capitulo 1. prisionero de la corona
Siempre escuche que aquel que entre alas tierras de hielo debe estar loco….. o desea su muerte.
El viento rugía como un dragón hambriento sediento de la sangre del que oso poner sus pies en aquel paramo, golpeaba sin cesar su armadura, el vapor de su respiración se condensaba en el frio hostil.
-vamos solo un poco mas- susurro para su corcel aquel caballero tocando su lomo.
Su fiel corcel se hundía en la espesa nieve costando su andar, los sonidos cansados de su fiel acompañante se integraban perfectamente con crujir de su armadura metálica, se podía escuchar el rugir de la tormenta era como si arrastrara los lamentos de aquellos caídos por sus inhóspitos paramos.
El imponente caballo de un color negro profundo poseía una voluntad inquebrantable así como su dueño, su mirada estaba fija siendo guiado por su dueño, el vapor de su respiración agitada por el cansancio se convertía en vapor al instante, sentía como el frio intentaba congelar su piel era como agujas perforando cada centímetro de esta, mas su voluntad seguía intacta sin importar el dolor o como cada de aire doliera hasta querer asfixiarlo.
-una cueva- los ojos de un color celeste del jinete se posaron en un punto no tan lejano del paramo, jadeo guiando a su corcel jalando sus correas, chasqueando su lengua en una señal para acelerar su andar.
Los músculos se tensaron en el andar del majestuoso animal, apresuró sus pasos sintiendo cada paso con un dolor incesante que calaban sus huesos, soltó un resoplido ahogado caminando sin cesar hasta entrar en aquel lugar.
Una cueva algo pequeña mas era perfecta para ellos dos, las paredes de piedra no daban tregua al frio extremo del exterior, el suelo cubierto parcialmente por una capa blanca de nieve le daba a cualquier ser humano la perdida de como cualquier esperanza que tuvieran en sus pensamientos, mas el no era cualquier humano.
Bajo de su corcel dándole espacio para que este se acostara en el suelo temblando y gimoteando agitadamente calmando su cansancio, se acerco a su corcel quitando su casco y colocarlo en el suelo dejando ver su rostro el cual a simple vista se podía ver que era un hombre apuesto de veinticinco años mas su edad real es de treinta y cuatro, su piel blanca como la nieve, ojos celestes como un lago cristalino los cuales cautivaban a cada doncella que los mirara fijamente perdiéndose en ellos, mandíbula firme, rostro perfilado, era como si fuera esculpido por dios mismo, su cabello corto negro le daban un contraste perfecto a su silueta, su altura de un metro noventa y cinco centímetros lo hacia ver mas imponente, por su armadura se podía distinguir un cuerpo robusto mas por la armadura no se podría definir perfectamente la definición de sus músculos.
Se coloco al costado de su fiel amigo sentándose para apoyarse en su lomo soltando un suspiro cansado, movió sus labios pronunciando un ligero hechizo el cual empezó a calentar su entorno que los cubría, escucho un sonido de aprobación del corcel el cual apoyo su cabeza en el hombro para lamerle la cara, una ronca risa salió de su garganta.
- lo siento mucho no podía calentarte con esa ventisca y aun así no quisiste parar por mi- con cuidado acaricio la cabeza de su compañero viendo como este se recostaba buscando mas afecto.
Dirigió su mirada hacia la entrada de la cueva viendo aquella ventisca la cual era peor que cuando llegaron a su refugio, con tristeza tan solo miro un punto fijo recordando el como llego hasta ese punto.
----Flash back----
El imponente caballero caminaba por los pasillos del palacio siendo elogiado por las doncellas por su atractivo, criticado en susurros por algunos caballeros, lo sabia perfectamente era despreciado por muchos al ser el único humano en poseer magia, desde su niñez fue un paria para la humanidad comiendo de la basura, sin padres, sin nadie que le diera tan siquiera un techo donde dormir estaba acostumbrado a las palizas, el aguantar hambre, el frio, durmiendo debajo de algún puente o rincon de la ciudad solo el rey lo acogió viendo su potencial para ser un guerrero de su reino, mas aquellas palabras siempre están en su cabeza “monstruo” , “aberración”, “impuro”, engendro”, aun así lucho por esas personas y por su rey ganando batallas, matando monstruos que asechaban al reino a pesar de ser catalogado como uno de ellos trayendo sus cabezas como prueba, un así era una escoria solo muy pocos lo admiraban y respetaban, aun con su popularidad con las mujeres no había encontrado alguna que lo hiciera sentir vivo tan solo sucumbía en los deseos carnales para dejarlas al día siguiente como si nada.
