ARCO I La Herida del Bosque
Capítulo 1
El llamado del bosque
La casa estaba llena de ruido.
Risas. Platos chocando. Música vieja sonando desde una bocina en la cocina. Niños corriendo entre las mesas del patio mientras los adultos gritaban que no tiraran nada.
Era una de esas reuniones familiares que parecían imposibles de controlar.
Las cuatro tías de Eiden hablaban al mismo tiempo alrededor de la comida, discutiendo recetas y chismes del vecindario mientras sus cinco tíos peleaban por quién hacía mejor la carne asada.
Los primos corrían por todos lados. Algunos amigos de Eiden habían llegado con sus madres. Incluso varios vecinos cercanos estaban ahí, sentados bajo las luces amarillas que colgaban sobre el patio.
El aire olía a humo, tierra húmeda y comida recién hecha.
Y en medio de todo eso…
Eiden sonreía.
Tenía apenas ocho años. Cabello oscuro. Ojos llenos de curiosidad. Y esa clase de sonrisa tranquila que hacía que cualquiera quisiera revolverle el cabello.
—¡Eiden, ven acá! —gritó uno de sus amigos desde el jardín.
—¡Ya voy!
El niño salió corriendo entre las mesas mientras Aylin, su hermana pequeña, intentaba seguirlo con sus pasos torpes.
—¡Espérame!
—¡Eres muy lenta! —rió Eiden.
—¡No es cierto!
La madre de ambos negó con una sonrisa cansada mientras los veía alejarse.
Por un momento… todo parecía perfecto.
El cielo estaba cubierto de nubes oscuras, pero nadie les prestaba atención. A lo lejos, el bosque se movía lentamente con el viento nocturno.
Como si respirara.
Eiden y los demás niños llegaron hasta la cerca de madera del patio.
—Vamos al bosque —dijo uno de sus primos emocionado.
—Mi mamá dice que ahí espantan —murmuró otro.
—Te da miedo todo.
—No me da miedo.
—Sí te da.
Las discusiones infantiles comenzaron de inmediato.
Pero Eiden dejó de escucharlos.
Algo cambió.
El viento se volvió frío.
Demasiado frío.
El niño se quedó completamente quieto.
Su sonrisa desapareció poco a poco mientras miraba hacia los árboles oscuros del bosque.
Algo… o alguien… estaba ahí.
Entonces la escuchó.
Una voz.
Débil. Dolorosa. Lejana.
Pero real.
“Ayuda…”
El corazón de Eiden se aceleró.
Otra vez.
“Por favor…”
—Eiden…
La voz de uno de sus amigos sonó distante.
El niño dio un paso hacia el bosque sin apartar la mirada de la oscuridad.
“Ayúdame…”
—¿Eiden?
Ahora era Aylin.
Pero él apenas podía respirar.
Sentía algo extraño dentro del pecho. Como si el bosque entero lo estuviera llamando solo a él.
Entonces habló en voz baja:
—Hay alguien ahí.
Los demás niños se miraron confundidos.
—¿Dónde?
Eiden señaló los árboles.
—En el bosque… alguien está herido.
Uno de sus primos soltó una risa nerviosa.
—No hay nadie ahí.
Pero Eiden sabía que sí.
Lo sentía.
La voz volvió.
Más débil esta vez.
“Antes de que me encuentren…”
El niño dio otro paso.
Y otro.
Hasta que una mano lo detuvo.
Su madre.
—Eiden.
Su tono había cambiado.
Ahora sonaba preocupada.
—¿Qué pasa, mi amor?
El niño levantó la vista hacia ella.
Y por primera vez esa noche… sus ojos tenían miedo.
—Escuché una voz.
Las conversaciones del patio seguían detrás de ellos, pero para Eiden todo sonaba lejano ahora.
—¿Qué voz? —preguntó su madre.
Él miró nuevamente el bosque.
El viento movió los árboles lentamente.
Como si algo se ocultara entre ellos.
—Alguien está pidiendo ayuda.
Su madre apretó suavemente su brazo.
—No vayas al bosque solo.
Una de las tías se acercó riéndose.
—Ay, los niños imaginan cosas.
Pero Eiden negó lentamente.
No estaba imaginando nada.
La voz volvió a romper el silencio.
Más desesperada.
Más cerca.
“Corre…”
Y entonces…
Un sonido atravesó el bosque.
Algo parecido a un grito ahogado.
Humano.
Real.
El cuerpo de Eiden se tensó por completo.
Y antes de que alguien pudiera detenerlo…
Salió corriendo hacia la oscuridad del bosque.