El inicio de todo.
En el principio del mundo, Dios creó dos razas: ángeles y demonios. A cada una les otorgó distintos conocimientos y poderes, enseñándoles su rol en la existencia. Todo debía mantenerse en equilibrio.
Pero no pasó mucho tiempo antes de que los demonios se rebelaran.
Junto a ellos, su líder, Azbel, atacó a los ángeles. Su objetivo no era causar estragos… sino eliminar a Dios y tomar el control de toda la existencia.
Dios tomó una decisión.
—Ángeles… luchen a mi lado.
El líder de los ángeles, Mael, avanzó con su legión y se enfrentó a Azbel y sus súbditos.
Azbel no tenía cómo ganar.
El poder de Mael era puro… el bien absoluto.
Derrotado, Azbel jugó su última carta.
Traicionó a sus propios súbditos… y los absorbió.
Su poder aumentó de forma abrumadora, volviéndose equiparable al de Dios. Desde ese momento, recibió un nuevo apodo:
Aquel que engaña.
Mael ya no tenía oportunidad.
La situación se había invertido.
Con furia, Azbel lanzó una enorme esfera de energía oscura. El ataque impactó de lleno, derrotando a Mael y dejándolo al borde de la muerte.
Luego, caminó lentamente hacia el trono.
Allí estaba Dios.
—Estoy aquí, padre… para reclamar lo que me pertenece.
Dios lo miró en silencio.
—Sabía que lo harías… está en tu naturaleza.
Azbel no dudó. Lanzó otra esfera de energía oscura, la misma con la que había vencido a Mael.
Pero Dios alzó la mano.
—Anulación.
El ataque fue repelido y regresó contra Azbel, impactándolo.
Azbel apretó los dientes. Estaba en desventaja… estaba cansado.
Entonces, creó una técnica en su mano.
—Restricción celestial… —murmuró—. Repele esto, anciano.
Dios levantó su mano una vez más.
—Anulación.
Por un instante, todo pareció estar bajo control.
Hasta que las cadenas aparecieron.
Dios se tensó.
—¿Cómo… estás anulando mi anulación celestial?
Azbel sonrió.
—La restricción solo te inmoviliza… pero al combinar el nuevo poder que obtuve con lo que me enseñaste… entendí algo.
Las sombras comenzaron a distorsionarse.
—La oscuridad y la luz… al fusionarse… pueden crear un agujero negro.
Las cadenas se tensaron con fuerza.
—Y esas cadenas… te arrastrarán a un lugar donde el tiempo no existe.
El vacío comenzó a devorar todo.
Dios, siendo absorbido, alzó la mirada por última vez.
—Aún… no ha terminado.
Una luz cegadora iluminó todo.
—¡Destierro… y creación de alma!
El poder se expandió en todas direcciones. Azbel fue expulsado, desterrado al infierno.
Y en ese instante… algo nuevo nació.
El primer humano.
Portador del bien y del mal.
Dios lo observó por última vez.
—Tu nombre será… Eter.
Y entonces…
Desapareció en el agujero negro.
Así…
Nació la humanidad.
Mael al ver todo lo ocurrido tomó el mando y restaurando el palacio divino, también dio la orden de trasladar a éter hacia la tierra para vivir allí.
Mael llegó a la conclusión de que el humano no tenía capacidad de reproducirse sólo por lo cual creo una humana llamada sara, la cual sería la compañera y esposa de éter y lo ayudaría en todo lo necesario, aunque se preocupó por algunas bestias que habían sido creadas en la tierra.