Un peso lo hizo tambalearse sosteniendo entre sus brazos a aquella mujer una arquera del palacio la cual desde niños fue la única que estuvo a su lado a pesar de todo, curando sus heridas, preocupándose por el incluso compartiendo su mismo cuarto en muchas noches, era delgada, con un cuerpo no tan llamativo, caderas moderas, busco algo pequeño, rostro delgado y fino, ojos color café, cabello largo rubio, labios rosas, su rostro era suave y terso atractivo para muchos.
-donde estuviste anoche, no me digas que otra vez me estabas engañando- lo regaño con un tierno puchero mas al instante rio besando los labios en un pequeño pero correspondido.
-como podría engañar a la mujer que me casare elena- sonrió sínicamente ya que en su memoria la noche anterior estaba junto a una mujer la cual ya olvido su rostro tan solo se acostó con ella y volvió al palacio, ella sonrió suavemente volviendo a besarlo.
El caballero la abrazo pensando como llego a ese momento, jamás sintió nada por ella mas que compañerismo y cariño de hermandad mas una noche ella confeso su amor hacia el, ese día recordó como lo cuido todo el tiempo y simplemente acepto sus sentimiento proponiéndole matrimonio, ahora besándola sentía una opresión en su pecho como si no fuera correcto.
-mas te vale cariño- se arre costo al brazo de su amado sintiendo como sus cabellos eran acariciados por el.
-te veré en la noche amada mía el rey me llama- susurro apartándola un poco para besar su frente.
-te esperare ansiosa querido- chillo emocionada, recibiendo un gruñido de aprobación de el alejándose brincando con su típica imperatividad de ella, eran tan distintos el amaba los lugares silenciosos, leer, estar en paz, entrenar, y en su compañía era como una tormenta arrastrando todo eso.
Suspiro aliviado de la llamada del rey siguiendo su camino, al llegar a la biblioteca real ya lo esperaban el comandante, el monarca, el sacerdote y el príncipe, camino por el pasillo cerrando la puerta de roble, el piso era pulido con una alfombra roja adornando los cimientos, grandes libreros de la madera mas fina cubría el recinto con manuscritos de alto valor en los estantes, un enorme escritorio en el centro con una silla imponente tallada específicamente para el regente el cual estaba sentado mirándolo con molestia.
-tardaste Varek- reprocho con voz ronca el monarca viendo como su fiel sirviente se arrodillaba frente a el con respeto.
-lo lamento mi rey vine en cuanto fui informado- se quedo arrodillado con su cabeza gacha sin importar los chasquidos molestos que escucho de parte de todos.
-y vaya que costo informarte tuvimos que buscar en la cama de todas las zorras del reino para hallarte ya que te encanta estar mas entre las piernas de estas que servir al reino bastardo- escupió con saña el comandante, las manos del caballero se oprimieron en un puño molesto mas no se atrevió a moverse por respeto a su majestad.
-no importa eso en estos momentos, levántate- su cuerpo se enderezo en un rápido movimiento viendo al soberano de frente.
-estoy a su disposición mi señor- soltó con indiferencia sabiendo perfectamente que era uno mas de los soldados al menos era el mas valioso de todos por sus hazañas.
-bien, en la capital de Niflheimar los gigantes de hielo están apareciendo matando a miles, desastre de ellos es una orden- su voz fue clara y imponente recibiendo una reverencia del peli negro.
-por supuesto mi señor preparare a mis soldados de confianza para ir enseguida- con voz neutra y respetuosa respondió mas sus ojos se abrieron al escuchar una risa sínica de su majestad.
