El hilo rojo del amor
En un pequeño pueblo en Shirakawa-go Japon vivía una joven con su familia la joven se llamada Sora, su familia eran muy pobres, Sora era muy inteligente, un día a Sora le llegó una inscripción a una institución, Sora se inscribió con gusto porque sabía que aquel estudiante terminaba la institución con las mejores notas ganaría miles de dólares, Sora les contó eso a su familia y la felicitaron, al día siguiente Sora llegó a la institución a lo lejos vio un chico alto y guapo llamado Daiki. Antes de todo eso Sora veía un hilo rojo en su meñique en la cual solo ella lo podía ver. y Sora al ver que su hilo estaba enredado en el meñique de Daiki
Sora se quedó helada en la entrada de la academia. El hilo rojo brillaba bajo el sol de la mañana, tenso entre su meñique y el de Daiki. Él estaba distraído, riéndose con otros chicos ricos, sin notar que estaban atados.
_“Imposible”_, pensó Sora. _“¿Los dioses se equivocaron? Él vive en otro mundo.”_
Justo entonces Daiki giró la cabeza. Sus ojos se cruzaron. Y por un segundo, Daiki frunció el ceño y se miró el meñique vacío... como si hubiera sentido el tirón.
Sonó la campana. Todos corrieron a clases. Solo que ahora, cada vez que Daiki se alejaba, Sora sentía un tirón suave en el dedo. Como un recordatorio: _Están conectados_.
En el salón, la profesora anunció: “Bienvenidos. Solo uno de ustedes se graduará con el premio millonario. Y por cierto... Daiki Kurogane ha tenido el primer lugar 3 años seguidos.”
Los ojos de todo el salón fueron a Daiki. Luego a Sora, la chica nueva con zapatos remendados.
Daiki la miró directo y sonrió, pero no era amable. Era un reto.
Los amigos de Daiki se dedicadon a molestarle a Sora todo el año, como ponerle un balde de agua en la puerta, robarle su comida y muchas cosas más, un día la maestra les dijo a los chicos que para la siguiente actividad iban a actuar, a Sora le tocó con Daiki a hacer la pareja principal, como le tocaron un romance, la maestra les dijo que en una parte se tenían que besar, ellos no lo querían hacer, la actualización se quedó ahí para la siguiente clase porque la campana de la salida había tocado, Sora estaba caminando para su casa y Daiki la siguió y la acorraló en una pared y le susurro
Sabes por qué no quería besarte en el colegio, porque no quería que mi primer beso contigo sería allá sino aqui...
Sora se sonrojo, Daiki la beso
El mundo de Sora se detuvo. El aroma a lluvia de Shirakawa-go, el frío de la pared en su espalda, y el tirón cálido en su meñique. El hilo rojo brillaba entre los dos, más fuerte que nunca.
Daiki se separó apenas, con la frente pegada a la de ella. No se veía arrogante como en la escuela. Se veía... vulnerable.
"Lo siento," murmuró él, rozando su meñique con el de Sora. "Mis amigos son idiotas. Yo soy un idiota. Te vi el primer día... y sentí esto." Jaló suave del hilo invisible que solo ella podía ver. "No sé qué es, pero me jala hacia ti desde que entraste."
Sora tenía el corazón a mil. El chico que tenía que vencer por el premio millonario... era el chico del hilo rojo. El chico que acababa de besarla en un callejón.
Y mañana tenían que fingir un romance en clase. Cuando el real ya había empezado.
"Daiki... somos rivales," susurró Sora, aunque no se apartó. "Solo uno gana el premio. Mi familia..."
"Lo sé," la interrumpió él, con una sonrisa triste. "Por eso no quería besarte allá. Porque allá somos enemigos. Pero aquí..." le acomodó un mechón de cabello, "...aquí solo somos Sora y Daiki."
Sora lo miro a los ojos pensaba que era unas de las bromas de Daiki y sus amigos y Sora suspiro.
"No lo sé... No sé porque siento que es unas de tus bromas Daiki."
