace falta que...—

—Es mi trabajo.

Ella suspiró.

—Como digas.

Se dio media vuelta sin esperar respuesta alguna.

Las horas pasaron con una normalidad engañosa.

Hasta que no lo fue.

Karina buscaba unas copias dentro de su bolso cuando algo rozó sus dedos.

Se trataba de un papel...

Frunció el ceño y lo sacó lentamente.

Y entonces lo leyó:

"Cuídate la espalda, preciosa.

No importa cuántos hombres pongas entre nosotros.

Siempre voy a encontrarte."

El mundo se detuvo.

Su respiración se volvió irregular...

Ese estilo, junto a esa forma de escribir.

Eso simplemente la llevaba a Él.

El miedo le recorrió la espalda como un escalofrío.

Pero duró solo un segundo. Aunque el miedo recorrió su cuerpo, no le importó.

Simplemente arrugó el papel con fuerza y lo tiró a la basura.

No iba a darle ese poder otra vez.

Horas después, el aire parecía más liviano.

¿O no?

Karina caminaba por el campus con un café en la mano cuando lo vio a lo lejos:

El auto...

Y a él.

Thiago no se había movido ni un centímetro.

Eso... no era normal.

Los otros guardaespaldas que tenían, se iban y volvían después cuando era hora de regresar a la mansión.

Pero él no. Él la esperaba pacientemente.

El día terminó.

Y de golpe, todo se fue a la mierda.

Una mano la sujetó con fuerza del brazo.

Antes de que pudiera reaccionar, la arrastraron hacia un rincón apartado, en un callejón para nada concurrido que pasaba cerca del campus.

—¿Me extrañaste?

Esa voz.

Su sangre se heló.

Intentó gritar, pero la mano de él cubrió su boca, al igual que la tenia pegada a la pared.

El pánico explotó en su pecho.

Forcejeó. Pataleó. Intentó soltarse. Y todo fué completamente inútil.

—Te dije que iba a encontrarte —susurró contra su oído, empezando a manosearla—. Siempre lo hago.

Entonces...

Un golpe seco se hizo presente y el agarre desapareció.

Karina cayó hacia atrás, jadeando por lo sucedido.

Y lo vio: Thiago.

No había corrido, ni mucho menos había dudado.

Simplemente estaba ahí presente y golpeó al atacante una vez.

Después otra forma mas... fuerte y decidida.

Los movimientos eran precisos. Fríos, determinados, muy entrenados y calculados.

El cuerpo del chico cayó al suelo, inconsciente.

Pero Thiago no se detuvo de inmediato.

Lo observó. Como evaluándolo, decidiendo si valía la pena seguir.

Karina dejó de respirar y no por miedo.

Sino por la forma en la que él lo miraba.

Sin emoción, ni dudas y mucho menos; culpa.

Como si no fuera la primera vez.

Thiago finalmente se enderezó, pateando al tipo.

Y entonces giró hacia ella, haciendo que sus ojos se encontraran.

—Ahora sí —dijo en voz baja—. Está a salvo.

Karina quiso creerle.

De verdad quiso.

Pero algo en su interior se tensó aún más.

Porque por primera vez desde que todo este tema había empezado...

No estaba segura de quién era el verdadero peligro.