-hombres, cuales hombres varek si iras solo, son tierras inhóspitas a las que iras y no pondré a soldados sin protección a tal tarea ellos cuidaran las fronteras y tu iras solo al bosque de hielo a matarlos- un nudo en su garganta se formo mientras intentaba buscar palabras correctas en su mente sabia perfectamente que lo mandaban a una muerte segura.
-majestad perdone mi atrevimiento pero ese lugar es una tumba para el que se atreva a entrar solo- intento ser razonable mas un golpe en seco lo hizo levantar su rostro, el rey estaba molesto y su palma había golpeado el escritorio.
-eres mi soldado mas leal, fuerte y capas acaso estas desobedeciendo una orden directa mía o es acaso que tienes miedo a morir por tu reino eres tan egoísta a no luchar por aquellos a los que le debes tanto- la voz del soberano resonó por toda la habitación molesta, su rostro mostraba decepción e ira.
-no mi señor seria incapaz a ignorar sus ordenes solo quería asegurar la misión con mas hombres mas acatare tal misión sin importar el costo- miro con decisión a aquel hombre que le debía tanto no podía retar a aquel que lo acogió luego de tanto, recibiendo una risa triunfal del gobernante.
-bien partirás en este mismo momento ya ensillamos a tu corcel y preparamos provisiones- la orden fue clara y firme, sus ojos se posaron en aquel hombre que lo guio desde pequeño que ahora lo estaba mandado a su tumba mas solo pudo sonreír aceptando su destino reverenciándolo talvez por ultima vez.
-como ordene mi rey- pronuncio dándose la vuelta mirando detenidamente las risas de aquellos hombres los cuales lo odiaban a muerte, incluso el príncipe quien una vez lo llamo hermano no movió un solo dedo a defenderlo solo estaba hay mirándolo con dolor, su dolor era genuino en ese momento mas su honor pudo mas que aquel sentimiento saliendo del lugar.
Camino por los grandes pasillos sintiendo como cada paso era un presagio de su muerte “morirás por aquellos que te llaman basura”, su mente jugaba con el mostrándole como los pasillos se encogían a su alrededor, como aparecían sombras a su alrededor burlándose de su destino, mas aun así lo aria con gusto si eso era pagar la bondad del monarca moriría por el, al llegar al establo miro a su corcel el cual lo recibió felizmente.
-amigo mío quieres acompañarme en este viaje el cual talvez muramos juntos, se que es egoísta de mi parte pedirte esto pero eres el único en el que puedo confiar- susurro acariciando el lomo de su amigo recibiendo un gran bufido de aprobación de su compañero haciéndolo sonreír.
-----fin flash back-----
Despertó de sus recuerdos en el momento que una luz alumbro brevemente la penumbra de aquel refugio, se levanto colocándose de nuevo el casco para mirar el paramo sin la ventisca del otro día, los bosque cubiertos de nieve eran hermosos a simple vista, camino unos pasos escuchando como su corcel lo seguía de cerca.
-oye amigo no temas solo vine a supervis.....- un gruñido fuerte lo saco de su mundo, su corcel relincho asustado para alzar sus patas y golpear el suelo con sus cascos.
Un gigante de hielo de casi cinco metros apareció a su costado alzando su puño rápidamente, el caballero con gran destreza saco su espada lanzando un hechizo en esta aplacando en gran parte el potente golpe de aquel ser, la nieve del suelo se alzo por el impacto, el seño se frunció del caballero esa bestia era fuerte barriendo su postura unos metros de donde se encontraba mas su cuerpo aguanto el golpe, sus dientes se apretaron en una mueca de molesta, sus músculos se tensaron por el impacto, el criatura soltó otro gruñido mas fuerte lanzando golpe tras golpe siendo esquivados o detenidos por aquel hombre, grietas aparecían por el suelo, arboles caían, en un rápido movimiento el caballero se poso atrás del gigante arremetiendo con un golpe de su espada al igual que un hechizo potenciando su poder arrancando uno de los brazos del gigante.
-Pero que mierda- soltó jadeante al ver como aquel imponente ser regeneraba su brazo como si nada volviendo a gruñir mas molesto, chasqueo molesto sus dientes pensando como derrotar aquella bestia de manera precisa, “su núcleo” pensó buscando alguna señal de donde podría estar.