Daiki la miro, y se alejo no sabía cómo explicarle que no era ninguna broma.
Las palabras de Sora cayeron como nieve fría. Daiki se quedó sin aire.
Sus amigos la habían humillado todo el año. Le escondieron los libros, se rieron de sus zapatos. ¿Cómo iba a creerle ahora que el hilo que la ataba a él era real?
Daiki dio un paso atrás. Se miró el meñique, frustrado. Él no podía ver el hilo, pero lo sentía. Cada vez que ella estaba cerca, era como si algo le tirara del pecho
"No es una broma," dijo al fin, con la voz ronca. "Nunca lo fue."
Metió la mano al bolsillo de su saco caro y sacó algo arrugado. Era el examen de matemáticas de Sora, el que "desapareció" hace meses. Estaba completo, con una nota de 100 escrita con la letra de Daiki.
"Te lo robé," confesó, sin poder mirarla. "No para burlarme. Lo hice porque... porque eras la única que podía quitarme el primer lugar. Y me dio miedo. Así que preferí que me odiaras antes de que vieras que yo..."
Se calló. No pudo decir _que yo ya sentía el hilo desde el primer día_.
La lluvia empezó a caer suave sobre Shirakawa-go. Daiki solo negó con la cabeza y se fue caminando bajo la lluvia, dejándola sola contra la pared.
En el meñique de Sora, el hilo rojo se tensó, dolía. Como si protestara por la distancia.
Sora se quedó sola no sabía si ir corriendo a abrazarlo o caminar hacia su casa, Sora tenía los ojos llorosos y no sabía que hacer, le dolía mucho el pecho, al recordar que no trago sus puff se estaba quedando sin aire la vista se le nublo y se estaba poniendo débil, Daiki se giró y vio s Sora mal corrió hacia ella a cogerla entres que cayera al piso desmayada.
El mundo se hizo borroso. Lo último que Sora vio fueron los techos triangulares de Shirakawa-go girando bajo la lluvia.
Y entonces, calor. Brazos fuertes la atraparon antes de tocar el suelo.
"¡Sora! ¡Sora, mírame!" La voz de Daiki sonaba rota, desesperada. La lluvia le pegaba en la cara, pero él solo la apretaba contra su pecho, como si pudiera pasarle su aire.
Sora abrió los ojos apenas. Lo vio encima de ella, empapado, con el cabello pegado a la frente y los ojos llenos de pánico. El mismo chico que la molestó todo el año... ahora parecía que se le rompía el alma si ella no respiraba.
"Respira, por favor," susurró Daiki, rozando su mejilla con dedos temblorosos. "No me dejes... no puedo perderte. No otra vez."
_¿Otra vez?_ Sora quiso preguntar, pero no tenía voz.
Daiki la cargó. Sin importarle el lodo, sin importarle su uniforme carísimo. Solo corrió bajo la lluvia, con ella en brazos. El hilo rojo entre sus meñiques brillaba, cálido, pasándole fuerza. Latiendo al mismo ritmo que el corazón asustado de Daiki.
"Quédate conmigo," le rogó él contra su cabello. "Te juro que no es broma. Nunca lo fue. "Tú eres... Tu eres muy especial" para mi, de igual que a ti, yo también puedo ver el hilo rojo, Sora te amo, porfavor noe dejes" dijo Daiki con la voz quebrada,
Después de un rato Sora tomo otra vez la conciencia en el hospital, sus padres y Daiki estaban allí
Sora apenas podía procesar las palabras. _“Yo también puedo ver el hilo rojo… te amo.”_
El pitido del hospital la trajo de vuelta. Blanco. Frío. Y tres pares de ojos sobre ella.
Su mamá le apretaba la mano, sollozando de alivio. Su papá estaba serio, con el ceño fruncido mirando a Daiki.
Y Daiki... Daiki no se había movido de la silla junto a su cama. Tenía el uniforme arrugado, seco ahora, pero el cabello aún revuelto. Parecía que no había dormido en días.
