Perfección e Imperfección

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Summary

Asuki Numemite, un onubense conocido en todo el mundo por su inteligencia, dedicación y creatividad… En fin, alguien que parece perfecto en todo. O al menos eso es lo que cualquiera pensaría al verlo desde fuera. Porque la realidad es muy distinta: su vida está marcada por un pasado lleno de dramas y traumas que sabe ocultar demasiado bien. Y claro, todo eso se mantiene… hasta que viaja a Corea del Sur y conoce a Kim Seo-jun. Un norcoreano rebelde, impulsivo y tremendamente creativo. Todo lo que Asuki no soporta. No por la creatividad en sí, sino por el desorden, el riesgo y la falta de control. Lo que empieza como un choque constante entre dos personas completamente opuestas no se queda solo en discusiones o malos momentos. Poco a poco, ambos se verán arrastrados a algo mucho más profundo: sus propios secretos, sus heridas… y unos sentimientos que ninguno de los dos esperaba enfrentar. Porque esta no es solo una historia de dos personas que se cruzan… sino de todo lo que llevan detrás.

Genre
Drama/Lgbtq
Author
Rossen
Status
Excerpt
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Lo recuerdo como si hubiera pasado hace menos de 1 minuto…

Viernes, 17 de Junio de 2011. Tenía 10 años en ese entonces. Acababa de llegar a la entrada de la casa de mi abuela junto a mi madre. Al poco rato de que mi madre tocara el timbre, la puerta se abre mostrando la figura de mi abuela: pelo oscuro recogido en un moño alto y su ropa japonesa tradicional de siempre… A sus 49 años no había cambiado nada desde que tuve memoria… Sabía cuidarse demasiado bien, ahora que lo pienso.

—¿Otra vez te vas por ahí y piensas encasquetarme a mí el niño? ¿Cuántas veces te he dicho que no soy una niñera? —mi abuela frunce el ceño.

—Ya lo sé mamá, pero no tengo con quién dejarlo y eres la única que casi siempre está dispuesta a cuidármelo —mi madre, cansada y despreocupada. No es la primera vez que lo hace. Además que siempre ponía la misma excusa…

—Claro, porque tú solo sabes ir a lo que tú llamas…. “trabajo”.

—Sí que es un trabajo, mamá —suspira al final.

—Yo no veo nada de trabajo en acostarse con otros hombres en moteles por unos miserables euros… —lo dijo susurrando, pero no fue muy discreto. Aun así, no me sorprendió, ya lo había mencionado mi madre varias veces en varias tardes cada que peleaba con algún “cliente” suyo—. Te debería dar vergüenza hacer esas cosas siendo madre y descuidar a Asuki como si solo se tratara de una carga…

—Mira mamá, no estoy aquí para que me regañes. Solo quiero que te quedes con Asuki y punto… Te lo iba a pedir por las buenas, pero ya ni me dan las fuerzas como para hacerlo.

A mi abuela ni le dio tiempo a replicar porque, mientras se lo pensaba, mi madre ya había cogido camino y salió de la casa, dejándome con mi abuela en el recibidor. No me importó en absoluto. A mis 10 años aprendí a “aguantar” las peleas que tenían ambas siempre que venía, incluso dejé de sentirme abandonado cuando me dejaba con mi abuela. Mi madre ya no era una madre en mi vida, tan solo era un estorbo.

Después de todo aquel numerito, me fui con mi abuela al salón para estar sentados un rato y relajarnos después del momento de tensión anterior. Preparó un vaso de leche para mí, el cual no dudé en beber. Su casa, aunque tuviera una distribución más española de las habitaciones, la supo adaptar muy bien al estilo japonés. Y tiene sentido, ella siempre ha sido muy estricta con las tradiciones japonesas… De igual manera, esos son solo detalles del entorno que no tienen mucha importancia en la situación actual.

Ambos estábamos sentados en unos zabutones de rodillas, aunque a mí me costaba más imitarla, ya que no estaba acostumbrado. La televisión permanecía apagada en todo momento mientras el silencio era sólo interrumpido por el sonido exterior de los pájaros cantando por el final de la primavera y el acercamiento del verano. El ambiente olía al té verde de mi abuela.

—Oye Asuki, ¿tu madre ya te matriculó en un colegio? —negué con la cabeza, lo que hizo que frunciera el ceño ante esa respuesta—. Qué irresponsable de parte de tu madre… Ya han pasado más de 5 años desde que deberías haber entrado y nada… Lo que menos quiero en esta vida es un nieto analfabeto.

Bajé la cabeza con cierta decepción en mi madre, mirando simplemente al suelo. A los pocos segundos, mi abuela se acercó a mí y me puso una mano en el hombro.

—No importa. De todas maneras nunca he visto los colegios como lugares que sirvan de verdad para aprender… —mi abuela se levanta y se cruza de brazos mientras mira a la ventana con una expresión seria y cansada—. Esos lugares están muy politizados y hechos únicamente para que te dediques a trabajar para otros o incluso para ellos. Ellos no quieren nuevos empresarios, solo más trabajadores que coman del mismo saco y cobren la misma miseria todos los meses. Eso solo si tienes suerte y no te bajan el salario…

Mi abuela era… bueno… era muy antipolítica. No vota, no ve nada oficial, no ve las noticias… Ella piensa que todos los políticos son iguales y que los canales de televisión están amañados a sus intereses. Siempre que le hablaban de política sacaba la misma historia y luego decía que no le gustaba hablar de política. Y no la culpo, opino más o menos igual, pero no quiero hablar de política…

—De igual manera, no vale la pena quejarse. Y no voy a arreglar tampoco la mierda que debería arreglar tu madre. Sin embargo, te voy a ayudar. Pero no te creas que te voy a dar información muy concreta, te enseñaré a que la busques, aprovechando tu gly de memoria perfecta.

Asentí con una pequeña determinación, aunque también tenía algo de nervios. Mi abuela sonrió levemente por debajo de la nariz, siendo una de las pocas veces que la ví sonreír en toda mi vida.

Y este fue solo el principio de lo que soy ahora…