Otro golpe lo saco de sus pensamientos arrojándolo lejos, choco contra varios arboles rompiéndolos en el momento hasta que un gran árbol sauce congelado lo atajo en su tronco sacándole el aliento, tosió algo de sangre, su vista estaba algo nublada mientras era cubierta de sangre, su respiración era agitada, no tenia magia curativa así que debía de aguantar aquel incesante dolor en sus costillas las cuales podía jurar que se encontraban dos o tres fracturadas por el impacto, su armadura en una parte abollada, no podía relajarse aquella bestia venia por el conjuro un potente hechizo potenciando su cuerpo abalizándose hacia la criatura asestándole un golpe en el pecho abriéndole parcialmente este notando una esfera azul dentro de esta, otro golpe estuvo por asestarle mas este lo bloqueo siendo lanzando lejos mas callo al suelo sin daños.
-lo encontré- susurro molesto y cansado intentado conjurar un hechizo mas concentrándose, una flecha paso rozando su rostro dejándolo congelado al instante.
Miro al suelo donde callo la flecha notando la singularidad de esta, el árbol de donde salió no era de ningún reino conocido, la precisión que se tiro no era de ningún guerrero humano, su cuerpo se tenso en el instante mirando alerta cada paramo cubierto de nieve, en su cuello se sintió un frio helado haciéndolo con agilidad esquivar otra flecha la cual apuntaba a su cabeza.
-humano osas pisar mis tierras- una voz ronca y gruesa salió de atrás suyo, su cuerpo automáticamente brinco esquivando aquel ataque, miro agitado al frente suyo un elfo de un metro ochenta y siete centímetros, de una contextura un poco mas delgada que la suya, cabello largo blanco, ojos verdes como jades, piel de porcelana, rostro perfecto, con un abrigo de piel blanca gruesa cubriéndolo al igual que toda su vestimenta, sostenía entre sus manos un arco blanco con ligueros toques dorados como oro, una flecha posicionada apuntándole directamente, su apariencia era la de alguien joven de unos veintidós años mas la edad élfica era incierta ya que viven miles de años a comparación de los humanos, su semblante era serio y molesto, mas a cualquier ser lo podía confundir como un ángel por tal belleza que poseía.
-rey de los elfos, sus tierras no lo entiendo, estas son tierras de su majestad el rey Caelum- agitadamente se coloco en modo defensivo notando siluetas camufladas con sus atuendos por la nieve saliendo poco a poco mostrando sus arcos y flechas apuntándole directamente.
La flecha se tenso mas en el agarre del imponente regente mirándolo con odio y asco, un humano capas de retarlo de esa manera al insinuar que sus tierras le poseían a un simple humano de pacotilla, de su mano salió magia bañando la flecha apuntando directamente en aquel hombre que con su boca blasfemo el derecho de sus tierras, el caballero se coloco en posición defensiva su cerebro aun no podía pensar el porque estaban los elfos en aquel lugar si eran propiedad de su soberano, aquellos seres jamás se metían con limites que no eran de su propiedad y peor aun estaba con los seres mas letales del mundo, sus espadas cortaban cabezas como mantequilla, su magia podía matar a miles en minutos y sus flechas si te tocaba una estabas muerto ya que se cubrían con magia para matar a su objetivo.
- humano asqueroso acaso dijiste que miento, estas tierras son de mi pueblo o acaso mi guardián no te golpeo lo suficiente como para entenderlo- el gigante apareció molesto mirando al hombre soltando un rugido, el peli negro pensaba como escapar de aquel lugar si ellos tenían razón pisar las tierras de aquellos seres era una sentencia de muerte.
-siento mucho mi equivocación su excelencia, no quise pisar sus tierras por error solo acate las ordenes de su majestad mas si invadí por error sus recintos pido retirarme eh informar de esto a mi rey para que ningún otro pise sus tierras- calculo sus palabras envainando su espada y alzando sus manos en señal de sumisión, su mirada se poso en cada uno de los que podía distinguir de sus enemigos mas el gigante, “doce” en total eran doce elfos.