"Sora," susurró su mamá. "Este chico... te trajo cargando bajo la lluvia. Gritaba tu nombre cuando llegó. Los doctores dijeron que si tardaba 5 minutos más..."
Daiki bajó la cabeza, avergonzado. Pero no soltó el borde de la camilla. Como si temiera que ella desapareciera otra vez.
Sora abrió la boca. Le dolía la garganta. "Daiki... tú dijiste..."
Él alzó la mirada, rápido. Sus ojos estaban cristalinos. Lentamente, levantó su mano. Su meñique temblaba.
Y ahí estaba. Brillando débil entre los dos, en la habitación blanca del hospital. *El hilo rojo*. Tenso, vivo, conectándolos frente a sus padres.
El papá de Sora se levantó de golpe, tirando la silla. "¿Qué demonios es eso?" susurró, pálido. Porque él también lo veía.
Daiki se puso de pie también. No se veía como el chico arrogante de la academia. Se veía como alguien que había estado cargando un secreto gigante por meses.
"Lo veo desde el primer día," confesó, con la voz aún rota. "Por eso te molestaba, Sora. Porque el destino me puso frente a la única chica que podía arruinarme. Podías quitarme el premio... y ya me habías robado el corazón. Me dio pánico."
Miró a sus padres, luego a ella. "No me dejes. No otra vez. Te lo suplico."
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*El cuarto quedó en silencio.* Solo el pitido del monitor.
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Sora lo miro confundida y dijo
" ¿Otra vez? ¿Por que dices eso Daiki?"
La pregunta de Sora cortó el aire. Sus padres se miraron, confundidos. El pitido del monitor sonó más fuerte.
Daiki se quedó pálido. Como si no hubiera querido decir eso en voz alta. Como si se le hubiera escapado.
Se pasó una mano por el cabello, nervioso. Evitó la mirada del papá de Sora, que lo fulminaba.
"No debí..." murmuró Daiki. Luego respiró hondo y la miró directo. Ya no había máscaras. Ya no era el chico popular de la academia. Era solo él.
"Sora, yo..." Levantó su meñique. El hilo rojo brilló más fuerte entre los dos, como respondiendo. "Yo te soñaba. Desde niño."
El papá de Sora frunció el ceño. "¿De qué hablas, muchacho?"
"Siempre la misma chica," siguió Daiki, con la voz temblando. "En Shirakawa-go, con nieve. Tenías el mismo uniforme remendado. Te reías bajo los techos triangulares. Y siempre... siempre te perdía."
Se le quebró la voz. "En los sueños, te enfermabas. Yo corría bajo la lluvia para alcanzarte, pero nunca llegaba. Despertaba con el pecho doliendo, con esta sensación de vacío... hasta que te vi el primer día en la academia."
Se señaló el corazón. "Y dolió igual. Por eso te molesté. Porque pensé que si te odiaba, no dolería cuando te perdiera _otra vez_."
Se acercó a la cama, ignorando la mirada dura de sus padres. Se arrodilló al lado de Sora y tomó su mano con cuidado.
"Pero cuando te vi caer hoy... sentí el mismo pánico del sueño. Y entendí que no era un sueño, Sora. Era un recuerdo."
El hilo rojo entre ellos palpitó, cálido. Como confirmando sus palabras.
Sora se avergonzó y les pidió a sus padres que la dejara sola con Daiki para discutir a solas el tema.
La mamá de Sora dudó, mirando a Daiki con desconfianza. El papá apretó la mandíbula.
"5 minutos," dijo él al fin, seco. "Si escucho que llora, entro."
Salieron cerrando la puerta despacio. El clic sonó como un trueno.
Silencio. Solo ellos, el pitido del monitor, y el hilo rojo brillando entre sus meñiques.
Sora se tapó la cara con las manos. Las mejillas le ardían. "No puedo creer que dijeras eso frente a ellos," murmuró. "Que me soñabas... que me amas..."
Daiki se quedó arrodillado junto a la cama. No se atrevió a tocarla aún. "Lo siento. Pero ya no podía mentir más. Casi te pierdo hoy, Sora. _Otra vez_."
