Reencarnación en otro mundo

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Summary

Sato Nakamura, un hombre arrogante de treinta años, muere atropellado en las calles de Tokio sin haber visto a su hijo Haru en tres años. Reencarna en el cuerpo de un niño de diez años que también se llama Haru Eisen, justo en el momento en que el verdadero Haru muere por un accidente y su madre, una maga de rango Santo, colapsa tras intentar salvarlo. Ahora, con los recuerdos de ambas vidas luchando en su mente, Haru debe adaptarse a un nuevo mundo de espadas y magia. Armado con el conocimiento de su vida anterior, comienza a dominar la magia de una forma nunca vista, mientras entrena con su padre —un caballero retirado— y enfrenta el peso emocional de llevar el mismo nombre que su hijo perdido. En esta segunda oportunidad, Sato tendrá que confrontar sus errores del pasado y decidir qué clase de hombre —y qué clase de padre— quiere ser en esta nueva vida. Una historia de redención, magia y crecimiento en un mundo donde el orgullo y el arrepentimiento caminan de la mano.

Genre
Adventure
Author
JanFu
Status
Ongoing
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

La lluvia azotaba las calles de Shinjuku con furia. Sato Nakamura, de treinta años, caminaba a paso rápido bajo un paraguas negro, maldiciendo en voz baja. Acababa de salir de una reunión donde, una vez más, había humillado verbalmente a su jefe de equipo por un error estúpido. “Incompetentes”, pensó con esa arrogancia que nunca había logrado domar.

Su teléfono vibró en el bolsillo. Era un mensaje de su exmujer:

«No quiero excusas. Haru cumple trece el mes que viene. Si quieres verlo, demuéstrame que has cambiado. Tres años son suficientes.»

Sato soltó una risa seca y guardó el teléfono sin responder. ¿Cambiar? Él no necesitaba cambiar. Era el más brillante. Siempre lo había sido. Si su hijo no lo entendía ahora, lo entendería cuando fuera mayor.

Cruzó la calle sin mirar del todo. El claxon de un camión resonó demasiado tarde.

El impacto fue brutal.

Su cuerpo voló varios metros antes de estrellarse contra el asfalto mojado. Un dolor cegador le recorrió la columna y la cabeza. La gente gritaba a su alrededor, pero los sonidos llegaban distorsionados, como bajo el agua.

“¿Esto… es todo?”

En medio del caos, mientras la sangre se mezclaba con el agua de la lluvia, Sato pensó en su hijo. Haru. Ese niño de doce años al que no veía desde hacía tres años. Recordó vagamente su última discusión, cuando le gritó que dejara de llorar como un débil. Sintió un pinchazo de arrepentimiento, pero su orgullo no le permitió aferrarse a él.

“Haru… yo…”

La oscuridad lo envolvió por completo.

En ese mismo instante, en otro mundo.

La habitación estaba iluminada solo por el tenue resplandor de una lámpara mágica. El aire olía a hierro y a hierbas medicinales.

Lady Seraphine Eisen, maga de rango Santo especializada en Agua y Tierra, tenía las manos temblorosas sobre la cabeza de su hijo. La sangre no dejaba de brotar.

—¡Haru! ¡Aguanta, por favor! —su voz se quebraba mientras canalizaba todo su mana en un hechizo de curación avanzada.

El niño de diez años yacía inmóvil en la cama. Un golpe fuerte en la cabeza durante un accidente en los establos le había fracturado el cráneo. El padre, Sir Elandor Eisen, caballero retirado con honores, estaba de pie junto a la puerta, con el rostro pálido y los puños apretados. No podía hacer nada. Su espada nunca le había parecido tan inútil.

Seraphine vertió hasta la última gota de su mana en el hechizo. Las heridas externas comenzaron a cerrarse, pero el daño interno era demasiado grave. El pequeño cuerpo de Haru se convulsionó una última vez y luego quedó completamente quieto.

—No… no… ¡Haru! —gritó la maga, cayendo de rodillas junto a la cama. Las lágrimas corrían por su rostro mientras su mana se agotaba por completo. Su cuerpo se debilitó y perdió el conocimiento, desplomándose al lado de su hijo.

Sir Elandor se acercó rápidamente, sosteniendo a su esposa.

En ese preciso instante de silencio y muerte, algo cambió.

Los ojos del niño, que habían estado cerrados para siempre, se abrieron de golpe.

Un aliento entrecortado llenó sus pulmones.

Dos conjuntos de recuerdos chocaron violentamente dentro de esa pequeña cabeza:

Los de Sato Nakamura: su vida en Japón, su arrogancia, su hijo al que abandonó, su muerte bajo la lluvia en Shinjuku.

Y los de Haru Eisen: un niño de diez años, hijo de un caballero retirado y una poderosa maga. Sus juegos en el patio, el entrenamiento ligero con su padre, el cariño distante pero presente de su madre, y el dolor agudo del golpe en la cabeza.

Sato Nakamura había muerto.

Haru Eisen también había muerto.

Pero ahora, en ese cuerpo de diez años, ambos existían al mismo tiempo.

El niño se incorporó lentamente en la cama, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada. Miró sus pequeñas manos, luego a su madre inconsciente en el suelo y a su padre, que lo observaba con una mezcla de shock y esperanza.

Una sola palabra escapó de sus labios, en un idioma que no era japonés, pero que ahora entendía perfectamente:

—…¿Qué demonios…?