Con cuidado evaluaba cada postura incluso la de la bestia detrás de el, sabia que un movimiento en falso y moriría, lentamente conjuraba un hechizo en su cuerpo para huir rápidamente y soltar una oleada de calor para provocar neblina, pensaba lentamente en su cabeza hasta que una descarga eléctrica recorrió su cuerpo, miro su costado la mano del gobernante estaba en su pecho, su sonrisa era escalofriante, el caballero no sabia en que instante se movió de su lugar eran al menos diez metros de distancia prácticamente imposible en un segundo llegar a el y tras de eso conjurar un hechizo sin que se diera cuenta, su cuerpo se tenso deshaciendo el conjuro, callo de rodillas jadeando de dolor.
-que humano mas interesante usas magia- tomo el rostro entre sus guantes del caballero notando su dolor y furia, lo miro detenidamente- dime tu nombre escoria- ordeno con sorna apretando su mandíbula.
-no tengo ahhhh- otra descarga mas fuerte recorrió su cuerpo, sus brazos no se movían algo lo ataba, risitas se escuchaban en el lugar los subordinados del soberano se reían de la presa de su gobernante.
-mala respuesta- siseo el soberano apretando su agarre mas fuerte- ahora dime tu nombre antes que te decapite en este instante o te abriré de maneras inimaginables sacándote tus entrañas para mostrártelas una a una con un dolor incesante hasta que mueras, luego llevare tu cabeza ante tu rey para acabar con cada una de las escorias que se atrevieron a mandar a un asqueroso ser de ustedes a pisar mis tierras, o mejor aun te mostrare los gritos de los niños y mujeres que matemos serán una sinfonía maravillosa para ti la cual ara que desees tu muerte una y mil veces hasta que tengas la cabeza de su soberano en tus manos mirándote con esos ojos llenos de terror puro que me encanta- la mirada sedienta de sangre, la sonrisa burlona de aquel ser frente a el hizo su cuerpo temblar imaginándose cada escena con miedo.
-mi nombre es varek, le suplico gran señor que no descargue su furia en mi pueblo, en su lugar tome mi vida como pago de mi atrevimiento- su mirada se cruzo letalmente llena de ira con la del elfo por un instante se perdió en aquella mirada verde como si fuera un vórtice que lo deseaba devorar para perderse en ellos eternamente, recorrió aquellas facciones detenidamente perdiéndose por uno segundos hasta evadir su intenso mirar.
-eres interesante varek, desde este momento eres mío, serás mi prisioneros y me servirás como me plazca entiendes eso serás mi perro fiel- soltó con sorna soltando su rostro dejándolo atontado.
-prisionero- susurro sintiendo como aquella atadura se liberaba levente dejando moverse aunque no en su totalidad.
-aunque si no te parece puedo matar a todos, aunque suena mas divertido la guerra no crees- sus palabras sonaban con burla siendo victo riadas por los demás quienes chiflaban por la aprobación de la segunda opción, sin pensarlo el caballero agarro el brazo del gobernante alterado ganándose un suspiro colectivo por aquel atrevimiento, incluso la bestia atrás de el grito fuertemente.
-seré su sirviente- miro con una mirada decisiva frente a frente, recibiendo un puñetazo que obligo a soltarlo, miro al rey sorprendido su fuerza era descomunal para tal cuerpo, su labio estaba partido, tenia sangre en su boca y sentía como la mitad de su rostro dolía de manera descomunal.
-no me toques con tus sucias manos maldita escoria- golpeo nuevamente con una patada su costado arrojándolo a un árbol sintiendo como su espalda casi se partía en dos, tosió nuevamente sangre, cayendo sentado en el suelo, su mirada estaba nublada, era imposible para el caballero imaginar la magnitud de aquel poder.
Su visión empezó a nublarse notando la imponente y firme figura de aquel que lo golpeo acercarse hasta donde el.
-eres resistente me divertiré mucho contigo humano- lo ultimo que vieron sus ojos fue como el monarca se agachaba a su altura para sonreír juguetonamente.