Ella bajó las manos, lento. Lo miró. De verdad lo miró. Sin el uniforme de chico popular. Sin la sonrisa arrogante. Solo estaba Daiki, con ojeras y los ojos rojos, temblando de miedo por ella.
"Daiki... yo no sueño contigo," confesó Sora, y vio cómo a él se le rompía la cara. Pero siguió: "Pero siento esto." Levantó su meñique. El hilo se tensó, cálido. "Desde que nací. Siempre supe que alguien me esperaba. Cuando te vi en la academia... dolió. Como si mi corazón te reconociera antes que mi cabeza."
Se le llenaron los ojos de lágrimas. "Por eso me dolía tanto que me odiaras. Porque el hilo nunca mintió. Tú sí."
Daiki se quebró. Apoyó la frente en el borde de la cama, junto a su mano, sin tocarla. "Lo sé. Fui un cobarde. Pensé que si te alejaba, el destino no podría lastimarme. Pero dolió más."
Hubo un silencio largo. Luego Sora, muy bajito, susurró: "Si de verdad me soñabas... dime algo que solo yo sabría."
Daiki levantó la cabeza, esperanzado. "Tenías una cicatriz chiquita en la rodilla. Te caíste en los campos de arroz cuando tenías 7. En mis sueños llorabas, y yo... yo no podía llegar a ayudarte."
Sora se quedó helada. Nadie sabía eso. Ni sus padres lo recordaban. Se cubrió la boca.
El hilo rojo brilló tan fuerte que iluminó toda la habitación.
Sora se quedó sorprendida, y luego se rió, Daiki alzó la cabeza asia a ella y Sora le secó las lágrimas y dijo
" No te preocupes, ya no llores, mirame estoy bien solo me olvidé mis puffs en la casa."
Daiki se quedó congelado cuando Sora le tocó la cara. Sus dedos, chiquitos y fríos por el suero, le limpiaron las lágrimas. Nadie lo había tocado así nunca. Nadie.
Se le escapó un suspiro tembloroso. "¿Mis... puffs?" repitió, confundido. Luego entendió y casi se ríe entre las lágrimas. "Me asustaste. Pensé que..." Negó con la cabeza. "No vuelvas a asustarme así, idiota."
Sora sonrió, débil pero real. Era la primera sonrisa genuina que le daba en todo el año.
Luego vino la pregunta. _¿Cómo es que sueñas conmigo?_
Daiki bajó la mirada a sus manos. Al hilo rojo que ahora brillaba calmado entre ellos, como un gatito ronroneando.
"Empezó cuando tenía 8 años," susurró. "Siempre es invierno en Shirakawa-go. Hay nieve en los techos triangulares. Y tú estás ahí."
La miró, buscando si ella recordaba algo. "Llevas ese mismo suéter remendado que usabas el primer día de clases. Te ríes y tu aliento hace nubecitas. Siempre me dices lo mismo: _'Daiki, apúrate, que se nos va la luz.'_"
Sora abrió los ojos, sorprendida. Ese suéter... su abuela lo remendó cuando tenía 6.
"Yo corro hacia ti," siguió Daiki, con la voz cada vez más baja. "Pero siempre pasa algo. Te enfermas. Te caes. Una vez... una vez había sangre en la nieve." Tragó saliva. "Y yo grito tu nombre, pero cuando despierto, solo tengo esto." Se tocó el pecho. "Este vacío aquí. Como si te hubiera perdido de verdad."
Levantó su meñique. El hilo se tensó. "Cuando te vi en la academia, con ese mismo suéter... supe que eras tú. La chica de mis sueños. La chica que el destino me dijo que iba a perder."
Sora se quedó callada. El pitido del monitor era lo único que se oía. Luego, muy bajito, dijo: "Daiki... yo nunca soñé contigo. Pero cuando me desmayé hoy... soñé con nieve. Y alguien gritaba mi nombre bajo la lluvia."
El hilo rojo brilló tan fuerte que Daiki tuvo que cerrar los ojos.