Capitulo 1
Mí madre me explicó de muy pequeño que las personas tienen alas. Nunca la entendí, ya que en mi casa nadie tenía ni siquiera una pluma. Todo cambió cuando comencé a ir a la primaria. Ahí las vi. Ancianos, jóvenes, niños… todos con alas. Algunas tan grandes que parecían arrastrar el aire, otras tan pequeñas que apenas se notaban. La gente las consideraba “especiales”. Pero quienes las llevaban estaban… ¿cómo decirlo? Cansados. Con el paso del tiempo, empecé a quererlas yo también. Quería saber qué se sentía mirar atrás y ver algo tan… propio. En secundaria conocí a Gael. Era la primera persona que veía con unas alas tan gigantes. Me pareció increíble. Un día le pregunté: